Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

La magia en la vida diaria de los antiguos egipcios

Amuletos y ritos mágicos servían a los egipcios, tanto en vida como tras la muerte, para protegerse y lograr el favor divino

Relieve que muestra a Seti I ante los dioses Osiris, dios del inframundo, y su esposa Isis, la Gran Maga.

Foto: iStock

Un gato negro se nos aparece en el camino y rápidamente cambiamos de ruta para no cruzarnos con él; nos topamos con una escalera abierta en medio de la calle con espacio suficiente para pasar por debajo y damos un amplio rodeo para evitarla; se derrama la sal en la mesa y de inmediato cogemos un pellizco, que termina en el suelo a nuestra espalda arrojado sobre nuestro hombro derecho... Como éstas hay otros miles de supersticiones más que muchos conocen y algunos, incluso, se creen.

Si esto sucede en nuestra sociedad moderna y científica, ¿qué no acontecería en el antiguo Egipto, donde las partes incomprensibles del mundo físico sólo cobraban sentido gracias a los mitos y la magia? La escasez de documentos, sin embargo, nos dificulta saberlo. En el antiguo Egipto, como ahora, las supersticiones pertenecían sobre todo al mundo de la transmisión oral, y no son muchos los fragmentos escritos o físicos que nos han quedado de ellas.

Miles de amuletos

Las pruebas más evidentes y abundantes de estas prácticas supersticiosas las encontramos en los innumerables amuletos de todo tipo que aparecen por doquier en Egipto, en estratos que van desde el período predinástico hasta la Baja Época; son tantos que en algunas clasificaciones podemos encontrar hasta 275 tipos diferentes.

Dos amuletos que representan el ojo Udyat, asociado al dios halcón Horus.

Foto: Cordon Press

El objetivo del amuleto es ofrecer a su portador seguridad contra algún tipo de amenaza. En algunas ocasiones puede ser algo concreto, como un trabajador que se marcha al desierto y teme ser mordido por un escorpión o una serpiente; en otros se trata de un amuleto contra las desgracias en general, desde el miedo por una mala caída a la rotura de un hueso, pasando por el temor a que un espíritu malvado nos provoque un aborto. En muchas ocasiones, la forma del amuleto tiene que ver con un mito, que es el que le otorga su valor y capacidad protectora. Por ejemplo, llevar un loto –una flor que durante el día flota plácida sobre la superficie del agua y por las noches se cierra y se sumerge en las profundidades– implicaba llevar consigo la capacidad para renacer una y otra vez.

Los amuletos podían usarse para protegerse de una mala caída o para evitar que un espíritu malvado nos provoque un aborto.

Algo más de fortuna tenemos con la magia y el modo en que los egipcios la utilizaban, pues aparece en una amplia variedad de documentos: papiros médicos, estelas funerarias, textos religiosos... En ocasiones, el detalle de estos textos es tal, que incluso nos permiten conocer el ritual seguido, el material empleado y las palabras pronunciadas para asegurarse de que la magia tuviera lugar y fuera eficaz.

Para saber más

Amuletos egipcios, fieles protectores del alma del difunto

Amuletos egipcios, fieles protectores del alma del difunto

Leer artículo

Vudú a la manera egipcia

Sobre los (malos) usos de la magia tenemos un ejemplo perfecto. Está recogido nada menos que en un papiro donde se conservan las actas del juicio seguido contra los protagonistas de la conjura que casi termina con la vida del faraón Ramsés III. El objetivo era poner en el trono al hijo de una de las esposas secundarias del rey, la cual consiguió organizar desde el harén una trama magnicida en la que implicó a muchos notables de la corte.

Figurilla egipcia con agujas clavadas, posiblemente usada en rituales de magia. Museo del Louvre, París.

Foto: Cordon Press

Como el intento de magnicidio contra Ramsés III no tuvo éxito, los conspiradores fueron arrestados y sometidos a juicio. Sus declaraciones dejan bien claro que para triunfar utilizaron todos los medios a su alcance, incluido lo que hoy llamaríamos magia negra; con el objetivo de poder distraer y debilitar a los guardianes del faraón, uno de los conjurados fabricó unas figuritas de vudú, acompañadas de algunos conjuros escritos y de varias pócimas malignas. El Papiro Rollin conserva su declaración: "Se puso a hacer escritos mágicos para desorganizar y perturbar y se puso a hacer algunos dioses de cera y algunas pociones, para debilitar los miembros de los hombres. Han estado en posesión de Pay-Bak-Kamen, al cual Re no había permitido que fuera chambelán". No cabe duda de que resultaron efectivos, porque el magnicidio sólo se descubrió cuando los conjurados atacaron físicamente al soberano de los Dos Tierras.

Las declaraciones de los acusados en el juicio por el asesinato de Ramsés III dejan bien claro que para triunfar utilizaron todos los medios a su alcance, incluido lo que hoy llamaríamos magia negra.

Este mismo papiro nos permite comprobar también el poder mágico que los egipcios otorgaban a la palabra escrita, capaz por sí sola de asegurar el ostracismo eterno de una persona. El acusado que guardó las figuritas de cera se llamaba Pay-Bak-Kamen, nombre que significa "este servidor ciego". Como podemos comprender, éste no era su nombre real, sino una modificación malvada del mismo, que casi con seguridad originalmente era "Re está a su derecha". Como poner por escrito el nombre de alguien significaba que su recuerdo y su persona vivirían por toda la eternidad, escribir su nombre en un documento para después juzgarlo y condenarlo a muerte era una contradicción. La solución al dilema fue rebautizar al reo con un nombre ignominioso, que al tiempo que lo condenaba al ostracismo eterno permitía guardar las formas administrativas.

Para saber más

Un hechizo egipcio para conseguir al hombre deseado

Un hechizo egipcio para conseguir al hombre deseado

Leer artículo

Los poderes del faraón

Dado que su obligación era la de mantener el orden del mundo, la maat, e impedir que el caos se adueñara de todo, el mismo faraón usaba las artes mágicas para debilitar y atacar a sus enemigos a distancia. Es lo que se conoce como rituales de execración. Y cabe pensar que, en circunstancias especiales, eran realizados personalmente por el rey. Es el mismo tipo de ideología que nos permite ver al soberano, en las fachadas de los pilonos de los templos, machacar con una maza a los enemigos que tiene a sus pies y agarrados por los cabellos.

La obligación del faraón era la de mantener el orden del mundo, la maat, e impedir que el caos se adueñara de todo.

El poder de esta magia a distancia fue tal que terminó siendo incluida en los Textos de los ataúdes, con el objetivo de que los enemigos del difunto no le impidieran acceder al más allá: "Palabras para ser dichas sobre una estatuilla de enemigo hecha de cera, sobre el pecho de la cual está escrito el nombre de ese vil enemigo con una espina del pez sinodonte; poner en la tierra en el lugar de Osiris".

Para saber más

La justicia del faraón en el Antiguo Egipto

Así impartían justicia los faraones

Leer artículo

Magia y medicina

Por fortuna, la magia egipcia no sólo era utilizada para causar mal a alguien. En realidad, prácticamente siempre se empleaba para justo lo contrario, como vemos en los papiros médicos. En ellos la magia es un elemento más del proceso curativo, que funciona al equiparar un episodio acaecido en el mundo divino con lo que está sucediendo en el mundo mortal, donde gracias al ensalmo se espera conseguir el mismo resultado que en el caso de los dioses. Un ejemplo del Papiro Edwin Smith: "Aquello que hay que decir como ensalmo sobre esta medicina: '¡Repelido es el enemigo que se encuentra en la herida! Expulsado es el mal que se encuentra en la sangre, el adversario de Horus, en cada lado de la boca de Isis. Este templo no se viene abajo; no hay enemigo de los conductos en el interior. Estoy bajo la protección de Isis; mi rescate es el hijo de Horus'".

En la medicina, la magia era una elemento más del proceso de curación.

Relieve del templo de Hathor en Dendera que representa a una mujer dando a luz.

Foto: Cordon Press

Otro uso igual de benigno de la magia fue el de conseguir los afectos de la persona amada. Este tipo de hechizos de amor son más conocidos en época ptolemaica y romana, pero por fortuna conocemos uno de época faraónica (conservado en el Ostracon DM1057). El texto transcrito en este documento reza así: "¡Salve, Re-Horakhty, padre de los dioses!¡Salve, Siete Hathor que estáis adornadas con bandas de lino rojo! ¡Salve, dioses, señores del cielo y la tierra! Vamos, haced que... [aquí se escribe el nombre de ella], nacida de... [sigue el nombre de sus padres] venga detrás de mí como una vaca tras el forraje; como una sirvienta tras sus hijos; como un pastor tras su rebaño. Si ellos no hacen que venga detrás de mí, prenderé fuego a Busiris y quemaré a Osiris".

No sabemos si el hechizo fue efectivo o no, pero desde luego nos ofrece una imagen muy vívida de los egipcios, volviéndolos menos enigmáticos y mucho más mundanos, a pesar de la magia que los rodeaba.