Decoradores de tumbas

Pintores del antiguo Egipto, los artistas que iluminaban el paso al más allá

Llamados "hábiles de dedos", los antiguos artistas egipcios que decoraron las tumbas de los faraones en el Valle de los Reyes emplearon técnicas altamente refinadas y cánones de belleza propios.

Decoración pictórica en el interior de la tumba del faraón Seti I en el Valle de los Reyes (Luxor).

Decoración pictórica en el interior de la tumba del faraón Seti I en el Valle de los Reyes (Luxor).

Decoración pictórica en el interior de la tumba del faraón Seti I en el Valle de los Reyes (Luxor).

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Cuando hablamos de pintura egipcia, lo primero que nos viene a la memoria son las imágenes de vivos colores que cubren las paredes de las tumbas. Sin embargo, los autores de estas obras maestras que hoy admiramos no eran en su tiempo considerados artistas. De hecho, las palabras "arte y artista" no existían en el antiguo Egipto, y fueron muy pocos los autores que firmaron sus obras. Aquellos que nosotros consideramos artistas eran para los egipcios simples artesanos que, cuanto más, merecían el calificativo de "hábil de dedos" o "de manos".  

Los pintores eran también llamados "escribas del contorno", una denominación que indica la importancia que el dibujo tuvo en el arte egipcio, tanto en la escultura y el bajorrelieve como en la pintura. De hecho, en el Egipto faraónico todas las artes plásticas estaban sujetas a las normas de las Casas de Vida, instituciones de aprendizaje adscritas a los grandes templos y dirigidas por el clero.

En la Casa de Vida se formaban los escribas –cuyos signos de escritura son dibujos– y todo tipo de profesionales, desde médicos a arquitectos. Curiosamente, los pintores aprendieron el oficio de sus padres sin pasar por las Casas de Vida, aunque sí estaban obligados a seguir las normas emanadas de dicha institución. 

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La magia de las imágenes

Los pintores hacían trabajos muy diversos. Cubrían los bajorrelieves en los muros de los templos, así como esculturas de todo tipo y sarcófagos de madera. También pintaban miles de objetos incluidos en las mal llamadas "artes menores", como muebles, estelas u otros. Aun así, su tarea más característica era la decoración de tumbas.

Relieve pintado con representación de escena nilótica de la mastaba de Nikauisesi en Saqqara.

Relieve pintado con representación de escena nilótica de la mastaba de Nikauisesi en Saqqara.

Relieve pintado con representación de escena nilótica de la mastaba de Nikauisesi en Saqqara.

Sémhur (CC BY-SA 4.0)

A menudo, estas pinturas son calificadas como "decorativas", lo que está muy lejos de la realidad. Las obras pictóricas que iluminan las paredes de las capillas funerarias o las recónditas estancias donde reposaban las momias nunca tuvieron una finalidad estética. Sus autores no solo querían recrear los espacios donde vivió el desaparecido, sino que debían satisfacer una necesidad mucho más trascendente.

El ka, la esencia vital del difunto, necesitaba nutrirse para sobrevivir en el Mas Allá. Con este fin, los familiares y los sacerdotes funerarios hacían las ofrendas alimenticias en la capilla de la tumba. Pero si con el tiempo se extinguía la familia del muerto ¿de qué viviría su ka? Los textos nos dicen que, en ese caso, el alma del difunto se vería obligada a alimentarse de sus propios excrementos antes de desaparecer definitivamente.

Sin ofrendas, el alma del difunto se vería obligada a alimentarse de sus propios excrementos antes de desaparecer definitivamente.

Pintura procedente Pintura que representa al dios solar Re Horakhty y a la diosa del Occidente procedente de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.

Pintura procedente Pintura que representa al dios solar Re Horakhty y a la diosa del Occidente procedente de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.

Pintura que representa al dios solar Re Horakhty y a la diosa del Occidente procedente de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.

PD

Para evitar un final tan desastroso, los egipcios recurrieron a la magia (heka) de la pintura o el bajorrelieve: bastaba representar un objeto para que se transformase en realidad. Y para que esto sucediera eternamente no bastaba con recrear una mesa con comida, que se acabaría en poco tiempo, sino que se representaba todo el proceso de producción de alimentos. Así, desde el Reino Antiguo vemos el proceso completo del trigo: la siembra, la siega, el trillado y el almacenaje en los silos. Se hizo lo mismo con la caza y la pesca, para que al ka del difunto no le faltara el sustento.

La magia también guarda relación con una particularidad del arte egipcio: el gran número de pinturas inacabadas. Se creía que bastaba con esbozar una escena para que la magia la completase, siempre que hubiese otra similar terminada. ¿Por qué ocurría esto? La explicación es evidente si pensamos como un antiguo egipcio: la vida es continuidad, y una obra acabada es una obra muerta; por ello las cosas sin terminar indicaban que habría un mañana para continuarlas, ya que representaban la esperanza en un tiempo por vivir.

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Una evolución de siglos

Durante los tres mil años de historia de Egipto, la técnica y el estilo de la pintura se mantuvieron constantes en lo esencial. Desde los primeros balbuceos aparecidos en la primera dinastía hasta el principio del Reino Antiguo, no hubo cambios apreciables ni en la técnica ni en el estilo. La esquematización inicial de la pintura volverá a reaparecer en el Reino Medio, tras un paréntesis de un moderado realismo que dominará en todas las representaciones pictóricas de tumbas y sarcófagos decorados en el Reino Nuevo y hasta el final de la civilización egipcia. 

Durante el Reino Nuevo, la pintura alcanzó su cénit. Destacan las sepulturas de los obreros que construían las tumbas reales, en la necrópolis de la población donde vivían, Deir el-Medina. Estos obreros pintaban de amarillo las salas de los sarcófagos reales, llamadas "del oro", lo que no es de extrañar, ya que los egipcios creían que la carne de los dioses estaba hecha de este metal; de ahí que el amarillo se relacionase con la incorruptibilidad y la eternidad. Los habitantes de Deir el-Medina pensaron que si ese color era bueno para los faraones también lo sería para ellos, así que muchos pintaron su tumba de amarillo.

Los obreros pintaban de amarillo las cámaras funerarias reales, llamadas "del oro", ya que los egipcios creían que la carne de los dioses estaba hecha de este metal.

Fresco de Amarna en el cual se representa a dos jóvenes princesas, hijas de Akhenatón y Nefertiti. Museo Ashmolean, Oxford.

Fresco de Amarna en el cual se representa a dos jóvenes princesas, hijas de Akhenatón y Nefertiti. Museo Ashmolean, Oxford.

Fresco de Amarna en el cual se representa a dos jóvenes princesas, hijas de Akhenatón y Nefertiti. Museo Ashmolean, Oxford.

PD

Con Amenhotep III, el arte llegó a un nivel nunca antes alcanzado, pero su misma perfección técnica le confería frialdad. Todo cambió con su hijo y sucesor Akhenatón, impulsor de un nuevo estilo artístico que irrumpió como una bocanada de aire fresco en un arte dominado por un excesivo academicismo: los bosques de papiros y las espigas del trigo, que hasta entonces obedecían a leyes absolutas de paralelismo y simetría, ahora se mecían al capricho de la brisa. 

A la muerte del faraón Akhenatón y su esposa Nefertiti, el arte ramésida –el de los primeros faraones de la dinastía XIX, fundada por Ramsés I– conservó siempre cierta dulzura heredada del período anterior. De todos modos, en esta etapa acabaron los días de gloria de la pintura egipcia; todo lo que vino después no pasó de ser un simulacro de las glorias pasadas. Ni la pintura saíta, ni la ptolemaica y menos aún la de época romana tuvieron esa alma que, pese a excepciones puntuales, anteriormente nunca había faltado.

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Pero ¿cómo era la técnica que usaban los antiguos pintores egipcios? ¿qué colores empleaban? Veámoslo.

A todo color

Normalmente, los pintores silueteaban las figuras en rojo, después hacían las correcciones necesarias en negro y finalmente aplicaban los pigmentos definitivos. La pintura egipcia siempre fue plana: cada espacio delimitado por el dibujo inicial se pintaba con un solo color, sin aplicar tonos de sombras (por ejemplo, para resaltar los rasgos faciales). El "pincel" de los egipcios era un simple cálamo, una caña estrecha como la de los escribas, pero con la punta desmochada para retener la pintura. 

La paleta de colores era muy limitada. Excepto el negro, obtenido por combustión incompleta de la paja del trigo, los demás pigmentos eran minerales. Azules y verdes eran óxidos de minerales de cobre, como la azurita o la malaquita. Los amarillos y rojos se obtenían de los diferentes ocres, muy abundantes en la región de Tebas; y los blancos, de la piedra caliza, aunque el blanco más puro era de huntita, un carbonato de calcio y magnesio. 

Paleta de pintor del antiguo Egipto. Se aprecian las cavidades para contener pigmentos. Dinastía XVIII.

Paleta de pintor del antiguo Egipto. Se aprecian las cavidades para contener pigmentos. Dinastía XVIII.

Paleta de pintor del antiguo Egipto. Se aprecian las cavidades para contener pigmentos. Dinastía XVIII.

Cordon Press

Los pigmentos se disolvían en agua con un poco de resina de acacia para que se adhirieran a la superficie pintada; como fijador final se utilizaron la albúmina de huevo y la cera. Se pintaba sobre piedra, estuco de yeso, papiro y madera. A causa del clima seco, los egipcios no emplearon la pintura al fresco (consistente en humedecer el soporte de yeso para que los pigmentos penetrasen más profundamente).

El canon egipcio

Desde la dinastía III (2686-2613 a.C.), los egipcios dividieron la figura humana en dieciocho cuadros que iban desde el nacimiento del pelo hasta los pies, el denominado canon egipcio. Durante la época de la herejía de Amarna, 1.300 años después, el canon pasó a veinte cuadros, que se ampliaron a veintiuno durante la Baja Época y el período Ptolemaico.

el alemán Karl Richard Lepsius, durante su expedición a Egipto en 1842, observó en Saqqara que ya desde el Reino Antiguo los dibujos de las tumbas egipcias estaban realizados en base a una cuadrícula, y fue el primero en estudiar esta técnica. En la representación del ser humano, las piernas y el rostro se mostraban de lado, mientras que el torso, los hombros y los ojos se representaban de frente. 

Relieve inacabado en la tumba del faraón Horemheb en el Valle de los Reyes.

Relieve inacabado en la tumba del faraón Horemheb en el Valle de los Reyes.

Relieve inacabado en la tumba del faraón Horemheb en el Valle de los Reyes.

Cordon Press

como en toda manifestación plástica, había quienes destacaban por su maestría, y las pinturas murales inacabadas permiten distinguir entre una ejecución segura y otra menos resuelta. Mientras que los artesanos menos habilidosos recurrían a la cuadrícula previa, otros trazaban su dibujo inicial o la pintura con soltura y sin ulteriores correcciones (lo que los historiadores del arte llaman pentimenti, "arrepentimientos"). En las representaciones terminadas no se puede distinguir un buen artista de otro menos experto, ya que se suele cubrir con pintura todo rastro de "arrepentimiento".