Intrigas en Roma

Locusta, la envenenadora "oficial" de la élite de Roma

Agripina la Menor, obsesionada por coronar a su hijo Nerón como emperador de Roma, salvó de una condena a muerte a Locusta, una mujer de origen galo, para que la ayudase a acabar con la vida de todo aquel que supusiera un obstáculo para sus ambiciones de poder. Tras la muerte de Nerón, y acusada de más de cuatrocientos asesinatos, Locusta fue condenada a muerte y ejecutada de forma misteriosa.

Locusta prueba en un esclavo el veneno para asesinar a Británico. Joseph-Nöel Sylvestre, 1870-1880.

Locusta prueba en un esclavo el veneno para asesinar a Británico. Joseph-Nöel Sylvestre, 1870-1880. Foto: PD

Roma será siempre recordada por sus grandiosas construcciones, por la creación de leyes en muchas de las cuales se basan las nuestras, por sus pensadores y por la duración y vastedad de su imperio. Pero Roma también ha pasado a la historia por sus políticas a menudo brutales y despiadadas, en las que la traición y el asesinato parecían formar parte del ADN de unos emperadores con un poder absoluto y capaces de cualquier cosa para perpetuarse en el poder. Muchos de ellos hallaron un trágico final a manos de enemigos invisibles ocultos en el interior del complejo entramado burocrático que ellos mismos habían contribuido a crear. Uno de estos nombres oscuros y misteriosos es el de Locusta, una mujer a la que se ha llegado a calificar como la primera asesina en serie de la historia.

Las plantas del mal

De origen galo, parece ser que Locusta llegó a Roma cuando aún era una adolescente, y en seguida se hizo muy popular gracias a sus grandes conocimientos botánicos. Locusta regentaba una tienda de remedios y elixires cerca del monte Palatino, y muy pronto empezaron a acercarse a su humilde establecimiento clientes cuyas intenciones distaban mucho de querer comprar un remedio para aliviar algún dolor. Locusta sabía preparar pociones capaces de acabar con la vida de cualquiera y que nadie sospechara que esa persona había sido envenenada. Roma estaba llena de esposas engañadas, hijos que ansiaban la herencia de sus padres o políticos que pretendía amasar inmensas fortunas por la vía más rápida y segura, y Locusta era la persona perfecta para ayudarles a conseguir sus objetivos a cambio de un generoso pago.

Plantas venenosas. Dibujo. Siglo XIX. 

Foto: Cordon Press

Locusta sabía preparar pociones capaces de acabar con la vida de cualquiera y que nadie sospechara que esa persona había sido envenenada.

Pero el juego de Locusta era sumamente peligroso, y al final la mujer acabó con sus huesos en la cárcel y condenada a muerte. Por suerte para ella, su fama llegó a oídos de una de las persona más importantes de Roma en aquellos tiempos, Agripina la Menor, la madre del futuro emperador Nerón y esposa del emperador Claudio. Descrita por los historiadores como una mujer ambiciosa en extremo y con unas ansías de poder sin límites, Agripina ordenó sacar a Locusta de la cárcel y de inmediato la introdujo en el mundo de las intrigas palaciegas. Agripina tenía prisa y estaba decidida a proclamar emperador a su hijo Nerón lo antes posible y por el medio que fuera. Así, la impaciente emperatriz decidió aprovechar las "dotes" de Locusta para llevar a cabo sus planes. Y esos planes consistían en acabar con la vida de su esposo Claudio (que había adoptado a Nerón como hijo y lo había nombrado su sucesor) y acelerar de este modo el proceso para que su hijo Nerón accediera a la púrpura.

Agripina la Menor, madre del emperador Nerón. Museo Nacional de Varsovia.

Foto: CC

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Una "experta" en palacio

El historiador Tácito cuenta que Agripina "elige a una experta en tales artes llamada Locusta. Con el saber de esta mujer se preparó el veneno y se encargó de servirlo a Haloto, uno de los eunucos, que era quien solía llevarle (al emperador) las comidas a la mesa y probarlas [...]. El veneno se echó en un sabroso plato de setas (que al parecer eran champiñones, el plato favorito de Claudio), y los efectos del tóxico no se notaron en un primer momento, ya fuera por la estupidez de Claudio, ya porque estuviera borracho […]. Una descomposición del vientre había venido en su ayuda. Aterrada por ello, Agripina emplea la complicidad de Jenofonte, el médico. Se cree que este, aparentando ayudarle en sus intentos de vomitar, hundió hasta su garganta una pluma untada en un rápido veneno". Asimismo, la doctora en historia antigua Emma Southon cuenta en Agripina, su libro sobre la emperatriz: "Agripina hizo que la famosa envenenadora Locusta (quien parece que, desde el reinado de Tiberio, estuvo implicada en todos los envenenamientos en las altas esferas) le preparase una ponzoña de acción lenta, pero efectiva. Locusta le entregó unos polvos que la misma Agripina o el probador oficial de Claudio, Haloto, esparcieron sobre unas setas especialmente apetitosas". Al parecer, el veneno empleado fue arsénico.

Busto del emperador Nerón. Gliptoteca de Múnich.

Foto: PD

El veneno se echó en un sabroso plato de setas (que al parecer eran champiñones, el plato favorito de Claudio), y los efectos del tóxico no se notaron en un primer momento, según Tácito.

De nuevo condenada a muerte en el año 55, Locusta volvió a salvarse gracias al perdón imperial de Nerón que a su vez solicitó sus servicios para acabar con la vida de Británico, el hijo que Claudio había tenido con Mesalina. Para evitar posibles sospechas, se decidió envenenar al joven Británico durante un banquete. Al servirle un vino y declarar el joven que estaba excesivamente caliente, la envenenadora aprovechó la ocasión para verter el veneno en el agua que usaron para enfriarlo. En aquel momento, Británico empezó a ahogarse y mientras intentaba respirar sin lograrlo sufrió múltiples espasmos ante la mirada angustiada y atónita de los invitados que no pudieron hacer nada para salvar su vida. Todas las sospechas recayeron de inmediato sobre Nerón, que lo único que dijo al respecto es que Británico había muerto por un ataque de epilepsia.

Mesalina y su hijo Británico. Museo del Louvre, París.

Foto: CC

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Al final, escandalizado por los excesos de Nerón, el Senado se rebeló contra él y lo declaró enemigo público. Tras el suicidio de este, Locusta fue detenida por orden del nuevo emperador, Servio Sulpicio Galba. La envenenadora fue acusada de más de cuatrocientas muertes. El historiador Tácito, que la define como "condenada por inventora de venenos y famosa por sus maldades", cuenta que "halló fin en el reinado de Galba el castigo que merecían sus crímenes". Pero de hecho se desconoce cuál fue el auténtico final de esta mujer. Hay historias sin confirmar (algunas tan estrambóticas como la que cuenta que fue violada por una jirafa amaestrada y después arrojada a las fieras), pero lo más probable es que fuese encadenada y paseada por las calles de Roma y luego estrangulada en el año 69 d.C. Un final poco claro para una mujer envuelta en sombras...