Segunda Guerra Mundial

Operación Bagration, el día D soviético

El 22 de junio de 1944 los soviéticos pusieron en marcha la llamada Operación Bagration con la intención de dar el golpe definitivo al ejército alemán en el frente del Este. Fue una de las campañas militares más decisivas de la contienda, mucho más que la derrota sufrida por el ejército germano en Stalingrado, y que a la postre supondría el derrumbe del ejército alemán.

Un soldado ruso trepa sobre dos panzers destruidos a finales de junio de 1944.

Foto: CC

A miles de kilómetros de la costa atlántica, en la frondosa región de los bosques de Bielorrusia, los soviéticos planeaban dar un golpe definitivo al ejército alemán. Mientras el 6 de junio de 1944, los aliados luchaban por ganar posiciones en las playas de Normandía, en el norte de Francia, con el objetivo de tomar los búnkeres alemanes desde los que los alemanes ametrallaban a los soldados que iban desembarcando en la costa, el Ejército Rojo planeó una auténtica campaña de aniquilación contra los nazis, la conocida como Operación Bagration, bautizada con este nombre en honor Piotr Bagration, general ruso que había luchado contra los ejércitos napoleónicos.

Una guerra de ocultación

La Operación Bagration nació durante la reunión mantenida por los líderes de la tres principales potencias aliadas, Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt, en la Conferencia de Teherán. La ambiciosa operación debía permitir al Ejército Rojo aprovecharse del envío masivo de divisiones alemanas hacia Francia para hacer frente al desembarco aliado, algo que dejaba a las fuerzas de Alemania en el Este muy mermadas. Jugando con el efecto sorpresa, Stalin decidió entonces iniciar un ataque a Bielorrusia a través de ríos, bosques y pantanos, y sorprender a Hitler en un terreno muy complicado e impracticable.

La decisión de lanzar la ofensiva de la Operación Bagration se tomó durante la Conferencia de Teherán que tuvo lugar a finales de noviembre de 1943 entre Stalin, Roosevelt y Churchill. Además, también se sentaron las bases de la Operación Overlord, el Desembarco de Normandía.

La decisión de lanzar la ofensiva de la Operación Bagration se tomó durante la Conferencia de Teherán que tuvo lugar a finales de noviembre de 1943 entre Stalin, Roosevelt y Churchill. Además, también se sentaron las bases de la Operación Overlord, el Desembarco de Normandía.

Foto: CC

La Operación Bagration debía permitir al Ejército Rojo aprovecharse del envío masivo de divisiones alemanas hacia Francia para hacer frente al desembarco aliado, dejando las fuerzas de Alemania en el Este muy mermadas.

El 22 de junio de 1944 se convertiría en el día D soviético. Más de dos millones de hombres y más de cinco mil tanques, con el apoyo de siete mil aviones, se camuflaron en los bosques bielorrusos en el marco de la operación de desinformación más importante de toda la guerra (los soviéticos dieron a este tipo de ofensivas, que tenían por objetivo engañar al enemigo, el nombre de maskirovk, camuflaje u ocultación en ruso). Para lograrlo, los colosales movimientos de convoyes, que requerían de una logística muy minuciosa, se realizaban de noche y sin luces para no ser descubiertos, y todas las órdenes se emitían con mucha antelación para que no fueran detectadas por los espías alemanes, y jamás por escrito. Con las comunicaciones por radio muy limitadas, los soviéticos aumentaron el tráfico de convoyes a través de Ucrania y a plena luz del día para que estos fueran vistos desde los aviones de reconocimiento alemanes, mientras las tropas que debían avanzar hacia Bielorrusia lo hacían de noche para no ser localizadas. Otro factor fundamental para que el operativo fuera un éxito era el apoyo que, llegado el momento, pudieran ofrecer los partisanos, unos 270.000 hombres, prestos a sembrar el caos y la confusión.

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¿Por dónde vendrán?

El primer día de ofensiva, el 23 de junio, se saldó con varios sabotajes ferroviarios de poca monta, ya que los partisanos encargados de llevarlos a cabo fueron abatidos por los alemanes o por colaboracionistas armados de la Guardia Nacional Bielorrusa; también se produjo la destrucción de algunas redes de carreteras y la voladura de varios puentes. La actuación más exitosa fue la creación de una cabeza boscosa de 27 kilómetros de largo, por parte de la avanzadilla de la conocida como brigada Zelezniak, para permitir el avance del Ejército Rojo. Por su parte, las treinta y cuatro divisiones alemanas, compuestas por unos ochocientos mil hombres, de los cuales la mitad eran voluntarios y no combatientes, se encontraban en esos momentos mal pertrechadas, peor equipadas y tenían escasez de combustible. Y aunque sabían que iban a ser atacadas desde el oeste, desconocían el lugar exacto de donde llegaría dicho ataque.

Tras recibir el ataque del ejército rojo a través de los bosques y campos de maíz, una división de motociclistas y fusileros blindados tratan de defenderse a mediados de agosto de 1944.

Tras recibir el ataque del ejército rojo a través de los bosques y campos de maíz, una división de motociclistas y fusileros blindados tratan de defenderse a mediados de agosto de 1944.

Foto: CC

El primer día de ofensiva se saldó con varios sabotajes ferroviarios de poca monta, ya que los partisanos encargados de llevarlos a cabo fueron abatidos por los alemanes o por colaboracionistas armados de la Guardia Nacional Bielorrusa.

El historiador alemán Karl-Heinz Frieser ha calificado la guerra que estaba librando el ejército alemán en el frente del Este como la "guerra del pobre", y es que ya durante el primer día de enfrentamientos, el 23 de junio de 1944, el frente alemán se rompió por seis partes a causa de las sucesivas embestidas de los soviéticos. Había miles de soldados alemanes atrapados en varios frentes que eran atacados por interminables oleadas de soldados soviéticos, y ni las tropas de refuerzo ni los suministros de alimentos ni el poco combustible que les quedaba pudieron llegar a su destino. De este modo, tras arrollar a dos batallones alemanes, los soviéticos pudieron cruzar el río Dvina en dirección a la amenazada ciudad de Vitebsk. A pesar de la debacle que sufrió Alemania ese día, el Estado Mayor del ejército alemán seguía pensado que aquel era un movimiento de distracción y que la verdadera ofensiva aún estaba por llegar desde Ucrania.

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Un mínimo respiro

A pesar del desastre, Hitler se negaba a retirar sus tropas. Y ello teniendo en cuenta que la contraofensiva nunca iba a llegar y que por lo tanto el poder de reacción del ejército alemán era prácticamente nulo. Con unidades alemanas aisladas haciendo la guerra por su cuenta, los soviéticos poco a poco fueron cercando Minsk, la capital bielorrusa; el frente alemán había dejado una vía de entrada para que los soviéticos siguieran su avance hacia la capital. Con ello, los soviéticos condenaron a un ejército alemán sin escapatoria y que se veía abocado a una derrota sin paliativos, en la que hubo incluso más muertos y heridos que en el desastre de Stalingrado. Los soviéticos solo esperaban que el debilitado ejército alemán desplazara los pocos efectivos que tenía tanto en el norte como en el sur para que la victoria fuera total y absoluta.

Un tanque soviético T-34/85 en Minsk en julio de 1944.

Un tanque soviético T-34/85 en Minsk en julio de 1944.

Foto: CC

El frente alemán había dejado una vía de entrada para que los soviéticos siguieran su avance hacia Minsk. Con ello, los soviéticos condenaron sin remisión a un ejército alemán que no veía escapatoria.

Con el levantamiento puesto en marcha en Polonia por Armia Krajowa, el principal movimiento de resistencia polaco, y pensando que el frente bielorruso estaba prácticamente bajo control, el 1 de agosto de 1944 Stalin decidió dirigir sus operaciones hacia Varsovia, la capital polaca. Una vez se hubieron dispuesto los blindados en la orilla opuesta del Vístula, un grave error de cálculo puso en jaque a los blindados soviéticos cuando iniciaron la marcha en paralelo por las orillas del río. Viendo la debilidad que esto suponía para el Ejército Rojo, el mariscal alemán Walther Model organizó una fuerza de combate blindada para hacer frente a los rusos. En tan solo dos días, las fuerzas soviéticas fueron aniquiladas al no poder abastecerse de combustible, lo que permitió a los alemanes iniciar una corta contraofensiva.

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El fin del frente del Este

Con el Ejército Rojo completamente agotado y la resistencia polaca aniquilada, los alemanes, que habían logrado reagruparse momentáneamente en el centro de Bielorrusia, obligaron a los soviéticos a retirarse. Stalin dio por finalizada la Operación Bagration ante la imposibilidad de poder seguir avanzando, a pesar de que los principales bastiones alemanes, Babruisk y Minsk, habían caído en sus manos. Por su parte, y tras el aparente y pasajero éxito, los alemanes solo podían ya retroceder, y con algún que otro ataque aislado y esporádico se retiraron hacia Berlín a la espera de la llegada en masa de los soviéticos.

Miembros de las fuerzas soviéticas avanzan a través de la recién liberada ciudad de Polozk, en Bielorusia. A medida que progresan van dejando carteles propagandísticos que señalan el siguiente objetivo: los países bálticos.

Miembros de las fuerzas soviéticas avanzan a través de la recién liberada ciudad de Polozk, en Bielorusia. A medida que progresan van dejando carteles propagandísticos que señalan el siguiente objetivo: los países bálticos.

Foto: CC

Stalin dio por finalizada la Operación Bagration ante la imposibilidad de poder seguir avanzando, a pesar de que los principales bastiones alemanes, Babruisk y Minsk, habían caído en sus manos.

La Operación Bagration supuso el golpe de gracia para el Tercer Reich, que en sólo 58 días tuvo 350.000 bajas. El hecho de que el ejército alemán fuera expulsado de Bielorrusia, de la provincia ucraniana de Galitzia, así como de todo el este de Polonia, el sur de Letonia y la mitad de Lituania, supuso una debacle de proporciones incalculables para Adolf Hitler. A pesar de que el Ejército Rojo fuera el que más bajas sufriera durante la contienda, la Operación Bagration no se detuvo precisamente porque el número de bajas fuera insostenible, sino porque las líneas de suministro soviéticas empezaban a correr el riesgo de no poder llegar hasta la vanguardia de las tropas. Pero una vez más, los soviéticos lograron rehacerse durante la campaña de 1944, y tras varias intentonas fugaces de conquistar Polonia, entrarían victoriosos en Berlín poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial.