La "purga" de Adolf Hitler

La noche de los cuchillos largos, la noche en que Hitler eliminó a sus enemigos

El 30 de junio de 1934, Adolf Hitler consolidó su poder tras purgar a los sectores más radicales del partido. Ernst Röhm, jefe del cuerpo paramilitar de las SA, fue el primero de muchos que aquella fatídica noche, conocida como "La noche de los cuchillos largos", perdería la vida tras ser encerrado en la prisión de Stadelheim.

De izquierda a derecha, Hitler, Göring y Röhm, en 1934. 

Foto: CC

Durante la noche del 30 de junio de 1934, se sucedieron las ejecuciones en ciudades como Berlín y Múnich. Miembros de las SS detuvieron y posteriormente asesinaron a no menos de ochenta y cinco personas entre las que se encontraba Ernst Röhm, el jefe de las Tropas de Asalto (SA), vinculadas al NSDAP, el partido nacionalsocialista obrero alemán, acusados de tramar un complot contra el líder, Adolf Hitler.

Los camisas pardas

El 29 de enero de 1933, Adolf Hitler recibía la noticia de que al día siguiente sería nombrado canciller, pero su aspiración de ostentar el poder absoluto estaba aún muy lejos de poder consumarse. El gabinete elaborado por Hitler era mayoritariamente conservador, y para afianzarse en el poder se dedicó a atacar abiertamente a todo aquel que se le oponía, aunque sin enarbolar aún la bandera del antisemitismo, que ya empezaba a tomar forma entre las capas más pudientes e ilustradas de la sociedad alemana, así como entre los pequeños industriales y el campesinado.

Para afianzarse en el poder, Hitler se dedicó a atacar abiertamente a todos cuantos defendían otras ideas.

Hitler también tuvo que lidiar con el líder de las temibles SA, la organización paramilitar más importante dentro del partido nacionalsocialista, Ernst Röhm. Los más allegados colaboradores de Hitler señalaron a esta organización, que en poco tiempo había alcanzado una gran relevancia (con más de tres millones de militantes), como un peligro potencial para las aspiraciones del futuro führer. La llegada al poder de los nazis también preocupó a Röhm, que acusó al partido de haber alcanzado un acuerdo con las fuerzas tradicionales y con el ejército para acabar con todo vestigio de la República de Weimar.

Para saber más

El "putsch" de Hitler, un golpe de Estado en una cervecería

El golpe de estado de Hitler

Leer artículo

Comentarios comprometidos

Röhm, un homosexual confeso, era el único de su entorno que se atrevía a tutear a Hitler. Pretendía fusionar sus milicias pardas, conocidas así por el color de sus uniformes, con el ejército regular a fin de crear unas Fuerzas Armadas que fueran verdaderamente nacionales y que, naturalmente, estuvieran bajo su mando. A pesar de la antigua amistad que le unía con Hitler, en sus círculos más íntimos Röhm vertía opiniones como ésta: "Si él [Hitler] cree que puede estrujarme para sus propios fines eternamente y algún día echarme a la basura, se equivoca. Las SA pueden ser también un instrumento para controlar al propio Hitler".

Ernst Röhm rodeado de integrantes de las SA.

Ernst Röhm rodeado de integrantes de las SA.

Röhm pretendía fusionar sus milicias pardas con el ejército regular a fin de crear unas Fuerzas Armadas que fueran verdaderamente nacionales y que estuvieran bajo su mando.

Al principio, Hitler no pareció percatarse del alcance de las manifestaciones de Röhm. Pero dentro del partido, otros sí empezaron a preocuparse muy seriamente y se alzaron voces contra Röhm y su entorno más cercano. La enemistad que Hermann Göring sentía por Röhm era por todos conocida. Pero de quien nadie podía sospechar animadversión era de Heinrich Himmler, su teórico superior. Himmler siempre le había manifestado fidelidad y apoyo, pero ahora se le presentaba la oportunidad no sólo de quitarlo de en medio, sino de alcanzar una cuota de poder que no debía desaprovechar.

Himmler siempre le había manifestado su fidelidad, pero ahora tenía la oportunidad de quitárselo de en medio y alcanzar una cuota de poder que no debía desaprovechar.

Hitler acabó decidiendo que Röhm era una amenaza y debía desaparecer. Para ello se orquestó la llamada Operación colibrí. Con ella dio inicio una de las primeras y más maquiavélicas acciones de las que Hitler haría gala a lo largo de su trayectoria política. Himmler ordenó a Reinhard Heydrich, jefe de la SD, el servicio de inteligencias de las SS, que recopilara toda la información que pudiese sobre Röhm y los suyos. Muy pronto, lo que en realidad eran datos intrascendentes acabaron convertidos en pruebas "fehacientes" de que se estaba urdiendo un complot entre las SA.

Para saber más

Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga

Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga

Leer artículo

Una reunión fatal

En aquel contexto, Hitler organizó una reunión entre el alto mando del ejército, los jefes de las SA y los de las SS, en la que Röhm se vio obligado a firmar un documento en el que reconocía y acataba el poder sobre las SA de la Reichswehr, las fuerzas armadas alemanas. En aquella misma reunión, Hitler hizo saber a los convocados que las SA se iban a convertir en una fuerza auxiliar del ejército y no al contrario. Al término de la convocatoria, Röhm aseguró que no acataría dicha resolución y continuó abogando por un ejército dirigido por las SA.

Ante aquella disyuntiva, Hitler se vio sometido a numerosas presiones para que limitase el poder de las SA y actuase rápidamente contra Röhm. Hitler se reunió en Neudeck con Hindenburg y Werner von Blomberg, el ministro de Defensa, para atajar la declaración de la ley marcial así como la posible dimisión de Blomberg debido a su negativa a actuar contra los camisas pardas de Röhm. A su regreso a Berlín, Hitler tenía la clara intención de acabar con la vida de Röhm y zanjar cuentas con todos sus adversarios. Himmler y Göring, sus colaboradores más estrechos, empezaron a organizar la "limpieza". Comenzaron creando una denuncia falsa en la que acusaban a Röhm de haber recibido doce millones de marcos del Gobierno francés para que las unidades de las SA derrocaran a Hitler. La denuncia incluía una lista de personas, miembros o no, de las SA que debían ser eliminadas, entre las que figuraban los nombres de altos oficiales del ejército.

Adolf Hitler, ya canciller imperial de Alemania, junto a Ernst Röhm, cofundador y comandante de las SA, haciendo el saludo fascista en 1933.

Adolf Hitler, ya canciller imperial de Alemania, junto a Ernst Röhm, cofundador y comandante de las SA, haciendo el saludo fascista en 1933.

Foto: CC

Acusaron a Röhm de haber recibido doce millones de marcos del gobierno francés para que las unidades de las SA derrocaran a Hitler.

La operación se puso en marcha la noche del 30 de junio de 1934. Ese día tuvieron lugar una serie de acontecimientos que modificarían la estructura de poder del nacionalsocialismo para siempre. Esa noche del 30 de junio representaría el fin de las SA, y sería conocida como la Noche de los Cuchillos Largos.

La muerte como "premio"

Hitler en persona se trasladó a Múnich para arrestar a Röhm y a otros altos cargos de las SA. Previamente ya había destituido a August Schneidhuber, el máximo líder de las SA en Baviera, acusado de los disturbios que se habían producido en la ciudad la noche anterior. Al mismo tiempo, las SS ya habían arrestado a un grupo de jefes de las SA que acudían a la reunión con Röhm y asesinaron a Karl Ernst, comandante de las S.A. Ernest Röhm fue arrestado en un hotel y posteriormente ingresado en la prisión Stadelheim de Múnich, donde fue asesinado. Finalmente Edmund Heines, uno de los líderes de la organización (que había sido encontrado en la cama con un soldado de las SA de 18 años), fue abatido a tiros.

A pesar de saber que la supuesta "conspiración" en su contra era sólo una argucia para abrirse camino y deshacerse de posibles rivales, Hitler se mostró iracundo y rabioso. Al llegar a la sede del partido en Múnich, junto a Goebbels, en un discurso improvisado a sus seguidores informó: "Los sujetos indisciplinados y desobedientes y los elementos antisociales y enfermos serán 'inhabilitados'”.

Goebbels regresó a Berlín para iniciar la última fase de la operación. Llamó a Göring y le dio la contraseña "Kolibri". Era la señal para que éste empezara la búsqueda, captura y ejecución del resto de los hombres que aparecían en la lista y que debían ser eliminados. La propaganda que siguió a estos asesinatos pretendió justificarlos como un golpe a la inmoralidad y a la traición. El 13 de julio, Hitler pronunció un discurso ante el ejército en el que defendió su actuación: "Di orden de cauterizar la carne cruda de las úlceras de los pozos envenenados de nuestra vida doméstica para permitir a la nación conocer que su existencia, la cual depende de su orden interno y su seguridad, no puede ser amenazada con impunidad por nadie. Y hacer saber que en el tiempo venidero, si alguien levanta su mano para golpear al Estado, la muerte será su premio".

Para saber más

Goebbels, el temido ministro de Propaganda de Hitler

La muerte de Goebbels, el ministro de Hitler

Leer artículo

Compártelo