La capital de un reino poderoso

El descubrimiento de Palenque: una ciudad maya oculta en la selva mexicana

En 1784, un grupo de expedicionarios hallaron, en plena selva de Chiapas, las ruinas de una espléndida capital maya

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El Palacio es un conjunto de edificios conectados entre sí. Se alza sobre una terraza, en el centro de la zona arqueológica de Palenque.

Foto: iStock

Los mayas consideraron Palenque –ciudad que ellos conocían como Lakamhá– la capital de uno de los cuatro sectores de su mundo. Éste se limitaba a las selvas de Mesoamérica (la vasta región histórica formada por México y América Central), y se extendía sobre algo menos de 300.000 kilómetros cuadra- dos que hoy se reparten cuatro países: México, Guatemala, Belice y Honduras. Su cultura floreció en la mitad meridional de las llamadas Tierras Bajas mayas, donde se levantaron espléndidas urbes que fueron abandonadas entre los siglos IX y X, sin que aún sepamos porqué. 

Los vestigios de Palenque se encuentran al norte del estado mexicano de Chiapas: a diez kilómetros al oeste del poblado de Santo Domingo de Palenque y al pie de la sierra chiapaneca. Se trata de un asentamiento monumental que deslumbró a los viajeros y exploradores que lo visitaron desde finales del siglo XVIII. Los finísimos relieves en piedra, las abundantes inscripciones jeroglíficas, los templos y plazas en armonía con la selva circundante –que ofrece el telón de fondo de un escenario incomparable– son algunas de las razones que han convertido este sitio en uno de los más estudiados por la arqueología mexicana. 

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Un templo columnado decorado con relieves y glifos preside el gran patio interior del Palacio de Palenque.

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Los conjuntos de ruinas mayas intrigaron a frailes y eruditos de los siglos XVI y XVII, como Diego de Landa, pero con el correr del tiempo los españoles fueron perdiendo paulatinamente el interés por ellos. Así, a finales del siglo XVIII, los habitantes del virreinato de Nueva España daban la espalda a las magníficas ciudades que habían surgido en la selva tropical más de mil años antes. Nada cambió hasta que Carlos III subió al trono de España. El rey contaba con cierta experiencia arqueológica obtenida durante su estancia en Nápoles, en el curso de las excavaciones de Pompeya y Herculano, y ahora aquellas aparentes masas de escombros empezaron a ser vistas con una nueva perspectiva desde la metrópoli. 

Las Casas de Piedra 

Todo comenzó en 1784, cuando se divulgó en Guatemala que se habían descubierto unas ruinas, a las que llamaban Casas de Piedra, cerca de la pequeña población hispano-indígena de Palenque. El gobernador y presidente de la Audiencia de Guatemala, José Estachería, ordenó entonces al teniente de alcalde de Palenque, José Antonio Calderón, que visitara las ruinas y redactara un informe. Calderón lo hizo y acompañó su escrito con cuatro dibujos. A partir de ahí se sucedieron con cierta rapidez nuevos informes y dibujos, se alzaron planos y se extrajeron piezas para su envío a Madrid. En la investigación participaron Antonio Bernasconi, José de Gálvez, Juan Bautista Muñoz y otros; pero entre todos ellos destaca el capitán de artillería Antonio del Río, un hombre obediente, cumplidor y meticuloso. 

Maya Head Found in Tomb of Kinich Hanab Pakal, Ruler of Palenque, 615 683 AD

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Cabeza de Pakal, rey de Palenque. Museo de Antropologi´a, Me´xico D.F.

Foto: Wikimedia Commons

Juan Bautista Muñoz, que era cosmógrafo mayor del Consejo de Indias y tenía bastante influencia ante aquel rey aficionado a las antigüedades, opinaba que era necesario llevar a cabo una pesquisa más minuciosa que la que hizo Calderón, y enviar a España materiales arqueológicos originales que pudieran ayudar a descubrir el significado de lo recientemente descubierto. Para esta importante misión, Estachería designó a Del Río. 

El trabajo realizado por Del Río en Palenque estuvo a la altura de las circunstancias, ya que puede considerarse como el de un precursor de la arqueología maya moderna. Le acompañó el dibujante Ricardo Almendáriz, que hizo treinta dibujos muy precisos para la época. Ambos trabajaron sobre el terreno varios meses, indagando y tomando notas entre la frondosa vegetación que cubría los espléndidos edificios, soportando un calor pegajoso y húmedo e intentando evitar a las serpientes venenosas. 

PalenqueAc

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El dibujante Ricardo Almenda´riz, nacido en Guatemala, acompan~o´ al capita´n Antonio del Ri´o a Palenque en el an~o 1784 para documentar los hallazgos que se llevasen a cabo en las ruinas de la antigua ciudad maya. Almenda´riz dibujo´ principalmente los relieves que decoraban el edificio conocido como el Palacio y muestran detalles que la erosio´n ha destruido desde entonces, por lo que su valor cienti´fico es incalculable. Los treinta dibujos realizados por Almenda´riz acompan~aron el informe de del Ri´o fechado el 24 de junio de 1787.

Foto: Wikimedia Commons

Algunas notas de Del Río muestran, sin embargo, la línea de pensamiento dominante en los ambientes cultos de la época, que consideraba que estas obras monumentales no podían atribuirse a los antepasados de los «degradados» indios que habitaban la región: «Por la elección de establecerse en iguales sitios, y por un acueducto de piedra subterráneo, que atraviesa por bajo de la Casa grande, se pudiera inferir que estas gentes hubieron alguna analogía y trato con los romanos». Pero también hace gala de un talante prudente: «Yo conozco que mis reflexiones se apoyan solamente en meras conjeturas, débil fundamento para sentar unas proposiciones que no exceden los límites de una probabilidad». Incluso más adelante reconoce que la figura de un bajorrelieve es «prueba y muestra del grado a que llegaron los antiguos del país, en esas partes de escultura». 

Estudios y hallazgos 

El 9 de julio de 1787, Estachería envió a España un cuaderno de texto y otro de láminas, y unos seis cajones llenos de objetos. El rey ordenó que éstos se guardasen en el Real Gabinete de Historia Natural, y las láminas, en la Real Biblioteca. Pero, curiosamente, el informe de Antonio del Río no fue publicado en español, sino en inglés, en Londres, en 1822. Los objetos de aquella expedición se hallan hoy en el Museo de América de Madrid. 

En los años posteriores, investigadores y aventureros estudiaron las ruinas de Palenque. En 1832, el excéntrico cartógrafo francés Jean- Frédéric Waldeck realizó una serie de ilustraciones un tanto fantasiosas de los relieves que adornaban los edificios. En 1840, el explorador y dibujante inglés Frederick Catherwood realizó unos hermosos grabados de Palenque durante su viaje por las selvas de Chiapas en compañía del estadounidense John Lloyd Stephens. 

Pero la investigación con métodos científicos modernos dio comienzo en 1890, cuando el arqueólogo y explorador británico Alfred Maudslay pasó cuatro meses en Palenque haciendo fotografías, y excavando y limpiando los edificios de la vegetación que los cubría. Durante el siglo XX se han sucedido las excavaciones, patrocinadas por el INAH, y en 1952 se descubrió la tumba del rey Pakal bajo el templo de las Inscripciones. Palenque fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987, y hoy es uno de los monumentos mayas más conocidos y visitados de México.

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