heroínas de la historia

Mariana Pineda, una luchadora por la libertad

La joven Mariana Pineda fue condenada a muerte y ejecutada en Granada en 1831 por no querer delatar a sus compañeros liberales que luchaban contra el gobierno absolutista de Fernando VII. Tras su ejecución, Mariana se convertiría en una mártir por la libertad.

Foto: CC

El jueves 26 de mayo de 1831, una joven de 26 años subió al cadalso y dirigió su última mirada al público congregado en el Campo del Triunfo de Granada para contemplar su muerte por garrote vil. Esta joven era Mariana Pineda, y fue condenada a morir por un método tan cruel por el hecho de tener en su poder una bandera revolucionaria a medio bordar. De hecho, Mariana era una mujer de firmes convicciones liberales que acogía en su casa a todos aquellos que estaban en desacuerdo con el régimen absolutista impuesto por el rey de España, Fernando VII. Tras sufrir un duro interrogatorio, Mariana se negó a delatar a sus compañeros y cargó ella sola con las culpas, pagando su lealtad con su vida. El nombre de Mariana Pineda entraría, de este modo, a formar parte de la leyenda, y se convertiría en fuente de inspiración para poetas como Federico García Lorca, que escribió una obra de teatro basada en su vida.

Una infancia complicada

Mariana Pineda nació en la granadina y popular carrera del Darro el 1 de septiembre de 1804. Su infancia y adolescencia no fueron fáciles. El padre, Mariano, era capitán de barco además de caballero de la Orden de Calatrava. Su madre, llamada María Dolores, era mucho más joven y de una extracción social más humilde. De hecho, la pareja nunca llegó a casarse, e incluso vivía en domicilios separados. Mariana fue su segunda hija (la primera murió al poco de nacer). A los pocos meses del nacimiento de la niña, Mariano, que se encontraba muy enfermo, temiendo morir de un modo repentino firmó un documento en favor de su hija, pero al poco tiempo denunció a la madre por apropiarse de ciertos bienes que habían sido puestos a nombre de la pequeña. Al enterarse de la denuncia, María Dolores huyó con la niña hasta que fue localizada por la policía y obligada a devolver a Mariana a la custodia de su padre.

Mariano, que se encontraba muy enfermo, temiendo morir de modo repentino firmó un documento en favor de su hija, pero al poco tiempo denunció a la madre por apropiarse de ciertos bienes que habían sido puestos a nombre de la pequeña.

Tras la muerte de su padre, la tutela de la niña pasó a un hermano de Mariano, un hombre ciego y que en aquellos momentos estaba soltero. Pero su tío no tardaría en contraer matrimonio con una mujer mucho más joven que él y traspasó la tutela de la niña a una joven pareja: José de Mesa y Úrsula de la Presa, unos confiteros con los que Mariana se educaría en un ambiente liberal. Cuando tenía tan solo quince años, la joven Mariana se casó con Manuel de Peralta y Valle, un militar que le llevaba once años y con quien tendría dos hijos. Pero el matrimonio fue breve. En 1822, Mariana enviudó justo cuando Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución y a abolir la Inquisición. En aquella época, conocida como El Trienio Liberal (1820- 1823), Mariana, a sus 18 años, ya estaba muy implicada en la política del momento y empezó a acoger en su casa a algunos liberales perseguidos.

Tras el Sexennio Absolutista (1814-1820), Fernando VII, rey de España, se vio obligado a jurar la Constitución de Cádiz (1812), dando inicio al Trienio Liberal (1820-1823), periodo durante el cual Mariana Pineda ya era muy activa políticamente.

Tras el Sexennio Absolutista (1814-1820), Fernando VII, rey de España, se vio obligado a jurar la Constitución de Cádiz (1812), dando inicio al Trienio Liberal (1820-1823), periodo durante el cual Mariana Pineda ya era muy activa políticamente.

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¿Dónde está Mariana?

Con la recuperación del poder absoluto por parte de Fernando VII, un período que ha pasado a la historia como la Década Ominosa (1823-1833), estalló una brutal represión que obligó a Mariana a ocultar de nuevo a los liberales acosados. En aquella época, Mariana conoció a un brillante militar llamado Casimiro Brodett y Carbone con el que estuvo a punto de casarse, aunque por desgracia para la pareja, Brodett no pudo obtener la dispensa real a causa de su filiación liberal. El militar al final se vio obligado a dejar el ejército y se marchó a Cuba. Tras ese desengaño, Mariana se fue de Granada y su pista se pierde durante dos años.

Mariana conoció a un brillante militar llamado Casimiro Brodett y Carbone con el que estuvo a punto de casarse, aunque Brodett no pudo obtener la dispensa real a causa de su filiación liberal.

De nuevo en Granada, en 1828, Mariana al parecer ayudó a escapar de prisión a un primo de su padre, el general de artillería Fernando Álvarez de Sotomayor Ramírez, acusado de participar en diversas conspiraciones y que había sido condenado a muerte. Sin pensárselo dos veces, y aprovechando la cantidad de frailes que entraban y salían de la cárcel, Mariana introdujo en el penal unos hábitos de monje para que Fernando huyera disfrazado. El plan tuvo éxito y, en efecto, Fernando, disfrazado de esa guisa, pudo huir ante las propias narices de los guardias. Oculto durante unos días en casa de Mariana, para cuando Ramón Pedrosa y Andrade, alcalde del crimen (un tipo de letrado que formaba parte de las llamadas "salas del crimen") de Granada, quiso arrestarlo, Fernando ya había huido a Gibraltar.

La ilustración sobre estas líneas muestra un grupo de liberales ejecutados en la horca por la represión de las fuerzas del orden durante la Década Ominosa (1823-1833), liderada por el rey Fernando VII.

La ilustración sobre estas líneas muestra un grupo de liberales ejecutados en la horca por la represión de las fuerzas del orden durante la Década Ominosa (1823-1833), liderada por el rey Fernando VII.

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Mariana mantuvo poco después una relación sentimental con el abogado José de la Peña, con quien tuvo una hija, Luisa, en 1829. Según cuenta su biógrafa Antonina Rodrigo, posiblemente la pareja contrajo un matrimonio secreto.

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A la espera del momento oportuno

Pedrosa sospechaba de Mariana. En cierta ocasión, una carta escrita por un tal Romero Tejada llegó a las manos del alcalde del crimen. En ella se acusaba a la joven de conexiones con algunos liberales de Gibraltar. Las autoridades, que por entonces temían un levantamiento en aquella zona, pusieron todos los medios a su alcance para evitarlo. Ordenaron el arresto domiciliario de Mariana en su casa del número 19 de la calle del Águila (un lugar que hoy puede visitarse como museo y que acoge multitud de recuerdos de la activista, además de ser la sede de El Centro Europeo de las Mujeres), aunque al final el caso no prosperó y nunca fue juzgado.

Una carta acusaba a Mariana de conexiones con liberales de Gibraltar, por lo que fue puesta en arresto domiciliario, pero el caso no prosperó y nunca fue juzgado.

Pedrosa redobló sus esfuerzos para atrapar a Mariana. Sus primeros intentos fueron reactivar causas de las que la joven había salido impune, sin éxito. Al final, Pedrosa decidió esperar una mejor oportunidad. Y esta acabaría llegando. Por un "soplo" supo que unas bordadoras estaban preparando para Mariana una bandera liberal que llevaría inscrito el lema "Libertad, igualdad y ley". La secuencia de los acontecimientos no está clara, pero parece ser que Pedrosa esperó a que las bordadoras llevaran la bandera a casa de la joven, aunque hay quien dice que en realidad fue una trampa preparada por el propio Pedrosa, que contó con la ayuda de alguna de las muchachas. Sea como fuere, el 19 de marzo de 1831 se realizó un registro en casa de Mariana y por "casualidad" se descubrió allí una bandera liberal. Mariana Pineda pudo entonces ser detenida acusada de formar parte de una conspiración.

Este es el supuesto aspecto que tendría la bandera liberal que condujo a Mariana Pineda a ser detenida y condenada.

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Condenada a muerte

Mariana permaneció nueve días bajo arresto domiciliario. Pero no se quedó quieta. Aquellos días los dedicó a preparar un intento de fuga que fue descubierto por la policía. El incidente empeoró aún más su situación y Mariana fue traslada a la cárcel para "mujeres de mala vida", situada en el beaterio de las Recogidas de Santa María Egipcíaca, un convento fundado en 1594 donde se ayudaba a las "mujeres descarriadas" a alcanzar su "reparación".

Durante el juicio, a Mariana se le imputó el delito de "rebelión contra el orden y el monarca", castigado por aquel entonces con la pena de muerte. Toda la acusación se sustentaba en la bandera descubierta en su casa, considerada "el signo más decisivo y terminante de un alzamiento contra la soberanía del Rey N.S. y su gobierno monárquico y paternal". La defensa de Mariana adujo que la supuesta bandera tenía más que ver con la masonería que con una supuesta revolución liberal, como demostraba el lema bordado en ella: "Libertad, igualdad y ley", pero todos los argumentos de los abogados en favor de la joven resultaron inútiles. Aunque aún había una salida para Mariana. El ministro de Justicia autorizó un indulto si la joven delataba a sus compañeros, a lo que ella contestó: "Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios", frase que forma ya parte de la leyenda de Mariana Pineda.

En 1862, Juan Antonio Vera Calvo pintó este cuadro en el que representó a Mariana Pineda en la capilla, momentos antes de ser conducida al cadalso.

En 1862, Juan Antonio Vera Calvo pintó este cuadro en el que representó a Mariana Pineda en la capilla, momentos antes de ser conducida al cadalso.

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El ministro de Justicia autorizó un indulto si la joven delataba a sus compañeros, a lo que ella contestó: 'Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios'.

Finalmente, tras cuatro días de juicio que no sirvieron para demostrar la inocencia de Mariana, el 26 de abril era notificada la sentencia firmada por Fernando VII, que llegó a Granada a finales de mayo. Así, en la madrugada del 26 de mayo de 1831, Mariana fue conducida hasta la actual Plaza de la Libertad, en Granada. Vestida con las ropas con las que se vestía a los ajusticiados, la joven, muy digna, pidió a sus verdugos que no le quitasen las ligas para no "ir al patíbulo con las medias caídas". A su llegada al cadalso, y ante la atenta mirada del público allí congregado, que permanecía en silencio, Mariana Pineda murió con un crucifijo entre las manos. Desde el año 1856, los restos mortales de esta mujer, considerada por muchos una heroína de la libertad, descansan en la cripta de la catedral de Granada, bajo una humilde lápida.