mujeres y nazismo

Magda Goebbels, la "madre perfecta" del Tercer Reich

La solicita y diligente esposa del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, Magda, fue durante mucho tiempo el paradigma de la madre perfecta del nacionalsocialismo. Enferma y profundamente deprimida, al final del conflicto Magda Goebbels terminó envenenando con cianuro a sus seis hijos y poniendo fin a su vida de igual manera.

Foto: CC

"Es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la vergüenza y el oprobio. Nuestros hijos no tienen lugar en una Alemania como la que habrá después de la guerra". Dicho y hecho, Magda Goebbels preparó a sus seis hijos, cinco niñas y un niño, para la muerte. Ella y su marido, el ministro de propaganda del Reich, Joseph Goebbels, ocultos junto con Adolf Hitler en el búnker de Berlín, indicaron al dentista de las SS, Helmut Kunz, que inyectase morfina a los pequeños para dormirlos y poder así introducirles una ampolla de cianuro entre los dientes. La secuencia exacta de los acontecimientos no está clara, pero el resultado final fue la muerte de los seis pequeños. Después, sus padres también acabaron con sus propias vidas. Esta es la historia de una mujer que ha pasado a la posteridad como una madre despiadada, una especie de moderna Medea que, en este caso, fue capaz de asesinar a sus hijos "por su bien".

¿Hija de un judío?

Johanna Maria Magdalena nació el 11 de noviembre de 1901 y fue hija de Auguste Behrend, una criada, y al parecer del ingeniero Oskar Ritschel. La pareja se divorció en 1905 y la madre de Magda contrajo segundas nupcias en 1908 con Richard Friedlander, un rico comerciante judío de Berlín al que había conocido una década antes y que según una investigación llevada a cabo en 2016 fue el verdadero padre de Magda (si eso fuese cierto, por las venas de la futura esposa de Joseph Goebbels correría sangre judía). Magda pasó su infancia en una internado religioso de Bélgica, que empleaba unos métodos de educación muy severos, lo que contribuyó a que la joven desarrollase una fuerte personalidad. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Magda estudiaba en Berlín, y en esa época curiosamente llegó a sentirse muy atraída por la filosofía budista y defendió la cultura de la no violencia.

Magda pasaría su infancia en una internado de Bélgica, que empleaba unos métodos de educación muy severos, lo que contribuyó a que la joven desarrollase una fuerte personalidad.

De vuelta del internado, Magda conoció a un atractivo y elegante multimillonario alemán llamado Günther Quandt. Él era un viudo de treinta y ocho años y ella, una jovencita de diecinueve. La pareja se enamoró al instante y 4 de enero de 1921 se casaban en la tranquila ciudad de Bad Godesberg. El matrimonio tuvo un hijo, Harald, ese mismo año. Pero Magda pronto se dio cuenta de su error. La joven se dio de bruces con la realidad de estar atrapada en un matrimonio aburrido, en una familia ultraconservadora y además comprobó con incredulidad que su flamante esposo era un hombre frío y adicto al trabajo. Decepcionada, Magda conoció entonces a un estudiante de origen judío y líder de un grupo sionista llamado Chaim Vitaly Arlosoroff, con quien mantuvo una relación sentimental. Fue el primer acercamiento de Magda al sionismo. Al final, su marido Günther, enfurecido por la infidelidad de su esposa, la acabó echando de casa en 1929.

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Metamorfosis nazi

Gracias a la generosa pensión que le pasaba su exmarido, Magda pudo trasladarse a vivir junto a su hijo Harald a una bonita casa en Berlín. Pero en el verano de 1930 la vida de Magda cambiaría para siempre. Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi, acudía al Palacio de los Deportes de Berlín para pronunciar un discurso. Magda, que por aquel entonces se había convertido en una influyente y rica mujer de la sociedad berlinesa, que buscaba entretenerse de la mejor manera posible, decidió asistir al acontecimiento sin saber que aquello supondría un antes y un después en su vida. Las encendidas soflamas del ministro de propaganda nazi calaron tan profundamente en Magda que tras el acto se afilió al partido y se convirtió en poco tiempo en una de las dirigentes nazis más importantes de su distrito.

El Ministro de propaganda de Hitler era conocido por los encendidos discursos que pronunciaba, donde desplegaba sus habilidades oratorias. Cuando Magda acudió a uno de ellos, se quedó tan prendada de sus palabras que al salir se afilió al Partido nazi.

El Ministro de propaganda de Hitler era conocido por los encendidos discursos que pronunciaba, donde desplegaba sus habilidades oratorias. Cuando Magda acudió a uno de ellos, se quedó tan prendada de sus palabras que al salir se afilió al Partido nazi.

Foto: Cordon Press

Tras escuchar el discurso de Joseph Goebbels, Magda se afilió al partido y se convirtió en poco tiempo en una de las dirigentes nazis más importantes de su barrio.

Magda empezó a actuar como voluntaria en la sede del partido nazi y acabó siendo secretaria del subjefe del distrito. Fue entonces cuando conoció personalmente a Goebbels, con quien empezó a colaborar archivando todos sus artículos periodísticos. Magda rápidamente se sintió atraída por el jerarca nazi, un hombre con poco atractivo físico (era bajito y arrastraba un pie al caminar), pero del que Magda se enamoró perdidamente. Por su parte, Goebbels también se sintió fascinado por ella, y llegó a escribir en su diario personal: "Hemos hecho un voto solemne el uno al otro: cuando hayamos conquistado el Reich, nos convertiremos en marido y mujer. Soy muy feliz".

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Fe ciega

Si la adoración que sentía Magda por Joseph Goebbels era ciega, cuando conoció a Adolf Hitler su entusiasmo no tuvo límites; ambos forjarían una profunda relación y Magda entró a formar parte del pequeño, pero selecto, grupo de amistades femeninas de Hitler. El füher incluso actuó como padrino de boda del novio cuando la pareja contrajo matrimonio el 19 de diciembre de 1931. Tras su matrimonio, los Goebbels se mudaron a una exclusiva mansión situada en la Reichskanzlerplatz, que con el tiempo se convertiría en el centro de las fiestas y veladas de la burguesía berlinesa y en el núcleo operativo del líder del Tercer Reich. En los años siguientes, la pareja tuvo seis hijos a los que bautizaron con nombres que comenzaban con la inicial del apellido de su "adorado" líder, la "H": Helga, Hildegard, Helmut, Holdine, Hedwig y Heidrun. Magda fue asimismo la primera mujer en ganar la Cruz de Honor de la Madre Alemana, un galardón que suponía convertirla en un modelo para el resto de madres alemanas que deberían seguir, a partir de entonces, su ejemplo.

Magda y Joseph Goebbels avanzan tomados del brazo el día de la celebración de su boda. Tras ellos, puede verse a Adolf Hitler, que ejerció de padrino del novio.

Magda y Joseph Goebbels avanzan tomados del brazo el día de la celebración de su boda. Tras ellos, puede verse a Adolf Hitler, que ejerció de padrino del novio.

Foto: Cordon Press
Al convertirse en el modelo de madre alemana que Hitler quería para el Tercer Reich, a lo largo de la vida de Magda fueron difundidas muchas imágenes rodeada de niños, en este caso junto a cinco de sus hijos.

Al convertirse en el modelo de madre alemana que Hitler quería para el Tercer Reich, a lo largo de la vida de Magda fueron difundidas muchas imágenes rodeada de niños, en este caso junto a cinco de sus hijos.

Foto: Cordon Press

Magda fue la primera mujer en ganar la Cruz de Honor de la Madre Alemana, un galardón que suponía convertirla en un ejemplo para el resto de madres alemanas que deberían seguir, a partir de entonces, su ejemplo.

Pero no todo en la vida de la pareja más famosa de Alemania podía ser perfecto. Una vez salió a la luz una relación extramarital de Goebbels con una joven actriz checa de veintidós años, algo que afectó profundamente a Magda, a pesar de que ella también había tenido algunos escarceos amorosos. Magda Goebbels se sentía muy segura en su relación con el führer, así que no dudó en pedirle que le dejara divorciarse de su esposo. Pero lo que ella no había previsto es que aquella decisión supondría un escándalo y una mancha en la imagen que desde el gobierno se quería dar del nacionalsocialismo, y que sobre todo supondría una deshonra para la imagen del ministro de propaganda. Hitler simplemente dijo: "NO". Aquella tajante respuesta tomó por sorpresa a Magda, que, desconcertada, se dio cuenta de quién tenía la sartén por el mango tanto en Alemania como en su vida.

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Fiel hasta el final

Desde 1942, Magda la salud de Magda empezó a deteriorarse. Sufría una severa neuralgia, un trastorno que le afectaba el rostro, que le producía agudos espasmos nerviosos que le había dejado paralizada media cara. Magda era entonces una mujer física y mentalmente enferma, con problemas cardíacos y graves episodios de depresión, que no tuvo en ese momento inconveniente en aceptar las ideas del partido en lo que a los judíos se refería, que acabarían desembocando en la infame Solución Final. La esposa de Goebbels las aceptó sin rechistar cegada por su devoción hacia su marido y hacia Adolf Hitler.

Desde 1942, Magda sufría una neuralgia, un trastorno severo que le afectaba el rostro, producido por agudos espasmos nerviosos que le había paralizado media cara.

Tras acabar con sus vidas, Magda y Joseph Goebbels habían ordenado que sus cuerpos fueran quemados para que nadie pudiera profanar los cadáveres. Sus restos calcinados yacen junto a los de dos de sus hijos.

Tras acabar con sus vidas, Magda y Joseph Goebbels habían ordenado que sus cuerpos fueran quemados para que nadie pudiera profanar los cadáveres. Sus restos calcinados yacen junto a los de dos de sus hijos.

Foto: Cordon Press

El final de Magda Goebbels es bien conocido. Instalada junto a su marido en el búnker de Hitler, decidió acabar sus días junto a los hombres que habían marcado su vida: su marido y el führer. El 1 de mayo de 1945, y tras rechazar en varias ocasiones la posibilidad de huir, o al menos de que lo pudieran hacer sus seis hijos, Magda Goebbels ingirió el mismo cianuro mortal que había utilizado para envenenar a los pequeños, mientras su marido, el ministro de propaganda del caído Tercer Reich, Joseph Goebbels, se pegaba un tiro. Un final digno de la más cruel y atroz tragedia griega.

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