Un hallazgo único

Lee los diarios de Howard Carter relatando cómo descubrió la tumba de Tutankamón

Gracias al trabajo de digitalización del Griffith Institute de Oxford es posible ver y leer los diarios originales del arqueólogo relatando el descubrimiento de la tumba del faraón niño, Tutankamón.

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Foto: Rue des Archives/RDA / Cordon Press

Howard Carter es, sin duda, uno de los arqueólogos más famosos de la historia. Gracias a su tenacidad y esfuerzo, hace ya más de 100 años descubrió la tumba del faraón Tutankamón y todo su tesoro funerario. Una maravilla arqueológica que sigue fascinando a toda la humanidad y que continúa siendo motivo de estudio: desde las causas de su muerte hasta el significado de ciertos objetos con los que fue enterrado en el Valle de los Reyes, las pinturas de sus muros o la presencia de cámaras adyacentes donde podrían existir más tesoros egipcios.

El arqueólogo y egiptólogo más célebre de todos los tiempos nació en Londres, se crió en un pueblo al este de Inglaterra y a los 17 años fue enviado a Egipto para hacer dibujos de los hallazgos del servicio arqueológico británico. Su constante trabajo y el patrocinio de Lord Carnarvon le permitieron hacer el descubrimiento más fabuloso de la historia de la egiptología y para muchos, de toda la arqueología: la tumba de Tutankamón.

Carter apuntaba minuciosamente todo lo que él y su equipo iban investigando, dónde lo encontraban e incluso lo que sentían. Sus diarios, a día de hoy, suponen un documento de incalculable valor que transportan a cualquiera que lo lee a otra época de una manera única.

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Como explicaba recientemente Alberto Lucas López, editor senior de National Geographic y autor de las infografías sobre Tutankamón que ilustraron el número de noviembre de 2022, “el entierro de Tutankamón es el entierro más rico jamás encontrado en el Valle de los reyes. Y gracias a Carter, también es el mejor documentado. Esto me atrapó desde el primer momento. Durante meses el diario de Carter se convirtió en una lectura obsesiva para mí. Una y otra vez. Llegué a describirlo ante mis compañeros como la mejor ‘novela de aventuras’ que había leído en mi vida”.

La buena noticia es que en la actualidad, gracias a la digitalización de los diarios por parte del Griffith Institute de Oxford, cualquiera puede acceder al archivo y leerlos aquí mismo.

Los diarios de Howard Carter son accesibles digitalmente gracias al trabajo del Griffith Institute de Oxford.

Los diarios de Howard Carter son accesibles digitalmente gracias al trabajo del Griffith Institute de Oxford.

El hallazgo de la tumba de tutankamón

"First steps of tomb found" escribió en su diario el día 4 de noviembre. O lo que es lo mismo, "Primeros pasos de una tumba encontrados". Carter no sabía qué encontraría días más tarde, pero sabía que estaba ante algo grande. "[La escalera] era de la naturaleza de una entrada de escalera hundida a una tumba del tipo de la XVIII dinastía", apuntó en su diario.

Para evitar el saqueo de la nueva tumba encontrada, Carter hizo volver a sepultar la entrada e inmediatamente escribió a Lord Carnarvon, quien durante años había financiado los trabajos de Carter en Egipto. La emoción y la impaciencia debieron carcomerle por dentro, pero debía esperar a su mecenas.

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Detalle de la decoración mural del muro xxxx. En ella Tutankamón, sujetado por su ka, abraza al dios Osiris.2573278

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La llegada de Lord Carnarvon aceleró los trabajos y la apertura de la tumba hasta que se llegó a la sala donde se encontraba el rey niño, Tutankamón.

Así describió Carter este histórico momento de la apertura de la tumba: “Naturalmente, hubo cierto suspense entre aquellos presentes que no podían ver cuando Lord Carnavon me preguntó: '¿Puedes ver algo?'. Le respondí que sí, es maravilloso. Después, con precaución amplié el agujero para que los dos nos pudiéramos asomar, con la luz de una linterna eléctrica y una vela”.

A continuación Howard Carter escribió: "Es difícil describir nuestras sensaciones y asombro cuando la mejor iluminación nos mostró una prodigiosa colección de tesoros: entre la oscuridad aparecieron dos extrañas efigies negras de un Rey, con sandalias doradas y blandiendo báculo y maza; lechos funerarios dorados de formas peculiares, con cabeza de león, cabeza de Hathor y bestia infernal; féretros ornamentales incrustados y exquisitamente pintados; flores; vasos de alabastro, algunos hermosamente adornados con loto y papiro; extraños altares negros con una serpiente monstruosa negra saliendo del interior; cofres blancos de aspecto bastante corriente; sillas finamente talladas; bajo nuestros ojos, en el umbral, una preciosa Copa de los Deseos lotiforme de alabastro translúcido; taburetes de todas las formas y diseños, de materiales raros y comunes; y para acabar un caos de piezas de carros dorados entre las que asomaba un maniquí. A primera vista parecía el almacén de la ópera de una civilización perdida. Nos sentimos desconcertados, embargados por una emoción extraña. Nos interrogábamos uno al otro sobre el significado de todo aquello. ¿Era una tumba o un mero depósito? Una puerta cerrada entre las dos estatuas centinelas demostraba que allí detrás había algo más y, con los cartuchos con el nombre de Tutankamón en la mayoría de los objetos que veíamos, había pocas dudas de que se trataba de la tumba de este faraón.

Cerramos el agujero, recolocamos la rejilla de madera que se había puesto sobre la primera puerta, montamos en nuestros burros y volvimos a casa, reflexionando sobre lo que habíamos visto".

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La máscara funeraria de oro y lapislázuli que cubría los hombros y la cabeza de Tutankhamón. Museo Egipcio, El Cairo.

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