Las cuevas, portales al inframundo

Las pinturas rupestres fueron realizadas bajo los efectos de la hipoxia

Según un nuevo estudio, las pinturas rupestres fueron realizadas a menudo bajo los efectos de la hipoxia. Las personas que las pintaron habrían elegido espacios angostos deliberadamente para entrar en estados de trance.

Cueva de Altamira

© AP PHOTO / PEDRO A. SAURA / GTRES

¿Por qué se molestaban las personas del Paleolítico en internarse hasta lo más profundo de las cuevas, a menudo cruzando pasajes extremadamente angostos, para dibujar pinturas rupestres? La respuesta a la que han llegado los autores de un nuevo estudio es que en espacios cerrados como las cuevas la concentración de oxígeno disminuye drástricamente causando síntomas de hipoxia, que los autores de las pinturas buscaban deliberadamente para entrar en estados de trance.

La hipoxia tiene el efecto secundario de liberar dopamina en el cerebro y provocar estados de trance, que los autores de pinturas rupestres buscaban deliberadamente

A través de simulaciones por ordenador de diversas cuevas con pinturas rupestres, los investigadores han visto que la concentración de oxígeno cae rápidamente en lugares angostos, como los corredores estrechos que conducen a espacios abovedados, donde se encuentran las pinturas rupestres. El uso de antorchas, necesarias para iluminar el camino, acelera esta caída hasta niveles en los que aparecen síntomas de hipoxia. Estos pueden ir desde dolores de cabeza y dificultad para respirar hasta la pérdida de conciencia. En algunos de estos espacios la concentración de oxígeno caía hasta el 11%, cuando la concentración atmosférica normal de este gas es del 21%.

Cueva Rouffignac

Cueva Rouffignac

Mapa de la Cueva Rouffignac, en Francia, una de las que se han usado como modelo para el estudio. Los puntos rojos señalan los lugares con pinturas rupestres.

Foto: Dr. F. Plassard

Pero la hipoxia tiene el efecto secundario de liberar dopamina en el cerebro, lo que puede provocar estados de trance. Yafit Kedar, autor principal del estudio, sugiere que las gentes prehistóricas eran conscientes de ello y lo relacionaban con “una conexión con el mundo de los espíritus”, por lo que se internaban deliberadamente en los rincones más angostos de las cuevas para provocarlo. Sostienen que esto también explicaría la elección de las cuevas para realizar arte rupestre, ya que a causa de estos efectos eran vistas como “portales que conectaban con el inframundo”.

Los autores añaden que las pinturas no siempre se encuentran en lugares tan cerrados como para lograr estos estados de trance. En estos casos se usaban otros métodos para provocar una reacción similar, como el consumo de plantas alucinógenas, pero se seguían prefiriendo las cuevas como lugar para pintarlas por considerarse, como señalado anteriormente, portales al inframundo.

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