los orígenes del cine

Mariano Díez Tobar, el inventor olvidado

Hay personajes que por casualidades de la vida o por decisión propia, no ocupan el lugar en la historia que merecerían. Este es el caso del sacerdote paúl Mariano Díez Tobar. Su nombre, desconocido para la mayoría, bien podría haber sido reconocido mundialmente como el inventor del cinematógrafo si a finales del siglo XIX hubiera patentando su invento.

Imagen del padre Mariano Díez Tobar, a la derecha,  junto al padre Manuel Santín.

Imagen del padre Mariano Díez Tobar, a la derecha, junto al padre Manuel Santín. Foto: Familia de Don Manuel Santín

El 28 de diciembre de 1895, treinta y cinco espectadores reunidos en el Salón Indio del Gran Café de París iban a ser testigos de un acontecimiento histórico: la proyección de unas escenas en movimiento. Desconcertados por lo que iban a ver, cuando las luces del Gran salón se apagaron, ante la sorpresa de los allí congregados empezaron a surgir imágenes de personas que se movían. Aquello causó estupor entre los espectadores. Pero la sorpresa inicial se transformó en pánico cuando de repente apareció un tren a toda velocidad, tanta que parecía incluso amenazar con salir de la pantalla. Aquella cita histórica de los hermanos Lumière para muchos fue el inicio del cine. Pero quizás en realidad no lo fue. ¿Y si un sacerdote paúl burgalés llamado Mariano Díez Tobar lo hubiera inventado seis años antes?

El amor por la ciencia

Mariano Díez Tobar nació en el pequeño pueblo burgalés de Tardajos el 21 de mayo de 1868. El niño era tan espabilado que el sacerdote que ejercía como maestro en la escuela del pueblo, le dijo una vez: "No tengo más que enseñarte", y es que el pequeño Mariano aprendió leer y a escribir muy rápido. Posiblemente el pobre hombre ya no tuviera realmente nada más que enseñar a sus alumnos, y vista la inteligencia del niño casi obligó a los padres de Mariano a llevarlo a otro colegio para completar su educación. Y así fue: Mariano fue inscrito en la escuela de un pueblo vecino llamado Las Quintanillas, pero para llegar allí cada día tenía que caminar diez kilómetros. En su nueva escuela, el niño también destacó por su rápido aprendizaje, y en 1882, con catorce años, Mariano se trasladó a estudiar al Seminario de Sigüenza, en la provincia de Guadalajara.

 Vista de Tardajos , Burgos, Castilla y Lleón , España, lugar de nacimiento del padre Díez Tobar.

Foto: PD

Con el objetivo de tener una educación más completa el pequeño Mariano se veía obligado cada día a caminar diez kilómetros para asistir a la escuela de un pueblo vecino llamado Las Quintanillas.

Tal como cuenta uno de los máximos defensores de la figura del religioso burgalés, el cineasta gallego Rodrigo Cortés, en un reportaje para ABC en 2019 donde reivindica la figura del padre Díez Tobar, este destacó como seminarista en Madrid donde se aficionó a la física y a las matemáticas, algo que en aquella época no encajaba en los estudios religiosos. En 1890 fue trasladado al colegio de Murguía, en Álava, donde su interés por la divulgación científica no hizo más que crecer. Mariano estaba interesado sobre todo por los temas relacionados con la imagen y el sonido.

En 1912, el periódico El Siglo Futuro, destacó la labor del sacerdote como la de "un autor de notables inventos". En efecto, como rector del Colegio de la Sagrada Enseñanza de Villafranca del Bierzo, en León (donde había sido destinado en 1900), Díez Tobar dotó a la escuela de la localidad de un magnífico museo de física e historia natural y amplió su biblioteca, con lo que hizo de la institución un referente de la enseñanza de la época. Mariano Díez concedió numerosas becas puesto que su intención era expandir la educación a todas las clases sociales para que, en sus propia palabras, "puedan estudiar los hijos del pueblo, los pobres y los que carecen de recursos, sin que estas buenas obras en favor de la enseñanza fuesen obstáculo a otras obras de misericordia con consejos y limosnas".

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Solución al movimiento

Pero el talento de Díez Tobar iba más allá de su afición por las ciencias. El sacerdote burgalés poseía un habilidad innata para inventar objetos con los que poder explicar las bases de la física. Fray Eligio Rivas, custodio de los inventos y descubrimientos del padre Mariano que se conservan en el Museo Etnográfico de los Milagros, en Baños de Molgas (Orense), cuenta que de los quince aparatos que inventó, tan solo llegó a patentar uno: el rotógrafo de curvas, un aparato usado por los ingenieros para dibujar curvas especiales. Algunos de sus inventos fueron reproducidos o desarrollados por otros con su consentimiento, como es el caso del ellogautógrafo, un aparato capaz de transformar la voz en texto a través de una máquina de escribir. Este mecanismo sería utilizado por la famosa firma italiana de máquinas de escribir Olivetti. Otro de sus inventos más originales fueron los relojes de cuerda que se cargaban a través de la voz o de los pasos de la gente. Uno de ellos funcionó durante diez años colgado sobre la pizarra de un aula.

Según fray Eligio Rivas, custodio de los inventos y descubrimientos del padre Mariano que se conservan en el Museo Etnográfico de los Milagros, en Baños de Molgas (Orense), de los quince aparatos que inventó tan solo llegó a patentar uno: el rotógrafo de curvas.

Foto de Auguste y Louis Lumiere, creadores del primer corto de la historia.

Foto: PD

El año 1889 se convertiría en una fecha clave para la historia del cine. Mariano Díez Tobar impartió una charla que llevaba el largo título de El cinematógrafo: descripción del aparato por el que las imágenes de las personas, como el resto de cosas que existen en el acto, o que no existen, aparecen en vivo y como si fueran la realidad, con sus colores, movimientos, etc… ante nuestra vista. Aunque esa no fue una simple charla para los interesados por la ciencia. En la ponencia, el sacerdote paúl ofreció a todo aquel que quisiera escucharle la solución al gran problema con que se topaban una y otra vez los inventores dedicados a la fabricación del cinematógrafo: la creación del movimiento. Según Díez Tobar la solución residía en introducir intermitencia entre los movimientos de los fotogramas, creando de esta manera una ilusión de movimiento en el espectador.

En una ponencia de 1889, el padre Mariano ofreció una solución al gran problema al que se enfrentaban los inventores dedicados a la fabricación del cinematógrafo: la creación del movimiento.

 Cámara cinematográfica de los hermanos Lumière, expuesta en el Instituto Lumière de Lyon.

Foto: PD

¿Un acto altruista?

Pero lo que el sacerdote no sabía era que entre los asistentes a su charla se encontraba el representante en España de los hermanos Lumière, A. Flamereau. Según el también padre paúl Mitxel Olabuenaga, biógrafo del padre Mariano, el encuentro entre ambos tuvo lugar en Bilbao. Durante la reunión, el sacerdote detalló a Flamereau algunas cuestiones técnicas acerca del cinematógrafo y "de lo que entonces constituía el problema industrial de la fotografía, de las fabulosas ganancias que había de acrecentar la fortuna de los explotadores una vez dada la ansiada solución a la cronofotografía. Hablaron de la sucesión de las fotografías, no con movimiento continuo, sino con intermitencia o intervalos de reposo, para que, aprovechando la inercia de la retina, quedase tiempo para sucederse unas a otras y producir así la ilusión de movimiento", afirma Olabuenaga. Muy poco más sabemos acerca de esa misteriosa reunión, solo que cuando el representante de los Lumière regresó a Francia hizo construir la máquina que años más tarde consolidaría a los hermanos franceses como los inventores del cine.

Cuando el representante de los Lumière regresó a Francia tras la reunión con el padre Mariano mandaría construir la máquina que años más tarde consolidaría a los hermanos franceses como los inventores del cine.

Pero la gran pregunta que surge en toda esta historia es ¿por qué el padre Mariano cedió tan fácilmente los detalles de un invento que el propio sacerdote sabía que enriquecería a aquel que lo comercializara? La respuesta es sencilla: por puro desinterés comercial. En un artículo publicado en la revista barcelonesa El mundo científico, se explicaba que al final de sus conferencias, el sacerdote siempre autorizaba "con absoluto desinterés a cualquiera de los asistentes para que lleve a la práctica cualquiera de las ideas o conceptos que encuentre nuevos en sus charlas". Entonces, ¿se aprovecharon los Lumière de esta postura del padre Mariano para hacer suyo el invento del sacerdote? En todo caso, los franceses sí reconocieron la importancia de su figura invitándolo a la primera proyección del cinematógrafo que se celebró en Madrid el 13 de mayo de 1896, en los bajos del Hotel Rusia. Pero el sacerdote declinó la invitación. En 1926, el padre Mariano enfermó gravemente con unas fiebres muy altas. Su salud empeoró mientras impartía unos ejercicios espirituales a las Hijas de la Caridad en León. Trasladado urgentemente a Madrid, el sacerdote inventor, un hombre con una inabarcable curiosidad científica, murió el 25 de julio de 1926 siendo prácticamente un desconocido.

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