Neutralidad inicial

El papel de España durante la Segunda Guerra Mundial

España, gobernada tras la Guerra Civil española por el dictador Francisco Franco, cambió varias veces de postura a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, aunque siempre manteniéndose en una ambigua neutralidad cuando era beneficioso para sus intereses.

Franco junto a Heinrich Himmler en el Palacio de Oriente durante la visita que hizo a España el líder nazi en 1940.

Foto: Cordon Press

El 1 de abril de 1939, la Guerra Civil Española llegaba a su fin, y Francisco Franco se convirtió en jefe del Estado de un nuevo régimen dictatorial. Apenas seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, Adolf Hitler inició una brutal ofensiva sobre Polonia que acabaría con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ante esa tesitura, Franco, que gobernaba una nación completamente en ruinas tras el conflicto fratricida que había durado tres años, tenía en aquellos momentos tres opciones: tenía la opción de colaborar con la Alemania nazi y la Italia fascista, que le habían ayudado a ganar la guerra, apoyar a los Aliados o aferrarse a la neutralidad, la misma postura que mantuvo España durante la Primera Guerra Mundial. Y esta última opción fue su postura al principio.

La neutralidad española en la Gran Guerra obedeció principalmente a que el país no estaba preparado económica ni militarmente para participar en ella, además de dividido al respecto. Así pues, durante la Primera Guerra Mundial España se mantuvo neutral, sin embargo, durante la segunda contienda, España tuvo que hacer frente a las consecuencias de la Guerra Civil, que había destruido la red de comunicaciones, las industrias, así como parte de muchas ciudades del país. En esencia Franco estaba al frente de un país en ruinas.

Sin embargo, unos meses más tarde, cuando la Italia de Mussolini entró en la Segunda Guerra Mundial el 10 de junio de 1940, Franco creyó que podría obtener beneficios de la postración francesa y cambió su posición el 12 de junio de 1940 pasando de "neutralidad" a la de "no beligerancia".

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Franco y Hitler se citan en Hendaya

Sin embargo, Hitler quería que España entrara en la guerra y aquella decisión de convertirse en un país "no beligerante" no agradó en absoluto al dictador nazi. Para intentar vencer las reticencias de Franco de involucrarse en el conflicto, se reunió con el dictador español en la localidad francesa de Hendaya el 23 de octubre de 1940. Ambos dictadores comparecieron acompañados por sus ministros de asuntos exteriores; por parte de Alemania, Joachim von Ribbentrop y por parte de España, Ramón Serrano Suñer. Se desconocen los argumentos que esgrimió Franco para que España finalmente no entrara en guerra junto con Alemania e Italia. Franco habría querido hacerse con el Marruecos francés, que Hitler no quería entregar para no enajenarse a la Francia de Vichy. Según algunos historiadores pudieron darse varios factores para que al final se impusiese la neutralidad del país: Hitler no estaba dispuesto a ceder a las pretensiones exigidas por Franco o puede que Franco elevara sus peticiones de tal manera que aquello acabara desanimando a Hitler; o tal vez una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, la entrevista acabó sin acuerdo.

Los historias especulan en que tal vez Hitler no estaba dispuesto a ceder a las pretensiones de Franco quizá porque las consideraba demasiado elevadas.

Revista de las tropas en la estación de Hendaya durante la reunión entre Franco y Hitler.

Foto: Cordon Press

A pesar de todo, hay voces que afirman que si Hitler, o quizá Mussolini, hubiera ejercido más presión sobre Franco, tarde o temprano habría conseguido que España participara en la guerra junto a las potencias del Eje. Sea como fuere, Hitler al final cambió todos sus planes, preocupado por asuntos mucho más urgentes como la preparación de la Operación León Marino (la invasión de Gran Bretaña), la Operación Barbarroja (la invasión de la Unión Soviética) o porque simplemente consideró que la entrada de España en el conflicto no iba a ser decisiva para su desenlace.

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Cambio de postura de España en la Segunda Guerra Mundial

En realidad, la postura de Franco y su gobierno fue evolucionando a medida que la guerra iba avanzando, aunque siempre manteniéndose en una ambigua neutralidad cuando era beneficioso para sus intereses. Finalmente, cuando todo hacía prever que el III Reich vencería a Gran Bretaña, Franco ofreció a Hitler los servicios de la División Azul para apoyar su ataque a la Unión Soviética, permitió que los submarinos alemanes pudieran repostar en los puertos españoles, censuró cualquier noticia que informara de las derrotas alemanas y dio a los agentes de la Abwehr (la inteligencia militar alemana) libertad de movimiento por todo el territorio español mientras efectuaban labores de vigilancia de los británicos.

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La indecisión de Franco en la Segunda Guerra Mundial

Tras la invasión de la URSS, y convencida de la victoria alemana, España firmó el Pacto Anti-Komintern, revisado el 25 de noviembre de 1941, al que también se había sumado la Italia fascista de Mussolini y otros países próximos al Eje. Pero cuando Franco se dio cuenta de que el curso de la guerra empezaba a tomar un rumbo distinto tras el éxito de los desembarcos estadounidenses en Marruecos y Argelia, la victoria británica en la batalla de El Alamein y la derrota nazi en Stalingrado, Franco dio un giro a su política exterior y decidió pasar de nuevo a la neutralidad, pero con una diferencia: ahora empezó a ofrecer su apoyo a los Aliados.

Convencida de la victoria alemana, España firmó el Pacto Anti-Komintern al que también se había sumado la Italia fascista de Mussolini y otros países próximos al Eje.

Con todo, tras el final de la Segunda Guerra Mundial el régimen franquista no se desvinculó por completo de las potencias del Eje, a las que había dado su apoyo, sobre todo al principio del conflicto. Un ejemplo del modo en que trató la prensa española la derrota nazi lo vemos en una crónica publicada en el diario vespertino Informaciones, que en su edición del 2 de mayo de 1945 ensalzó la figura de Adolf Hitler tras su muerte sin mencionar que se había suicidado: "Muerto cara al enemigo bolchevique, en el puesto de honor, defendiendo la civilización cristiana". En un tono más moderado, pero ocultando de igual manera el suicido del führer (de hecho, se dijo que había muerto en combate), las ediciones de ABC y de Ya publicaron noticias elogiando la figura del dictador nazi. Por su parte, el periodista y escritor Julián Cortés Cavanillas escribió un panegírico acerca del "hombre excepcional y defensor de las últimas murallas de la civilización occidental" que fue Hitler, y que, según él, dedicó toda su vida a luchar contra todo lo viejo: "El liberalismo, el socialismo, el marxismo y el judaísmo".

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"Ignorantes" del Holocausto

Y aunque la prensa española también se hizo eco del horror de los campos de exterminio nazis a finales de abril de 1945, no hacía una mención específica a los judíos y atribuyó las penosas condiciones de los presos al caos provocado por la derrota nazi. Los periódicos publicaban informaciones y largos reportajes acerca de las devastadoras consecuencias de los indiscriminados bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas y sobre la brutal matanza que tuvo lugar en el bosque de Katyn, perpetrada por orden del dictador soviético Iósif Stalin. La prensa también comparaba lo ocurrido en los campos de exterminio nazis con la "persecución" a la que estaban siendo sometidos los propios nazis y los fascistas italianos, y destacó en primera plana el linchamiento de Mussolini por parte de los partisanos.

La prensa también comparaba lo ocurrido en los campos de exterminio nazis con la 'persecución' a la que estaban siendo sometidos los propios nazis.

Soldados de la División Azul en Prokrowskaja, en la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: CC

Así, viendo el tono de las noticias que se publicaron a diario en la prensa española, y con la evidencia incontestable sobre las atrocidades cometidas por los nazis en los campos de exterminio que iban saliendo a la luz, Franco decidió dar un giro a su política para tratar de salir indemne tras la derrota del Eje. Para ello nombró un nuevo gobierno en el mes de julio de 1945 en el que apartó a los miembros de Falange Española, de inspiración fascista, y dio protagonismo al sector más católico y conservador encabezado por de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), encabezada por el político Alberto Martín-Artajo. Pero Martín-Artajo siguió aludiendo al supuesto maltrato sufrido por los soldados alemanes a manos de los Aliados. Y no fue el único. El que sería años más tarde presidente del gobierno, Luis Carrero Blanco, calificó los juicios contra los dirigentes nazis que tuvieron lugar en Núremberg de "venganza" y de "crimen".

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"Refugiados" y censura

A pesar del intento de lavado de cara del régimen ante la opinión pública internacional, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Franco fue muy hospitalario con todos los exfuncionarios, miembros, colaboracionistas, y muy en particular algunos de los máximos responsables de la deportación y exterminio de los judíos, que buscaron refugio en tierras españolas. El régimen franquista también ayudó a huir de Europa a un gran número de nazis y dio asilo a criminales de guerra como el militar croata Maks Luburić o al belga León Degrelle, a quien se otorgó la ciudadania española.

El régimen de Franco acogió a exfuncionarios, miembros, colaboracionistas y a los máximos responsables de la deportación y exterminio de los judíos.

Pero, la presión internacional obligó finalmente al gobierno de Franco a entregar a varios de los nazis más buscados por Estados Unidos para ser juzgados. Sin embargo, la mayoría de los reclamados fueron protegidos u ocultados. De hecho, actualmente se cree que 40.000 nazis se refugiaron en España cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, y que otros muchos huyeron a la Argentina peronista dejando muchas de sus propiedades en España.

León Degrelle, político belga y comandante de la Legión Valona.

Foto: PD

Presos españoles republicanos y antifascistas prisioneros en Mauthausen despliegan una pancarta para saludar la entrada de los Aliados.

Foto: PD

Asimismo, la censura española se encargó de prohibir cualquier tipo de imagen que hiciera referencia a los campos de exterminio nazis, de los que nunca se dieron a conocer ni fotografías ni películas, hasta el punto de que en 1962 se suprimieron las imágenes de los campos que se mostraban en la película del director estadounidense Stanley Kramer, Judgement at Nurenberg (Juicio en Núremberg), y se obligó a cambiar el título en español por el de ¿Vencedores o vencidos?, poniendo de esta manera al mismo nivel a los asesinos nazis y al tribunal que los estaba juzgando. No sería hasta la muerte de Franco en 1975 cuando los españoles podrían ver por primera vez las aterradoras imágenes del Holocausto, pero incluso así, en esa época, cuando hacía ya tanto tiempo que había acabado el terrible conflicto que desangró al mundo, en España aún seguían existiendo publicaciones y artículos de prensa que alababan la ominosa figura de Adolf Hitler.

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