Luchadora feminista contra la injusticia

Nellie Bly, pionera del periodismo de denuncia

A finales del siglo XIX, una joven reportera estadounidense removió las conciencias con sus reportajes sobre los manicomios femeninos y la explotación laboral de las mujeres.

01 Personaje Nellie Bly periodismo. Foto. Bridgeman  ACI

Nellie Bly en una foto de juventud.

Foto: Bridgeman / ACI

En 1885, el Pittsburg Dispatch recibió una airada carta en ​respuesta a un artículo del periódico en el que se afirmaba que el deber natural de las mujeres era ocuparse de la familia y que el trabajo femenino era "una aberración". El redactor jefe del rotativo, impresionado por la sencillez y precisión del texto, publicó un anuncio en el que pedía a su autora, que firmaba como Little Orphan Girl (Pequeña Huérfana), que se presentara en el periódico para contratarla.

Así fue como, a los 21 años, Elizabeth Mary Jane Cochran, decimotercera hija de un padre fallecido años atrás, consiguió su primer trabajo como periodista. Como solían hacer las mujeres en aquella época, escogió un seudónimo para firmar sus artículos: Nellie Bly. Sin embargo, al cabo de menos de dos años se cansó de la sección femenina que le asignaron y tomó una decisión drástica: se marchó a México para trabajar como corresponsal. Allí escribió sobre la vida cotidiana de los mexicanos, la corrupción y la explotación que sufrían los campesinos y los obreros. Al cabo de seis meses había hecho enfurecer incluso al dictador Porfirio Díaz, y se vio obligada a huir precipitadamente del país.

Como corresponsal en México denunció la corrupción del dictador Porfirio Díaz y la explotación de los campesinos y fue expulsada del país

Se fue a Nueva York y llamó a la puerta de Joseph Pulitzer, director del New York World, el diario de mayor tirada del país. Pulitzer le encargó una misión difícil y peligrosa: introducirse en un manicomio de Nueva York haciéndose pasar por loca y escribir un reportaje. "¿Cómo me sacarán?", fue su primera pregunta. "Primero consigue entrar", fue la respuesta.

Nellie la loca

Tras ensayar una noche su supuesta locura frente al espejo, Nellie logró que los responsables del albergue donde estaba alojada llamaran a la policía. Los médicos que la examinaron certificaron que era "demente" después de intercambiar unas pocas palabras con ella. El juez firmó la orden de ingreso en el pabellón psiquiátrico del Hospital de Bellevue. Allí, la periodista tuvo la oportunidad de conversar con Anne Neville, una camarera que había perdido su trabajo por culpa de una enfermedad crónica y que había sido trasladada al hospital cuando su sobrino ya no se pudo hacer cargo de las facturas de la institución religiosa donde la trataban. Nellie se dio cuenta de que, junto a pacientes realmente perturbadas, mujeres como Neville habían ingresado sin sufrir ninguna enfermedad mental, únicamente por la falta de alternativas a precios asequibles. Para ellas, el psiquiátrico era más una especie de aparcamiento que un centro de rehabilitación.

Nellie Bly ensaya su locura ante el espejo en esta caricatura publicada por el World

Nellie Bly ensaya su locura ante el espejo en esta caricatura publicada por el World

Foto: Alamy / ACI

Nellie fue sometida a numerosas pruebas, pero nadie modificó el diagnóstico emitido a su entrada al hospital: "Loca sin remedio". Así que fue trasladada al manicomio femenino de Blackwell’s Island, una franja de tierra en el East River, frente a Manhattan. Allí vio cómo psiquiatras negligentes hacían las mismas preguntas a todas las pacientes sin escuchar sus respuestas porque ya habían decidido que estaban locas. Las pacientes internadas en Blackwell’s Island estaban condenadas a cadena perpetua, porque a ninguna le daban la posibilidad de demostrar su cordura. El psiquiátrico era un lugar donde "es fácil entrar, pero una vez dentro, es imposible salir", decía Bly.

La mayoría de pacientes de los psiquiátricos no estaban locas, y entraban en ellos por falta de recursos. "Es muy fácil entrar pero, una vez dentro, es imposible salir", decía Bly

Torturas constantes

Dentro del manicomio, la periodista sufrió las duras condiciones de vida a las que estaban sometidas las pacientes. El reportaje que publicaría después iba encabezado con un resumen de las experiencias que relataría: "Un extraño examen médico que no examinó nada. Una larga espera para comer bajo el frío. No hay cuchillos ni tenedores. Comida sosa e inapropiada. Casi la ahogan en un baño helado. Jabón sólo una vez por semana. La meten en la cama con la ropa mojada. Ruidos nocturnos. El horror del fuego en una habitación cerrada y con barrotes. Enfermeras que vejan y molestan a las pacientes, las sujetan bajo el agua hasta casi ahogarlas. Castigo a las desgraciadas que piden protección".

Internas en un pasillo abarrotado de Blackwell’s Island. Grabado de 1868.

Internas en un pasillo abarrotado de Blackwell’s Island. Grabado de 1868.

Foto: Alamy / ACI

Nellie asistió también a los padecimientos de otras internas. Por ejemplo, había una deficiente mental de unos 18 años que "se enfadaba muchísimo si se le llevaba la contraria. Las enfermeras se dedicaban a molestarla [...]. Ella se fue poniendo cada vez más histérica hasta que saltaron sobre ella, la abofetearon y le golpearon la cabeza. Ello hizo llorar más aún a la pobre criatura así que la estrangularon. Sí, la estrangularon de verdad. Luego se la llevaron a rastras al cuartito y oí cómo sofocaban sus gritos de terror".

Nellie relató las contínuas vejaciones del personal médico a las pacientes: falta de comida y abrigo y malos tratos que desembocaban en verdaderas palizas

Tras pasar diez días en el manicomio, Nellie recibió la visita del abogado del periódico y con ella llegó el anhelado momento de la liberación. Una vez fuera, se puso a trabajar inmediatamente y al cabo de pocos días publicó su artículo Tras las rejas de un manicomio, que tuvo enorme repercusión. Los psiquiatras y las enfermeras no tardaron en ofrecer disculpas y justificaciones, pero el escándalo no remitió.

Periodista infiltrada

El reportaje la convirtió de un día para otro en una auténtica estrella de la prensa escrita. Más que la fama, lo que la hizo sentir orgullosa fue el resultado de su investigación: se destinó un millón de dólares a la mejora de las condiciones de vida de los manicomios y, por consiguiente, de las mujeres que había conocido mientras trabajaba de incógnito.

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Nellie Bly se especializó en el periodismo de infiltración. Poco después de la experiencia del manicomio entró a trabajar en una fábrica del Lower East Side de Nueva York para hacer cajas, con un salario irrisorio. Luego denunció las condiciones de trabajo de las obreras en un artículo del New York World de título típicamente sensacionalista: "Nellie Bly nos cuenta qué significa ser una esclava blanca".

En otra ocasión contactó con un lobista del parlamento del estado de Nueva York, Edward Phelps, haciéndose pasar por la mujer de un importante empresario farmacéutico. El lobista le facilitóuna lista de diputados que aceptarían un soborno a cambio de acabar con una ley que hacía obligatoria la prescripción médica para un determinado fármaco.

La vuelta al mundo

Pero lo que hizo de ella una celebridad mundial fue la vuelta al mundo que realizó en setenta y dos días, ocho menos que los empleados por Phileas Fogg en la obra de Julio Verne. A bordo de barcos, trenes y globos, Nellie realizó un periplo que la llevó a Londres, Suez, Hong Kong, Yokohama o San Francisco, antes de regresar a Nueva York. En otra hábil maniobra publicitaria, el New York World anunciaba así su viaje: "nuestra intrépida reportera viaja sin la protección de un hombre". Los lectores del periódico seguían a diario sus peripecias y hacían apuestas sobre el número de días que tardaría.

Cartel de un juego de mesa en torno a la vuelta al mundo de Nellie Bly.

Cartel de un juego de mesa en torno a la vuelta al mundo de Nellie Bly.

Foto: Alamy / ACI

Empresaria pionera

En 1895, Nellie Bly dejó el periodismo al casarse con un millonario empresario metalúrgico que tenía 42 años más que ella. Ayudó a su marido en la gestión de su empresa y asumió su dirección al quedar viuda. En este sentido, Bly también fue una pionera femenina de los negocios y se presentaba a sí misma como «la única mujer en el mundo que dirige personalmente industrias de semejante magnitud». Pero su experiencia como empresaria no fue tan exitosa como la de periodista y la compañía acabó quebrando.

Entonces regresó al periodismo para cubrir como corresponsal de guerra el frente oriental durante la primera guerra mundial, donde acabó siendo confundida con una espía inglesa y arrestada. Siguió escribiendo para la prensa hasta que murió de una pulmonía en 1922, con 57 años. Olvidada durante largo tiempo, en los últimos años el movimiento feminista ha rescatado la vida y la obra de esta pionera del periodismo y de la emancipación de la mujer.

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