Mitos y folclore de Japón

La mitología japonesa, un mundo lleno de dioses y demonios

Japón es uno de los países del mundo con mayor tradición mitológica. Espíritus, fantasmas y demonios aparecen en centenares de leyendas que narran desde la creación del archipiélago, a las gestas de guerreros y humildes campesinos. Con raíces sintoístas y budistas, las historias de seres del inframundo han llegado hasta la actualidad de la mano de la televisión, el cine y el manga.

Los dioses Izanagi e Izanami crean Japón.

Según la mitología sintoísta relatada en el Kojiki, el libro más antiguo que se conserva sobre la historia de Japón, Yomi o Yomi-no-kuni es el nombre más común por el cual es conocido el inframundo (el lugar donde viajan las almas de los difuntos tras la muerte) en la cultura japonesa. Literalmente, la palabra yomi significa "manantial amarillo" o "manantial sulfuroso", mientras que la palabra Yomi-no-kuni, se podría traducir como "La tierra de Yomi" o, de forma no tan literal, "El país de Yomi". Yomi es comparable al Érebo griego o al Sheol hebreo, y es el lugar donde se retiró Izanami, diosa primordial y esposa del dios Izanagi, tras su muerte. Izanagi la siguió, pero no la pudo rescatar porque Izanami ya había probado el alimento del inframundo que le impedía poder volver al mundo terrenal. Desesperado, Izanagi regresó y tras llevar a cabo un rito de purificación creó a Amaterasu, la diosa del Sol; a Susanoo, el dios del mar, las tormentas y las batallas, y a Tsukuyomi, el dios de la Luna.

Yomi y Jigoku

En el mito japonés, Yomi no se describe como un lugar de castigo eterno y de torturas perpetúas. Allí, los difuntos vagan eternamente viviendo una existencia oscura y gris donde el alma experimenta momentos sombríos, aunque su vida terrenal hubiera sido perfecta. La mayoría de los expertos coinciden en que la representación de Yomi tuvo su origen en las tumbas antiguas en la era feudal, donde se dejaban los cuerpos para que se descompusieran (con el tiempo, Yomi también se convertiría en uno de los infiernos de la mitología budista). Ubicado bajo tierra, Yomi forma parte de una triada: una región terrenal llamada Ashihara no Nakatsukuni (traducido literalmente como La Tierra Central de las Llanuras de Caña); otra situada en el cielo, Takamanohara o Takamagahara, (que se puede traducir como La Alta Llanura Celestial), y finalmente Yomi no Kuni, región que se encuentra bajo tierra y que se traduce literalmente como La Tierra de Yomi.

Los pecadores sufren de un modo indecible en uno de los infiernos budistas. Pergamino del siglo XII.

Los pecadores sufren de un modo indecible en uno de los infiernos budistas. Pergamino del siglo XII.

Foto: Cordon Press

Yomi tuvo su origen en las tumbas antiguas en la era feudal, donde dejaban los cuerpos para que se descompusieran. Con el tiempo, Yomi también se convirtió en uno de los infiernos de la mitología budista.

Mucho más infernal que el Yomi no Kuni de la mitología sintoísta es el Jigoku, el inframundo del budismo japonés. Jigoku es un mundo terrorífico, envuelto en llamas, donde habitan malvados demonios y se impone a los pecadores castigos inhumanos. Los infiernos budistas se representan en los Jigoku Zoshi o pergaminos del infierno, expuestos en el Museo Nacional de Tokio, el Museo Nacional de Nara y en la primera y segunda edición del llamado Pergamino del Infierno de la familia Masuda, y fueron pintados en el siglo XII, en el período Heian. En ellos se describen, tanto a través de las imágenes como de la escritura, las desagradables situaciones que pueden sufrir los pecadores tras la muerte en el caso de que no hayan llevado una vida correcta según los cánones budistas. Se cree que estos pergaminos fueron pintados a instancias del emperador Go-Shirakawa, conocido por haber acumulado una vasta colección de manuscritos.

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Multitud de infiernos

El pergamino que se conserva en el Museo Nacional de Tokio consta de cuatro pinturas que muestran distintos infiernos: Hakkaru jigoku, Kamatsuchu jigoku, Unkamu jigoku y Uenkaseki jigoku. Mientras que el pergamino del Museo Nacional de Nara está ilustrado con siete pinturas que recrean múltiples infiernos, con nombres de lo más explícitos: Infierno de excremento, Infierno de medidas, Infierno del mortero de hierro, Infierno del gallo llameante, Infierno de la nube de arena negra, Infierno de pus y sangre e Infierno de zorros y lobos. El rollo de la familia Masuda consta también de siete pinturas que muestran avernos terribles: Infierno del elefante llameante, Infierno de los sonidos chillones, Infierno de las llamas que disparan, Infierno del desollado, Infierno de las heces hirvientes, Infierno del desmembramiento e Infierno de la montaña de hierro. Algunos investigadores consideran que tanto el pergamino del Museo Nacional de Tokio como el del Museo Nacional de Nara, junto con otros textos como Gaki Zoshi (Pergamino de fantasmas hambrientos), Yamai no Soshi (Pergamino de Enfermedades y deformidades), y Hekija-e (Pergamino exorcista), forman parte del llamado Rokudo-e, o Pinturas de los Seis Reinos, donde se expresan las miserias del mundo terrenal.

Estatuas de demonios en el santuario de Noboribetsu, en la isla de Hokkaido.

Estatuas de demonios en el santuario de Noboribetsu, en la isla de Hokkaido.

Foto: iStock

Algunos de los infiernos tienen nombres sumamente explícitos que dan una buena idea del horror que le espera a quien vaya a parar allí: Infierno del elefante llameante, Infierno de los sonidos chillones, Infierno de las llamas que disparan...

En Jigoku gobierna un dios llamado Emma-ō, que es el encargado de juzgar a los muertos mediante un registro en el que se han anotado todos sus pecados. Emma-ō vive en un castillo de plata y oro con las paredes recubiertas de joyas y perlas, protegido por dieciocho generales y sus soldados, además de demonios y unos hombres con cabeza de caballo. El pecador condenado permanecerá en una o varias de las dieciséis regiones de fuego o hielo a las que Emma-ō lo enviará hasta que vuelva a renacer o bien sea salvado por la intervención de bodhisattvas, aquellos que están destinados a iluminarse, en respuesta a las oraciones de los vivos, en cuyo caso renacerá en la Tierra o en un paraíso celestial. Emma-ō se representa siempre con una expresión feroz, va tocado con una gorra de juez chino y sostiene una maza. Este iracundo dios juzga las almas de los hombres, mientras que su hermana juzga las almas de las mujeres. Para llevar a cabo su examen a los muertos recibe la ayuda dos cabezas incorpóreas que descansan sobre unos pilares que lo flanquean. Una es una cabeza femenina, llamada Miru-me, que tiene el poder de percibir las faltas más secretas del pecador, mientras que la cabeza masculina, llamada Kagu-hana, puede detectar cualquier fechoría que éste haya cometido en su vida. Sin embargo, si tras haber cometido el crimen el pecador hizo una peregrinación a los treinta y tres santuarios de Kwannon, podía alcanzar el perdón.

El terrible dios Emma-o Juzga las almas de los muertos. Para ello se ayuda de un registro que contiene los pecados cometidos por cada uno de ellos.

El terrible dios Emma-o Juzga las almas de los muertos. Para ello se ayuda de un registro que contiene los pecados cometidos por cada uno de ellos.

Foto: Cordon Press

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Demonios por doquier

La regiones más oscuras de la mitología y el folclore japoneses están habitadas por una gran cantidad de demonios que protagonizan historias mitológicas y leyendas (y que, en la actualidad, bajo la influencia sobre todo del anime/manga y de los videojuegos han traspasado las fronteras de Japón). Hoy en día, se siguen llevando a cabo rituales y festivales destinados a alejar a muchos de los demonios más terroríficos, como los amanojaku, demonios capaces de adivinar los deseos más oscuros del ser humano y usar esos mismos deseos en su contra; los duendecillos de agua de origen chino llamados kappa; los jinmenju, unos arboles cuyos frutos se asemejan a una cabeza humana; los kodama asociados con los espíritus de los árboles y los bosques; los joro-gumo, arañas gigantes que pueden transformarse en una mujer hermosa y seducir a cualquier hombre; los mu-onna, espíritus sin rostro que surgen del dolor de una madre al perder a su hijo... Tambien están los uwam, seres incorpóreos que viven en casas antiguas o abandonadas; los tengu, unos entes malvados asociados con la guerra, pero que en muchas leyendas son vistos como protectores que viven cerca de las montañas; los nopperabo, fantasmas sin rostro que caminan por las calles oscuras con la mirada fija en el suelo; la yamamba una criatura con aspecto de anciana que a veces ayuda a quienes se pierden en los bosques a encontrar su camino a casa, aunque otras veces se come a los humanos que encuentra, y finalmente están los shinigami, palabra que literalmente significa "dios de la muerte", que inducen en el ser humano el deseo de acabar con su vida.

Representación de un fantasma. Dibujo. Segunda mitad del siglo XVIII.

Representación de un fantasma. Dibujo. Segunda mitad del siglo XVIII.

Foto: Cordon Press
Dibujo que muestra una aparición fantasmal. Libro sobre cuentos de Japón editado en Londres en 1919.

Dibujo que muestra una aparición fantasmal. Libro sobre cuentos de Japón editado en Londres en 1919.

Foto: Cordon Press

Hoy en día, se siguen llevando a cabo rituales y festivales destinados a alejar a muchos de los demonios más terroríficos, como los amanojaku, capaces de adivinar los deseos más oscuros del ser humano y usarlos en su contra.

Para terminar, no podemos dejar de recomendar un breve listado de las leyendas urbanas de terror más conocidas en Japón, que aunque no están protagonizadas por demonios, tienen una estrecha relación con estos seres malvados: la terrorífica historia de Kuchisake-onna, "la mujer de la boca cortada", que fue mutilada por su marido y regresó en forma de espíritu maligno; Teke Teke, una joven que quedó partida por la mitad tras caer a las vías del tren y que recibe su nombre del ruido que hace al arrastrarse; Aka Manto, un espíritu malvado que aparece mientras la gente se encuentra en el baño, o el aterrador Hachisakusama, un espíritu que fue encerrado en pequeñas estatuas para contenerlo, pero logró escapar y se aparece como una mujer alta con sombrero, vestido y una larga cabellera que la cubre completamente... y que se lleva a los niños consigo.