La guerra en el frente Oriental

La operación Barbarroja y la defensa de Moscú durante la II Guerra Mundial

La mala estrategia del ejército nazi fue una de las causas de su fracaso al intentar invadir Rusia.

Tropas alemanas cruzando la frontera con la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, al inicio de la operación Barbarroja.

Foto: CC

En 1941 el Tercer Reich se hallaba en la cumbre de su poder. Hitler decidió lanzarse a la conquista de Rusia, para hacerse con sus recursos y eliminar a un amenazador rival. La derrota de la Unión Soviética supondría el triunfo final de la Alemania nazi, pero el plan del Führer no salió como él esperaba.

El alto mando alemán, y en concreto Hitler, despreciaban a los rusos, a quienes consideraban poco más que unos bárbaros. Después de la fácil conquista de Francia suponían que el dominio de la Rusia europea (hasta los montes Urales), tan solo les llevaría unos tres o cuatro meses.Para esta nueva campaña se planteó una ofensiva en tres frentes: el frente norte atacaría por la costa báltica hacia Lituania y tomaría Leningrado (actual San Petersburgo), en el centro el ejército se dirigiría primero a Minsk (Bielorrusia), para luego encaminarse hacia Moscú. Finalmente el grupo de ejércitos sur atacaría Ucrania, donde se encontraba el 60% de la industria enemiga, además de su fuente principal de alimentación. Una vez asegurada esta zona tan productiva se procedería a tomar la base naval de Crimea y los campos petrolíferos del Cáucaso.

Los tanques alemanes de Panzerabteilung 40 avanzan hacia la línea del frente en Vasonvaara el 1 de julio de 1941.

Los tanques alemanes de Panzerabteilung 40 avanzan hacia la línea del frente en Vasonvaara el 1 de julio de 1941.

Foto: CC

Según los especialistas militares, uno de los errores de este planteamiento, era que, al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza. Moscú, que era el eje de comunicaciones ruso además de un importante centro industrial, debería haber sido el foco de un ataque concentrado, pues con su conquista se habría dividido a la Unión Soviética en dos partes, fáciles de atacar por separado.

Uno de los errores del ejército nazi fue que al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza.

Por su parte los rusos no disponían de un plan coherente de defensa, ni tampoco creían que la invasión fuera inminente. Si bien se concentraron algunos efectivos en la frontera, apoyados por depósitos de suministros, la mayor parte de fuerzas soviéticas se encontraban desperdigadas. Al estar los defensores concentrados en una estrecha línea, se corría el peligro de que fueran envueltos y obligados a rendirse.

Kradschützen Infantería motociclista de la 3.ª SS División Totenkopf camino a Leningrado.

Kradschützen Infantería motociclista de la 3.ª SS División Totenkopf camino a Leningrado.

Foto: CC
De izquierda a derecha: Adolf Heusinger (de perfil), Friedrich Paulus (el más alto al fondo), von Brauchitsch (a la izquierda de Hitler), y Wilhelm Keitel a la derecha y de espaldas (octubre)

De izquierda a derecha: Adolf Heusinger (de perfil), Friedrich Paulus (el más alto al fondo), von Brauchitsch (a la izquierda de Hitler), y Wilhelm Keitel a la derecha y de espaldas (octubre)

Foto: CC

Exceso de confianza

Una muestra de la excesiva confianza alemana es que, solo un quinto de sus fuerzas disponían de ropa de invierno, ya que se suponía que la campaña habría terminado para diciembre. En esas fechas, según los cálculos alemanes, se podría atrincherar al ejército en la nueva frontera oriental del Reich marcada por el río Volga.

Sin embargo, el primer contratiempo con el que se encontró Hitler a la hora de poner fecha a la invasión fue la lluvia. Las crecidas de primavera habían convertido el territorio en un cenagal, lo que obligó a retrasar la invasión hasta el verano.

Para la operación consiguieron reunir 3.400 tanques y casi cuatro millones de hombres, que se enfrentaron a 11.000 carros de combate rusos y tres millones de soldados. El bajo número de efectivos blindados alemanes se explica por la escasez de combustible, propiciada por el bloqueo aliado de importaciones de petróleo. El sistema de transporte también adolecía la falta de efectivos, de hecho pese a la conscripción de miles de camiones franceses, se tuvo que recurrir a tracción animal.

Mapa de los avances alemanes  en junio de 1941, durante la operación Barbarroja.

Mapa de los avances alemanes en junio de 1941, durante la operación Barbarroja.

Mapa: CC
Bienvenida de la población ucraniana a las tropas alemanas de la Wehrmacht en  junio de 1941 tras su ocupación.

Bienvenida de la población ucraniana a las tropas alemanas de la Wehrmacht en junio de 1941 tras su ocupación.

La invasión alemana

La ofensiva se inició el 22 de junio de 1941 con una barrera de artillería sobre las posiciones rusas, seguida de un ataque aéreo de la Luftwaffe. Entre los objetivos de los bombarderos en picado alemanes, estaban los aeródromos enemigos: en ese primer día se destruyeron cerca de 1.100 aviones rusos, lo que aseguró una cobertura aérea indiscutible durante los primeros meses de la invasión.

Tan solo cuatro días después, el 26 de junio el general Hermann Hoth llegó a Minsk, capturando a 324.000 rusos y 2.500 tanques que se rendirían al cabo de poco tiempo. Al mismo tiempo, los ejércitos norte y sur progresaban de manera similar, rompiendo el frente ruso y tomando ciudad tras ciudad. El avance del ejército central de Hoth siguió a un ritmo de 32 kilómetros por día, atravesando la línea de defensa Stalin, y llegando a Smolensk (a 369 kilómetros de Moscú) el 18 de julio.

Un contraataque ruso para defender la capital se saldó con un nuevo desastre: más de 300.000 soldados soviéticos fueron cercados en otra maniobra envolvente y capturados finalmente.

El núcleo de la estrategia alemana lo constituyeron las divisiones acorazadas, que atacaron usando su famosa blitzkrieg o guerra relámpago: tras un bombardeo inicial para debilitar la línea enemiga, dos unidades de tanques rompían el frente en puntos diferentes, atacando las comunicaciones y envolviendo a los enemigos atrapados en medio, formando una bolsa con el objetivo de capturar a los soldados enemigos.

Ocupación de la ciudad soviética de Lviv (la alemana Lemberg, hoy Lviv en Ucrania) por la Wehrmacht alemana en julio de 1941.

Ocupación de la ciudad soviética de Lviv (la alemana Lemberg, hoy Lviv en Ucrania) por la Wehrmacht alemana en julio de 1941.

Foto: CordonPress

Los alemanes atacaron en grupos de 50 o 60 carros formados en V, por un estrecho frente de un kilómetro de ancho. Las armas antitanque rusas se hallaban esparcidas por todo el frente, con lo que los atacantes solo se tenían que enfrentar a unos pocos cañones, que eran rápidamente silenciados. Los puntos fuertemente defendidos, como la fortaleza de Brest simplemente se rodearon, siendo sometidos por la infantería y artillería que seguía a los tanques. Una vez detrás de las líneas enemigas, las divisiones blindadas contaban con una fuerza de reconocimiento, formada por semiorugas y motos con sidecar, que exploraban el país por delante de los tanques para escoger la mejor ruta y objetivos.

Los anticuados tanques rusos modelo T26 y BT7 sucumbieron, impotentes, ante la superior potencia de fuego y blindaje enemigos, acabando completamente masacrados. Los primeros tanques T34, un diseño ruso moderno y revolucionario, causaron algunos problemas a los alemanes, pero su número era demasiado escaso para frenar el avance.

Automóvil alemán atascado por el barro tras las lluvias en la zona.

Automóvil alemán atascado por el barro tras las lluvias en la zona.

Foto: CC

La voluntad de Hitler

Pese al éxito del ataque contra Moscú, el dictador alemán estaba convencido de que Ucrania y Leningrado tenían prioridad, por lo que desoyendo a sus generales cursó el 19 de Julio la directriz 33. En ella se ordenaba a los tanques del ejército central reforzar los otros dos frentes: el general Hoth giraría hacia el norte para asegurar el cerco de Leningrado, y el general Heinz Guderian se dirigiría al sur para completar la toma de Kiev, las regiones carboníferas de Ucrania y la conquista de Crimea.

Hitler ordenó a los tanques del ejército central reforzar los otros dos frentes, desoyendo a sus generales.

Esta orden debilitó fatalmente al ejército central, que se vio obligado a frenar su avance sobre Moscú, y dio a los defensores de la capital el tiempo suficiente para recomponer su ejército con reservistas y preparar una formidable defensa contra la que, finalmente, se estrellarían los alemanes.

El mariscal del Alto Mando del Ejército alemán, Walther von Brauchitsch y Hitler estudiando los mapas de la operación Barbarroja el 31 de agosto de 1941.

El mariscal del Alto Mando del Ejército alemán, Walther von Brauchitsch y Hitler estudiando los mapas de la operación Barbarroja el 31 de agosto de 1941.

Foto: CC

Aunque con la toma de Kiev se aseguró la rendición de 220.000 rusos más, los inagotables recursos humanos del enemigo, hacían que fuera imposible derrotarlo en una guerra de desgaste mientras sus líneas de comunicación siguieran intactas. Además Rusia consiguió suavizar el golpe contra la industria ucraniana, se suavizó en cierto modo con el traslado de fábricas y obreros por tren, desde zonas amenazadas por los alemanes hasta Siberia, lo que permitió continuar con la producción de armas y municiones.

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Detrás de la línea del frente, la dura represión policial de las fanáticas SS alemanas y los atentados de grupos partisanos organizados por la NKVD (la policía secreta rusa), pronto convirtieron a la retaguardia en un avispero de atrocidades y represalias que impidió consolidar el terreno ya conquistado y ralentizó el transporte de suministros.

Ciudadanas soviéticas trabajando en la construcción de las defensas terrestres alrededor de Moscú entre octubre y noviembre.

Ciudadanas soviéticas trabajando en la construcción de las defensas terrestres alrededor de Moscú entre octubre y noviembre.

Foto: CC

La batalla de Moscú

Con Crimea sometida y Leningrado bajo un duro asedio, se pudo reemprender el ataque sobre la capital. Viazma (una importante ciudad en la carretera que unía Smolensk con Moscú) era atacada por Guderian el 30 de septiembre, siendo tomada el 20 de octubre con la captura de 500.000 prisioneros por las divisiones envolventes del general Hoth.

Con la puesta en marcha de la directriz 33 se habían perdido más de dos meses de tiempo, lo cual fue decisivo para el desenlace final de la operación Barbarroja.

Panzer IV Ausf. D con pintura de camuflaje blanca atascado en la nieve en diciembre de 1941. A la derecha de la imagen se puede ver un corresponsal de guerra cámara en mano.

Panzer IV Ausf. D con pintura de camuflaje blanca atascado en la nieve en diciembre de 1941. A la derecha de la imagen se puede ver un corresponsal de guerra cámara en mano.

Foto: CC
Unidades soviéticas de refuerzo marchan hacia el frente el 1 de diciembre de 1941 para repeler el ataque alemán.

Unidades soviéticas de refuerzo marchan hacia el frente el 1 de diciembre de 1941 para repeler el ataque alemán.

Foto: CC
Soldados soviéticos con camuflaje para la nieve operando con un cañón antitanque M-37 de 45 mm en diciembre de 1941.

Soldados soviéticos con camuflaje para la nieve operando con un cañón antitanque M-37 de 45 mm en diciembre de 1941.

Foto: CC

La fatal demora fue crucial. El 15 de octubre y con los alemanes a solo 105 kilómetros de Moscú, una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible avanzar. Gracias a este respiro los rusos consiguieron traer refuerzos significativos desde Siberia hasta Moscú, incluyendo 1.000 tanques y otros tantos aviones de combate. Al mando de la defensa se encontraba el hábil general Gueorgui Zhúkov. Con los alemanes hundidos en el barro, Stalin decidió celebrar el desfile de la Revolución de Octubre el 7 de noviembre como en tiempos de paz, lo que contribuyó a elevar la moral del ejército ruso.

Una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible avanzar.

Soldados agazapados durante la contraofensiva soviética en diciembre de 1941.

Soldados agazapados durante la contraofensiva soviética en diciembre de 1941.

Foto: CC

En solo un mes, con la llegada del frío, se congeló el suelo y los alemanes volvieron a atacar el 16 de noviembre. Siguiendo su táctica habitual, dos grupos acorazados rodearían al enemigo, mientras el ejército principal atacaba de frente. Pero al contrario que en ocasiones anteriores, los invasores se encontraron ahora con un fuerte contraataque ruso, que los hizo retroceder pese a que habían llegado a solo 8 kilómetros de la capital rusa. Una fuerte bajada de la temperatura el 2 de diciembre terminó de poner punto final a la batalla, una de las más largas y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, obligando a los poco preparados soldados germanos a guarecerse en posiciones fortificadas que sufrirían asaltos a lo largo de todo el invierno.

La operación Barbarroja abrió un segundo frente para la Alemania nazi en esta cruenta guerra que se alargaría hasta 1945 y que se saldaría con millones de muertos entre militares y civiles, y que terminaría con la victoria de los Aliados frente a las Potencias del Eje.

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