Una cultura sorprendente

El Más Allá de los etruscos, un camino peligroso hacia un banquete eterno

La cultura etrusca, en muchos aspectos, desconcertaba a sus contemporáneos y continúa haciéndolo a quienes la estudian. Sus creencias respecto al Más Allá presentan similitudes con otras civilizaciones vecinas, pero a la vez aspectos sorprendentes.

Sarcófago de los esposos

Sarcófago de los esposos

Foto: Sailko (CC)

¿Cómo pensaban los etruscos acerca de la muerte y el Más Allá? Responder a esa pregunta es más difícil aún de lo que suele suceder con esta civilización, puesto que los protagonistas no dejaron fuentes directas que hablen de sus creencias. Lo que sabemos de ellos procede mayoritariamente de escritores romanos, que tienden a interpretarlo a través del cristal de sus propias creencias, y del estudio de las escenas que decoran las paredes de las tumbas, los sarcófagos y las urnas.

Hacia el banquete eterno

En apariencia, el viaje al Más Allá en la religión etrusca guarda cierto parecido con las creencias griegas, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta el contacto entre ambas culturas, pero también con las egipcias. Los etruscos creían en la existencia de un inframundo gobernado por Aita, equivalente al Hades helénico o al Osiris egipcio, pero a diferencia de estos no hay evidencias de ningún tipo de juicio al alma del difunto.

Eso no significaba que el camino estuviera libre de peligros: hasta llegar al Más Allá, el alma estaba expuesta a todo tipo de amenazas, algunas de tipo físico como serpientes y otros animales, y otras inmateriales como la enfermedad y el hambre. Para ahuyentar a los seres dañinos el difunto contaba con la protección de una criatura llamada Charun, que a pesar de la similitud en el nombre era muy distinto de Caronte, el barquero de la laguna Estigia. Charun es representado como una especie de demonio armado con un martillo, con el cual repele a las criaturas que intentan causar daño al alma que acompaña. Algunas de estas son animales reales, como serpientes, mientras que otras parecen demonios de apariencia monstruosa, una mezcla de diversos seres.

Charun en una crátera del siglo IV o III a.C.

Charun en una crátera del siglo IV o III a.C.

Escena de la guerra de Troya. Charun (a la derecha), armado con un martillo, acude a recoger el alma de un prisionero sacrificado.

Foto: Bibi Saint-Pol (CC)

Para evitar las amenazas inmateriales, en cambio, había que crear un clima propiciatorio en la tumba. Esto se conseguía por una parte con ofrendas de comida y por otra con frescos que representaban los placeres de la vida como banquetes, danzas y escenas de sexo. Rasmus Brandt, un profesor de etruscología que ha pasado más de 30 años estudiando esta cultura, va más allá y afirma que es probable que en la propia tumba se realizaran actos sexuales, como un modo de entrar en trance y alcanzar el alma difunta para así transmitirle el placer. El destino final del viaje de ultratumba no podía ser mejor: el fallecido, al llegar finalmente al Más Allá, se unía a sus antepasados en un gran banquete que duraba eternamente.

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Por lo que sabemos de las creencias etruscas, no existía un lugar comparable a un infierno al que fueran a parar las almas malvadas, como sí ocurre con los griegos o los romanos. Sí que creían, en cambio, que si el alma difunta se sentía descuidada o menospreciada, se podía volver malévola y causar desgracias entre los vivos. Por ello los etruscos ponían gran cuidado en construir tumbas agradables, bien decoradas y proveídas, que son una celebración de la vida.

Muchas tumbas etruscas son, de hecho, casas en miniatura con todas las comodidades que podía apreciar un alma viva: muebles, frescos decorativos, comida y bebida, y los objetos que el propietario más apreciaba, desde instrumentos o juegos hasta carros. La idea no era solo que el difunto gozara de una morada placentera para su alma, sino también que disfrutase tanto de su nueva “casa” que no tuviera ganas de rondar por el mundo de los vivos.

Tumba etrusca en la necrópolis de la Banditaccia

Tumba etrusca en la necrópolis de la Banditaccia

La necrópolis de la Banditaccia, en Cerveteri (provincia de Roma), es una de las más importantes para el estudio de la cultura etrusca. La foto muestra la llamada Tumba de los Capiteles, del siglo VI a.C.

Foto: Sailko (CC)

Los etruscos practicaban tanto la inhumación como la cremación, según el lugar y la época, pero no hay evidencias de que las creencias sobre el Más Allá difirieran según el tipo de práctica. Los sacrófagos, que generalmente representan al individuo reclinado en posición de comer, reflejan el rol central que tenía esta actividad en la sociedad etrusca. Algo particular de esta cultura son los sarcófagos dobles, que representan a los cónyuges disfrutando de un banquete juntos, algo que no encontramos en ninguna otra cultura de la época. Las urnas son más austeras, pero muchas también presentan tapas con formas humanas o cabezas. Tanto los sarcófagos como las urnas están decorados con escenas que pueden interpretarse como una procesión fúnebre.

Las fuentes romanas mencionan también los sacrificios de animales como una parte importante del ritual funerario. Según Cornelio Labeo, filósofo romano que escribió sobre la adivinación y otras prácticas etruscas, la sangre de los sacrificios tenía la función de transmutar el alma del difunto en un tipo de entes semidivinos conocidos en latín como dii animales (dioses animales): a pesar de su nombre, estos serían más bien una especie de espíritus de los antepasados que protegían el hogar y la familia. Sin embargo, de nuevo esta interpretación puede ser fruto de la óptica romana por identificación con los dioses penates de su cultura, que cumplían dicha función.

Sarcófago de una mujer etrusca

Sarcófago de una mujer etrusca

Foto: Thomas Ihle (CC)

Un pueblo no tan misterioso

Históricamente se ha visto a los etruscos como un pueblo misterioso y desconcertante: debido a la falta de fuentes directas, la información que nos ha llegado ha sido a través de fuentes griegas y especialmente romanas; culturas muy distintas que, como era de esperar, veían a sus vecinos con prejuicios. Esta visión ha cambiado en las últimas décadas gracias al estudio de necrópolis como Tarquinia y Cerveteri, en la región del Lacio, así como a la consolidación de estudios de etruscología, que intentan explicar la cultura etrusca desde su propia óptica.

Las creencias y prácticas funerarias de los etruscos reflejan, en general, una celebración de los placeres de la vida y un destino de ultratumba más benévolo que el de sus vecinos. Tumbas con todas las comodidades y un banquete eterno: seguramente preferían disfrutar de la vida mientras pudieran pero, puestos a morirse, el Más Allá etrusco al menos resultaba más atractivo que muchos otros.

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