Asoló Asia en el siglo XIV

La peste negra, la epidemia que acabó con los mongoles

Regiones enteras quedaron casi despobladas y la epidemia dio un golpe fatal al dominio de los mongoles. La Peste Negra del siglo XIV causó grandes estragos en su tierra de origen, Asia.

Ruinas de un caravanserai en Kirguistán

Ruinas de un caravanserai en Kirguistán

Foto: CC

“La civilización tanto en Oriente como en Occidente fue visitada por una plaga destructiva que devastó naciones y provocó la desaparición de poblaciones. Engulló muchas de las cosas buenas de la civilización y las aniquiló. La civilización vino a menos con la disminución de la humanidad. Las ciudades y los edificios quedaron en ruinas, los caminos y rutas desaparecieron, los asentamientos y las casas se vaciaron, las dinastías y las tribus se debilitaron. Todo el mundo habitado cambió”.

Así describía el historiador árabe Ibn Jaldún, en el siglo XIV, los efectos de la peste negra que en menos de una década devastó Asia y Europa. Él mismo conocía bien sus horrores, puesto que sus padres habían muerto a causa de la pandemia.

Eso sí, si es bien conocido el horror que causó en Europa, menos se sabe sobre los efectos que tuvo en Oriente. Los efectos a gran escala fueron aún mayores en Asia, donde había aparecido: no solo provocó un gran número de víctimas, sino que contribuyó a desestabilizar el dominio de los mongoles y, por lo tanto, determinó de forma decisiva el progreso de la historia.

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El avance de la peste negra

Atendiendo a los registros del imperio Yuan, la peste negra apareció por primera vez en 1331 en el norte de China y se expandió rápidamente por el país, provocando brotes que aniquilaban por completo poblaciones enteras: algunas provincias, como la de Zhongshu (actual Hebei), llegaron a perder entre un 70 y un 90% de sus habitantes censados. Algunas fuentes sugieren, en cambio, que provenía de las estepas de Mongolia, de Asia Central o del khanato de la Horda Dorada (actual Rusia), pero resulta difícil de confirmar si esos brotes eran anteriores a los de China, al no tener censos de esos lugares que permitan comparar las variaciones de población.

La rápida expansión de la epidemia fue consecuencia del comercio desde China hacia Medio Oriente a través de las grandes rutas, que la hegemonía mongol en Asia había propiciado. Yersinia pestis, la bacteria responsable de la enfermedad, se transmitía principalmente a través de las pulgas que podían usar como huéspedes a los animales de carga, facilitando también el salto de una caravana a otra durante las estancias en los caravasares, donde comerciantes y animales se paraban a descansar y pasar la noche.

Uno de los principales focos de contagio de la Peste Negra parece haber sido el comercio de pieles.

Otro de los principales focos de contagio parece haber sido el comercio de pieles, especialmente de marmota, muy usadas por los nómadas para sus sombreros. De hecho, no solo las marmotas sino que los roedores en general eran portadores de cepas particularmente virulentas de la bacteria; no en vano las ratas son señaladas como las principales “sospechosas” de haber introducido la enfermedad en Europa.

Peste negra en al Ruta de la Seda

En 1335, la peste negra ya había llegado hasta Persia y Siria, pasando por las principales ciudades de la Ruta de la Seda. Ibn Battuta, uno de los grandes exploradores de la Edad Media, escribió que en 1345 morían diariamente en Damasco unas 2.000 personas. Un factor que pudo facilitar la expansión de la pandemia por el mundo musulmán fue el hajj, el peregrinaje sagrado a La Meca.

Tradicionalmente se había considerado la península de Crimea como el punto de entrada de la peste negra en Europa. En 1344, los guerreros de la Horda Dorada intentaron capturar el puerto de Kaffa, en manos de los genoveses, y lo asediaron hasta 1347. Gabriele de Mussis, un notario de Piacenza, escribió que “el ejército se vio diezmado por una enfermedad que cayó sobre los tártaros y mataba a miles y miles todos los días” y que su comandante “ordenó que los cadáveres fueran colocados en catapultas y arrojados a la ciudad con la esperanza de que la pestilencia intolerable mataría a todos los que estaban dentro”.

Es probable que fueran las naves genovesas, al abandonar Crimea, las que introdujeran la epidemia en Europa.

Hoy en día se considera probado que de Mussis nunca estuvo presente en el asedio, sino que obtuvo esta información de los refugiados que abandonaron la ciudad cuando cayó en manos de los tártaros. De hecho, es probable que fueran precisamente las naves genovesas, al abandonar Crimea, las que introdujeran la epidemia en Europa: en 1347 se detectaron los primeros brotes no solo en Génova, sino también en varias escalas que hacían sus naves, como Constantinopla (actual Estambul), Ragusa (actual Dubrovnik), Sicilia, Nápoles y Marsella.

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Miniatura de Pierart dou Tielt de 1353. Los habitantes de Tournai entierran a las víctimas de la peste negra.

La pandemia de la peste negra no fue tan catastrófica como se pensaba

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La pandemia fue clave en la decadencia de los mongoles

La mortandad provocada por la peste negra tuvo consecuencias muy importantes a gran escala y fue un factor clave en la decadencia del poder de los mongoles en Asia. Los cuatro ulus – khanatos independientes en los que se dividió el imperio tras la muerte de Kublai Khan – quedaron seriamente debilitados por la muerte de varios herederos. Dos de estos estados cayeron durante los años de la epidemia o inmediatamente posteriores a esta: la dinastía Yuan, conquistada por los chinos Han, y el Ilkanato persa, que se desintegró en diversas dinastías regionales hasta la aparición de Tamerlán.

En Oriente Medio, la peste marcó uno de los puntos de inflexión más importantes en su historia y puso fin a la edad de oro del Islam. Las crónicas de la época hablan de una despoblación de las ciudades, con la esperanza de escapar de la enfermedad. Sin embargo, paradójicamente, fue en las áreas rurales donde la mortandad fue más alta debido a las peores condiciones higiénicas y al hecho de que las áreas de cultivo atraían a los roedores, portadores de la enfermedad.

A causa de la mortalidad y de la inseguridad de las vías de comunicación, la producción y el comercio también decayeron. Igual que en Europa, la pandemia determinó el curso de la historia asiática y las relaciones entre ambas partes del continente euroasiático.

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