Rutas comerciales

Los mercaderes de la Edad del Bronce usaban unidades de peso comunes

Tras comparar entre sí miles de pesos de Europa y el Próximo Oriente un grupo de investigadores ha llegado a la conclusión que todos se basan en una medida mesopotámica llamada shekel de 8 a 14 gramos.

Pesos procedentes de la ciudadela micénica de Tiryns (1400-1200 a.C).

Foto: Ialongo et al.

Si hasta el momento se creía que la regulación de pesos y medidas estaba exclusivamente regulado por los reyes en la Antigüedad, un nuevo estudio publicado recientemente ha puesto de manifiesto que los mercaderes usaban una unidad de peso común, reconocida internacionalmente en un inmenso mercado que se extendía desde Irlanda hasta el río Tigris.

Reyes mercaderes

Antes de que se impusiera el mercado globalizado, los intercambios estaban regulados por el soberano. Durante la Edad del Bronce y la posterior del Hierro el carácter redistributivo de la economía de muchos estados implicaba que el rey controlaba gran parte de los excedentes del país y por tanto era el mayor exportador e importador, siendo a la vez responsable de que los intercambios realizados en sus dominios fueran justos mediante el control de las medidas. Hacia el año 3.000 a.C. las dos principales potencias comerciales del Próximo Oriente, Egipto y Mesopotamia, desarrollaron un conjunto de pesos estandarizados, que fue adoptado por muchos como marco de referencia en sus transacciones privadas.

Partiendo de Mesopotamia y Egipto el shekel se expandió hacia el oeste siguiendo las rutas comerciales.

Foto: Ialongo et al.

Consenso comercial

Partiendo de esta base los investigadores Nicola Ialongo, Raphael Hermann y Lorenz Rahmstorf, autores del estudio, se preguntaron si este sistema se aplicó también a nivel internacional, por lo que analizaron un total de 2.274 pesos recuperados en 172 yacimientos. Durante su clasificación las piezas fueron divididas en cuatro grandes regiones geográficas (Mesopotamia, el Egeo y la costa anatólica, Europa, y el Valle del Indo), siendo los pesos de las tres primeras muy similares entre sí con una variación de apenas el 5%.

Pesos con forma de pato procedentes de Irán.

Foto: Ialongo et al.

Según los científicos, esta similitud se debía a que los mercaderes se dedicaban a compararlos entre ellos con una balanza cada vez que se encontraban, limando los que eran demasiado grandes o sustituyendo los pequeños. Si bien este ajuste no siempre era perfecto, las variaciones eran tan mínimas que se aceptaban como parte ineludible de las transacciones, ajustándose los precios un poco según pesaran más de la cuenta o no lo suficiente. Poco a poco estas unidades se fueron expandiendo a lo largo del segundo milenio a.C. hasta establecer un sistema aceptado por todos. Con el tiempo el mercado internacional influyó en las medidas reales de carácter local, que tuvieron que adaptarse a él por fuerza para comerciar con el exterior.

Sin embargo esta unificación de las medidas no significa que existiera una economía globalizada como la actual, pues el precio de los productos variaba según los costes de transporte y la escasez o abundancia de los mismos en cada lugar.

De la teoría a la práctica

Aunque la arqueología ya había confirmado la hipótesis de los estudiosos, estos quisieron comprobar mediante un experimento si era posible reproducir un mismo peso repetidamente sin que sus características variaran dramáticamente con cada nueva copia. Por ello decidieron fabricar reproducciones de un peso original, y luego multiplicarlas tomando como base una de ellas elegida aleatoriamente. Representando de este modo a múltiples mercaderes con conjuntos de pesos ligeramente diferentes interactuando entre ellos. Cada nuevo peso de piedra se comparaba con su modelo en una balanza de hueso, y se iba limando hasta pesar lo mismo.

Una de las balanzas usadas durante el estudio: los platillos están hechos con cuero, las cuerdas son de linaza trenzada y el brazo hueso tallado.

 

Foto: Ialongo et al.

Los resultados fueron totalmente satisfactorios. Tras contrastar entre sí 100 medidas, realizadas a partir de un prototipo de 153,24 gramos, los autores comprobaron que las desviaciones se reducían al 5%, con un máximo de 25 gramos por encima o debajo de la pieza inicial. De tal forma quedó demostrado que este proceso se podía repetir infinitamente sin que las piezas se desviaran demasiado del patrón, y por lo tanto un único tipo de peso podía expandirse por una amplia área sin perder su fiabilidad.

Los 100 pesos creados por el equipo son prácticamente idénticos en peso y forma.

Foto: Ialongo et al.

Monedas de cobre

Además, en otra publicación científica firmada por los mismos autores se identificaron miles de objetos de bronce fragmentados que se usaban como moneda durante el mismo período. Estos pesaban siempre cerca de 10 gramos, y por el gran valor del material con el que estaba hechos servían para pagar productos a peso junto con metales preciosos como la plata o el oro.

Así pues, la estandarización implementada por los reyes mesopotámicos se convirtió con el tiempo en el sistema por el que se regulaban los intercambios a lo largo del Próximo Oriente y Europa, gracias a la adopción del shekel como medida común por parte de los mercaderes.

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