Cien años de dominio extranjero

Los faraones hicsos de Egipto

Durante algo más de cien años, Egipto estuvo dominado por reyes asiáticos, hasta que los gobernantes de Tebas, en el sur del país, lideraron la reconquista del territorio y lograron expulsar a los extranjeros.

Pintura encontrada en la tumba de un funcionario llamado Khnumhotep (dinastia XII) en la que se muestra una procesión, posiblemente de cananeos, a los que se les llama Aamu.

Pintura encontrada en la tumba de un funcionario llamado Khnumhotep (dinastia XII) en la que se muestra una procesión, posiblemente de cananeos, a los que se les llama Aamu.

Pintura encontrada en la tumba de un funcionario llamado Khnumhotep (dinastia XII) en la que se muestra una procesión, posiblemente de cananeos, a los que se les llama Aamu.

PD

"He reconstruido lo que estaba desmembrado desde el primer momento, cuando los asiáticos estaban en Ávaris, en la tierra del Norte, y en hordas errantes derribaban lo que estaba hecho".

De este modo se refería Hatshepsut, la gran reina de la dinastía XVIII, a una época que los más ancianos aún habían vivido en su infancia, un período de casi un siglo de duración en el que Egipto estuvo gobernado por primera vez en su historia por una dinastía de origen extranjero: los hicsos.

Mapa en el que se muestra la ruta que siguieron los hicsos desde el Próximo Oriente hasta Egipto.

Mapa en el que se muestra la ruta que siguieron los hicsos desde el Próximo Oriente hasta Egipto.

Mapa en el que se muestra la ruta que siguieron los hicsos desde el Próximo Oriente hasta Egipto.

RedTony (CC BY-SA 4.0)

La invasión de los hicsos

Los historiadores de la Antigüedad presentaban a los hicsos como invasores. Esta tesis tiene su origen en la obra del sacerdote egipcio Manetón, que redactó su Historia de Egipto en el siglo III a.C. Según su conocimiento de la historia del Mediterráneo, cuando en un país el poder pasaba a manos de elementos extranjeros ello se debía a una invasión; así había sucedido con los asirios, los persas o los babilonios, y Manetón creía que los "reyes pastores" (otra traducción del término hicso) habían tomado el poder por la fuerza: "La decimoquinta dinastía fue de reyes pastores. Éstos fueron seis reyes extranjeros de Fenicia que tomaron Menfis".

Los historiadores de la Antigüedad presentaban a los hicsos como invasores. Esta tesis tiene su origen en la obra Historia de Egipto del sacerdote egipcio Manetón.

Escarabeo de esteatita azul, vidriado y engarzado en una montura de oro. Lleva el nombre del gobernante hicso Khyan ("¡Hijo de Re, Khyan, viviendo para siempre!") en un cartucho.

Escarabeo de esteatita azul, vidriado y engarzado en una montura de oro. Lleva el nombre del gobernante hicso Khyan ("¡Hijo de Re, Khyan, viviendo para siempre!") en un cartucho.

Escarabeo de esteatita azul, vidriado y engarzado en una montura de oro. Lleva el nombre del gobernante hicso Khyan ("¡Hijo de Re, Khyan, viviendo para siempre!") en un cartucho.

Tim Evanson (CC BY-SA 2.0)

En el siglo I d.C., el historiador judío Flavio Josefo, citando a Manetón, también narra la llegada de los hicsos como una invasión: "La cólera divina se dejó sentir sobre nosotros y, de improviso, desde el Oriente, un pueblo de raza desconocida tuvo la audacia de invadir nuestro país, y, sin dificultad ni combate, se apoderó de él por la fuerza".

En realidad, los hicsos penetraron en Egipto de forma gradual y pacífica. La palabra hicso es una malformación de las palabras egipcias heqa jasut, que significan "jefe de un país extranjero". Este término se empleaba, ya desde el Reino Medio, para designar a los jefes de las tribus semitas de Palestina y Siria que, en tiempos de la dinastía XII (2040-1786 a.C.), entraron en Egipto al frente de tropas de mercenarios y también como mano de obra con sus familias y se instalaron en el delta del Nilo; así lo refleja una escena de la tumba del nomarca (gobernador) Knumhotep en Beni Hassan, que muestra una caravana de asiáticos con sus vestimentas típicas y sus enseres.

Con el paso del tiempo, los contingentes asiáticos llegaron a ser muy numerosos en la zona del Delta, y algunos de sus miembros alcanzaron posiciones dominantes en la sociedad. Muchos de ellos eran funcionarios y gobernantes de diferentes ciudades, por lo que tenían acceso directo al gobierno de la zona. Tanto es así que algunos incluso se atrevieron a inscribir su nombre en cartuchos, privilegio reservado a los faraones. 

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Un siglo de dominio extranjero

Dada la preeminencia que los hicsos habían alcanzado en aquella región, no es de extrañar que aprovechasen la situación para hacerse con el poder durante el Segundo Período Intermedio (1780-1550 a.C.), cuando Egipto empezó a fragmentarse y surgieron dos dinastías en el Delta, la XIII y la XIV.

Al parecer, los asiáticos no encontraron mucha resistencia; en todo caso, los niveles arqueológicos de los diferentes yacimientos egipcios no muestran la huella de destrucciones correspondientes a esa época. Pero, aunque tuviera lugar sin graves violencias, la toma del poder por los extranjeros debió de suponer una tremenda conmoción para los egipcios. 

Dada la preeminencia que los hicsos habían alcanzado en la región, no es de extrañar que aprovechasen la situación para hacerse con el poder.

Imagen del faraón Amosis matando a un hicso representada en la empuñadura de su daga.

Imagen del faraón Amosis matando a un hicso representada en la empuñadura de su daga.

Imagen del faraón Amosis matando a un hicso representada en la empuñadura de su daga.

PD

El gobierno de los hicsos se prolongó algo más de un siglo, si seguimos la cronología del Canon Real de Turín, un texto quinientos años posterior que contiene la lista de los reyes de Egipto. En él se mencionan dos dinastías hicsas, la XV y la XVI. Mientras tanto, en el Alto Egipto surgió la dinastía XVII, formada por gobernantes de la región de Tebas que en un primer momento se declararon vasallos de los hicsos.

No hay unanimidad entre los expertos, pero se cree que la dinastía XVI, o de los Pequeños Hicsos, estaba formada por vasallos de la XV. Por su parte, esta última dinastía, llamada de los Grandes Hicsos, estuvo compuesta por seis faraones. Los cuatro primeros llevan nombres de origen asiático (Salitis, Meruserre Jacob-her, Seuserenre Jyan, Aauserre Apofis), mientras que su quinto rey, el más importante, adoptó un nombre egipcio, Apofis, que hace referencia al ser más peligroso y temido por los egipcios: la serpiente que, según creían, atacaba cada noche la barca del Sol y amenazaba con destruir la existencia del astro divino. 

Aunque durante mucho tiempo se ha querido ver en el gobierno de los hicsos una época oscura, la arqueología nos muestra que nada está más lejos de la realidad. Los gobernantes asiáticos introdujeron en Egipto algunos de los elementos que modelaron la vida cotidiana del país del Nilo durante los años siguientes. Tal fue el caso del carro de combate y del caballo. El armamento egipcio también se vio enriquecido con la incorporación en ese período de la espada curva o jepesh y de un nuevo tipo de arco, el arco compuesto, que gracias a su mayor tensión podía disparar flechas a una distancia superior. 

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Aliados de los nubios

Hay muchas pruebas de que durante el gobierno hicso Egipto no se encerró en sus fronteras, sino que mantuvo intensas relaciones con el Mediterráneo oriental. En yacimientos egipcios de este período se han hallado objetos comerciales procedentes de Siria-Palestina y de la zona del mar Egeo, en particular cerámica y joyas de clara inspiración cretense; y unas hermosas pinturas murales del palacio de Ávaris (actual Tell el-Daba), de inicios del Reino Nuevo, nos recuerdan los frescos del palacio de Cnosos, en la Creta minoica.

Hay muchas pruebas de que durante el gobierno hicso Egipto no se encerró en sus fronteras.

Escarabeo con el nombre inscrito del rey hicso Apofis. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Escarabeo con el nombre inscrito del rey hicso Apofis. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Escarabeo con el nombre inscrito del rey hicso Apofis. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

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A la inversa, ha aparecido material egipcio en otros lugares de la cuenca mediterránea. Por ejemplo, se han descubierto bellos vasos de alabastro con cartuchos de faraones hicsos, entre ellos uno encontrado en Almuñécar (Granada) con el nombre de Apofis I. También se han localizado, en el norte de Egipto y en Palestina, numerosos escarabeos o escaraboides, pequeños objetos con la forma de escarabajos que se utilizaban como sellos reales y que son signo de la intensa actividad comercial que mantuvieron los hicsos.

Una de las razones de la mala reputación de los hicsos entre los egipcios fue el culto que rendían a Set, un dios asociado al caos y al desierto (símbolo de lo estéril), que asesinó a su hermano Osiris y estaba eternamente enfrentado al dios Horus; los hicsos lo asimilaron a su divinidad principal, Baal, una deidad guerrera. En Ávaris, su capital, edificaron un templo dedicado a Set, del que no ha quedado ningún vestigio. Conocemos este hecho gracias a la llamada la Estela del año 400, encontrada en Tanis y fechada durante el reinado de Ramsés II (1289-1224 a.C.). En ella se conmemora la fundación del templo de Set en Ávaris cuatrocientos años atrás, fecha que se remonta al gobierno hicso en esta zona. 

Una de las razones de la mala reputación de los hicsos entre los egipcios fue el culto que rendían al dios Set.

Para poder controlar todo el territorio egipcio, los hicsos forjaron una alianza con los nubios, en el sur. Hay que recordar que durante el Segundo Período Intermedio los egipcios habían perdido el dominio sobre la mayor parte de Nubia, lo que permitió el desarrollo de un importante reino nubio en torno a la ciudad de Kerma, que controló la mayor parte de fortalezas que los faraones habían construido durante el Reino Medio. Gracias a esta alianza, los hicsos se aseguraron el control de todo Egipto, en particular sobre los gobernantes de Tebas, que constituían la principal amenaza a su poder.

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Expulsados de Egipto

Durante el gobierno de Apofis I, los gobernantes tebanos se hicieron más atrevidos y mostraron una actitud mucho más belicosa. Se llegó así al primer enfrentamiento entre hicsos y egipcios, a instancias del rey tebano Sekenenre Taa, apodado "el Bravo".

Este combate está atestiguado por un interesante documento, La disputa de Apofis y Sekenenre, que narra cómo el rey hicso, desde Ávaris, envió al gobernante tebano un mensajero para quejarse del ruido que producían los hipopótamos que se encontraban en Tebas: "Que se abandone el estanque de los hipopótamos que está al este de la ciudad, puesto que impiden que acuda a mí el sueño, de día y de noche; el ruido que ellos hacen llena [en efecto] los oídos de la gente de su ciudad". Hay que tener en cuenta que el hipopótamo era el animal sagrado del dios Set, patrón de los hicsos, y éstos veían como un sacrilegio el arponeo de aquellos animales por parte de los tebanos. 

Durante el gobierno de Apofis I, los gobernantes tebanos se hicieron más atrevidos y mostraron una actitud mucho más belicosa.

Cabeza momificada del faraón Seqenenra Taa (dinastía XVII) muerto por las heridas causadas por un golpe de hacha durante un combate contra los hicsos. 

Cabeza momificada del faraón Seqenenra Taa (dinastía XVII) muerto por las heridas causadas por un golpe de hacha durante un combate contra los hicsos. 

Cabeza momificada del faraón Seqenenra Taa (dinastía XVII) muerto por las heridas causadas por un golpe de hacha durante un combate contra los hicsos. 

PD

La respuesta a la carta del rey hicso no se ha conservado, pero es evidente que hubo un enfrentamiento y que en él murió Sekenenre Taa; así lo prueban las diferentes heridas de guerra presentes en su momia, descubierta en 1881 en el escondrijo de Deir el-Bahari, junto a otras momias de faraones del Reino Nuevo. Lejos de amedrentarse, el hijo y sucesor de Sekenenre, Kamose, mantuvo la pugna con los hicsos.

En una ocasión interceptó a un mensajero que portaba una misiva destinada al rey de Kush, en Nubia, en la que el rey de los hicsos le pedía asistencia contra los tebanos: "Capturé su mensajero, que iba al sur hacia Kush por el camino del oasis, [portando] una carta de papiro". Kamose inició entonces una nueva guerra que le llevó hasta las puertas de Ávaris, aunque finalmente tuvo que retirarse a Tebas, donde hizo grabar el relato de estas campañas en unas estelas erigidas en el templo de Amón en Karnak. 

Fue el hermano y sucesor de Kamose, Amosis, quien derrotó a los hicsos definitivamente. Conocemos el desarrollo de estas campañas gracias a la narración que un noble llamado igual que el rey, Amosis, plasmó en su tumba de El-Kab, en el Alto Egipto. El faraón tomó Ávaris y diferentes baluartes hicsos, y forzó el éxodo de los asiáticos hacia Palestina: "Luego tomamos Ávaris; hice capturas: un hombre, tres mujeres; total: cuatro cabezas, Su Majestad me los dio como esclavos". El rey persiguió a los hicsos hasta la fortaleza de Sharuhen, en Palestina: "Asediamos a continuación Sharuhen durante tres años; Su Majestad finalmente se apoderó de ella". Con la victoria de Amosis comenzó el Reino Nuevo, una de las épocas más gloriosas de la historia de Egipto, esta vez regido por faraones autóctonos.