Culturas precolombinas

Los observatorios solares del antiguo Perú

Repartidos por la cordillera de Los Andes se han documentado numerosos templos y estructuras que los pueblos precolombinos y preincaicos usaron para medir el tiempo y organizar el calendario a partir de las observaciones del sol y las estrellas.

Las trece torres del yacimiento del Chankillo constituyen el reloj de sol más antiguo de América.

Foto: Cordon Press

El sol fue siempre un elemento primordial en el Perú precolombino: para los incas era su dios principal y el progenitor de la familia real, mientras que las culturas anteriores le habían rendido culto junto a muchas otras divinidades.

Ciclos sagrados

A causa de la rotación de la tierra nuestro punto de vista respecto al sol varía a lo largo del año, desplazándose de norte a sur y viceversa. Esto crea un cambio de la perspectiva que provoca que el sol salga cada día por un punto diferente del horizonte, en un recorrido de ida y vuelta que se repite dos veces al año. De este modo los dos extremos del desplazamiento son los solsticios de invierno y verano, mientras que los equinoccios de primavera y otoño coinciden con el punto medio.

Aunque el eje de la tierra permanece estable nuestra órbita en torno al sol hace que nos alejemos de él en invierno y nos acerquemos en verano.

Foto: Wikimedia Commons

El dios sol Inti era el fundador del imperio Inca, en este dibujo de Martín de Murúa aparece siendo adorado por el emperador Pachacútec.

Foto: Wikimedia Commons

Al ser el sol como se ha dicho una divinidad central para los indígenas de esta región, estas fechas se convirtieron con el tiempo en las principales festividades del calendario religioso, lo que obligó a reyes y sacerdotes a idear un sistema para asegurarse de que los días sagrados coincidían exactamente con los movimientos del sol.

Así se estableció gradualmente una relación entre urbanismo y alineamiento astral según la que templos y observatorios se construían encarados hacia los puntos cardinales. Tal y como afirma el arquitecto Andrés Adasme, la primera expresión de esta arquitectura solar se encuentra en pirámides como las de Caral (3000 a.C), cuya elevación vertical fue un intento de acercarse lo máximo posible a la divinidad.

Los equinoccios y los solsticios se convirtieron con el tiempo en las principales festividades del calendario religioso

Chankillo, el obsevatorio más antiguo

Sin embargo no es hasta el 500 a.C. que aparece el observatorio solar más antiguo conocido en el yacimiento de Chankillo. Este asentamiento se dividió en una parte administrativa y otra religiosa mediante una colina alargada que se extendía de norte a sur. Los indígenas aprovecharon esta alineación natural para construir en su cima una línea de 13 torres, tras las que salía por un punto diferente cada día según la tierra iba girando en torno al sol.

Además del observatorio, Chankillo contaba con un templo fortificado y un edificio rectangular que se ha asociado a tareas administrativas.

Foto: Cordon Press

Recortándose contra el horizonte las trece torres y la montaña Mucho Malo permitían sincronizar el calendario con los movimientos del sol.

Foto: Wikimedia Commons

Estas estructuras se construyeron con barro y piedra y estaban conectadas entre sí por un estrecho corredor. Sin embargo la cadena de torres no abarcaba todo el recorrido del sol, pues una montaña lejana servía de decimocuarto marcador en el extremo izquierdo.

De este modo los sacerdotes podían contemplar la salida y la puesta desde dos observatorios situados a este y oeste de la colina. En el solsticio de verano el sol salía por la derecha, desplazándose hacia la izquierda a lo largo del año hasta llegar el solsticio de invierno y volver sobre sus pasos.

Nuevos observatorios

Este sistema se iría repitiendo en los siglos posteriores, apareciendo relojes solares por todo el Perú. Con el tiempo fueron surgiendo variantes locales que usaban soluciones adaptadas a la orografía para cumplir la misma función.

Estas líneas de muros escalonados servían de calendario solar a los sacerdotes de Sacsayhuaman. 

Foto: Cordon Press

Buena muestra de ello son los muros dentados de Sacsayhuaman (900-1530 d.C.), una serie de paredes en zigzag dispuestas de este a oeste en los que se reflejaba la luz del alba según el sol saliera más hacia el sur o hacia el norte, iluminando un muro diferente que indicaba la fecha del día. Este observatorio fue construido a apenas dos kilómetros de Cuzco, lo que ha llevado a muchos a afirmar que sería uno de los principales templos dedicados al sol de la futura capital inca.

El geoglifo del Árbol de Nazca fue dibujado siguiendo un eje este-oeste.

Foto: Cordon Press

Cabe mencionar también las enigmáticas figuras de Nazca, las cuales si bien no son un observatorio se dispusieron en muchas ocasiones orientadas hacia la salida del sol, indicando asimismo la fecha según la parte del dibujo que fuera iluminada primero por la salida del sol.

Pilares y templos

Ya en tiempos del Imperio inca (1438-1533 d.C.) encontramos algunos observatorios innovadores como la plataforma piramidal de Ollantaytambo (1438-1530 d.C.). Esta era un triángulo de tierra apuntado hacia el este cuya acción se combinaba con los montes circundantes para que la sombra cubriera su mitad norte durante los equinoccios. Por su parte los solsticios salían en línea con dos de sus lados. Otra solución que desarrollaron fueron los pilares solares, unos monolitos cuya sombra marcaba en el suelo la fecha con la salida del sol.

Pero los observatorios incas más famosos están en Machu Picchu. El primero es un pilar solar llamado Intihuatana que fue tallado en la roca sobre una pirámide escalonada, mientras que el segundo es un templo dedicado al sol levantado en la parte meridional de la ciudad. Este santuario fue construido de manera que el sol entraba por una ventana diferente según la fecha, trazando un arco de noventa grados de solsticio a solsticio.

El Intihuatana domina todo el asentamiento desde la cima de una pirámide.

Foto: Cordon Press

Las ventanas por las que entraba la luz del alba en el Templo del Sol fueron abiertas en un muro circular.

Foto: Wikimedia Commons

El sol tuvo un papel predominante en la religión del Perú durante más de cuatro mil años: sus ciclos establecían cuando se celebraban las festividades religiosas, el ritmo de las cosechas y el paso de un año a otro durante el equinoccio de invierno, mientras que su culto contribuía a cohesionar la sociedad y consolidar el poder de las élites.

Para saber más

El Valle Sagrado de los incas

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