Confesó bajo tortura

Peter Stumpp: el hombre lobo alemán

En 1589, un burgués alemán fue acusado de tomar la forma de lobo y devorar a niños y adultos. Su condena quizá fue una maquinación.

El hombre lobo o El caníbal, grabado de Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553), que recrea la terrorífica leyenda de los licántropos. Museo Metropolitano, Nueva York. 

Foto: Cordon Press

El 31 de octubre de 1589, el numeroso público congregado en la plaza de la ciudad alemana de Bedburg, en el electorado de Colonia, tuvo ocasión de presenciar una ejecución espeluznante. El reo era Peter Stumpp, un rico hacendado de 50 años de edad, al que se acusaba de haber tomado, mediante un pacto con el diablo, la apariencia de un lobo y haber asesinado a varias personas, incluidos niños y mujeres embarazadas, cuyos cerebros devoró.

Tras ser sometido al tormento del potro para hacerle confesar, se le aplicó un castigo acorde con los cargos de canibalismo, asesinato y «comercio con el diablo»: primero se le despellejó con unas tenazas al rojo vivo, luego fue colocado en la rueda, donde se le quebraron todos los huesos con la parte roma de un hacha para evitar que pudiera regresar desde la tumba y vengarse. Por último, fue decapitado y su cuerpo arrojado a la hoguera. La cabeza fue colocada en un poste en el centro del pueblo, junto a la rueda en la que había sido ejecutado y sobre una figura con forma de lobo.

TRATOS CON EL DIABLO

Durante el proceso, al parecer, Stumpp acabó por confesar que practicaba la magia negra desde que tenía doce años y que gracias a ello se había hecho tan rico. Además, admitió que el diablo en persona, con quien había hecho un pacto, le había regalado un cinturón mágico, gracias al que se transformaba en un monstruo con apariencia de lobo, «fuerte y poderoso, con grandes y enormes ojos que brillaban como fuego por la noche, con afilados y crueles dientes, y con un cuerpo enorme que sostenían unas robustas patas».

En este grabado de Lukas Mayer Peter Stumpp es torturado y decapitado en Colonia, tras lo que se quema su cadáver para purificarlo.

Foto: Wikimedia Commons

Admitió todos los asesinatos de los que se le acusaba (los de 14 niños y dos mujeres embarazadas de las que se había comido los fetos y el corazón), así como haber mantenido relaciones incestuosas con su propia hija y haber tenido trato carnal con un súcubo (un demonio con apariencia de mujer) que el propio diablo le había enviado en varias ocasiones. Uno de los niños asesinados era su propio hijo, del que confesó haberse comido también el cerebro.

A finales del siglo XVI Francia vivió una fiebre de hombres-lobo, o loup-garous. Por ejemplo, en 1573 el tribunal de Dôle acusó a un tal Gilles Garnier de haber atacado, «estando en forma de lobo, a una chica de 10 a 12 años en un viñedo, y haberla matado tanto con sus manos a modo de patas como con sus dientes».

Foto: Wikimedia Commons

El proceso y la ejecución de Stumpp se convirtieron en un acontecimiento mediático en toda Europa. Se imprimieron numerosas hojas volanderas, que rápidamente se tradujeron al inglés, el holandés y el danés, en las que se contaba «la verdadera y maravillosa noticia de un campesino que, con artes de magia, se transformaba en lobo durante siete horas al día», y se explicaba cómo Stumpp «tenía un cinturón y cuando se lo ataba al cuerpo se transformaba en la figura de un espantoso lobo». Otras fuentes contemporáneas dan cuenta del caso, como el concejal de Colonia Hermann von Weinsberg (1518-1597), que lo recogió con sumo detalle en su diario.

BESTIAS LEGENDARIAS

El caso de Peter Stumpp es una más de las historias de hombres-lobo que poblaban el imaginario popular europeo desde tiempos remotos. Sin duda, esta obsesión terrorífica por hombres que por la noche se transformaban en lobos y devoraban ganado, seres humanos o cadáveres traducía los miedos de poblaciones que vivían en un estado crónico de inseguridad.

Ataque de un hombre lobo durante la noche en la ciudad alemana de Eschenbach.

Foto: Cordon Press

Éste era el caso del electorado de Colonia, donde, en los años anteriores al proceso contra Stumpp, muchos niños que cuidaban rebaños habían muerto víctimas de ataques salvajes, posiblemente obra de las fieras –sobre todo, de los lobos– que en aquella época poblaban los densos bosques de Alemania. Asimismo, se sabía de campesinos que habían muerto mientras trabajaban en los bosques, y cuyos cuerpos solitarios también habían sido devorados por las alimañas. Ello explica que resurgiera entonces la antigua y siniestra fabulación del monstruo semihumano de los bosques.

RENCORES Y VENGANZAS

Es significativo que los campesinos, en su búsqueda del hombre diabólico que se transformaba en lobo por la noche, pusieran sus ojos precisamente en Peter Stumpp. En efecto, éste tuvo la mala suerte de ser un campesino rico en una época de carestía y grandes hambrunas provocadas por las malas cosechas, y, por ello, despertaba fácilmente envidias y sospechas. Los testigos de algunas de las muertes aseguraron que el supuesto hombre-lobo cojeaba de la pata delantera izquierda, lo que sus conciudadanos relacionaron con el hecho de que Stumpp hubiera perdido la mano izquierda en un accidente mientras cortaba leña. De hecho, Stumpp o Stumpf significa en alemán «muñón», y parece que era un apodo de quien en realidad se llamaba Abel Griswold.

Junto a Stumpp fueron ejecutadas otras dos personas: Katharina Trumpen, una campesina vecina, y su hija Sybilla. El caso de Katharina era similar: de los documentos conservados se puede deducir que, como Stumpp, era viuda y se contaba entre los hacendados más pudientes de la zona. Acusarla de connivencia e incluirla en el proceso permitía evitar que ella y Stumpp se unieran y aumentaran aún más su poder frente a las autoridades. Por otro lado, una vez declarados culpables, sus tierras pasarían al señor local, que podría disponer de ellas a voluntad.

Persecución y ahorcamiento de un hombre lobo en un grabado alemán de 1685.

 

Foto: Cordon Press

La condena de Stumpp también debió de tener un trasfondo político-religioso. En 1577 fue elegido arzobispo de Colonia Gebhard Truchsess von Waldburg, que a los pocos años declaró su conversión al luteranismo, se casó con una joven noble protestante y trató de autorizar la práctica de su nueva religión en su arzobispado. La reacción de las autoridades católicas fue rauda: en 1584, Truchsess fue sustituido por un nuevo arzobispo católico, Ernesto de Baviera. Ello daría lugar a un conflicto, la llamada guerra de Colonia (1583-1589), que afectaría de lleno a la ciudad de Bedburg justo en el momento en que estalló el caso Stumpp. En efecto, el nuevo arzobispo invadió la región de Bedburg con el objetivo de expulsar a su señor, Adolf von Neuenahr, que había apoyado a Gebhard Truchsess. Los aldeanos vieron cómo soldados que se comportaban igual que bandidos asaltaban pueblos, aldeas y caminos, y asesinaban sin piedad a los pastores para apoderarse de sus rebaños.

En 1589 llegó a Bedburg un nuevo señor, el católico Werner von Salm-Reifferscheid-Dyck, pero se topó con la resistencia de la población, mayoritariamente protestante. Entonces decidió darles una buena muestra de cuál sería su final si no cejaban en su empeño, para lo que eligió como chivo expiatorio a Stumpp, quien precisamente se había convertido al protestantismo con Neuenahr. En otras palabras: su ejecución fue simplemente la mejor manera de intimidar a los protestantes de aquellos territorios.

Para saber más

Los enviados del rey Luis XV abaten al lobo que identificaron con el terrorífico animal. Grabado de 1765.

Terror en el siglo XVIII: la bestia del Gévaudan

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