Steamline moderne

El Mercury, el tren futurista que recorrió Estados Unidos

A mediados de la década de 1930, la Central de Ferrocarriles de Nueva York encargó al diseñador industrial Henry Dreyfuss un nuevo proyecto para mejorar la circulación de pasajeros por las líneas ferroviarias estadounidenses. Así nació el Mercury, un tren con un diseño futurista en el que primaba la velocidad, la comodidad y la innovación.

Imagen coloreada del Mercury en la estación de Nueva York.

Foto: CC

Casi todo el mundo está familiarizado con el estilo art déco, una tendencia artística surgida en la década de 1920 y que influyó profundamente en las artes decorativas de todo el mundo. A finales de la década de 1930 triunfaría una rama de este estilo, que sería conocida como art moderne o streamline moderne (en España se le llamó "estilo aerodinámico"), que pondría el énfasis en las formas curvas, las largas líneas horizontales y que marcaría profundamente el diseño de objetos de todo tipo. El estilo streamline moderne nos resulta familiar. Aparece en muchas películas futuristas de las décadas de 1930-1960, dando forma a edificios y elementos del mobiliario, y, asimismo, a vehículos. De hecho, hablar de este tipo de diseño es hacerlo del tren Mercury, un titán de hierro que se convirtió en la estrella indiscutible de la industria ferroviaria estadounidense y que fue apodado como el "tren del mañana".

Aquellos trenes colosales impresionaron a propios y extraños, y no solamente por su gran velocidad, sino básicamente por su imponente aspecto y su aire futurista. El Mercury surgió de la mente del diseñador industrial Henry Dreyfuss, un pionero de la industria del diseño que desafió los convencionalismos de su tiempo revolucionando la apariencia de gran cantidad de productos de uso cotidiano. Asimismo, sus diseños ferroviarios acabarían convirtiéndose en icónicos, desde Nueva York a Chicago, aunque aquel tren tan prometedor no tuvo al final el éxito esperado.

El Mercury, el "tren del mañana"

Henry Dreyfuss fue uno de los diseñadores industriales estadounidenses más importantes de las décadas de 1930 y 1940. Sus diseños abarcaban desde teléfonos, relojes, tractores, termostatos, aspiradoras... A todos ellos se sumaría su diseño estrella: las locomotoras. El estilo de Dreyfuss era tan único y moderno que la multinacional norteamericana General Electric lo contrató para que diseñara la maqueta de "La ciudad del mañana", que sería presentada en la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Por su parte, la compañía Ferrocarril Central de Nueva York, fascinada por los modelos de Dreyfuss, apostó sin dudarlo por sus diseños para remodelar su flota de locomotoras. El resultado fueron unos trenes increíbles que parecían construidos de una sola pieza metálica, de formas redondeadas y líneas horizontales. El objetivo de su peculiar línea era básicamente ocultar las tuberías y otros elementos que pudieran sobresalir. Aquella forma aerodinámica daría como resultado un tren que podía alcanzar velocidades que por aquella época parecían impensables: 130 kilómetros por hora.

La compañía Ferrocarril Central de Nueva York apostó por los diseños de Dreyfuss para remodelar su flota de locomotoras. El resultado fueron unos trenes que parecían construidos de una sola pieza metálica, de formas redondeadas y líneas horizontales.

El Mercury cruzando la calle Washington de Siracusa, Nueva York, en 1936.

Foto: American Rails

El Mercury, el "nuevo" tren de Nueva York, tenía una apariencia absolutamente futurista.

Foto: American Rails

El primer tren Mercury empezó a rodar por las vías estadounidenses durante el verano de 1936, comunicando las ciudades de Cleveland y Detroit. A este se unió otro que realizaba el trayecto entre Chicago y Detroit, un tercero que lo hacía entre Cincinnati y Detroit, y finalmente un cuarto (aunque este no se llamó Mercury, sino James Whitcomb Riley) que realizaría la ruta entre Chicago y Cincinnati en el año 1941. En 1938, Dreyfuss recibió además el encargo de rediseñar otra locomotora icónica: la 20th Century Limited. La compañía ferroviaria, a pesar de que en aquella época Estados Unidos aún se estaba recuperando del terrible golpe para la economía que supuso la Gran Depresión, aportó una enorme cantidad de capital para financiar una ambiciosa campaña de marketing, con folletos y grandes vallas publicitarias destinadas a atraer al mayor número de viajeros posible.

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Pero el alto coste del proyecto hizo que Dreyfuss se viese obligado a reciclar vagones viejos y piezas de otros, aunque el exterior del Mercury fue pintado de un color gris metálico que llamaba poderosamente la atención. Los interiores, por su parte, se remodelaron con minuciosidad y fueron equipados con todas las comodidades y lujos de la época. Dreyfuss logró crear un espacio que contaba con diferentes ambientes para convertir un viaje rutinario en una experiencia única. El interior de aquel tren tan novedoso, con vagones de fumadores, áreas de descanso y vestíbulos, se asemejaba más al hall de un hotel que al de un ferrocarril.

Publicidad del Mercury, el "Tren del Futuro".

Foto: American Rails

En cuanto a los asientos, en lugar de estar dispuestos alrededor de las paredes, mirando hacia adentro, Dreyfuss los colocó en el centro, orientados hacia las ventanas, e incluso instaló un velocímetro para que los pasajeros pudieran saber a qué velocidad circulaba el tren. Pero no todo en los trenes Mercury era tan futurista como se publicitaba. De hecho, la práctica totalidad de locomotoras de la línea Mercury utilizaba el carbón como combustible, por lo que en 1950 se tuvieron que suspender algunas líneas debido a la escasez de este material y, aunque en un principio fue algo temporal, aquello supuso una clara advertencia de lo que podía suceder en el futuro.

En lugar de estar dispuestos alrededor de las paredes, mirando hacia adentro, Dreyfuss colocó los asientos en el centro, orientados hacia las ventanas, e incluso instaló un velocímetro para que los pasajeros pudieran saber a qué velocidad circulaba el tren.

Cartel donde se publicita el trayecto Toledo-Cleveland del tren Mercury.

Foto: PD

En realidad, el detonante para que aquella línea "futurista" acabara desapareciendo de las vías estadounidenses fue una mezcla de circunstancias, aparte del problema de suministro de carbón. De hecho, algunas máquinas sufrieron algún que otro percance debido a su elevada velocidad (recordemos que los Mercury viajaban a velocidades de entre 120 y 130 kilómetros por hora) y a la mala señalización de los pasos a nivel en todo el país. Por ejemplo, en 1938, un Mercury arrolló a un camión que cruzaba una vía mal señalizada en Ohio y en 1940 chocó contra un automóvil en un paso a nivel. Todo ello, y el surgimiento de trenes más modernos, acabaría erosionando el prestigio de la línea, y a finales de la década de 1950 los Mercury, aquellos trenes que parecían estar a punto de alumbrar una nueva época, prometedora y maravillosa, dejaron de recorrer a toda máquina los raíles de Estados Unidos para siempre.