El envés de la trama

La otra historia de la caballería

La recuperación de Ivanhoe en el siglo XIX renovó el interés por la caballería, plasmado en películas y series como Juego de Tronos

La partida de los caballeros, por William Morris, uno de los tapices del Santo Grial confeccionados para Stanmore Hall. Museo y  Galería de Arte de Birmingham.

Foto: Bridgeman / ACI

En la década de 1860 se produjo en toda Europa un crecimiento sostenido de las celebraciones públicas como sentidos homenajes a figuras señeras de la cultura literaria. El 12 de agosto de 1871 tuvo lugar el de Walter Scott en Edimburgo, con la presencia del célebre escritor ruso Iván Turguénev.

Fue el momento de recordar los éxitos literarios del escritor escocés, pues la gente de entonces lo conocía más por las citas contenidas en las guías de viaje Murray, con las que los europeos hacían una suerte de turismo cultural visitando los viejos lugares donde una vez triunfó el espíritu de la caballería, sin tener en cuenta que un par de generaciones antes los libros de Scott habían sido verdaderos éxitos editoriales: sus novelas históricas le reportaron fantásticas sumas.

Sin ir más lejos, Ivanhoe, publicada en 1819, le dio hasta 15.000 libras esterlinas en concepto de derechos de autor, en una época en que la renta anual de una familia de clase media era de 200 libras. Es decir, una novela proporcionó a Walter Scott la renta de setenta y cinco años de una familia acomodada.

El despertar de Ivanhoe

La recuperación de Ivanhoe con motivo del centenario del nacimiento de su autor volvió a ser todo un éxito: provocó el entusiasmo por la caballería medieval, primero en los pintores prerrafaelitas y luego en los propios ambientes académicos, con obras que con el tiempo serían un referente. Por citar un ejemplo paradigmático, el libro La chevalerie de León Gautier, publicado en 1884, abrió un campo de estudio que facilitó la publicación de textos fundamentales sobre esta clase social: desde las crónicas de Froissart hasta la sorprendente vida de Guillermo el Mariscal.

En ese ambiente se educaron decenas de medievalistas en Europa y Estados Unidos, que despertaron el interés por la caballería y la cultura cortés que la enmarcaba. Baste citar el influyente libro French chivalry, publicado en 1940 por el gran medievalista de Baltimore Sidney Painter, maestro de una corriente que marcó el sentido de los estudios sobre la caballería en las prestigiosas universidades de la Ivy League. La renovada fascinación por la caballería también está detrás de la sátira irónica del famoso escritor estadounidense Mark Twain en su novela Un yanqui en la corte del rey Arturo, de 1889.

Ivanhoe reportó a su autor, el escritor escocés Walter Scott, la increíble cifra de 15.000 libras esterlinas en derechos de autor

Del papel a la pantalla

El interés por la caballería no hizo más que aumentar, dando paso a decenas de estudios académicos y a numerosas novelas que recreaban sus ambientes con mejor o peor gracia. Ivanhoe fue llevada al cine en 1952 por un reconocido artesano, Richard Thorpe, con Robert Taylor y Joan Fontaine como protagonistas.

En los primeros momentos de la cultura posmoderna se relanzó el interés por la caballería, centrado en el año 1984, centenario de la publicación del libro de Gautier, con tres importantes aportaciones, bien disímiles entre sí, pero que con el tiempo entendemos complementarias para esta recuperación de la caballería dentro de la nueva historia por la que apostaba el gran medievalista francés Jacques Le Goff en Por otra Edad Media; el libro de Georges Duby sobre Guillermo el Mariscal, convertido en un superventas, pues se leía como una novela y dio pie a todo tipo de comentarios; y el de Maurice Keen, La caballería, que fue una síntesis en el más juicioso estilo académico británico sobre la caballería medieval. A ellas se sumó La caballería o la imagen cortesana del mundo, una lectura densa de las novelas de Chrétien de Troyes, obra de quien suscribe estas líneas.

Desde entonces, el interés no ha hecho sino crecer a medida que el espíritu de la caballería se ha ido integrando en las series de televisión o en las películas de ambiente medieval que hablan de Robin Hood, las cruzadas o los templarios. De entre todas ellas, la de mayor éxito de público ha sido Juego de tronos, una singular interpretación de la guerra civil inglesa que opuso a Esteban de Blois, sobrino del rey Enrique I Beauclaire (era hijo de su hermana Adela), con la hija del soberano, Matilde, y su rutilante marido Godofredo Plantagenet, que luchaban para que el trono fuese para su hijo Enrique.

Juego de Tronos supone una singular interpretación de la guerra civil inglesa que enfrentó a Esteban de Blois con los Plantagenet.

La victoria de estos últimos introdujo a los Plantagenet en el trono de Inglaterra, y fue un Plantagenet, Juan Sin Tierra, hermano del altamente célebre Ricardo Corazón de León, quien, en la imaginación de Walter Scott, se convirtió en el archienemigo del caballero Ivanhoe. Así, la historia de la caballería y esa «otra historia» de la caballería, la de la novela y el cine, se encontraban en una serie de televisión. Una fusión de canales de información de una realidad social y cultural que visualiza la imagen más acabada de lo que creemos que era la Edad Media.

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Este artículo pertenece al número 200 de la revista Historia National Geographic.

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