Pompeya

Pompeya: el esqueleto de una víctima joven de la erupción volcánica del 79 d.C.

El niño, de 7-8 años de edad, debió de huir de la violenta erupción del Vesubio refugiándose en las Termas Centrales, pero no logró escapar de la muerte

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Foto: Parco Archeologico di Pompei

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Esqueleto de un niño

Esqueleto de un niño de 7-8 años de edad, excavado en un ambiente de entrada de las Termas Centrales de Pompeya.

Foto: Parco Archeologico di Pompei

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Restos esqueléticos

Massimo Osanna, el director del Parque Arqueológico de Pompeya, examina los restos.

Foto: Parco Archeologico di Pompei

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Dispuestos de forma recogida

Los huesos han aparecido dispuestos de forma recogida, lo que indica que el niño se refugió en las Termas Centrales de Pompeya.

Foto: Parco Archeologico di Pompei

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Termas Centrales

El flujo piroclástico penetró por las ventanas de las Termas Centrales en la fase final de la erupción y el niño murió.

Unos trabajos recientes de consolidación y restauración en las Termas Centrales de Pompeya han sacado a la luz un esqueleto de un niño de 7-8 años de edad, una víctima joven de la violenta erupción del Vesubio en el año 79 d.C. El esqueleto, según destaca el Parque Arqueológico de Pompeya, ha aparecido durante la limpieza de un ambiente de entrada de las Termas Centrales de Pompeya: bajo un estrato de unos 10 centímetros ha aflorado primero el pequeño cráneo y después los huesos, dispuestos de forma recogida, que han permitido calcular la edad del niño, quien debió de huir de la erupción, refugiándose en las Termas Centrales pero no logró escapar de la muerte. El esqueleto ha sido retirado y transferido al Laboratorio de Investigaciones Aplicadas del Parque Arqueológico de Pompeya, donde se podrán determinar las posibles patologías.

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La peculiaridad del descubrimiento (o del redescubrimiento porque probablemente fue descubierto durante las excavaciones de finales del siglo XIX, aunque el estrato volcánico quizá no permitió realizar un molde con yeso) es que el esqueleto estaba inmerso en el flujo piroclástico, una mezcla de gases y materiales volcánicos, cuando lo habitual en la estratigrafía de la erupción del 79 d.C. es que esté presente el lapillo (el depósito de piedras pequeñas o fragmentos piroclásticos) en el nivel más bajo y después la ceniza que lo sella todo. Por tanto, en este caso debía de tratarse de un ambiente cerrado que evitó la entrada del lapillo y cuyo techo no cedió, pero en cambio sí que penetró el flujo piroclástico por las ventanas en la fase final de la erupción.

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