Un juego universal

El origen del futbolín, un juego apasionante

Convertido en un juego global que se juega en Europa, Asia y América, el origen del futbolín tal como se practica en España y en muchos rincones del mundo es obra del español Alejandro Finisterre, el cual, convaleciente de sus heridas durante la guerra civil, ideó un juego que ha apasionado a varias generaciones.

Foto: CC

Para el exfutbolista y entrenador italiano Arrigo Sacchi, "el futbol es la más importante de las cosas no importantes". Y es que el fútbol es, a día de hoy, el deporte protagonista en las tertulias de bar y en los debates televisivos, en los que se suceden críticas y alabanzas el día después de un partido. Al parecer, todo el mundo sabe de fútbol y todos podríamos ser entrenadores. Pero existe un juego muy relacionado con el deporte rey que a pequeña escala ha divertido a niños y adultos durante varias generaciones: el futbolín. Pero ¿qué sabemos de él? ¿de dónde surge este invento? Veámoslo.

Orígenes diversos

Se cree que fue a finales del siglo XIX el momento en que se intentó "trasladar" el fútbol a una mesa de juego para que pudieran competir un máximo de dos jugadores por equipo. Países como Francia, Alemania y también España presentaron, entre los años 1880 y 1890, sus modelos de futbolín, aunque ninguno de ellos triunfó. Según algunos historiadores, a principios del siglo XX surgieron otros modelos, como el proyectado por el suizo Knicker, que inventó un futbolín cuya marca aún sigue vendiéndose en Europa del Este. Tras crear su primer futbolín, el inventor suizo fundó una sociedad para producir sus futbolines en su país además de en Bélgica, Alemania y Países Bajos. Otros candidatos a inventor del futbolín fueron un empleado de la fábrica Citroën llamado Lucien Rosemarie, que lo creó para divertir a sus nietos en la década de los años treinta. En cuanto a la versión española del juego, esta se atribuye al poeta e inventor gallego Alejandro Finisterre, que patentó su invento en Barcelona en 1937.

Se cree que fue a finales del siglo XIX el momento en que se intentó trasladar el futbol de un campo donde competían 22 futbolistas a una mesa en la que pudieran hacerlo un máximo de dos jugadores por equipo.

El 14 de octubre de 1922 está marcado en el calendario como una fecha clave para el futbolín. A Harold Searler Thorton se le ocurrió la idea mientras veía una partido de fútbol. Durante el encuentro, pensó que sería muy divertido poder jugar a aquel deporte desde la comodidad de su casa. La inspiración le llegó, así, mientras jugueteaba con una caja de cerillas y pensó que si atravesaba el interior de la misma con cerillas de madera sería muy fácil construir uno de verdad. El 1 de noviembre de 1923 le fue otorgada la patente de su invento. Al principio, los muñecos de futbolín se parecían más a unos bolos con una ligera forma humana; habría que esperar unos años más para que los muñecos adquirieran la forma humana que asociamos al futbolín actual.

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La guerra y el fútbol

Años más tarde, Harold Searler recibió la visita de un tío suyo que vivía en Estados Unidos, Louis P. Thorton. Cuando regresó a su país, este registró allí la primera patente del futbolín el 23 de diciembre de 1925. Según se dice, el objetivo principal del juego era reeducar a los soldados que habían sufrido graves heridas en las manos durante la Primera Guerra Mundial, pero con el tiempo acabó convirtiéndose en un juego de moda, aunque no llegó a implementarse de forma seria hasta la década de 1960, cuando los soldados norteamericanos que servían en Europa lo introdujeron cuando volvieron a casa.

Según se dice, el objetivo principal del juego era reeducar a los soldados que habían sufrido graves heridas en las manos durante la Primera Guerra Mundial.

En España, como se ha apuntado antes, la invención del futbolín tal como lo conocemos se atribuye a Alejandro Campos Martínez, editor, poeta e inventor, más conocido como Alejandro Finisterre porque nació en esta ciudad gallega en 1919. Durante la guerra civil, Finisterre, que fue un reconocido anarquista, resultó herido de gravedad durante un bombardeo. Trasladado al Hospital de Monserrat, en Madrid, Finisterre convivió allí con muchos niños heridos, como él, y que por ello no podían jugar al fútbol, así que durante la convalecencia se le ocurrió la idea de construir un futbolín inspirándose en el tenis de mesa.

Alejandro Finisterre fue herido durante la Guerra Civil española en Madrid. Las secuelas de esas heridas le hicieron permanecer un tiempo en el hospital, donde empezó a pensar en la idea de un 'futbol de mesa'. En la imagen se puede ver el edificio de la Diputación Provincial de Madrid en ruinas en 1939 tras la guerra.

Alejandro Finisterre fue herido durante la Guerra Civil española en Madrid. Las secuelas de esas heridas le hicieron permanecer un tiempo en el hospital, donde empezó a pensar en la idea de un 'futbol de mesa'. En la imagen se puede ver el edificio de la Diputación Provincial de Madrid en ruinas en 1939 tras la guerra.

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Lejos de España

Para llevar a cabo su proyecto, Finisterre encargó a un amigo suyo llamado Francisco Javier Altuna, que era carpintero, la construcción del primer modelo de futbolín según sus instrucciones. A pesar de que el invento fue patentado en 1937 en Barcelona, los esfuerzos de Finisterre para que este se fabricase fueron en vano, ya que el esfuerzo bélico mantenía a todas las fábricas de España produciendo armamento y municiones a destajo. Al terminar la contienda, Finisterre se exilió a Francia, pero tuvo la mala suerte de perder los documentos de la patente en el transcurso de una tormenta, por eso no sabemos a día de hoy qué forma tenía el primer futbolín ni cuales eran sus medidas. Algún tiempo después, Finisterre se fue a vivir Ecuador, donde fundó una revista literaria. En 1952 se trasladó a Guatemala y allí introdujo algunas mejoras en su invento, como las barras de acero, y se dedico a promocionar su juego por todo el continente.

A pesar de que el invento fue patentado en 1937 en Barcelona, los esfuerzos de Finisterre para que este se fabricase fueron en vano, ya que el esfuerzo bélico mantenía a todas las fábricas de España produciendo armamento y municiones a destajo.

Tras el éxito obtenido en América del Sur, el juego acabaría llegando a nuestro país. En la década de 1960, Finisterre regresó a España y se dio cuenta de que el futbolín se había extendido por toda la península ibérica gracias a un fabricante valenciano que había asumido la fabricación del juego como algo propio, encargándose de su distribución por todo el territorio e ignorando por completo a su inventor.

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Un juego internacional

Habría que esperar a los años cincuenta para ver las primeras competiciones entre jugadores de distintos países y el desarrollo de varias federaciones nacionales. A finales de la década de 1990, los presidentes de las distintas federaciones acordaron implementar la creación de una competición internacional. El 9 de mayo de 2002 tuvo lugar en la ciudad de Franconville, en Francia, la primera reunión para crear la ITSF, International Table-Soccer Federation o Federación Internacional de Futbol de Mesa. Bélgica, China, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos fueron los primeros países que trabajaron en la creación de unos estatutos para la Federación Internacional, y el 16 de agosto de 2002 se creó oficialmente la Federación Internacional del Futbolín en la ciudad austríaca de Oberwart. En la actualidad existen más de 44 países con federaciones o asociaciones nacionales, y uno de los principales objetivos de esta institución es lograr que el futbolín sea declarado deporte oficial por el COI.

A finales de la década de 1990, los presidentes de las distintas federaciones acordaron implementar la creación de una competición internacional.

El 21 de julio de 2008 se fundó la Asociación Española de Futbolín (FEFM), que sería legalizada en Madrid el 17 de septiembre de 2008. Avalada por la Federación Internacional de Futbolín, el 6 de diciembre de 2008 se realizó el primer Torneo Oficial en España, de donde salió la primera Selección Española. Más tarde se crearon las Asociaciones Españolas de Jugadores, de Árbitros y de Fabricantes, lo que acabaría desembocando en la creación de la actual Federación Española de Futbolín, que fue reconocida por el Estado a principios de 2012.

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