Fotoperiodismo en la II Guerra Mundial

Lee Miller, la mujer que se bañó y durmió en la casa de Hitler

Fotoperiodista de renombre por su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial acabó sus días alcoholizada y deprimida.

Durante los años 1920 trabajó como modelo en Estados Unidos hasta que fue a París y saltó al mundo de la fotografía.

Foto: CC

Hay personas de las que apenas recordamos nada, a veces ni siquiera su nombre. Su pasado nos pasa completamente inadvertido y, sin embargo, esconden no una, sino mil vidas. Este es el caso de la modelo, fotógrafa, periodista y cocinera Lee Miller.

Nacida en 1907, la de Miller no se puede definir como una infancia precisamente apacible. Con tan solo siete años de edad sufrió una violación que la condenó a una enfermedad venérea que arrastró durante varios meses. Por si fuera poco, siendo tan joven, su padre se dedicó a retratarla desnuda, en ocaciones junto a algunas amigas suyas, aunque él siempre defendió que lo hacía con fines artísticos e incluso terapéuticos, para superar el trauma de la violación.

Mucho tiempo después, rondando ya la veintena, su vida daría un cambio cuando un hecho digno de película de tarde (y muy probablemente más leyenda que realidad) marcó su futuro: caminando por las calles de Nueva York, un hombre evitó que la atropellaran. Aquel hombre era Condé Montrose Nast, fundador de la revista Vogue, y que al momento quedó prendado por su belleza. Aquel encuentro le llevó a la portada de la revista y en muy poco tiempo se convirtió en una de las modelos más cotizadas de Estados Unidos. Hasta que en 1928 protagonizó el primer anuncio para la marca Kotex, convirtiéndose en la primera mujer en hacer publicidad de productos de higiene íntima femenina de la historia. Aquello fue un escándalo familiar y nacional, y hay quien considera que fue el punto final de su carrera como modelo.

Lee Miller fue la primera mujer en hacer publicidad de productos de higiene íntima femenina de la historia.

De modelo a fotógrafa

Lo cierto es que Miller no parecía estar especialmente contenta con su trabajo, y estaba decidida a dar el salto al otro lado de la cámara. Pero quería aprender del mejor, de su idolatrado Man Ray. Así que ni corta ni perezosa, hizo las maletas y en 1929 se marchó a París para conocerlo en persona y prácticamente lo obligó a aceptarla como aprendiz.

El roce hace el cariño y la relación profesional acabó convertida en relación sentimental, una relación un tanto tortuosa. Según algunos autores, Man Ray se apropió de algunos de los logros de Lee, y además el artista no llevaba bien la libertad con que actuaba su pareja, por lo que en poco tiempo la relación tocó a su fin.

A Lee Miller se le atribuyen centenares de romances con algunos de los hombres más notables de su época, sin embargo, tan solo dos llegaron al matrimonio con ella. El primero fue el empresario egipcio Aziz Eloui Bey, un hombre con el que mantuvo una relación que le llevó a recorrer África durante una temporada. Pero pronto se cansó y regresó a París, donde conoció al que se convirtió en su segundo esposo, el también artista Roland Penrose.

Vuelta a Vogue

Penrose consiguió que se instalase con él en Londres, donde el destino la devolvió a las oficinas de Vogue. Al principio tan solo trabajó como asistente en los estudios de fotografía, pero poco a poco fue ascendiendo. La Segunda Guerra Mundial había estallado y la revista de moda quería incluir reportajes sobre cómo el conflicto había afectado a las mujeres británicas. Pero aquello a Miller se le quedaba corto, y logró algo que, por entonces, tan solo consiguieron otras tres mujeres estadounidenses: convertirse en reportera de guerra.

Aunque a punto estuvo de perder su puesto a causa de un arresto temporal que sufrió por saltarse las normas para cubrir la liberación de Saint-Malo. De hecho, las únicas fotografías de aquel acontecimiento son las suyas, pues ningún otro fotógrafo pudo acompañar a las tropas.

A partir de entonces comenzó un periplo por una Europa devastada en compañía de su amigo, el también fotógrafo, David E. Scherman, corresponsal de la revista Life. Juntos se convirtieron en algunos de los primeros fotoperiodistas en entrar en el París liberado o dar testimonio gráfico de la liberación de otras ciudades como Rennes. Y es que desde su llegada a Francia, Miller se unió a las tropas aliadas, en la primera línea de combate, y avanzó con ellas hacia Alemania, lo que le permitió ser una de las primeras personas en relatar los horrores de los campos de exterminio una vez liberados. De hecho, logró que la revista Vogue se hiciera eco de tales atrocidades en un reportaje titulado «Believe It, Lee Miller cables from Germany».

Seis corresponsales de guerra que cubrieron las noticias del Ejército de los EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial. Lee Miller es la segunda por la derecha.

Seis corresponsales de guerra que cubrieron las noticias del Ejército de los EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial. Lee Miller es la segunda por la derecha.

Foto: CC

Pero es más, la que probablemente se ha convertido en una de sus fotografías más populares la consiguió colándose en la casa del mismísimo Hitler en Múnich: un retrato de ella misma desnuda bañándose en la bañera del dictador alemán. Según contó ella misma, durmió en su cama y decidió bañarse para desprenderse del polvo y el barro del campo de Dachau. Miller no lo sabía, pero aquel mismo día, mientras Sherman le tomaba la fotografía metida en su bañera, Adolf Hitler se quitó la vida en un búnker de Berlín.

Depresión tras la guerra

Una vez terminada la guerra, y de vuelta en Reino Unido, Miller se sumió en una profunda depresión que algunos achacaron a las escenas que inmortalizó en campos como Dachau o Buchenwal: víctimas de los campos, suicidios de soldados alemanes, etc. Aunque otros señalan que, en realidad, trató de seguir con su vida como fotógrafa de moda y que la depresión llegó después de dar a luz a su hijo, Anthony Penrose. Por un motivo o por otro, lo cierto es que se dio al alcoholismo y dejó de trabajar. Aunque más tarde trataría de refugiarse en el mundo de la cocina.

Por desgracia, esta fue la faceta que conoció su hijo: una madre con serios problemas con el alcohol, nostálgica y depresiva. Anthony ignoró durante mucho tiempo el pasado de su madre, y no lo descubrió hasta después de su muerte a causa de un cáncer de pulmón. En la actualidad él se ha convertido en uno de los autores que lucha por devolver a su madre al lugar que le corresponde en la historia, el de una pionera que fue completamente olvidada hasta el punto de perder su nombre, pues The New York Times se hizo eco de su muerte pero únicamente como Lady Penrose.

* Isaac Alcántara, Juan Jesús Botí y David Omar Saéz son historiadores y conforman el grupo Ad Absurdum que asesora históricamente al programa de televisión El Condensador de Fluzo.

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BIBLIOGRAFÍA

Allmer, P. (2016). Lee Miller. Photography, Surrealism and Beyond. Manchester University Press.
Di Giovanni, J. (2007). «What’s a Girl to Do When a Battle Lands in Her Lap?». The New York Times.
Hilditch, L. (2017). Lee Miller, Photography, Surrealism and the Second World War. From Vogue to Dachau. Cambridge Scholars Publishing.
Hilditch, L. (2018). BELIEVE IT! Lee Miller’s Second World War Photographs as Modern Memorials. Journal of War & Culture Studies. 11, 209-222.
Penrose, A. (1995). The Lives of Lee Miller. Thames & Hudson.
Roberts, H., y Penrose, A. (2015). Lee Miller: A Woman's War. Thames & Hudson.

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