Ópera

Lorenzo Da Ponte, el libretista de Mozart

El artista italiano, además de sacerdote y escritor, fue uno de los grandes libretistas de finales del siglo XVIII. Su binomio con Mozart en Viena lo lanzó a la fama y, tras la muerte del compositor, trató de buscarse la vida expandiendo su pasión por la ópera al otro lado del Atlántico.

Retrato de Lorenzo Da Ponte.

Foto: CC

El 17 de agosto de hace 182 años moría Emanuele Conegliano, mucho más conocido por su pseudónimo: Lorenzo Da Ponte. Fue una de las figuras más importantes dentro de la música operística por su relación con Mozart y también personaje digno de mención por sus andanzas y relaciones sociales.

Nació en Ceneda, una pequeña ciudad del Estado véneto, en 1749. Su familia, judía, se convirtió al cristianismo cuando tenía 14 años. Posteriormente ingresó en el seminario tras rogar al que era entonces obispo de la ciudad y del cual tomó su nombre. Pero, tras ser ordenado sacerdote en 1773, no terminó de encajar en el mundo eclesiástico, muy distinto al modo de vida veneciano que podía disfrutar en esa época. Ávido lector y deseoso siempre de engalanar su ingenio, no cesó nunca de estudiar a los clásicos y memorizar todos sus textos.

De la «dolce vita» veneciana a la corte vienesa

Da Ponte pasó de enseñar retórica en Portogruaro y Treviso a mudarse a Venecia, donde impartió clases particulares alternándolas con los oficios divinos y donde también ingresó en la masonería. Fue en Venecia donde ya despertó su carácter libertino y el gusto por la vida nocturna, las mujeres y el juego, llegando a entablar amistad y compartiendo fama y excesos con un ya maduro Giacomo Casanova.

En 1781 se instala en Viena y consigue ser nombrado libretista del nuevo teatro italiano por José II, pese a la mala reputación que el sacerdote arrastraba. Había sido expulsado de Venecia por sus devaneos amorosos, y acusado de adúltero y sacrílego, entre otros cargos. Acompañando al arzobispo de Salzburgo, Mozart llegó ese mismo año a la ciudad imperial. Allí decidió probar suerte como compositor independiente.

El gusto de José II y de la sociedad vienesa por la ópera italiana favorecieron una intensa actividad operística en la ciudad en esa década de los ochenta. A Viena se trasladaron numerosos artistas de la península itálica, como los libretistas Giovan Battista Casti o Lorenzo Da Ponte y los compositores Salieri o Paisiello, que junto a austríacos como Mozart o extranjeros como el valenciano Martín i Soler trabajaron en la producción de tales óperas.

El primer libreto, para Martín i Soler

El primer gran éxito de Da Ponte como libretista no llegaría hasta su libreto para la ópera basada en una obra de Goldoni, Il Burbero di Buon Cuore (enero de 1786) de Martín i Soler, llegado a Viena en 1785. Según las memorias tardías y no siempre fiables del poeta, el encuentro entre Mozart y Da Ponte había tenido lugar pocos años antes. Tal y como él mismo afirma, desde el principio notó que Mozart estaba «dotado de talentos muy superiores tal vez a los concedidos a cualquiera de los compositores anteriores, presentes y futuros».

La colaboración con Mozart indudablemente facilitaría a Da Ponte su objetivo de triunfar en la lucha que mantenía con el ábate Casti. Ambos querían hacerse con el puesto de poeta de la corte imperial que había quedado vacante tras la muerte de Metastasio.

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El binomio Mozart - Da Ponte

Mozart estuvo buscando un texto operístico en italiano que ofreciera a su música y a sus ideas la posibilidad de desarrollarse a su gusto. Tras repasar más de 100 libretos con actitud crítica no encontró ninguno que le satisficiera.

Los ánimos de Da Ponte, quien por aquel entonces disfrutaba del favor del emperador, disiparon finalmente las dudas del compositor para escribir una ópera sin la garantía del habitual encargo. Parece ser que fue el mismo compositor, aunque se piensa que de algún modo incitado por el poeta, el que propuso la transformación en libreto de la comedia Le mariage de Figaro de Beaumarchais, estrenada en París poco tiempo antes. De aquí surgiría la primera de las tres óperas fruto de la colaboración Mozart-Da Ponte: Le nozze di Figaro, que gracias a la intervención del libretista ante José II fue estrenada en Viena el 1 de mayo de 1786.

Libreto del estreno de la ópera Las bodas de Fígaro en Praga, 1786.

Libreto del estreno de la ópera Las bodas de Fígaro en Praga, 1786.

Foto: CC.

Tras el gran éxito recogido por Mozart en las representaciones de esta obra en Praga en 1787, el compositor recibió el encargo de una ópera por parte de un empresario italiano establecido en dicha ciudad. Mozart acudió entonces a Da Ponte y, según sus memorias, fue el poeta quien eligió el argumento para Don Giovanni, cuyo libreto escribió al mismo tiempo que otros dos con ayuda de café, tabaco y los favores de una joven de dieciséis años.

La última ópera del binomio Mozart - Da Ponte es Cosi fan tutte, cuyo origen no se conoce con claridad aunque se especula que pudo ser una iniciativa del mismo José II, de quien se decía que era misógino. El estreno tuvo lugar en Viena en 1790. La muerte de Mozart en 1791 impediría la posibilidad de nuevas colaboraciones.

El estilo Da Ponte

Es una característica del estilo libretístico de Da Ponte el hacer desaparecer la tradicional ruptura de episodios dramáticos a través del recurso de estrechar la relación entre el recitativo y el aria o el conjunto vocal.

Con el fallecimiento de José II en 1790, Da Ponte comienza un imparable declive en sus éxitos que le obligaron a dejar Viena, viajando a otras ciudades como Praga o Dresde. Tras varios intentos fallidos de volver a la popularidad de épocas pasadas, se trasladó a Londres donde estuvo escribiendo libretos y administrando el King’s Theatre.

Posteriormente, y con la amenaza de un juicio por deudas, no tuvo otra elección que huir de la capital londinense. Partió, junto con su compañera Anna Grahl hacia el que sería su último destino: Nueva York.

Poeta, empresario y vendedor de té

Tras desembarcar en Nueva York, trató de ganarse la vida comerciando con té, tabaco y alcohol. Más tarde abrió una tienda de comestibles y hasta una librería.

Intentó con todas sus fuerzas promover la creación de un teatro de ópera italiana y trabajó siempre con la esperanza de difundir el género operístico, llegando a organizar giras con la música de un Gioachino Rossini desconocido hasta entonces en Estados Unidos. Incluso pudo asistir al estreno americano de Don Giovanni el 23 de mayo de 1826 gracias a la compañía de teatro que lideraba el conocido tenor Manuel García.

En 1830, ya anciano, lleno de recuerdos, vivencias y anécdotas, publicó sus interesantes y novelescas Memorias.

Haré como hombre que tras larga vía
menguar siente el aliento en cuerpo laso;
que, si está anocheciendo, aprieta el paso
hacia morada que ya ver ansía.
Si no puedo seguir la escolta mía,
la seguiré, andando paso a paso,
y cuando poca tierra y mudo ocaso
sean de mis cenizas tumba fría,
un corazón gentil de aquella tierra
ha de regar con lágrimas piadosas
estas semillas que mi alma encierra.

Ocho años más tarde, un 17 de agosto, justo hoy hace 182 años, moría Emanuele Conegliano, mucho más conocido por su pseudónimo: Lorenzo Da Ponte.

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*José Javier Andrés Rigla es profesor de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universidad de Castilla la Mancha. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

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