Incrustaciones dentales

Los mayas usaron piedras preciosas para cuidarse los dientes

Las incrustaciones de piedras preciosas encontradas en numerosas dentaduras mayas no solo eran un complemento estético para la nobleza mesoamericana, sino que era el cemento que las sujetaba y actuaba como elemento protector ante infecciones y caries.

La incrustación de gemas en los dientes es un elemento habitual en las dentaduras de los nobles de la Civilización Maya.

Foto: Wikimedia Commons

Algunos jóvenes, por una cuestión meramente estética, se pegan pequeños cristales en los dientes. Actualmente se trata simplemente de eso, de estética, pero no siempre ha sido así. Resulta que los mayas utilizaban ciertos tipos de incrustaciones dentales para proteger sus dientes de infecciones y caries, según ha comprobado un equipo de investigación a cargo de Gloria Hernández Bolio del Instituto Politécnico Nacional de México, tras analizar detalladamente la sustancia resinosa que recubre las piedras.

Hernández y su equipo han conseguido aislar la materia orgánica que mantenía sujeto el cemento de arena y calcio que sujetaba las piezas, encontrando elementos beneficiosos para la salud dental como la esclareolida, un extracto de la salvia que todavía se usa hoy para prevenir la inflamación de las encías en la medicina tradicional.

Belleza y religión en el mundo maya

Para los mayas la boca era una parte del cuerpo profundamente simbólica, pues se consideraba que el alma de una persona se materializaba en su aliento, razón por la que al morir se ponía una gema en la boca del difunto para recoger su espíritu antes de su enterramiento.

Así la incrustación de piedras en la boca no era solo una manera de embellecerse los dientes (algo habitual en una sociedad que se los afilaba y limaba), sino que también servía para mantener el alma sujeta al cuerpo e impedir que fuera atacada por la magia.

Aunque estéticamente agradable, la instalación de gemas resultaba extremadamente dolorosa, pues se debía perforar el diente con un pequeño taladro accionado por un arco y luego incrustar la piedra tras cubrir el agujero con cemento, pasta que se ha conservado en la mitad de perforaciones dentales excavadas por los arqueólogos.

El jade era una piedra preciosa muy apreciada por los mayas, y puede encontrarse incrustada en calaveras de toda Mesoamérica.

Foto: Wikimedia Commons

Pegamento natural

Ha sido este último el que ha ocupado a los técnicos del Instituto en la reciente investigación. Si bien hasta el momento se conocían los compuestos inorgánicos que lo formaban (una mezcla de polvo de calcio, piedra caliza y polvo de esmalte (obtenido a base de limar huesos y dientes), el tipo de adhesivo con el que se mezclaban ra todavía desconocido.

Con el fin de descubrir exactamente las plantas con las que se formaba este cemento precolombino los investigadores mejicanos han analizado un total de ocho dientes. Primero han identificado las moléculas orgánicas según su grado de absorción de la luz, técnica que permite aislarlas sin dañar la pieza, y luego las han agrupado a través de la aplicación de calor.

Pese a someterse a intervenciones tan radicales como perforarse y afilarse los dientes, la mayoría de dentaduras encontradas hasta ahora conservan buena parte de sus dientes.

Foto: NICOLAUS SEEFELD / UNIVERSITY OF BONN

El estudio ha identificado nada menos que 150 moléculas diferentes, que coinciden con varios tipos de resinas vegetales como la de pino. Junto a ellas se han descubierto otros elementos vegetales como el aceite de menta, un poderoso antiinflamatorio que según los investigadores fue importado de comunidades mayas de Honduras y Guatemala. Además el estudio ha determinado que la receta del cemento no era siempre la misma sino que variaba de zona en zona según los materiales disponibles.

Máscara funeraria y ornamentos de jadeíta del rey Janaab, Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México.

Foto: Wikimedia Commons

Los mayas tenían una excelente salud bucal, a modo de ejemplo la calavera del rey Janaab’ Pakal de Palenque conservaba todavía la mayoría de sus dientes en perfecto estado, a pesar de haber muerto a la venerable edad de 80 años.

Si bien todavía queda mucho camino por recorrer hasta que se puedan comprobar los efectos a largo plazo del cemento, este estudio (recién publicado en el Journal of Archaeological Science) demuestra que lejos de ser un riesgo para la salud las perforaciones dentales eran una manera de mejorar tanto el aspecto como la salud de los antiguos mayas.

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