Jefe del gobierno de Vichy

El mariscal Pétain, de héroe de guerra a traidor

Philippe Pétain tuvo un papel crucial en la historia de Francia durante la época de las dos guerras mundiales. Considerado un héroe de guerra en la primera, su popularidad le permitió liderar con mano de hierro el gobierno colaboracionista de Vichy durante la segunda.

Philippe Pétain

Foto: CC Henri Manuel

Durante muchos años, Philippe Pétain fue considerado un héroe en Francia. A los sesenta años, este veterano general tomó el mando de las fuerzas francesas en Verdún y las llevó a la victoria en una de las batallas más largas y terribles del conflicto. Rápidamente se ganó el respeto de las tropas al mejorar sus condiciones de vida y adoptar estrategias que intentaran minimizar las bajas. Al terminar la guerra, fue considerado un héroe nacional y se le concedió el título de mariscal general de Francia, creado ex profeso para él.

Pero el que había salido de la Primera Guerra Mundial como héroe se convirtió prácticamente en un dictador durante la Segunda y terminó sus días en prisión, condenado por alta traición. El motivo: haber presidido el gobierno de Vichy y colaborado con la Alemania nazi. Él siempre argumentó en su favor que había tomado ese camino como mal menor para evitar la ocupación total de Francia, pero detrás de ello había viejos resentimientos acerca de la gestión del ejército durante el periodo de entreguerras.

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En las dos décadas que transcurrieron entre las grandes guerras, los sucesivos gobiernos franceses adoptaron medidas contra las que Pétain siempre protestó por considerar que debilitaban al ejército hasta el punto de hacerlo inútil frente a cualquier ataque. Con Alemania, su principal potencia rival, aparentemente neutralizada por las pesadas imposiciones del Tratado de Versalles, los gobiernos franceses consideraron el ejército como algo secundario y aplicaron grandes recortes; especialmente en los años 30, cuando los efectos de la Gran Depresión se hicieron notar en Europa.

Las divisiones permanentes se redujeron de sesenta a veinte, así como también el tiempo de servicio militar obligatorio; y no se desarrollaron nuevos vehículos de combate para ninguna de las tres divisiones -tierra, mar y aire-, algo que el mariscal había reclamado con insistencia. Pétain, que había crecido en un ambiente conservador e intensamente patriótico, desarrolló un fuerte resentimiento hacia la clase política francesa, a la que culpaba del debilitamiento militar y moral de Francia. A pesar de ello aceptó el cargo de Ministro de Guerra con la esperanza de frenar las reformas, pero sin éxito.

Los gobiernos franceses del periodo de entreguerras adoptaron medidas contra las que Pétain siempre protestó por considerar que debilitaban al ejército hasta el punto de hacerlo inútil frente a cualquier ataque

Cuando Adolf Hitler atacó Francia en la primavera de 1940, el país contaba con un ejército debilitado y anticuado que no pudo hacerle frente. Pétain, viendo en ello una confirmación de sus temores, fue una de las voces más insistentes que pedían un armisticio para minimizar los daños de la guerra. Paul Reynaud, primer ministro francés, transmitió la difícil posición de Francia a su recién elegido homólogo británico Winston Churchill, quien despreció a Pétain diciendo que “siempre había sido un derrotista”.

Pero ni el gobierno británico ni el estadounidense ofrecieron a Francia la ayuda que solicitaba, por lo que Reynaud decidió dimitir y su lugar fue ofrecido, precisamente, a Pétain. A sus ochenta años, el viejo mariscal era considerado todavía un héroe nacional y se creyó que su prestigio serviría para evitar levantamientos sociales y tal vez incluso para conseguir condiciones de paz más favorables, puesto que el propio Hermann Göring había conocido personalmente a Pétain y aparentemente lo tenía en gran consideración.

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El gobierno de Vichy

Las condiciones del armisticio dejaban buena parte del sur de Francia teóricamente libre y soberana, con capital en la ciudad de Vichy, cerca de la frontera con la zona ocupada por los nazis. Sin embargo, en la práctica Pétain debía alinarse con los intereses de Alemania para evitar la ocupación total. Aun así no siempre accedió a las demandas de Hitler -quien esperaba que entrase en guerra del lado del Eje- pero colaboró prestando apoyo indirecto, persiguiendo a las fuerzas de la Resistencia francesa e implantando políticas muy restrictivas respecto a la libertad de expresión y asociación.

El gobierno de Pétain debía ser, en principio, provisional, y tal vez por ello se le concedieron amplísimos poderes recogidos en una nueva Constitución. Pero el mariscal nunca los cedió de nuevo, al contrario, su gobierno se hizo cada vez más dictatorial: en palabras de uno de sus asesores, Pétain “tenía más poder que ningún otro líder francés desde Luis XIV”; competencias legislativas, ejecutivas y judiciales recaían en él y Pétain no dudó en ejercerlas de modo autoritario, convencido de que solo él podría salvar a Francia del desastre. Los valores republicanos fueron apartados en favor de un discurso muy próximo al nacionalsocialismo alemán y, en su afán de contentar a Hitler y sus aliados, aprobó leyes antisemitas y ordenó la detención de refugiados y exiliados de los países ocupados por el Eje.

En palabras de uno de sus asesores, como jefe del gobierno de Vichy el mariscal Pétain “tenía más poder que ningún otro líder francés desde Luis XIV”

Alemania ciertamente no invadió el resto de Francia, pero tampoco concedió a Pétain las ventajas que este había esperado. Ambos países seguían oficialmente en guerra, ya que el armisticio nunca desembocó en un tratado de paz, y Hitler procuró recordar siempre al mariscal que su posición y la de su país dependían únicamente de que siguiera sus directrices. En 1944, cuando la guerra se inclinaba en contra de los alemanes, Pétain recibió órdenes directas de Berlín para ser trasladado a Alemania, junto con la amenaza de bombardear Vichy si no obedecía. Solo se le permitió salir del país en abril de 1945, cuando la derrota de los nazis era ya inminente.

Petain y Hitler

Petain y Hitler

Pétain se reunió con Adolf Hitler el 24 de octubre de 1940 para tratar el papel de Francia en la guerra. El mariscal procuró mantener una actitud cordial pero no amistosa con el líder nazi; aun así, su apretón de manos indignó a los mandatarios británicos, que en lo sucesivo se alinearon con la Francia Libre de Charles de Gaulle.

Foto: CC Heinrich Hoffman / Archivo Federal Alemán

De héroe a traidor

A su regreso, Pétain se encontró con un fuerte resentimiento hacia él. Su antiguo prestigio se había esfumado a causa de sus años de colaboración con Alemania y al autoritarismo con el que había gobernado la Francia de Vichy. El gobierno provisional presidido por el general Charles de Gaulle -con el que nunca se había entendido- lo acusó de alta traición y, en el juicio, fue condenado a muerte. Aun así, en reconocimiento a sus méritos durante la Primera Guerra Mundial, De Gaulle le conmutó la pena por la cadena perpetua.

Incluso entonces su fama todavía jugaba a su favor: diversos jefes de estado pidieron a Francia su liberación y, notoriamente, se trataba de países con regímenes muy distintos, como Estados Unidos, el Reino Unido y España. Aun así el gobierno francés se negó por la impopularidad que podría acarrearle ese gesto, que podía ser interpretado como debilidad.

Pétain fue condenado a muerte por alta traición, pero se le conmutó la pena por la cadena perpetua

Ya anciano, Pétain pasó sus últimos seis años encerrado, primero en una fortaleza de los Pirineos y luego en la pequeña isla de Yeu en la costa atlántica. Al cabo de dos años su estado de salud empeoró y empezó a mostrar signos de demencia, imaginando a veces que comandaba sus tropas en batalla. En sus últimos días se le trasladó a una casa fuera de la prisión, donde murió el 23 de julio de 1951 a la edad de 95 años. Se le habían revocado todos sus títulos menos el de mariscal general de Francia: a pesar de todos sus errores sucesivos, para muchos nunca dejó de ser “el vencedor de Verdún”.

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