Asalto fallido contra los nazis

Operación Flipper, el intento de acabar con Rommel

El 17 de noviembre de 1941 se puso en marcha una de las operaciones militares más desastrosas que los británicos llevaron a cabo contra el ejército alemán. Al mando de un teniente coronel inexperto, el comando británico fue diezmado tras atacar el que creían que era el cuartel general alemán, engañados por un grupo de árabes que les mintieron acerca del destino de su objetivo: Erwin Rommel.

El general Erwin Rommel en 1942. 

Foto: Cordon Press

La historia ha demostrado que Geoffrey Keys, el hombre encargado por el ejército británico de llevar a buen puerto la misión de secuestrar o acabar con la vida del general Rommel, bautizado como el zorro del desierto, no fue la mejor elección. Hijo del almirante y héroe de guerra sir Roger John Brownlow Keyes, Geoffrey siempre estuvo obligado a demostrar de quién era hijo, y cuando se creó una nueva fuerza de élite destinada a operaciones especiales (en la cual ingresó gracias a la amistad de su padre con Winston Churchill) este joven militar, reservado, algo sordo y absolutamente miope, se vio involucrado en una operación que acabaría dejando en ridículo al ejército británico.

Inexperiencia al mando

Tras la humillante derrota contra los carros de combate del Afrika Korps durante la Operación Brevity, Winston Churchill destituyó "con honores" al mariscal de campo sir Archibald Wavell sustituyéndolo por el general Auchinleck. La segunda decisión que tomó el primer ministro fue trazar un plan para eliminar a Rommel, aunque no quería matarlo si no era estrictamente necesario. Lo que sí deseaba, al menos, era capturarlo con vida para poder exhibirlo como trofeo en un campo de prisioneros británico lo que, según él, desmoralizaría a los alemanes y elevaría la moral de las tropas británicas. Y es en ese momento donde hace su aparición en esta historia la figura de Geoffrey Keyes como el militar escogido para llevar a cabo con éxito aquella misión, que llevaría por nombre Operación Flipper.

Algo sordo y totalmente miope, Geoffrey Keyes fue el elegido para liderar la Operación Flipper. Con el tiempo, su elección como jefe de la misión demostró ser un error.

Algo sordo y totalmente miope, Geoffrey Keyes fue el elegido para liderar la Operación Flipper. Con el tiempo, su elección como jefe de la misión demostró ser un error.

Foto: CC

Churchill quería capturar vivo a Rommel para exhibirlo como trofeo en un campo de prisioneros británico lo que, según él, desmoralizaría a los alemanes y elevaría la moral de las tropas británicas.

Aunque Keyes sería el encargado de dirigir el asalto, la operación estaba bajo el mando del teniente coronel Robert Laycock, el cual no ocultó sus dudas ante aquella incursión extremadamente arriesgada, ya que las posibilidades de evacuación del comando, una vez llevada a cabo la misión, eran extremadamente bajas. Con estos malos augurios, el 10 de noviembre de 1941, un comando compuesto por hombres del Long Range Desert Group, voluntarios y los Desert Rats (ratas del desierto), auténticos especialistas en acciones de sabotaje y de información en la retaguardia de las líneas enemigas, se unían al teniente coronel Geoffrey Keyes para proceder a una misión considerada suicida.

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Un mal inicio

El comando británico partió de Alejandría a bordo de los submarinos Torbay y Talisman en dirección a la costa de la Cirenaica, en Libia, 300 kilómetros por detrás de las líneas enemigas. El desembarco ya supuso el primer contratiempo para la misión. De los 50 hombres que componían el comando, unos murieron ahogados a causa del fuerte oleaje al iniciarse el desembarco, otros volvieron a embarcar en el submarino agotados por el esfuerzo y otros más se perdieron en la oscuridad de la noche. En total, 30 hombres lograron reunirse en la orilla para iniciar una misión que ya empezaba a complicarse debido al poco tiempo del que disponían, puesto que Flipper tenía que coincidir con el inicio de la Operación Crusader, fijada para la noche del 17 al 18 de noviembre y cuyo objetivo era evitar a las fuerzas blindadas alemanas en la frontera egipcio-libia y aliviar de esta manera el asedio alemán a la ciudad de Tobruk.

El teniente coronel Robert Laycock inspeccionando los comandos de marines pocas horas antes del Desembarco de Normandía, en 1944, dos años después de la desastrosa Operación Flipper. Cuando fue puesto al mando de la operación expresó serias dudas sobre las posibilidades de su éxito.

El teniente coronel Robert Laycock inspeccionando los comandos de marines pocas horas antes del Desembarco de Normandía, en 1944, dos años después de la desastrosa Operación Flipper. Cuando fue puesto al mando de la operación expresó serias dudas sobre las posibilidades de su éxito.

Foto: CC

De los 50 hombres que componían el comando, unos murieron ahogados a causa del fuerte oleaje al iniciarse el desembarco, otros volvieron a embarcar en el submarino agotados por el esfuerzo y otros se perdieron en la oscuridad de la noche.

Así pues, revisado de nuevo el plan, los miembros del comando se dividieron en dos grupos: uno se encargaría de cortar las comunicaciones alemanas y el otro, al mando del propio Keyes, el capitán Campbell y el sargento Terry, se ocuparía de secuestrar (o, en caso necesario, asesinar) al general Rommel. El grupo fue sorprendido por una partida de árabes armados con fusiles italianos, que les ofrecieron información a cambio de recibir un pago con moneda italiana. Uno de los árabes los condujo hasta el pretendido cuartel general de Rommel, que se hallaba en la antigua prefectura de Beda Littoria (actual Bayda), en la región libia de la Cirenaica, un lugar lleno de oficiales de alto rango. O eso les hicieron creer.

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El desastre

La noche del 17 al 18 de noviembre, y bajo una intensa lluvia, el comando se encontraba ya en sus posiciones para iniciar el asalto definitivo al cuartel general alemán. El grupo de Keyes se dirigió a la puerta principal y la golpeó con los nudillos. El capitán Campbell, que hablaba un perfecto alemán, solicitó entrar. Uno de los centinelas abrió rápidamente, creyendo que se trataba de algún compañero, y en aquel momento Campbell le deslumbró con su linterna y el sargento Terry le asestó una puñalada, pero con tan mala suerte que la hoja sólo le rasgó la chaqueta. El centinela empezó a resistirse y a gritar sin parar, así que Campbell tuvo que dispararle. ¡Los británicos acababan de perder el elemento sorpresa!

Apodado el Zorro del desierto, el general Erwin Rommel habla con otros mandos militares italianos durante el sitio de Tobruk, en 1942. El intento de atentado se llevó a cabo cuando el se encontraba a salvo en Alemania.

Apodado el Zorro del desierto, el general Erwin Rommel habla con otros mandos militares italianos durante el sitio de Tobruk, en 1942. El intento de atentado se llevó a cabo cuando el se encontraba a salvo en Alemania.

Foto: CordonPress

La noche del 17 al 18 de noviembre, y bajo una intensa lluvia, el comando se encontraba en sus posiciones para iniciar el asalto definitivo al cuartel general alemán.

En medio del alboroto, y con fuego cruzado de ametralladora, Keyes y Campbell empezaron a registrar habitación por habitación en busca de su objetivo hasta que, según cuenta la versión oficial, Keyes recibió un balazo al abrir la puerta de una estancia. Aun así, disparó valientemente contra los alemanes que se encontraban dentro, cayendo mortalmente herido; otras fuentes dicen que fue herido por fuego amigo. Mientras Keyes era atendido, Campbell recibió un balazo en una pierna y dio órdenes a Terry de que reagrupara a todos hombres y que arrojasen todas las granadas que tuvieran por las ventanas. Tras abandonar el edificio para reunirse con el resto del comando, Campbell tuvo que ser llevado por sus compañeros a lo largo de casi treinta kilómetros hasta la playa y por un terreno escarpado.

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Enterrado con honores

Al final la misión fue un auténtico desastre. De los 32 miembros de la fuerza especial que empezaron la misión, tan sólo dos lograron llegar con vida a las líneas británicas tras una durísima marcha a través del desierto que se prolongó durante más de un mes. El resto perdió la vida o fueron capturados. El edificio que se había convertido en el objetivo del comando resultó ser la sede del cuartel general logístico que el ejército alemán tenía emplazado en Beda Littoria. Para colmo de desastres, su objetivo, el general Erwin Rommel, no estaba en la ciudad, sino celebrando su cumpleaños en Roma. Geoffrey Keyes fue enterrado con todos los honores tras haber dado su vida para capturar a un adversario al que nunca hubiera podido secuestrar y mucho menos asesinar.

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