Revolución mexicana

Pancho Villa, el icono de la revolución mexicana

Pancho Villa fue una figura clave en la historia de México y uno de los líderes principales de la revolución mexicana junto a Emiliano Zapata. En 1923, el apodado como Centauro del Norte, fue objeto de una emboscada que acabó con su vida a balazos.

Imagen de Pancho Villa montado a caballo.

Foto: PD

Sobre José Doroteo Arango Arámbula, más conocido como Pancho Villa, se cuentan muchas historias. Algunas retratan al revolucionario como un verdadero héroe y otras aseguran que se trataba de un bandolero y un mujeriego entregado a los excesos. Sin embargo, aquel revolucionario, nacido el 5 de junio de 1878 (aunque algunos historiadores afirman que podría haber sido en el mes de julio del mismo año) en el estado mexicano de Durango, fue, al parecer, un hombre abstemio, que incluso condenaba a muerte a cualquiera de sus hombres que hubiera caído bajo el influjo del alcohol (se dice que llegó a destruir cientos de litros de bebidas alcohólicas). En cuanto a su fama como mujeriego, a Pancho Villa se le atribuyeron hasta 27 relaciones, pero fue la famosa vedette de la época, María Conesa, conocida como la Gatita Blanca, la que fascinó absolutamente al revolucionario, aunque para su desgracia no la pudo conquistar: "Mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate", contestó la artista a sus avances. La imagen icónica de Pancho Villa lo muestra tocado siempre con un gran sombrero, y es que el guerrillero se sentía incómodo con la cabeza descubierta y nunca se lo quitaba en público.

El Centauro del Norte

La vida de José Doroteo no fue fácil. Desde niño tuvo que trabajar muy duro y nunca fue a la escuela. Con dieciséis años, el futuro Pancho Villa mató a su primer hombre, quien, según las versiones, podría tratarse de Agustín López Negrete, un terrateniente que habría intentado forzar a su hermana. Tras dar muerte a López, el joven tuvo que huir a las montañas. De hecho, la vida en el monte aún era más difícil que su mísera existencia junto a su familia, y José empezó a robar para sobrevivir. Aquel delito se perseguía con mucha dureza en el México de finales del siglo XIX, por lo que José Doroteo cambió su nombre por el de Pancho Villa.

Con dieciséis años, el futuro Pancho Villa mató a su primer hombre, según las versiones Agustín López Negrete, un terrateniente que habría intentado forzar a su hermana. Por este motivo lo mató y tuvo que huir a las montañas.

A pesar de que en México, Pancho es un nombre muy habitual, el apellido escogido, Villa, era el de su abuelo, que es el que le hubiera correspondido legalmente si este hubiera reconocido a su padre, Agustín. Convertido en un bandido que ayudaba a los más pobres y desfavorecidos, sus hazañas empezaron a ir de boca en boca con mucha rapidez y se convirtieron en algunos de los temas preferidos de los corridos que se cantaban en las plazas y en las cantinas. Finalmente, hacia el año 1900, Pancho Villa se estableció en el estado de Chihuahua con el objetivo de luchar contra los terratenientes que se enriquecían amparándose en unas leyes a su juicio injustas.

Una de las imágenes más icónicas de Pancho Villa muestra al líder mexicano a caballo en Ojinaga, en enero de 1914. 

Foto: PD

En 1910, Pancho Villa conoció a Abraham González, un representante del candidato presidencial Francisco Madero y opositor del entonces presidente Porfirio Díaz, que vio el potencial de este grupo de bandidos para luchar y plantar cara a los grandes terratenientes y dueños de las haciendas. Se estima que, en 1910, cuando estalló la revolución mexicana, tan solo el diez por ciento de los campesinos eran propietarios de sus tierras. Por ese motivo, cuando el escritor y político Francisco Ignacio Madero se presentó a las elecciones para derrocar al hasta entonces presidente Porfirio Díaz, este hizo lo imposible para intentar evitar que las ideas de Madero, promulgadas en el Plan de San Luis (por el cual se hacía un llamamiento a alzarse en armas contra Díaz), tuvieran éxito. Pero finalmente la sociedad mexicana acabó estallando, y los alzamientos se generalizaron por todo el país, convirtiendo a Madero en el líder que aglutinó la rebelión. Así, animado por Abraham González, Pancho Villa, el "amigo de los pobres" (que sería apodado el Centauro del Norte), se sumó a la rebelión en favor de los campesinos que se habían levantado en armas.

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La Revolución de Villa y Zapata

La revolución mexicana triunfó en 1911. Porfirio Díaz huyó a Europa, su ejército fue desarmado y se celebraron unas elecciones generales que ganó Madero. A pesar de ello, Madero no consiguió satisfacer a otro importante líder revolucionario, Emiliano Zapata, que lo había apoyado con la condición de que llevara a cabo una ambiciosa reforma agraria, y que al ver frustrados sus objetivos lo tachó de traidor. Lo mismo hizo el general Pascual Orozco, que acusó a Madero de incumplir el Plan de San Luis y encabezó una sublevación en marzo de 1912. Por su parte, Pancho Villa se mantuvo leal a Madero hasta que este cometió el error de confiar a Victoriano Huerta (un general del ejército porfirista que está considerado uno de los personajes más siniestros de la historia mexicana) el mando de las tropas para sofocar el alzamiento de otro revolucionario llamado Pascual Orozco.

La revolución mexicana triunfó en 1911. Porfirio Díaz huyó a Europa, su ejército fue desarmado y se celebraron unas elecciones generales que ganó Madero.

Huerta sumó a los hombres de Pancho Villa a su ejército, aunque no estaba muy convencido de la lealtad de este, puesto que que creía que había esta implicado en el alzamiento provocado por Orozco. Al final, Huerta acusó a Pancho Villa de insubordinación. Tras someterlo a un consejo de guerra, en quince minutos decidió que debía ser fusilado. Por suerte para Villa, la intervención de Gustavo Adolfo Madero, hermano del anterior presidente y miembro del estado mayor de Huerta, impidió que aquella sentencia se cumpliera, y Villa fue trasladado a una prisión de la capital donde aprovechó para aprender a leer y a escribir y de donde se fugó en noviembre de 1912.

Imagen de Pancho Villa y Emiliano Zapata tomada el 4 de dicembre de 1914.

Foto: PD

En 1913, Huerta depuso a Madero y lo mandó asesinar. Aquella fue la gota que colmó el vaso para que Pancho Villa y Emiliano Zapata unieran sus fuerzas en contra el régimen dictatorial de Victoriano Huerta. Es en aquel momento cuando apareció en escena el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza, que se proclamó "primer jefe del ejército constitucionalista" y que dirigió la que ha pasado a la historia como "etapa constitucionalista" de la revolución mexicana. Carranza disponía de su propio ejército, la potente División del Nordeste, pero quería obtener la colaboración de los famosos Pancho Villa y Emiliano Zapata. Villa acató en principio la jefatura de Carranza, pero fue distanciándose de él al ver que su División del Norte era siempre la encargada de liderar las misiones más peligrosas. Al final, se produjo la ruptura definitiva cuando uno de los generales de Carranza prohibió la entrada de los hombres de Villa y de los de Zapata en Ciudad de México.

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¡Viva Villa!

Tras la Convención de Aguascalientes, que tuvo lugar en octubre de 1914 y que consolidó el acercamiento entre villistas y zapatistas, y con la negativa de los líderes agraristas a disolver sus ejércitos y reconocer la autoridad de Carranza, este optó por retirarse a Veracruz y establecer allí su gobierno. En diciembre de 1914, Villa y Zapata entraron en Ciudad de México al mando de sus tropas y confiaron la presidencia del gobierno revolucionario primero a Eulalio Gutiérrez y después a Roque González Garza. Pero las fisuras entre Zapata y Villa pronto hicieron acto de presencia, y Zapata acabó regresando al sur, con lo que dejaba vía libre a Carranza para volver. Villa, solo con sus hombre en Ciudad de México, fue derrotado en cuatro grandes enfrentamientos hasta que finalmente el ejército de Carranza pudo entrar victorioso en la capital.

En diciembre de 1914, Villa y Zapata entraron en Ciudad de México al mando de sus tropas y confiaron la presidencia del gobierno revolucionario primero a Eulalio Gutiérrez y después a Roque González Garza.

Pero en octubre de 1915, después de que Carranza obtuviera el reconocimiento por parte de Estados Unidos, Pancho Villa decidió atacar intereses estadounidenses para enemistar a Carranza con el presidente norteamericano Woodrow Wilson. Su idea era provocar una intervención del gran vecino del norte que obligara a Carranza a pactar con el gobierno estadounidense y así poder presentarse como principal líder de la lucha patriótica. La audacia de Villa lo llevó en marzo de 1916 hasta la localidad estadounidense de Columbus, donde mató a tres soldados y a cinco civiles. Aquel acto provocó la rápida reacción del ejército norteamericano, que lanzó una operación definida como "punitiva", encaminada a la captura de los rebeldes, y durante la cual los soldados estadounidenses penetraron unos 600 kilómetros en territorio mexicano. Pero Villa, buen conocedor del terreno, se escondió en las montañas, donde la población le ofreció su protección. Al final, a pesar de los varios enfrentamientos que se produjeron entre los villistas y las fuerzas norteamericanas, estas finalmente se retiraron de México en febrero de 1917.

Fotografía de Pancho Villa ataviado con sus típicas bandoleras.

Foto: PD

Desde que en junio de 1920, Pancho Villa firmase los convenios de Sabinas, por los que se comprometía a deponer las armas, vivió apartado de la vida pública junto a su familia en una hacienda de la localidad de Canutillo, en el estado de Durango. El 20 de julio de 1923, Villa partió hacia Hidalgo de Parral, una ciudad ubicada al sur de Chihuahua, donde pretendía reunirse con algunos de sus camaradas para partir posteriormente todos juntos hacia Río Florido, donde debía asistir al bautizo del hijo de un amigo. Sus premonitorias palabras antes de salir fueron: "Parral me gusta hasta pa' morirme". Villa era consciente de que el entonces presidente de México, Álvaro Obregón, tenía la intención de asesinarlo, pero aunque en el pasado habían sido enemigos, Villa confiaba en que la cosa no llegaría tan lejos ya que en anteriores ocasiones él mismo se había encargado de desbaratar algún complot encaminado a acabar con su vida. Para dar a entender que venía sin ánimo de levantar disputas, Villa rehusó la escolta de 50 hombres que habitualmente le acompañaba, y marchó solo con cinco hombres, entre los que se incluían el general Trillo y su asistente de confianza, Daniel Tamayo.

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Pancho Villa, abatido por una nube de balas

Conduciendo él mismo su Dodge Brothers, Pancho Villa empezó a atravesar la ciudad de Parral, donde le esperaba apostado un grupo armado para asesinarle. Sin embargo, cuando los sicarios se disponían a abrir fuego, un grupo de niños salió de una escuela y rodeó la comitiva, frustrando por el momento sus intenciones. Villa continuó adelante sin sospechar que la muerte se cernía sobre él, y cuando su automóvil cruzaba la calle Gabino Barrera, un hombre ataviado con un sombrero de palma llamado Juan López agitó la mano a su paso exclamando: "¡Viva Villa!". Aquel viejo grito de guerra de la división encabezada por el líder revolucionario cuando entraba en los pueblos se convertiría ahora en el funesto anuncio de su muerte, pues esa era la señal para que los asaltantes supieran que el coche estaba llegando al punto donde debía cometerse el atentado. Tras girar por una calle, el vehículo quedó en un punto ciego de la curva donde aguardaban los sicarios para abrir fuego. Al grito de "¡Viva México cabrones!", los asaltantes dispararon una nube de proyectiles, se dice que al menos fueron 150, que destrozaron los cristales del coche de Villa. Trece balas atravesaron el cuerpo del Centauro del Norte causándole la muerte en el acto. Pero no fue el único que murió ese día. La crónica del periódico El siglo de Torreón del día siguiente informaba: "Tres hombres de la escolta terminaron también muertos y dos heridos".

Al grito de ¡Viva México cabrones!, los asaltantes lanzaron una nube de proyectiles, se dice que al menos fueron 150, que destrozaron los cristales del vehículo y mataron a Pancho Villa en el acto.

Pancho Villa y su mujer, Luz Corral, poco antes del asesinato del líder revolucionario.

Foto: PD

Los pistoleros encargados de matar a Pancho Villa fueron Jesús Salas Barraza, un diputado local, su cómplice Melitón Lozoya y el general Joaquín Amaro. La autoría intelectual se atribuye al presidente Álvaro Obregón y a su sucesor, Plutarco Elías Calles, que al parecer respondieron así a las demandas del Gobierno de Estados Unidos, cuyas condiciones para reconocer la legitimidad del estado mexicano pasaban por el asesinato de Villa. Tras su entierro, el cadáver de Pancho Villa no encontró reposo en el cementerio de Parral, y en 1926 fue profanado y decapitado. Su cabeza desapareció sin que a día de hoy haya sido posible encontrarla. El magnate norteamericano William Randolph Hearst aportó su granito de arena a tan mítica búsqueda al contratar a un grupo de mercenarios para que hallara el cráneo del legendario revolucionario, algo que nunca llegó a conseguir. Una leyenda local cuenta que cada 20 de julio, aniversario de su muerte, el fantasma de Pancho Villa reaparece por las calles de su país para recordar a todo aquel que se cruce en su camino su asesinato a traición.