La "superioridad" aria

Las leyes de Núremberg, una legislación contra los judíos alemanes

Aprobadas por unanimidad el 15 de septiembre de 1935, las Leyes de Núremberg fueron una serie de leyes de carácter racista y antisemita en las que se afirmaba que nadie que fuera judío podía tener los mismos derechos que un ario y mucho menos ser considerado alemán.

Foto: CC

La ciudad de Núremberg tuvo un peso importante tanto en el principio como en el final del partido nazi liderado por Adolf Hitler. Todo empezó cuando el 15 de septiembre de 1935, y en el marco del séptimo congreso anual del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Alemán) celebrado en la ciudad, se aprobaban las Nürnberger Gesetze, las Leyes de Núremberg. Era el principio de la terrible pesadilla que sufrieron durante años los judíos alemanes.

Las leyes del horror

Redactadas por el jurista y político alemán Wilhelm Frick, ministro del Interior del Reich, y con el consentimiento de Adolf Hitler y de Julius Streicher, estrecho colaborador de Hitler y reconocido antisemita, estas leyes impedían que el colectivo judío se relacionara racialmente con el pueblo alemán e incluso se les prohibía trabajar. Streicher fue asimismo el responsable de concebir algunas leyes, como las de "purificación racial", que establecían la eugenesia como política oficial del partido. Fue precisamente Julius Streicher quien a través del periódico Der Stürmer, del cual era propietario, ayudó a concienciar a la población alemana de que el judío era una lacra social que "debía ser extirpada como un tumor cancerígeno", tal como explicaba Hitler en Mein Kampf.

Wilhelm Frick, el jurista que redactó las Leyes de Múnich, fue sentenciado a muerte y ejecutado tras la guerra. En la imagen se le puede ver en su celda en 1945.

Wilhelm Frick, el jurista que redactó las Leyes de Múnich, fue sentenciado a muerte y ejecutado tras la guerra. En la imagen se le puede ver en su celda en 1945.

Streicher fue el responsable de concebir algunas leyes, como las de "purificación racial", que establecían la eugenesia como política oficial del partido nazi.

Durante los primeros años del Tercer Reich, la burocracia nazi y sus legisladores no tuvieron el más mínimo escrúpulo a la hora de promulgar leyes antisemitas, y a pesar de que el bando más moderado temía la reacción internacional y el impacto que las posibles sanciones económicas pudieran tener en una economía alemana aún muy frágil, durante los doce años en que el Tercer Reich gobernó en Alemania se promulgaron nada más y nada menos que 400 leyes en las que se prohibía a los judíos las cosas más inverosímiles, desde tocar en una orquesta sinfónica hasta poseer una mascota.

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Rassenschande

De los 503.000 judíos que vivían en Alemania en 1933, en torno a un setenta por ciento lo hacía en grandes ciudades como Berlín y Fráncfort, y aunque muchos jóvenes judíos estaban casados con mujeres no judías, tan solo representaban a un uno por ciento de una población total de 55 millones de personas. Sin embargo, Adolf Hitler los consideraba "enemigos mortales" del pueblo alemán. La denominada Ley para la Protección de la Sangre, el Honor Alemán y la Ciudadanía del Reich incrementó la vulnerabilidad jurídica de los judíos, provocando su aislamiento social. Se declararon ilegales los matrimonios mixtos y se prohibieron los contactos sexuales entre judíos y "arios". Asimismo se prohibió que los judíos pudieran contrataran a mujeres alemanas menores de cuarenta y cinco años como empleadas de servicio doméstico y se impidió que los judíos pudieran hacer uso de la bandera alemana o los colores del Reich.

Oficinas del tabloide Der Stürmer en Gdansk, Polonia, en 1939. Junto a la puerta se exhibe una caricatura antisemita.

Oficinas del tabloide Der Stürmer en Gdansk, Polonia, en 1939. Junto a la puerta se exhibe una caricatura antisemita.

Foto: AP

La Ley para la Protección de la Sangre, el Honor Alemán y la Ciudadanía del Reich incrementó la vulnerabilidad jurídica de los judíos provocando su aislamiento social.

Dado que Hitler creía que las relaciones sexuales siempre eran iniciadas por los hombres, solo éstos podían ser procesados por incumplir las prohibiciones sexuales que establecían estas leyes. En teoría, tanto judíos como individuos "de sangre alemana" podían ser castigados con penas de hasta quince años de prisión por cometer ese nuevo delito denominado rassenschande (que puede traducirse como "corrupción racial"). Esta oleada de medidas contra los judíos hizo necesario definir quién era considerado, o no, "judío". Para la mayor parte de los militantes y oficiales del partido nazi, cualquier individuo que tuviera una sola gota de sangre judía ya podía ser considerado judío y merecía ser perseguido y castigado. Por ese motivo, muchos funcionarios judiciales y del Estado creyeron necesario distinguir entre: olljuden (judíos puros) y mischlinge (mestizo).

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Un sistema "más técnico" de discriminación

Tras los Juegos Olímpicos de 1936, en los que no pudieron participar atletas judíos, los nazis volvieron a la carga en su afán de empobrecer a los judíos exigiéndoles que registraran sus propiedades para luego "arianizar" sus comercios. Esto se tradujo en el despido de todos los trabajadores judíos. Además, todas sus propiedades pasaron a manos de alemanes, que las adquirieron a precios muy bajos, fijados por el partido nazi. Asimismo, a los médicos judíos se les prohibió tratar a pacientes que no fueran judíos y a los abogados judíos no se les permitió ejercer su profesión.

A los médicos judíos se les prohibió tratar a pacientes que no fueran judíos y a los abogados judíos no se les permitió ejercer su profesión.

A partir de entonces, los judíos estuvieron obligados a llevar una identificación especial: una "J" roja impresa. Para que la policía pudiera identificarlos fácilmente, se estableció que todos los judíos varones que no tuvieran un nombre propiamente judío pasasen a llamarse "Israel" y las mujeres, "Sara". Para "facilitar"el trabajo a los funcionarios, se publicaron también unas complejas tablas cuyo objetivo era diferenciar los diversos rasgos de "judaísmo". Cuanto mayor grado tenía un individuo, mayor nivel de discriminación debía soportar. De hecho, las Leyes de Núremberg definen al "judío" como alguien que tiene tres o cuatro abuelos judíos. En consecuencia, los nazis clasificaron como judíos a miles de personas que se habían convertido del judaísmo a otra religión, entre ellos monjas y sacerdotes católicos y pastores protestantes cuyos abuelos habían sido judíos.

Este gráfico traducido al castellano fue publicado por el gobierno nazi en 1935 para explicar los esquemas familiares que determinaban la pureza de sangre.

Este gráfico traducido al castellano fue publicado por el gobierno nazi en 1935 para explicar los esquemas familiares que determinaban la pureza de sangre.

Foto: CC

Una vez elaboradas esas tablas, ya se podía proceder a la persecución de los judíos según unos principios más "técnicos". Con tal fin, se creó un departamento especial con sede en Berlín, encabezado por "especialistas en la persecución a los judíos". Para coordinar el tema, en el otoño de 1936 se constituyó una nueva sección de las SD, el servicio de inteligencia de las SS, para los asuntos judíos con Adolf Eichmann como vicepresidente. Su finalidad era centralizar "todo el trabajo de la cuestión judía desarrollado por las SD y la Gestapo". El 18 de diciembre de 1936 se declaró que el principal objetivo de la policía política sería "la reducción de la influencia judía en todas las esferas de la vida pública, incluida la económica y el fomento de la emigración judía". La "infamia racial", como se dio a conocer, se convirtió en un delito.

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Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, pudo constatarse que "la cuestión judía" se había cobrado la vida de por lo menos seis millones de personas, aunque hay expertos que a esta terrible cifra suman también las víctimas polacas, de pueblos eslavos y a los gitanos, además de a los homosexuales, los disminuidos físicos y mentales y los Testigos de Jehová. Los Juicios de Núremberg sacaron a la luz este atroz y maquiavélico plan que, junto a unas leyes discriminatorias y crueles, pretendió acabar con toda una raza por el mero hecho de considerarla inferior.

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