Tradiciones navideñas

El origen de los villancicos, las alegres canciones de la Navidad

Una de las tradiciones más extendidas de la Navidad son los villancicos, las típicas canciones que se interpretan en esta época del año. Sin embargo, en sus comienzos los villancicos nada tenían que ver con la Navidad. Repasamos su origen histórico.

Sello de 1978, ambientado en el siglo XVIII, que recrea un grupo de personas cantando villancicos.

Sello de 1978, ambientado en el siglo XVIII, que recrea un grupo de personas cantando villancicos. Foto: iStock

Llega el invierno, el mes de diciembre y con él, las calles engalanadas, las luces de colores, los dulces típicos y los regalos. Pero falta una cosa para que la magia de la Navidad nos invada por completo. ¿Adivinas qué es? Esa melodía que inunda las calles, los hogares, las escuelas y los centros comerciales, llenando de alegría a mayores y pequeños; Sí. Esas tonadas con estribillos muy pegadizos y que a los niños les encantan. En efecto, se trata de los villancicos, esas cancioncillas que todos cantamos acompañados de una pandereta y una zambomba. Sepamos cuál es el origen de esta entrañable tradición.

Orígenes humildes

La procedencia de la palabra villancico tiene un origen popular, ya que deriva de la palabra "villa" y a su vez del latín villanus. Sin embargo, y en un principio, el origen de los villancicos no estuvo ligado a la Navidad como tal, sino que estas canciones populares trataban todo tipo de temas cuando comenzaron a popularizarse en España y Portugal durante la Edad Media y el Renacimiento. De hecho, ya el nombre en sí mismo sugiere de qué trataban las canciones que entonaban los "villanos", es decir, las personas de clase humilde que vivían en las villas medievales. Se trataba de composiciones vocales inspiradas en textos de temática rural y que no siempre iban acompañadas de instrumentos. Estos poemas tuvieron un gran éxito y fueron musicalizados por grandes compositores del momento, como el músico y poeta Juan del Encina, el compositor renacentista Mateo Flecha o el compositor y organista Gaspar Fernandes, entre otros. Los villancicos constituían uno de los tres principales géneros de la lírica española popular, junto con las cantigas y las jarchas mozárabes. Al final, una parte muy representativa de los villancicos renacentistas pasó a ser recogida en manuscritos y volúmenes antológicos conocidos como Cancioneros, entre los que destacan el Cancionero General, el de Palacio, el de Linares, el de Medinaceli, el de la Colombina o el de Upsala.

La imagen sobre estas líneas muestra una portada de El cancionero de Uppsala, un recopilatorio de villancicos renacentista publicado por primera vez en 1556 en Venecia.

La imagen sobre estas líneas muestra una portada de El cancionero de Uppsala, un recopilatorio de villancicos renacentista publicado por primera vez en 1556 en Venecia.

Foto: CC

Los villancicos eran composiciones vocales inspiradas en textos de temática rural y que no siempre iban acompañadas de instrumentos.

Tal y como explica la filóloga Silvia Iriso en El gran libro de los villancicos, la variedad y asimilación temática favoreció la popularidad de estas canciones, pues "prácticamente cualquier cosa podía ocupar un estribillo: la noticia de la toma de Granada, la nostalgia de la patria...", aunque el tópico amoroso siguió siendo el más prolífico durante todo el siglo XVI. Iriso cuenta en su libro que la iglesia vio en el villancico una fórmula perfecta para difundir y propagar su mensaje. Además de componer algunos villancicos inspirados en la figura de Jesucristo o de la Virgen, se extendió también el recurso de sustituir la letra profana por una sagrada con la indicación de "cántese al son de" o "al tono de", seguido del título de algún famoso villancico de la época. El éxito de esta nueva modalidad llevó a la jerarquía eclesiástica a oficializarla y a permitir que los villancicos de temática religiosa se fueran interpretando poco a poco en las iglesias como parte de la liturgia.

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Los villancicos y la Navidad

Los villancicos fueron formando parte cada vez más de las festividades religiosas, siendo la Navidad la celebración en la que esas composiciones se hicieron más populares. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, los villancicos alcanzaron una gran sofisticación musical. En ellos se llegaron a incluir coros, solistas e incluso representaciones escénicas, con lo que algunos llegaron a convertirse en pequeñas piezas teatrales. Con el tiempo, los religiosos más puristas comenzaron a repudiar la teatralidad y el carácter de los villancicos porque, como decía el sacerdote y teórico Pietro Cerone, "distraían a los oyentes de la devoción". A finales del siglo XVIII, los antiguos villancicos fueron poco a poco fundiéndose con otros géneros, como la tonadilla, y mucho más tarde con la zarzuela.

Grabado en color con escena de "Un cuento de Navidad". 1898.

Grabado en color con escena de "Un cuento de Navidad". 1898.

Foto: Cordon Press

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, los villancicos alcanzaron una gran sofisticación. En ellos se llegaron a incluir coros, solistas e incluso representaciones escénicas, con lo que algunos llegaron a convertirse en pequeñas piezas teatrales.

Además de los villancicos más tradicionales, por todos conocidos, hay villancicos regionales que son más populares en su lugar de origen. Por ejemplo, en Galicia cantan Bo Nadal y Alá Polá Noite entre otros, y en Euskadi Gabonak Gabon y Autxo Porito. En Cataluña se entona la Santa Nit y el Rabadá; en Andalucía cantan algunos tan divertidos como Corre, corre al portalico y ¡Alepun!. De Madrid es originaria la famosa Marimorena, y en Valencia se canta un villancico muy conocido por mayores y pequeños llamado Los Pastorets i Pastoretes. También podemos destacar algunos tan entrañables como en A Belén tocan a fuego, popular en Castilla y León, o Los pastores de Extremadura, el villancico extremeño por excelencia. Tampoco podemos olvidar el famoso Ay del chiquirritín, cuyo origen es navarro, ni los tan conocidos Ya vienen los Reyes de Aragón o Hacia Belén va una burra típico de Castilla-La Mancha. Y en este breve repaso del cancionero popular navideño no puede faltar el popular Dime Niño, de Murcia, y el entrañable Una sobre el mismo mar, de origen canario.

Niños cantando villancicos en un paisaje nevado. Grabado de un libro victoriano de 1878.

Niños cantando villancicos en un paisaje nevado. Grabado de un libro victoriano de 1878.

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Villancicos por el mundo

Pero no sólo en España se cantan canciones para celebrar la Navidad. En otras regiones del mundo, a este tipo de composiciones se las conoce con diversos nombres: Koliadki en Ucrania y Rusia, Koleda en Bulgaria y Polonia, Pastorali en Italia, Weihnachtslieder en Alemania, Christmas Carols en los países de habla inglesa, Agüinado en Venezuela o Posadas en México y Centroamérica. El villancico más conocido y que todo el mundo ha cantado al menos una vez en su vida es Stille nacht, heilige nacht, nombre original del famoso Noche de paz. Esta bella pieza tiene su origen en la casualidad, pues fue creada por un sacerdote austríaco que se encontró en la tesitura de tener que componer una canción que se pudiera interpretar sin el acompañamiento del órgano de la iglesia, pues éste se había estropeado. Así que para la misa del gallo de 1818 compuso Noche de paz, un villancico que ya se ha traducido a 330 idiomas. Otra canción navideña de gran éxito y conocida en todo el mundo es el célebre Jingle Bells estadounidense.

Partitura de "Noche de paz, noche de amor".

Partitura de "Noche de paz, noche de amor".

Foto: iStock

El villancico más conocido y que todo el mundo ha cantado al menos una vez en su vida es Stille nacht, heilige nacht, nombre original de Noche de paz, un villancico que ya se ha traducido a 330 idiomas.

Quizá lo más curioso sea la transformación que estas canciones han sufrido con el paso de los siglos y la capacidad del ser humano de mantener las tradiciones, de recoger sus letras, sus melodías y conservarlas para las generaciones venideras. Los villancicos son un tipo de canción muy particular, y no gustan a todo el mundo. Pero no podemos negar que son parte de nuestra historia y, aunque a veces a algunos les puedan resultar repetitivos y simples, forman parte de una antigua tradición cultural. No dejemos que caigan en el olvido...

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