La Gran Guerra

El papel de España durante la Primera Guerra Mundial

10 días después de que el Imperio austrohúngaro declarase la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, España se declaró neutral. Sin embargo, desde el punto de vista económico, España vendía armas, material bélico y derivados de la industria a los dos bandos. Durante los cuatro años que duró la Primera Guerra Mundial en ningún momento su postura de neutralidad.

Un submarino alemán fondeado junto al barco mercante Roma en el puerto de Cartagena el 21 de junio de 1916,  y que puso en peligro la neutralidad española en la Gran Guerra.

Foto: PD

En su número del 7 de agosto de 1914, la Gaceta de Madrid informaba de lo siguiente: "Existente, por desgracia, el estado de guerra entre Austria, Hungría y Serbia […], el Gobierno de Su Majestad se cree en el deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles". España declaraba así, con total solemnidad, su intención de mantenerse al margen de la Gran Guerra tan solo 10 días después de que el Imperio austrohúngaro declarase la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914. España se declaró neutral, sí, pero, en teoría, no estaba ni a favor de las potencias de la Triple Entente (Reino Unido, Francia y Rusia), ni en contra de la Triple Alianza (Alemania, Imperio austrohúngaro e Italia).

Pero, ¿por qué se declaró neutral España? Pues, al parecer, porque no podía hacer otra cosa, según la mayoría de historiadores. De hecho, en 1914, España era un país que aún no se había recuperado de las heridas abiertas desde el "Desastre de 1898" (la guerra hispano-estadounidense), que comportó pérdida de las colonias en ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico).

En su obra España en la Gran Guerra, el escritor e investigador científico del CSIC Fernando García Sanz relata que "cuando estalla la Gran Guerra, España vive en otro mundo. Se ha llevado un bofetón impresionante en 1898, algo inevitable porque desde el momento en el que aceptó la guerra contra EE. UU. sabía que la iba a perder. Primero porque era un conflicto que se desarrolló muy lejos de casa y, segundo, porque carecía de una marina a la altura de las posesiones que debería haber tenido". En 1914 España no hizo más que "poner en evidencia esa debilidad", sigue diciendo García Sanz. Y es que muchas de las publicaciones aparecidas en la época reflejaban la incapacidad mostrada por España, un país que hasta hacía poco había dominado el mundo, para sumarse a uno de los dos bandos.

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España en quiebra durante la Primera Guerra Mundial

En realidad, a principios del siglo XX, España era un país que contaba muy poco en Europa. Cuando el rey Alfonso XIII comprobó que España carecía de capacidad suficiente para implicarse en el conflicto no oculto su enorme disgusto. De hecho, ya había sido advertido hasta en veintisiete ocasiones de que la guerra no sería breve y de que España no estaba preparada para implicarse en un conflicto de esa magnitud. Durante los primeros años de contienda, el sistema político español se encontraba completamente quebrado y era el propio monarca el encargado de tomar decisiones de gran calado, así como quien, de cara al exterior, defendía a capa y espada la más estricta neutralidad del país, pero, de puertas adentro mostraba su simpatía a todos los países beligerantes en función de sus intereses.

Alfonso XIII defendía la más estricta neutralidad del país, pero, de puertas adentro mostraba su simpatía a todos los países beligerantes en función de sus intereses.

Alfonso XIII de visita en París en 1913, un año antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Sentado a su lado, el presidente de la Tercera República francesa Raymond Poincaré.

Foto: CC (Basilio)

Esos cuatro años de conflicto hicieron de España, y más concretamente de su capital, Madrid, un escenario donde los espías campaban a sus anchas. La capital de España era el lugar perfecto para cerrar buenos negocios y hacer mejores chantajes. En la neutral España se estaba librando una guerra secreta que luego se veía traducida en el frente.

Por otra parte, algunos países europeos empezaron a vislumbrar grandes posibilidades económicas e industriales en España, sobre todo en el norte del país y en Cataluña. La guerra cada vez parecía más lejos de ir a terminar pronto, por lo que se hacía necesario contar con materias primas como el wolframio o el plomo para fabricar armamento, elementos de los que España disponía en abundancia. En este contexto, hubo industriales que vieron en la guerra una excelente oportunidad de negocio, como fue el caso del conocido contrabandista Juan March, un empresario y financiero español que comerciaba indistintamente con ambos bandos.

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¡Reaccionad de una vez, actuad!

Está claro que finalmente la neutralidad de España tuvo distintas consecuencias a medio y a largo plazo para el país. Desde el punto de vista económico, España vendía armas, material bélico y derivados de la industria a los dos bandos, algo que podría parecer lucrativo a simple vista. Pero la guerra acabaría acarreando, también en nuestro país, una inflación desbocada que se tradujo en una subida notable de los precios de los productos más básicos como el pan, la sal, el tabaco o el café. Aquello provocaría un enorme descontento en las clases más bajas y obreras, que en el año 1917 vieron un ejemplo a seguir en la Revolución de Octubre que había tenido lugar en Rusia ese mismo año.

España vendía armas, material bélico y derivados de la industria a los dos bandos, algo que podría parecer lucrativo a simple vista.

Viñeta satírica sobre las consecuencias de la guerra aparecida en El Imparcial el 30 de septiembre de 1914.

Foto: PD

A todo ello se sumaba la debilidad de España a nivel internacional, que se hacía evidente en muchos aspectos relacionados con el conflicto, por ejemplo con reacciones que sorprendían a propios y extraños. Según sigue contando el investigador Fernando García Sanz, en aquel momento "España es un estado débil y un régimen político débil, y eso se nota sobre todo en el campo internacional, donde las políticas deben ser muy claras. Y eso no se da en España. Pasa, por ejemplo, con el hundimiento de barcos españoles por parte de submarinos alemanes. Incluso los aliados pensaban: '¡Reaccionad de una vez, actuad!'". Y es sus vecinos pensaban que España parecía haber perdido su orgullo desde el momento en que permitía que en sus costas se librara una guerra submarina que acarreaba el hundimiento de barcos mercantes españoles y que no hiciera nada para evitarlo.

El 11 de noviembre de 1918 finalizó la Primera Guerra Mundial y España no había cambiado en ningún momento su postura de neutralidad. Su actuación en esos años de guerra llevaría a afirmar a un intelectual como José Ortega y Gasset que el suyo era un país sin solución que terminará convertido en una dictadura. Unas palabras premonitorias. Al final, los vencedores de la Primera Guerra Mundial parecieron olvidarse de un país que, a diferencia de otros, no podía hablar de víctimas y destrucción. Las reivindicaciones que pudiera hacer España tras el conflicto estaban destinadas a caer en saco roto…

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