Generación del 98

Ramón María del Valle-Inclán, el creador del esperpento

Considerado por muchos un autor adelantado a su tiempo, el escritor gallego estuvo vinculado con los tres estilos predominantes en la España de principios del siglo XX: el Modernismo, la Generación del 98 y la Vanguardia. Pero aunque su producción literaria abarcó casi todos los géneros, si por algo ha pasado a la historia el genial autor de "Luces de Bohemia" es por la creación de un género literario singular: el esperpento.

Fotografía de Ramón María del Valle-Inclán tomada por un autor desconocido.

Fotografía de Ramón María del Valle-Inclán tomada por un autor desconocido.

Fotografía de Ramón María del Valle-Inclán tomada por un autor desconocido.

Foto: aferro (CC BY SA 4 0)

"Éste que veis aquí, de rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba, soy yo: Don Ramón del Valle-Inclán. Estuvo el comienzo de mi vida lleno de riesgos y azares. Fui hermano converso en un monasterio de cartujos y soldado en tierras de Nueva España. Una vida como la de aquellos segundones hidalgos que se engancharon en los tercios de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna". Así se presentaba Ramón María del Valle-Inclán en 1903 en las páginas de la revista Alma Española. Y también decía de sí mismo en su obra La lámpara maravillosa: "Llevo sobre mi rostro cien máscaras de ficción [...]. Acaso mi verdadero gesto no se ha revelado todavía. Acaso no pueda revelarse nunca bajo tantos velos acumulados día a día y tejidos por todas mis horas".

Valle-Inclán fue autor de una abundante producción literaria que incluyó prácticamente todos los géneros: narrativa, poesía, teatro, novela, relatos, artículos periodísticos... Pero, sobre todo, el gran escritor pasaría a la historia por ser el creador de un género muy singular: el esperpento, una técnica literaria que se distingue por deformar de manera sistemática la realidad y que define con estas palabras Max Estrella, protagonista de Luces de Bohemia: "Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada [...]. Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas [....] La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas".

Independiente y bohemio

Nacido en una vieja casa llamada El Cantillo, en la localidad pontevedresa de Villanueva de Arosa el 28 de octubre de 1866, Ramón María Valle Peña (como se llamaba en realidad) era el segundo hijo de una familia acomodada venida a menos. El joven Ramón no mostró demasiado interés por los estudios y en 1890, cuando tenía 24 años, dejó la carrera de Derecho tras la muerte de su progenitor. Dos años después, en 1892, Ramón viajó a México, donde pasó casi un año ejerciendo como periodista para El Correo Español y El Universal. De nuevo en España, se instaló en Pontevedra, donde publicó varios cuentos y editó su primer libro, Femeninas (1895), una colección de relatos de tema amoroso para cuya publicación contaría con el apoyo de Manuel Murguía, amigo de su padre.

Ramón María interrumpio sus estudios de Derecho, por los que mostraba poco interés, tras la muerte de su padre.

Imagen de Ramón María del Valle-Inclán tomada hacia 1911.

Imagen de Ramón María del Valle-Inclán tomada hacia 1911.

Imagen de Ramón María del Valle-Inclán tomada hacia 1911.

Foto: Cordon Press

Poco después, Valle Inclán marchó a Madrid. Allí entablaría amistad con escritores de la talla de Azorín, Pío Baroja y Jacinto Benavente. También empezó a ser un asiduo de las tertulias de los cafés literarios, una afición que nunca abandonaría. A partir de entonces decidió dedicarse por completo a la literatura, negándose a escribir artículos periodísticos con el argumento de que quería preservar su independencia y su estilo. Al final acabaría convertido en un auténtico bohemio que llevaba una vida de estrecheces económicas. 

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Un altercado fatal

Así las cosas, Valle-Inclán tuvo que costearse él mismo la edición de su segundo libro, Epitalamio (Historias de amores, 1897), el cual no fue muy buen acogido ni por los lectores ni por la crítica. En aquellos años, Valle-Inclán llegó a actuar en obras teatrales como La comedia de las fieras, de Jacinto Benavente,Los reyes en el destierro, una adaptación del escritor y periodista Alejandro Sawa de una novela de Alphonse Daudet.

Valle-Inclán perdió su brazo izquierdo tras mantener una pelea con el escritor Manuel Bueno.

Ramón María del Valle-Inclán posa para la revista chilena Sucesos en 1910.

Ramón María del Valle-Inclán posa para la revista chilena Sucesos en 1910.

Ramón María del Valle-Inclán posa para la revista chilena Sucesos en 1910.

Foto: PD

Sería también en aquella época, concretamente el 4 de julio de 1899, cuando tuvo lugar un trágico suceso que cambiaría su vida: el autor perdió su brazo izquierdo tras mantener una violenta pelea con el escritor Manuel Bueno. Sus amigos, con el objetivo de recaudar dinero para costearle un brazo ortopédico (el cual, por otra parte, nunca utilizó), representaron la que sería su primera obra teatral, Cenizas: Drama en tres actos, obra que también fue su primer fracaso de público, algo que se repetiría en diversas ocasiones a lo largo de su carrera como dramaturgo. 

Política y teatro

Entre los años 1902 y 1905, Valle-Inclán publicó las Sonatas, su primera gran obra de narrativa y la mayor aportación española al modernismo, y en 1904 vendría Flor de santidad, una obra con la que iniciaría un tema que sería recurrente a lo largo de su carrera literaria: la recreación mítica de la Galicia rural. El marqués de Bradomín (1906) es otra de sus grandes obras teatrales, una adaptación (como en el caso de Cenizas) de uno de sus relatos, en los que el escritor manifestaba su gusto por temas como la muerte, el pecado y la mujer. 

Con Flor de Santidad, Valle-Inclán iniciaría un tema recurrente a lo largo de su obra: la recreación mítica de la Galicia rural.

En 1907, Valle-Inclán se casó con la actriz Josefina Blanco, con la que tuvo seis hijos y de la que acabaría separándose. Ese año publicaría también las Comedias bárbaras, una trilogía compuesta por Águila de Blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922), obras que constituyen la primera gran composición dramática del autor, donde de nuevo su Galicia natal es la principal protagonista. En cuanto a sus ideas políticas, Vallé-Inclán sintió simpatía por el carlismo, una ideología de corte tradicionalista, y sobre este tema iniciaría en 1908 una serie de novelas titulada La guerra carlista, compuesta por Los cruzados de la causaEl resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño.

En 1910, Josefina inició una gira por Latinoamérica y a su regreso a España su marido estrenó dos obras teatrales más, Voces de gesta (1911), en Barcelona, y La marquesa Rosalinda (1912), en Madrid. Un año después, Valle-Inclán publicaría El embrujado y en 1920 Divinas palabras, relatos protagonizados por personajes populares y marginados. 

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Un escritor en las trincheras

En 1916, Valle-Inclán fue nombrado titular de la cátedra de Estética en la Academia de San Fernando, en Madrid, y poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, el escritor marchó a París. Allí, invitado por el Gobierno francés, pasó un par de meses visitando las trincheras, una experiencia traumática que plasmaría en su obra de 1917 La media nocheTras la finalización del conflicto, Valle-Inclán experimentó un cambio de paradigma político, con un acercamiento al ideario anarquista (de hecho, el autor apoyó con gran entusiasmo la proclamación de la segunda república en abril de 1931).

Valle Inclán fue invitado a París, donde pasó un par de meses visitando las trincheras del frente.

Lorca y Valle-Inclán en el preestreno de Yerma, en 1934.

Lorca y Valle-Inclán en el preestreno de Yerma, en 1934.

Lorca y Valle-Inclán en el preestreno de Yerma, en 1934.

Foto: PD

La década de 1920 supondría la consagración definitiva de Valle-Inclán como escritor. En esos años escribió algunas de sus obras más emblemáticas, como Tirano Banderas (1926), tal vez su novela más innovadora y con la que daría inicio al ciclo del esperpento. Esta iría seguida de la serie El ruedo ibérico en 1927, con la que trataba de contar la historia de España de forma novelada y que tan solo su muerte pudo truncar. De hecho, Valle-Inclán calificaría de "esperpentos" a otras cuatro de sus obras: Luces de bohemia (1920), Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927), estas tres últimas agrupadas en el volumen Martes de carnaval (1930).

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El lenguaje de Valle-Inclán

Como hemos visto, la producción literaria de Valle-Inclán fue muy abundante y abarcó muchos géneros. Asimismo estuvo muy influenciada por el simbolismo y el decadentismo, así como por una visión amarga y distorsionada de la realidad (el esperpento), algo que, en palabras del poeta Pedro Salinas, lo convertiría en el "hijo pródigo" de la generación del 98.

La obra de Valle-Inclán estuvo muy influenciada por el simbolismo y el decadentismo.

Valle-Inclán junto a la actriz María Banquer y el artista Julio Romero de Torres en su estudio de Madrid en 1926.

Valle-Inclán junto a la actriz María Banquer y el artista Julio Romero de Torres en su estudio de Madrid en 1926.

Valle-Inclán junto a la actriz María Banquer y el artista Julio Romero de Torres en su estudio de Madrid en 1926.

Foto: CC BY-SA 4.0

Entre toda su producción literaria, posiblemente su obra dramática sea la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX. En palabras del propio Valle-Inclán: "Yo escribo en forma escénica, dialogada, casi siempre. Pero no me preocupa que las obras puedan ser o no representadas más adelante. Escribo de esta manera porque me gusta mucho, porque me parece que es la forma literaria mejor, más serena y más impasible de conducir la acción". Asimismo, en sus "esperpentos", el lenguaje taurino y teatral, con registros que abarcaban desde lo refinado a lo chabacano, contribuía a acentuar lo grotesco de la realidad por él descrita.

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El final de un escritor

En sus últimos años, Valle-Inclán recibió un gran reconocimiento público. Tanto, que a iniciativa del escritor, abogado, sociólogo y ensayista Victoriano García Martí se abrió en Galicia una suscripción pública para regalar un pazo al famoso autor. Pero la idea llegaría demasiado tarde, puesto que el 5 de enero del año 1936, en vísperas de la festividad de los Reyes Magos, moría el "padre" del esperpento en un hospital de Santiago de Compostela.

Se abrió en Galicia una suscripción pública para regalar un pazo al famoso escritor.

Imagen de Valle-Inclán tomada por un autor desconocido antes del año 1936.

Imagen de Valle-Inclán tomada por un autor desconocido antes del año 1936.

Imagen de Valle-Inclán tomada por un autor desconocido antes del año 1936.

Foto: PD

La prensa publicó que Valle-Inclán murió "a consecuencia de un coma rápido, después de una grave enfermedad de vejiga urinaria complicada con carácter de malignidad". La muerte del gran escritor se ha visto, sin embargo, envuelta en un aura de leyenda. Se ha dicho que se negó a recibir auxilio religioso en sus últimos momentos, dejado claro que "no quiero a mi lado ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo", frase que, según algunos investigadores de su figura, no pudo pronunciar puesto que se hallaba inconsciente.

Valle-Inclán fue sepultado al día siguiente en el cementerio de Boisaca, y según Ramón Gómez de la Serna, "su entierro fue una gran manifestación de duelo, aunque su féretro era muy modesto, de veinte pesetas, las únicas que se habían recaudado para el supuesto pazo que le iban a regalar".