Transportaba maíz de Boston a La Coruña

La misteriosa desaparición del 'Castillo Montjuich' en el Atlántico

El 14 de diciembre de 1963 fue el último día en que se tuvieron noticias de la ubicación del carguero español ‘Castillo Montjuich’, que zarpó del puerto de Boston con destino La Coruña llevando en sus bodegas un cuantioso cargamento de maíz. El buque mercante y sus 37 tripulantes desaparecieron en el Atlántico en extrañas circunstancias sin haber emitido ninguna comunicación por radio. Jamás fue localizado.

Imagen de un barco hundiéndose en el océano.

Foto: iStock

Vida y tragedia del mercante Castillo Montjuich, de la Guerra Civil española a su naufragio (1936-1963) es el titulo del libro de Manuel Rodríguez Aguilar, un oficial de la marina mercante y especialista en desastres marítimos, donde se narra la misteriosa desaparición del mercante español Castillo Montjuich: "En el mes de diciembre de 1963 desapareció en el océano Atlántico el mercante español Castillo Montjuich junto con sus 37 tripulantes. Transportaba un cargamento de maíz que había embarcado en Boston y tenía como destino el puerto de La Coruña. Ninguna transmisión por radio, ningún cuerpo, ningún resto de la carga, ninguna mancha de aceite o combustible, ningún rastro".

El mercante Castillo Montjuich debía atracar en el puerto de La Coruña el 21 de diciembre de 1963 con un cargamento de maíz procedente de la ciudad norteamericana de Boston. Pero no lo hizo ni ese día ni durante los siguientes. Para los familiares de la tripulación del buque, como es el caso de Pepita Santos, esposa de Emilio Lijó, uno de los fogoneros del barco, la espera fue eterna. Cincuenta y ocho años después, las extrañas circunstancias en las que se desvaneció aquel mercante siguen siendo un enigma y una herida abierta que para muchas familias aún no ha podido cicatrizar.

La azarosa vida del 'Castillo Montjuich'

Antes de ser bautizado como Castillo Montjuich, este carguero era el inglés African Mariner, construido en 1919 por Furnness en Middlesbrough (Reino Unido) y hundido veinte años después a causa de un bombardeo en el puerto de Barcelona, en 1939, durante la guerra civil española. Incautado por las autoridades durante el conflicto, el Castillo Montjuich fue reflotado posteriormente para entrar de nuevo en servicio. Unos años después, en 1947, el navío embarrancó en El Musel (Gijón) y los daños fueron tan graves que se pensó incluso en su desguace, pero debido a la escasez de materiales en el mes de marzo de 1948 se decidió practicarle las reparaciones imprescindibles para poder ser remolcado hasta Bilbao. Una vez allí, se evaluaron sus desperfectos y tras decidirse una remodelación integral de la nave, el Castillo Montjuich fue remolcado de nuevo hasta los astilleros del Ferrol, donde permanecería en dique seco hasta 1950.

El Castillo Montjuich fue construido en 1919 en Middlesbrough y hundido en 1939 a causa de un bombardeo en el puerto de Barcelona, durante la guerra civil española.

Todas estas peripecias sufridas por el Castillo Montjuich culminarían en la increíble historia de su desaparición, que empezó el 5 de diciembre de 1963 cuando el mercante partió del puerto norteamericano de Boston con destino a La Coruña con un cargamento de 9.930 toneladas de maíz. Y ese era uno de los problemas: la carga. El grano es sumamente peligroso si las bodegas de un barco no están bien acondicionadas para llevar una carga de este tipo ya que este material acaba por comportarse como un semilíquido, moviéndose cuando tiene espacio y se balancea, lo que hace peligrar la estabilidad del carguero al cambiar su centro de gravedad. Por fortuna, en la actualidad la estructura de las bodegas de los barcos modernos ha logrado solventar con éxito estos problemas, pero en aquellos tiempos era un peligro añadido.

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Un naufragio casi inevitable

En el momento en que el Castillo Montjuich debía hacerse a la mar para regresar a España, en el Atlántico Norte se registraban fuertes temporales con vientos superiores a los 50 nudos y olas de ocho metros de altura. A pesar de estas condiciones adversas, el barco zarpó. Durante la travesía, el capitán envió un "mensaje de llegada estimada" al puerto de La Coruña para el 21 de diciembre. El 14 de diciembre, a unas 400 millas al noreste de Las Azores, se documentó la última posición del mercante. Así, ante la falta de noticias del carguero, el Ministerio de Marina español envió al crucero Canarias y a los destructores Legázpi y Vicente Yáñez Pinzón en un infructuoso intento por encontrar al mercante o a los posibles supervivientes. A los buques españoles se unieron las Fuerzas Aeronavales de los Estados Unidos y de Portugal, pero el rastreo no dio resultados, como tampoco lo hicieron las pesquisas llevadas a cabo por varios centros de salvamento de Islandia, las Azores, Ramstein y Plymouth. Finalmente, el día 31 de diciembre de 1963, el Castillo Montjuich se dio oficialmente por perdido y la empresa armadora cesó en sus operaciones de búsqueda.

El Ministerio de Marina español envió al crucero 'Canarias' y a los destructores 'Legázpi' y 'Vicente Yáñez Pinzón' en un infructuoso intento por encontrar al mercante.

Poco después de la desaparición del barco, el periódico Boston Globe publicaba una singular noticia. El día 2 de enero de 1964, el capitán Clarleton H. Clogston apareció muerto en el garaje de su casa tras haber inhalado gas del tubo de escape de su automóvil. Clarleton H. Clogston era el jefe de la sede de la Oficina Nacional de Carga y había sido el responsable de autorizar el certificado de aptitud al Castillo Montjuic para hacerse a la mar. El doctor J. Vincent Di Rago, forense y amigo de Clogston relacionó su muerte con la trágica desaparición del buque, aunque declararía haber recibido presiones para que no dictaminase que el capitán se había suicidado. A pesar de ello, el forense acabó dictaminando que Clogston había acabado con su vida al sentirse responsable de la desaparición del mercante español, por haberle concedido el certificado de aptitud para navegar por el Atlántico Norte en pleno invierno cuando en realidad el navío no presentaba las condiciones adecuadas para hacerlo.

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El despacho misterioso

En un reportaje publicado en la ya desaparecida revista Sábado Gráfico se afirmaba: "Una investigación debería poner en claro, tras el suicidio de ese funcionario y marino profesional, no las circunstancias de la pérdida del buque –extremo de difícil aclaración–, sino las posibles anomalías producidas en el despacho de la nave y los intereses a quienes pudiera favorecer el haber ocasionado tales anomalías. A nadie se le volverá la vida poniendo luz en esas sombras; pero altos intereses y quizá condenables egoísmos pueden ser puestos al descubierto, al igual que la posibilidad contraria: la de un comportamiento irreprochable que se ve ahora salpicado por las afirmaciones sin otro fundamento quizá que la fantasía de algún columnista".

Una investigación debería poner en claro las posibles anomalías producidas en el despacho de la nave y los intereses a quienes pudiera favorecer, publicó la revista Sábado Gráfico.

Por su parte, el práctico del puerto de Boston, el capitán Charles Crocker, declaró que le costó mucho mantener al mercante en el canal de entrada debido a su pésima maniobrabilidad. Crocker opinó que el navío "debía de ser casi completamente inútil ante un fuerte temporal" y que "cuando el barco dejó el puerto en la noche del 5 de diciembre observó por el disco Plimsoll (una marca esquemática que han de llevar los buques pintada en su casco) que estaba sobrecargado". Otros funcionarios del puerto de Boston relataron los muchos fallos que habían observado en los mecanismos de carga del navío. Algunos contaban que una de las válvulas de vapor no tenía manivela y que los ingenieros de a bordo la suplieron con unas tenazas. De hecho, la impresión general del personal del puerto de Boston fue que era una temeridad navegar en aquel barco.

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En realidad, aunque el Castillo Montjuich ya tendría que haber sido desguazado años atrás, las necesidades del Gobierno español obligaban a apurar, muchas veces en exceso, la vida de los buques, lo que en consecuencia ponía en grave peligro a sus tripulaciones. Pero a pesar de que las autoridades de la época y los armadores afirmaran que tenían todos los certificados en regla, el nivel de seguridad y de exigencia era escaso y no solamente en España, sino prácticamente en todo el mundo. Fueron ese tipo de negligencias las que permitieron a barcos como el Castillo Montjuich seguir navegando aun a expensas de tener que enfrentarse a un naufragio más que seguro.