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Curiosidades de la Historia: Episodio 98

Las momias de animales en el antiguo Egipto

Los antiguos egipcios amaban tanto a los animales que los momificaban como si fueran personas, ya se tratara de mascotas que los acompañaban en la vida eterna o bien de ofrendas que realizaban a los dioses

Los antiguos egipcios amaban tanto a los animales que los momificaban como si fueran personas, ya se tratara de mascotas que los acompañaban en la vida eterna o bien de ofrendas que realizaban a los dioses

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En el antiguo Egipto, los cuerpos de los difuntos se momificaban con el fin de conservarlos intactos para la vida eterna. El cuerpo servía así de refugio físico para el alma y el fallecido se convertía en un ser divino capaz de vivir eternamente. Reyes, nobles y particulares tomaban detalladas disposiciones para su embalsamamiento y posterior sepultura. Pero no sólo se momificaba a las personas: también algunos animales eran sometidos a este proceso. Los museos conservan un gran número de momias animales, entre las que se incluye un amplio rango de criaturas, desde escarabajos peloteros y peces hasta gatos, cocodrilos y toros.

La momificación es, esencialmente, un proceso de desecación y pérdida de grasa para preservar el cuerpo. Como es lógico, con los animales se utilizan diferentes técnicas, dependiendo de su tamaño y de si tienen piel, plumas o aletas. Asimismo, la técnica de momificación también cambió con el tiempo y según los lugares de momificación. En su forma más habitual, los embalsamadores extraían las vísceras del cuerpo, lo lavaban, lo secaban con toallas de lino y luego lo desecaban y desgrasaban enterrándolo en natrón, una mezcla natural de sal y bicarbonato. Tras la desecación, que podía llevar entre 15 y 50 días, dependiendo del animal, éste se limpiaba y ungía con resinas para inhibir el crecimiento de bacterias, y luego con aceites sagrados, tras lo cual se envolvía en vendas de lino y se colocaba en un ataúd o se enterraba. Las aves eran evisceradas y luego sumergidas en una mezcla de resina y aceite, mientras que a otros animales, como los cocodrilos, no se les extraían las vísceras.

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Mascotas muy queridas

Existían diversos tipos de momias de animales. Un grupo importante lo constituían las mascotas. Los antiguos egipcios, igual que sucede hoy en día, estaban muy unidos a sus animales de compañía y querían pasar la eternidad con ellos. Animales como perros, gatos, monos y gacelas fueron momificados con cariño y a menudo provistos de sus propios ataúdes. En ocasiones eran enterrados con sus dueños. Por ejemplo, un hombre llamado Hapi-Min, que probablemente vivió hacia 300 a.C., fue encontrado en un ataúd con su perro a los pies. Es muy posible que el can hubiera muerto de pena poco después del fallecimiento de su amo y fuera embalsamado y enterrado junto a él para que pudieran hacerse mutua compañía para siempre. Una pareja enterrada en Saqqara compartió su tumba con un auténtico zoológico, formado por, además de perros y gatos, babuinos y monos verdes, lo que indica que ya en el siglo XIV a.C. existía un comercio de animales exóticos. Incluso los faraones hacían enterrar a sus mascotas cerca de ellos. Por ejemplo, en una tumba del Valle de los Reyes, la KV50, se descubrieron las momias de un babuino y de un perro de caza, seguramente mascotas de Amenhotep II o de Horemheb. La reina Isitemkheb fue la orgullosa dueña de una gacela, a la que dotó de un ataúd con la forma del animal que luego fue colocado en la tumba de su ama.

Alimentos para el Más Allá

Una segunda categoría de momias animales la componen las momias alimenticias o de comida. Este tipo de momias, peculiar del antiguo Egipto, responde a la creencia faraónica de que uno podía llevarse cualquier cosa al otro mundo y de que allí la vida era muy similar a una existencia terrena ideal. Estas momias consisten en ofrendas de carne, como costillares, patas de ternera, lomos de vacuno e incluso hígados preparados, listos para consumir en la otra vida. Entre las aves había patos, ocas y pichones –las gallinas no fueron habituales en Egipto hasta los siglos III-II a.C.–.

Las aves eran desplumadas, limpiadas y despiezadas, luego se les quitaba la piel y se preparaban para el consumo. Acto seguido eran desecadas y ungidas con resinas y aceites, vendadas (presumiblemente sin el recitado de las oraciones que se utilizaban para otras momias de animales) y luego eran colocadas en pequeños ataúdes con la forma del ave o la del pedazo de carne. Tutankhamón, que murió siendo un adolescente, tenía más de 40 momias alimenticias en su tumba. ¡Está claro que el faraón no pasó hambre! Esas momias nos informan del tipo de comida que los egipcios más valoraban y apreciaban. También proporcionan información sobre el sacrificio y despiece de los animales. Esta forma de ofrenda fue muy común en los enterramientos de las élites del Imperio Nuevo (1549-1069 a. C.).

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Animales sagrados

Existía también una serie de animales sagrados a los que se adoraba como manifestaciones de dioses sobre la tierra. Los egipcios creían que una divinidad enviaba su «esencia» al cuerpo de un animal cuidadosamente escogido, que se distinguía por tener un dibujo o color particular en la piel, reconocible por los sacerdotes del dios. Durante su vida terrenal, este animal era adorado y tratado como si fuera el dios mismo y, tras su muerte, era momificado y enterrado en una catacumba con gran pompa, mientras que el espíritu divino se trasladaba a otro animal. El más antiguo de estos cultos era el del toro Apis, sagrado para Ptah, el dios creador de Menfis, que a su muerte era enterrado en el Serapeo, la necrópolis de los Apis en Saqqara; otras deidades toro se conocen en Heliópolis y Armant. Los carneros, sagrados para Khnum, dios de la potencia, la creación y la inundación, eran enterrados en Elefantina, mientras que Bubastis cobijaba a un gato dedicado a la diosa Bastet. Debido a los cuidados que recibían, muchos de esos animales vivían hasta una edad inusualmente elevada. Por desgracia, sólo se han encontrado unos pocos ejemplos de momias que son claramente sagradas, pues muchas catacumbas fueron saqueadas durante la Antigüedad.

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Ofrendas a los dioses

Las momias de animal más numerosas –y las que vemos más a menudo en los museos de todo el mundo– son las que se realizaban como ofrenda votiva. Son animales que fueron sacrificados y desecados para una deidad particular. Cada dios tenía un animal específico, que era su tótem o símbolo debido a alguna característica compartida. Así, los gatos eran sagrados para Bastet, diosa del placer, el amor y la belleza, cualidades atribuidas a los gatos. Los ibis se consagraban a Thot, dios del conocimiento, en parte porque su pico, con el que buscan alimento en el barro, se parece a un pincel para escribir. Los peregrinos compraban estas momias animales a los sacerdotes y las ofrendaban en santuarios dedicados a estas divinidades. Los animales momificados representaban las oraciones de los peregrinos al dios durante toda la eternidad; son el equivalente a las velas votivas que se encienden hoy en día en las iglesias. Una vez ofrendadas, las momias permanecían en el recinto del templo hasta una fiesta anual o bianual, a la que posiblemente asistían miles de peregrinos, en la que eran enterradas en tumbas asociadas al templo.

En el antiguo Egipto se ofrendaron millones de animales, de los tipos más variados: gatos, perros, cocodrilos, gacelas, diversos peces –incluidos siluros y percas del Nilo–, babuinos, aves rapaces, ibis, cocodrilos, serpientes, musarañas, mangostas y hasta escarabajos peloteros. Hacia 200 a.C. había cementerios de momias animales por todo Egipto. Para satisfacer la enorme demanda de estas momias por parte de los peregrinos, muchos animales eran criados en granjas especiales –por ejemplo, los gatos y los perros– y existían incubadoras para los huevos de pájaros y de cocodrilos. Estas momias constituían una parte sustancial de la economía del templo, que debía encargarse de la adquisición de los animales y su mantenimiento, además de procurarse los materiales necesarios para la momificación, traídos desde diferentes zonas de Egipto y del extranjero.

En el antiguo Egipto se ofrendaron millones de animales: gatos, perros, cocodrilos, gacelas, diversos peces, babuinos, aves rapaces, ibis, cocodrilos, serpientes, musarañas, mangostas y hasta escarabajos peloteros

Las investigaciones han revelado que algunas de estas momias votivas eran «falsas»: aunque estaban vendadas de tal modo que parecían la momia de un animal concreto y se enterraban en una catacumba, en realidad contenían los huesos de una especie animal diferente, los restos de uno o varios animales o tan sólo un puñado de plumas. A primera vista, se trata de una práctica fraudulenta para engañar a los peregrinos. No obstante, siendo más caritativos, hemos de tener en cuenta que los egipcios creían que una parte podía representar al todo, y que si uno decía o escribía que algo era una cosa concreta, entonces, mágicamente, se convertía en esa cosa mediante esa afirmación y oraciones. Así, puede que para los egipcios no fueran momias «falsas».

Momias «diferentes»

Mientras que los cultos a animales sagrados, como el del toro Apis, se conocen por lo menos desde 3000 a.C., la práctica de las momias votivas es un fenómeno que comenzó tarde en la historia egipcia, en torno a 600 a.C., y perduró hasta aproximadamente 350 d.C., cuando el triunfo del cristianismo le puso fin. La popularidad de las ofrendas de animales pudo deberse en parte al hecho de que Egipto había sufrido invasiones exteriores y los egipcios necesitaban una relación más personal con sus dioses, que el culto a los animales les proporcionaba. No sólo esto, sino que también permitía a los egipcios definirse religiosa y culturalmente de un modo único, que los diferenciaba de los invasores.

Otras momias no encajan en las categorías anteriores. Por ejemplo, se han hallado enterramientos mixtos de humanos y animales que no son mascotas. En ciertos casos, según algunos especialistas, estas momias podían servir como guardianes o amuletos, o actuar como deidades protectoras reemplazando las estatuas por animales reales, los cuales tenían más poder que la madera, la piedra o la cerámica.

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Marc Armand Ruffer, pionero en el estudio de las momias egipcias

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