El genio de la comedia francesa

Molière, partidarios y detractores del gran dramaturgo francés

Tras más de un siglo de controversia sobre la autoría de las obras de Molière, que algunos atribuyeron a Corneille, dos investigadores franceses han concluido que Molière, el famoso dramaturgo y actor, considerado el padre de la comedia francesa, es, sin ningún género de dudas, el único autor de sus obras.

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Las creaciones literarias de Jean-Baptiste Poquelin, nacido el 15 de enero de 1662 y mundialmente conocido como Molière, nunca pasan de moda. Sus obras, traducidas a todas las lenguas, son más interpretadas que las de cualquier otro dramaturgo actual. En efecto, Molière supo dar con la tecla. Su producción se halla a medio camino entre la denuncia, la sátira y la ridiculización de las costumbres de la Francia de su época, mediados del siglo XVII. Pero no ha sido hasta nuestros días cuando la ciencia ha podido confirmar que todas sus obras fueron escritas por él. Pero ¿por qué surgieron dudas sobre su autoría?

Denostado durante un siglo

La polémica en torno a la obra de Molière estalló cuando en 1919 el poeta Pierre Louÿs denunció en las páginas de la revista Comédia haber descubierto un engaño literario. Según él, la obra l'Amphitryon (Anfitrión) de Molière, utilizaba una métrica similar a la que usaba Pierre Louis Corneille, considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XVII junto con el propio Molière y Racine. Según Louÿs, Corneille habría sido un escritor a sueldo y el autor de las obras de Molière. Para los detractores de Molière, al que tachaban de inculto y falto de educación, resultaba extraño que alguien así se convirtiese en un autor de éxito de la noche a la mañana. Recordemos que Molière, que tenía 37 años cuando se hizo famoso con Las preciosas ridículas, no dejó apuntes de ninguna de sus obras; ni siquiera una nota. En la década de 1990, el abogado Hippolyte Wouters retomó esa tesis y escribió que éste sería el único caso "de un autor mediocre hasta los 40 años que se convierte no sólo en un autor profundo, sino en una de las más hermosas plumas de su época". Lo que realmente hizo sospechar al propio Wouters, y también al escritor Henry Poulaille (como a Louÿs anteriormente), fueron los términos normandos empleados por Molière en sus obras, términos mucho más familiares para Corneille, ya que era de Ruán, capital de la región francesa de la Normandía.

A principios del siglo XX, un poeta denunció que las obras de Molière en realidad habían sido escritas por Pierre Corneille. Sobre estas líneas, el retrato del supuesto autor, quien también fue un reconocido dramaturgo.

A principios del siglo XX, un poeta denunció que las obras de Molière en realidad habían sido escritas por Pierre Corneille. Sobre estas líneas, el retrato del supuesto autor, quien también fue un reconocido dramaturgo.

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Lo que realmente hizo sospechar al propio Wouters, y también al escritor Henry Poulaille (como a Louÿs anteriormente), fueron los términos normandos empleados por Molière en sus obras, términos mucho más familiares para Corneille, ya que era de Ruán.

En el año 2003, Dominique Labbé, investigador del CERAT, profesor del Instituto de Estudios Políticos de Grenoble y especialista en el análisis de discursos, afirmó taxativamente, basándose en una herramienta estadística llamada "distancia intertextual", desarrollada por su hijo, el profesor de matemáticas Cyril Labbé, que "el 99,9 por ciento de al menos 16 piezas de Molière fueron escritas por Corneille". Según Labbé, la mayoría de las obras teatrales de mediados del siglo XVII estaban firmadas por los actores y poetas, y no por el autor real de la obra. Según él, el nombre del actor principal de la representación, en este caso Molière, servía para promocionar y vender la obra mientras que el autor real, en este caso, y siempre según Labbé, Corneille, se quedaba en la sombra. La estimación de su estudio es que al menos el 90% de las comedias escritas en esa época y la mitad de las tragedias no llevaban la firma de su autor.

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¿Falta de rigor?

La publicación de este artículo en una revista científica holandesa levantó ampollas y encendió acaloradas críticas, ya que numerosos investigadores achacaron a Labbé una gran falta de rigor científico en el uso de algoritmos y una mala interpretación de los resultados. Muchos, además, dudaban de la honestidad de Louÿs: aunque hubiera sido el primero en haber puesto de relieve las similitudes entre las obras de Molière y Corneille, él mismo también había sido el autor de un engaño, ya que habría hecho pasar por suyos unos poemas traducidos de unas obras griegas.

Numerosos investigadores achacaron a Labbé una gran falta de rigor científico en el uso de algoritmos y una mala interpretación de los resultados.

El titular de la cátedra de estudios teatrales del siglo XVII de la Sorbona, George Forestier no tardó mucho en refutar la teoría de Labbé y sus métodos. Según el catedrático, a Molière se le reprocharon multitud de cosas: fue acusado de plagiar a autores italianos y españoles, de ser bobo e incluso de haberse casado con su propia hija, pero de lo que nunca dudaron ni sus más acérrimos enemigos fue de la autoría de sus obras. Finalmente, Forestier destacó que durante el período en el que supuestamente Molière le pidió a Corneille que escribiera para él, éste había publicado L'Office de la Sainte Vierge, una obra que le habría supuesto un enorme trabajo de traducción, lo que le hubiera dejado muy poco tiempo para escribir para el dramaturgo y actor.

LA compañía de Molière gozó del favor de Luis XVI, rey de Francia, para quien actuó en más de una ocasión. Arriba, "Luis XIV invita a Molière a compartir su cena" (1863), por Gérôme.

LA compañía de Molière gozó del favor de Luis XVI, rey de Francia, para quien actuó en más de una ocasión. Arriba, "Luis XIV invita a Molière a compartir su cena" (1863), por Gérôme.

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¡Molière es el autor!

El 27 de noviembre de 2019, Jean-Baptiste Camps, director educativo del máster de Humanidades Digitales del PSL, y Florian Cafiero, ingeniero investigador del CNRS, publicaron un estudio con el que pretendían demostrar que, en ningún caso Corneille fue el autor de las obras de Molière. El artículo, publicado en la revista Science Advances, negaba de esta manera un rumor que ya duraba un siglo. El estudio publicado por los dos investigadores y que llevaba por titulo Por qué es más probable que Molière escribiera sus obras de teatro, se basó en el análisis estadístico realizado por un algoritmo lingüístico en base a los hábitos de escritura y a los "tics del lenguaje" de cada escritor con el fin de confirmar que Molière era sin lugar a dudas el autor de obras tan icónicas como El avaro, El misántropo o La escuela de las mujeres.

Un estudio publicado por dos investigadores se basó en el análisis estadístico realizado por un algoritmo lingüístico en base a los hábitos de escritura y a los tics del lenguaje de cada escritor.

A los autores del estudio les llevó cinco años demostrar la genialidad de Molière. Para ello, reunieron un conjunto de obras atribuidas a doce autores contemporáneos del siglo XVII, así como un pequeño grupo de obras de un subgénero de comedia más específico en las incluyeron tanto las obras de Corneille como las de Molière. El estudio se basó en un algoritmo de inteligencia artificial que clasificaba todas las obras en función de su autor y en el análisis sistemático de seis características que conforman la "huella dactilar" de cada autor y que no se habían estudiado hasta el momento. "Algunos elementos de un texto, como el vocabulario, pertenecen a un nivel consciente y dependen de la temática. Otros, en cambio, pertenecen a un nivel subconsciente, como las características gramaticales, el orden de los componentes de la frase, si el autor usa más o menos plurales, prefijos o determinadas personas del verbo", indica Camps. Las mediciones realizadas usando esos criterios atribuyeron todas las obras indexadas con el nombre "Molière" a Molière, y sugieren que fue él quien las argumentó y les puso verso: "La única opción plausible es que Molière escribiera sus propias obras. Es, sin duda, el gran genio de la comedia francesa", zanjan Camps y Cafiero.

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Pero no fue una tarea fácil, "porque todas las obras tenían características muy parecidas. En el siglo XVII, las obras de teatro seguían unas normas muy estrictas de estructura y métrica; además, muchas eran adaptaciones de otras obras en italiano, español o incluso latín, y era frecuente inspirarse o copiar, directamente, otras piezas", según los investigadores. Camps también destaca el factor humano como un hecho clave en este trabajo. "Las matemáticas, sin un conocimiento profundo del contexto, de la obra de Molière y de Corneille y de la historia de la literatura, no hubieran ayudado", concluye.

Obra de Honoré Daumier, la pintura sobre estas líneas representa una escena de la obra "El enfermo imaginario", de Molière, interpretada por primera vez en 1673.

Obra de Honoré Daumier, la pintura sobre estas líneas representa una escena de la obra "El enfermo imaginario", de Molière, interpretada por primera vez en 1673.

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Enigmático hasta el final

Como su vida, la muerte de Moliere fue también "teatral". Aunque seguramente no fuera vestido de verde (color de la mala suerte en Francia, del mismo modo que en España es el amarillo) como cuenta el imaginario popular, sino de amaranto, Molière sufrió una hemorragia provocada por la tuberculosis que padecía mientras interpretaba El enfermo imaginario, lo que le provocaría la muerte poco después. Aunque también se ha barajado la posibilidad de que fuera envenenado. Molière tenía muchos enemigos y para muchos resulta extraño que falleciera de un modo tan repentino.

Molière sufrió una hemorragia provocada por la tuberculosis que padecía mientras interpretaba El enfermo imaginario, lo que le provocaría la muerte poco después.

Pero también existe otra teoría, muy novelesca, que sostiene que Molière no murió esa noche en su domicilio, sino que fue secuestrado y encarcelado por su participación en una serie de intrigas palaciegas. Esta hipótesis también afirma que tras la muerte del dramaturgo se introdujo un tronco en el interior del ataúd dando a entender, de esta manera, que todo había sido una representación. Actualmente desconocemos el lugar exacto donde fue sepultado el genial dramaturgo. Su presunta fosa fue hallada vacía en 1792 por los revolucionarios que la abrieron para recuperar sus restos. La muerte de Molière, aunque no la autoría de su obra, sigue siendo un enigma.