Romanticismo español

Mariano José de Larra, el trágico final de uno de grandes autores de la literatura española

Mariano José de Larra está considerado, además de uno de los mayores representantes del Romanticismo español, junto a figuras de la talla de Gustavo Adolfo Becquer, Zorrilla o Rosalía de Castro, uno de los periodistas satíricos más importantes de nuestro país. Firmemente convencido de la necesidad de modernizar España, Larra intentó hacer frente, sin éxito, al desánimo y a la desesperanza, ya que se quitó la vida con tan solo 27 años.

Retrato de Mariano José de Larra realizado alrededor del año 1835 por José Gutiérrez de la Vega.

Foto: PD

Mariano José de Larra, considerado uno de los escritores más reconocidos de nuestro país, nació el 24 de marzo de 1809 en Madrid. Larra fue periodista, crítico satírico, escritor costumbrista y autor de más de doscientos artículos de prensa, muchos de los cuales escribió bajo los seudónimos de Fígaro, El Duende, Bachiller y Juan Pérez de Munguía. Su producción literaria puso el foco en la España de su tiempo, y en ella no faltarán ni la crítica ni la sátira. Pero Larra no fue un hombre feliz. De hecho, su vida se vio profundamente marcada por el desamor, un profundo desencanto con su país y una desesperanza sin remedio. Todo lo cual acabaría conduciéndolo hasta un dramático final.

Un poeta en ciernes

El padre de Mariano José de Larra fue un medico afrancesado, es decir, un apasionado de las costumbres y las modas del país vecino, que ejercía como cirujano militar en el ejército de José Bonaparte (hermano de Napoleón, que sería rey de España durante un breve período) durante la guerra de la Independencia. En 1813, debido a sus simpatías políticas, la familia Larra se exilió primero a Burdeos y luego a París. Al finalizar el conflicto, gracias a la amnistía decretada por el rey Fernando VII, en 1818 los Larra pudieron regresar a España. De nuevo en Madrid, el padre se convertiría en medico personal del infante don Francisco de Paula, hermano del rey, y Mariano José continuó su educación en los Esculapios de Madrid. Posteriormente la familia se trasladó a la localidad navarra de Corella y allí el joven estudio en el Colegio Imperial de los Jesuitas.

En 1813, debido a sus simpatías políticas, la familia Larra se exilió primero a Burdeos y luego a París. Al finalizar el conflicto, gracias a la amnistía decretada por el rey Fernando VII, en 1818 los Larra pudieron regresar a España.

En 1824, Mariano José de Larra se instaló en Valladolid para estudiar Leyes en su universidad, y aunque no se presentó a ningún examen durante el curso logró aprobar todas las asignaturas en la convocatoria de octubre. De hecho, al parecer el joven no hizo las pruebas porque había caído en una profunda depresión. Y es que se enamoró de una mujer mayor que él y que, para rizar el rizo, era a la vez la amante de su padre. Este hecho marcaría profundamente su carácter. Tras su paso por Valladolid regresó de nuevo en Madrid y ayudado por un tío paterno el joven prosiguió su educación en los Reales Estudios de San Isidro. En 1827, Larra ingresó en los Voluntarios Realistas, un cuerpo creado por Fernando VII cuyo objetivo era evitar el restablecimiento del gobierno constitucional y luchar contra los elementos liberales. Fue entonces cuando Larra empezaría a escribir poesía y sátiras.

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Larra, un cronista satírico y costumbrista

En 1828, con apenas diecinueve años, Larra hizo sus primeras incursiones en el periodismo satírico. Publicó un folleto mensual llamado El duende satírico del día, una serie de cuadernos similares a otros folletos de la época, El duende especulativo de la vida civil o en El pensador, dedicados a la crítica social de su tiempo. Larra empezó a firmar sus artículos, que ya dejaban entrever su facilidad para la sátira, con el seudónimo de "El Duende". Asimismo, el joven escritor empezó a reunirse con un grupo de jóvenes tan inquietos como él en un café de la calle del Príncipe, en Madrid, donde tenía lugar una tertulia a la que bautizaron como El Parnasillo. En una de estas sesiones, Larra tuvo una acalorada disputa con José María de Carnerero, director del Correo Literario y Mercantil. Las diferencias llegaron a ser tan fuertes que un furioso Carnerero solicitó a las autoridades el cierre de la publicación del joven Larra.

El joven escritor empezó a reunirse con un grupo de jóvenes tan inquietos como él en un café de la calle del Príncipe, en Madrid, donde tenía lugar una tertulia que bautizaron con el nombre de El Parnasillo.

Litografía de Mariano José de Larra aparecida en la revista El Museo Universal, el 30 de junio de 1857.

Foto: PD

Pero al parecer nada podía detener al joven escritor. "El Duende" adquirió una enorme reputación como periodista, que afianzó aún más con la publicación de la revista satírica El pobrecito hablador. En su nueva publicación, y bajo el seudónimo de Juan Pérez de Munguía, Larra profundizó en su acerada visión de la sociedad española, y se adentró en la crítica social, cultural y política de su tiempo. Tanto El duende satírico del día como El pobrecito hablador lograron un gran éxito entre los lectores, pero fueron censuradas al cabo de poco tiempo por las autoridades.

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Larra y Dolores Armijo, una relación imposible

El 13 de agosto de 1829, Larra se casó con Josefa Wetoret Velasco. Pero el matrimonio distó mucho de ser feliz, algo que el propio autor reflejaría en su artículo El casarse pronto y mal. A pesar de las diferencias, la pareja tuvo tres hijos, dos niñas, Adela (que sería en el futuro amante del rey Amadeo I de Saboya) y Baldomera, y Luis Mariano, quien se convertiría en un afamado zarzuelista, entre cuyas obras destaca El barberillo de Lavapiés. La insatisfacción de Larra con su vida conyugal y su incesante búsqueda de la felicidad hizo que, en 1831, mientras aún estaba casado con Josefa, empezase un idilio con Dolores Armijo, que a su vez era la esposa del hijo del prestigioso abogado Manuel María de Cambronero.

La insatisfacción de Larra con su vida conyugal y su incesante búsqueda de la felicidad hizo que, en 1831, mientras aún estaba casado con Josefa, iniciase un idilio con Dolores Armijo.

Posible retrato de Dolores Armijo, amante de Mariano José de Larra. 

Foto: PD

Justo en aquella época, Larra inició una nueva etapa en su carrera traduciendo obras francesas para el mayor impulsor del panorama escénico español en el siglo XIX, Juan Grimaldi, y escribiendo bajo el seudónimo de "Fígaro" para la Revista Española y El Observador, revistas en las que publicó agudas críticas literarias y políticas gracias al establecimiento de cierta libertad de prensa que logró impulsarse tras la muerte de Fernando VII. Entre sus artículos más famosos destacan Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre qué gentes estamos, En este país y el ya mencionado El casarse pronto y mal.

Incursión fallida en política

En 1834, Larra publicó una novela histórica, El doncel de don Enrique el Doliente, y la obra teatral Macías, basada en la trágica y adultera vida del poeta medieval Macías. En ella, el escritor reflejaba su tormentosa relación con Dolores. Un año después, en 1835, Larra emprendió un viaje por Europa durante el cual conocería a escritores de la talla de Victor Hugo y Alejandro Dumas. Tras su periplo europeo, y de nuevo en Madrid, Larra escribió artículos para los periódicos El redactor general y El mundo.

En 1835, Larra emprendió un viaje por Europa durante el cual conocería a escritores de la talla de Victor Hugo y Alejandro Dumas.

La honda preocupación que Larra sentía por la situación general de España lo decidió a intentar dedicarse a la política. Y lo hizo en las filas del partido moderado, logrando ser elegido diputado por Ávila en el año 1836. Pero ese mismo año, el motín de La Granja, que tuvo lugar durante la regencia de María Cristina de Borbón, le impidió ejercer sus funciones. Al fracaso de su actuación política se uniría un terrible golpe en su vida personal: Dolores lo dejó en 1834, el mismo año en que Larra se separó de Josefa, que acababa de dar a luz a su segunda hija. El escritor intentó sin éxito que su amada Dolores volviera con él durante su estancia en Ávila, pero la negativa de esta junto con su propia insatisfacción vital, que se refleja claramente en uno de sus últimos artículos, El día de difuntos, sumirían al autor de nuevo en una profunda depresión.

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Romántico hasta el final

El 13 de febrero de 1837 era lunes de Carnaval. Ese día, lleno de alegría y colorido para la mayoría, Mariano José de Larra decidió poner fin a su vida pegándose un tiro en la sien. Tenía tan solo 27 años. Fue su hija Adela, de apenas cinco años, quien descubrió el cadáver de su padre en su despacho, yaciendo junto a un charco de sangre. Para el escritor, la única salida a su pesimismo y honda depresión era marcharse de este mundo. La negativa de Dolores Armijo a seguir con su relación fue, según sus biógrafos, lo que acabó de convencerle de que la vida ya no tenía sentido.

El caminante sobre el mar de niebla, cuadro de estilo romántico pintado por Gaspar David Friedrich hacia 1817.

Foto: PD

El 13 de febrero de 1837, Larra puso fin a su vida pegándose un tiro en la sien. Tenía tan solo 27 años. Para el escritor, la única salida a su pesimismo y honda depresión era marcharse de este mundo.

La prematura y trágica muerte de Mariano José de Larra causó una profunda conmoción en la sociedad española de su tiempo. A pesar de que a todas luces su muerte había sido un suicidio, la Iglesia permitió que su cuerpo recibiera cristiana sepultura. Asimismo, y debido a su popularidad, según cuentan las fuentes del momento, por su velatorio pasaron más de 15.000 personas que quisieron dar su último adiós a aquel joven y prometedor genio de las letras tan comprometido con el progreso de España, un hombre que abogó por combatir la ignorancia y el atraso con la educación y la cultura, además de ser un crítico feroz del carlismo y el absolutismo, y luchar con firmeza durante su corta vida contra todo tipo de censura.