Primera Guerra Mundial

Leo Frobenius, posiblemente el peor espía de la historia

Leo Frobenius protagonizó una de las acciones de espionaje más inverosímiles llevadas a cabo por el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Con la misión de sublevar a etíopes y sudaneses contra los británicos, este etnólogo, que recibió el burlón sobrenombre del "Lawrence de Arabia alemán", fracasó estrepitosamente en una misión que había de ser secreta y acabó siendo del dominio público.

Retrato de Leo Frobenius realizado entre los años 1890 y 1920. 

Foto: PD

Está claro que el alemán Leo Frobenius no pasará a la historia por ser uno de los espías más brillantes del mundo, aunque él sí tenía un alto concepto de sí mismo, además de unas ansias inagotables de notoriedad. Este controvertido personaje que era etnólogo, arqueólogo y explorador, y que despreciaba a los pueblos a los que quería enfrentar al Imperio Británico durante la Primera Guerra Mundial, es más recordado por sus estrambóticos disfraces y por cartografiar mapas que no llevaban a ninguna parte que por sus más que discutibles dotes de espía. De hecho, este singular "agente secreto" no dudaba en expoliar todos aquellos objetos que atraían su interés y no dudaba en divulgar todo tipo de descubrimientos, a cuál más extravagante.

Etnógrafo por encima de todo

Nacido el 29 de junio de 1873, Leo Viktor Frobenius fue discípulo del geógrafo y zoólogo alemán Friedrich Ratzel, considerado el creador de la antropogeografía. Frobenius ejerció como profesor en la Universidad de Fráncfort, para la cual realizó doce expediciones a través del continente africano entre los años 1904 y 1935. En el transcurso de sus viajes, Frobenius fue adquiriendo abundante material etnográfico que más tarde constituiría la base del Kulturkreis, un círculo cultural alemán defensor de un concepto llamado "difusión transcultural". Esta teoría afirmaba que las culturas que muestran rasgos similares se extienden por difusión o por invasión. Atraído por la investigación, cuando estalló la Primera Guerra Mundial Frobenius acompañó al ejército alemán a Rumanía. Allí pasaría un año entero realizando estudios arqueológicos y etnográficos, además de dedicarse a documentar el comportamiento de los prisioneros de guerra de distintas etnias en el campo de Slobozia. En 1920, Frobenius fundó el Instituto de Morfología Cultural en Múnich, institución que se dedicó a enviar expediciones de jóvenes investigadores a diversos lugares de África y Europa en busca de arte antiguo.

En el transcurso de sus viajes, Frobenius fue adquiriendo abundante material etnográfico que más tarde constituiría la base del Kulturkreis, un círculo cultural que defendía un concepto llamado difusión transcultural.

Terracota de los siglos XII-XV expuesta en la sección de etnología de los Museos Estatales de Berlín.

Foto: PD

Portada del libro en el que se narra la segunda expedición de Leo Frobenius en África (Camino a la Atlántida), publicado en 1911.

Foto: PD

La amistad de Frobenius con el káiser Guillermo II le valió ser escogido para una misión oficial: transportar el correo a la legación alemana en Adis Abeba, la capital de la actual Etiopía, y organizar lo que dio en llamarse "la guerra santa contra los ingleses". Así, Frobenius partió de Berlín con el propósito de convertirse en una especie de Lawrence de Arabia alemán. Su misión era convencer a los etíopes de que invadieran Sudán y organizar alzamientos contra los británicos con el objetivo de poner en peligro su posición en el canal de Suez. Según cuenta Rocío Da Riva, investigadora de la Universidad de Barcelona (UB), en su libro Arqueólogos, etnólogos y espías, Frobenius aceptó la misión no sin antes asegurarse para él una buena suma de dinero, además del rango militar de capitán y una caja cargada de medallas para repartir entre todos aquellos que le echaran una mano en esa titánica tarea.

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Una odisea a ninguna parte

La expedición de Frobenius estaba compuesta por alemanes y turcos, a los que más tarde se unirían once árabes palestinos que, sorprendentemente, constan en los anales de la expedición como jardineros. El grupo atravesó Turquía en tren en los tramos en que podía hacerse, y el resto del camino lo hicieron montados en camello a través de los montes Tauro y de la región de Cilicia. A su llegada a Damasco, Frobenius, para intentar pasar desapercibido, adoptó el nombre de Abdul Karim Pasha, y todos los expedicionarios, vestidos a la usanza árabe, partieron rumbo al mar Rojo. Pero fueron detectados por las patrullas británicas, que estaban al tanto de su llegada, y después por el buque francés Desaix. Así, estos "aprendices" de espía tuvieron que esconderse en las letrinas del dhow (un barco típico de la región) en el que viajaban para no ser descubiertos hasta llegar al puerto de Massawa, en Eritrea, que en aquella época se encontraba bajo control italiano.

A su llegada a Damasco, Frobenius adoptó el nombre de Abdul Karim Pasha, y todos los expedicionarios, vestidos a la usanza árabe para pasar inadvertidos, partieron rumbo al mar Rojo.

Miembros de la expedición de Frobenius en Salatu (Nigeria) en 1911.

Foto: PD

Fotografía de la segunda expedición de Leo Frobenius en África. Año 1911.

Foto: PD

Según continúa explicando la investigadora Rocío Da Riva, la presencia de Frobenius en la región se había convertido en un verdadero incordio que hacía temer a los aliados por la neutralidad italiana, y más aún cuando se le descubrieron unas octavillas en las que conminaba a la población a la "guerra santa". El parlamento italiano ya se hacía eco de las "hazañas" de Frobenius, por lo que la cancillería alemana tuvo que dar por finalizada la misión (que de secreta ya no tenía nada) y negoció tanto con británicos como con italianos y franceses la devolución de aquel grupo de espías inexpertos. Por su parte, Frobenius, ajeno a todas estas decisiones, trató por todos los medios de ponerse en contacto con la legación alemana en Addis Abeba desde el crucero de lujo alemán Christian X, en el cual había embarcado, mientras Edward Grey, el ministro de Asuntos Exteriores británico, autorizaba a los italianos a detener a los alemanes y trasladarlos a Roma (todo ello hizo que el propio embajador alemán en Constantinopla se refiriese a él como un inútil).

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Frobenius no se da por aludido

Pero aquel fiasco no terminó con la carrera de Frobenius. Rocío Da Silva cuenta que, en calidad de etnólogo, a Frobenius el gobierno alemán le encargó hacer de mediador con unos prisioneros de guerra magrebíes que se encontraban detenidos en un campo de concentración cercano a Berlín, donde más tarde se alzaría la primera mezquita en suelo alemán. En 1924 fue asimismo invitado a impartir unas conferencias en Madrid, donde sus ideas acerca de la la expansión de la cultura a través del mundo fascinaron enormemente a José Ortega y Gasset, que las plasmaría en la Revista de Occidente. Pero la de Frobenius no fue la única misión alemana que acabó en fracaso. Posteriormente, el gobierno alemán envió a uno de sus agentes secretos camuflado entre un grupo de bailarinas exóticas, y otro agente alemán disfrazado de árabe fue descubierto en Eritrea por la policía al notar que no tenía callos en los pies, así que dedujeron que siempre había calzado zapatos en lugar de ir descalzo o con sandalias, y, por lo tanto, no era un autóctono.

En 1924, Frobenius fue invitado a impartir unas conferencias en Madrid. Sus ideas acerca de la la expansión de la cultura a través del mundo fascinaron tanto a Ortega y Gasset, que este plasmó sus ideas en la Revista de Occidente.

Imagen de la expedición africana de Frobenius en 1911.

Foto: PD

Imagen de Leo Frobenius tomada el 21 de diciembre de 1928.

Foto: Cordon Press

Poco tiempo después de que Frobenius regresara a Europa estalló la insurrección beduina planeada por el británico T. E. Lawrence. Entonces la pregunta que surge es la siguiente: ¿Por qué el británico triunfó y el alemán no? En palabras de Da Riva: "Hubo demasiada improvisación por parte de Frobenius. No hablaba árabe y, por lo tanto, dependía de los intérpretes locales; tampoco conocía el terreno, y encima la población autóctona no veía con buenos ojos a las comitivas tuteladas por los turcos, a quienes consideraba sus opresores". Pero en realidad, lo que movía a Frobenius no era el patriotismo, sino más bien su obsesivo afán por recopilar objetos de arte paleolítico, una colección de piezas que en la actualidad se exhibe en el Museo Martin-Gropuis de Berlín.

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Genio y figura

Frobenius, en efecto, fue un personaje singular, un excéntrico que viajaba acompañado de dos lechoncillos a los que bautizó como Lieschen y Lottchen. Era un hombre que ansiaba el reconocimiento por encima de todo y ser distinguido con algún que otro título (se ha de recordar que Frobenius ostentaba el cargo de Consejero Secreto del Gobierno Imperial, lo que no le permitía viajar de incógnito). La osadía de Frobenius y su afán de grandes descubrimientos lo llevaron incluso a intentar hacerse con el mérito del hallazgo de las famosas pinturas rupestres de los nadadores del Wadi Sura, en Egipto, pasando por encima de su verdadero descubridor, el conde Almásy (el personaje real de El paciente inglés) .

Frobenius ansiaba el reconocimiento por encima de todo y ser distinguido con algún titulo. Se ha de recordar que ostentaba el cargo de Consejero Secreto del Gobierno Imperial, titulo que no le permitía viajar de incógnito.

En todo caso, no se puede considerar a Frobenius como el "Lawrence de Arabia alemán", ya que, de hecho, hubo otros compatriotas suyos que seguramente lo hicieron mucho mejor. Entre ellos se encuentra Wilhem Wassmuss, más conocido como Wassmuss de Persia, director de la Agencia de Espionaje para el Este establecida por Alemania. Wassmuss organizó la sublevación de las tribus qasqai (un pueblo iraní de habla turcomana) contra los británicos y saboteó oleoductos en 1915, y aunque se pueda considerar que su actuación también dejó bastante que desear, la suya ya es otra historia.