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Thomas Edward Lawrence, conocido popularmente como Lawrence de Arabia, ataviado con la indumentaria típica de la zona.

Foto: Cordon Press
Thomas Edward Lawrence, conocido popularmente como Lawrence de Arabia, ataviado con la indumentaria típica de la zona.

Foto: Cordon Press

Curiosidades de la Historia: Episodio 40

Lawrence de Arabia, el británico apasionado por Oriente

Nacido en Gales en 1888, este historiador formado en Oxford y gran conocedor del mundo árabe, Thomas Edward Lawrence se convirtió en el protagonista más famoso de la rebelión árabe contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial gracias, en parte, a las distintas películas que se han realizado sobre su figura.

Nacido en Gales en 1888, este historiador formado en Oxford y gran conocedor del mundo árabe, Thomas Edward Lawrence se convirtió en el protagonista más famoso de la rebelión árabe contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial gracias, en parte, a las distintas películas que se han realizado sobre su figura.

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Thomas Edward Lawrence, nacido en Gales en 1888, era un adolescente introvertido cuando ingresó hacia 1905-1906 en el Jesus College de Oxford; allí fue creciendo su interés por la arqueología y por el Próximo Oriente. A partir de 1909 viajó mucho por el mundo árabe, que entonces dependía del Imperio otomano, y visitó Siria, el Líbano, Palestina, Arabia y Egipto.

Cuando en 1914 estalló la Gran Guerra, Lawrence ya era un experto en la geografía y los aspectos etnográficos de aquellos
territorios; había aprendido muy bien el árabe, del cual conocía incluso algunos dialectos, y había interiorizado tanto las costumbres de los árabes como su mentalidad. Aquel año fue reclutado por el Arab Bureau de los servicios de inteligencia británicos y entró en contacto directo con el jerife Husayn ibn Alí. Miembro de la familia hachemita, Husayn era descendiente del Profeta y protector de los lugares sagrados musulmanes de La Meca y Medina, lo que lo convertía en la máxima autoridad religiosa del mundo sunita después del sultán otomano.

Ingleses y franceses prometieron a Husayn un gran reino árabe si era capaz de lograr que sus compatriotas se alzaran contra los turcos –aliados de Alemania–, e incluso insinuaron al jerife la posibilidad de apoyar su candidatura a un futuro califato.

Una guerra en el desierto

Husayn estaba en contacto directo con el alto comisario británico de Egipto, Henry McMahon. Juntos decidieron crear un contingente de combatientes árabes voluntarios en el que participaron varias tribus beduinas, para el cual el teniente Lawrence –ascendido al grado de capitán y más tarde de coronel– debía actuar como political officer, «consejero militar». El 10 de junio de 1916, Husayn lanzó una proclama al pueblo árabe llamándolo a la rebelión contra el sultán, proclama que halló eco debido a los intentos otomanos por exigir la asimilación forzosa a su cultura de los pueblos de su imperio, lo que incluía, por ejemplo, la imposición de la lengua turca.

Gracias al valor de los insurgentes, las fuerzas armadas del sultán fueron doblegadas en menos de un año: en marzo de 1917, el general Frederick S. Maude entraba como vencedor en Bagdad al frente de la Fuerza Expedicionaria de Mesopotamia; en julio, los rebeldes árabes conquistaban Aqaba, en el mar Rojo, y en diciembre el general Edmund H. Allenby tomaba Jerusalén al frente de la Fuerza Expedicionaria Egipcia, mientras Faysal hacía una entrada triunfal en Damasco.

Durante todo este tiempo, Lawrence actuó como consejero de Faysal, uno de los cuatro hijos de Husayn y el único que poseía el carisma necesario para encabezar la revuelta. Sin embargo, las cosas no eran fáciles para aquel oficial británico de corta estatura (medía 1,66 metros) pero fornido que, vestido con ropas árabes y montado en camello, hostigaba a los otomanos con tácticas guerrilleras. Éstas se centraban en golpes de mano contra el ferrocarril del Hi^yaz, que unía Damasco, la capital intelectual y política del mundo árabe, con la ciudad sagrada de Medina, y que era un elemento básico para movilizar las tropas otomanas en Arabia.

El primer éxito

Al principio, después de que Lawrence se uniera a las fuerzas de Faysal en octubre de 1916, la guerra no marchó bien. Por una parte, la red ferroviaria turca del Hi^yaz, continuamente interrumpida, siempre se restablecía; por otro lado, los jefes de las tribus beduinas rebeldes se enfrentaban una y otra vez. Lawrence tenía que ponerse de acuerdo con todos y cada uno de ellos, y no era fácil transmitirles la sensación de que eran los protagonistas del conflicto, ya que los altos mandos británicos no parecían muy interesados en el escenario militar del Hi^yaz.

Lawrence necesitaba un éxito que le diese importancia, y lo encontró en la espectacular conquista del puerto de Aqaba, el 6 de julio de 1917. Esta acción no causó daños graves a la estructura militar otomana, ni fue considerada importante por los altos mandos británicos, pero tuvo gran trascendencia para el mundo árabe: gracias a ella, Lawrence se ganó la estima de los árabes beduinos y ascendió a la categoría de mito. Por un momento casi eclipsó, entre aquéllos, la popularidad de Faysal.

Sin embargo, las cosas empeoraron enseguida. Comenzó un período de mal tiempo, de tormentas de arena que retrasaron e impidieron las operaciones. Los conflictos entre
los jeques se reanudaron con violencia. Muchos de ellos jugaban a dos bandas y se sabía que recibían dinero tanto de los ingleses como de los turcos; antes de la guerra el gobierno otomano los consideraba unos ladrones, y en el fondo se seguían comportando así –más que como rebeldes–. La guerra de Husayn y de Faysal por un watan o Estado árabe libre y unido
no existió nunca, no podía ser realmente la suya. Los jeques beduinos no combatían ni por deber ni por ideales, sino por la gloria, por el dinero, por placer, por fidelidad a los príncipes que amaban y admiraban, por el bienestar de su tribu. En este contexto, Lawrence se
dio cuenta de que la toma de Aqaba había sido
inútil, y pidió que le asignaran otra misión. Pero el general sir Edmund Allenby, que en junio había asumido el mando de la Fuerza Expedicionaria Egipcia, consideraba que Lawrence había realizado un magnífico trabajo y lo volvió a enviar con Faysal.

La humillación

Con éxito desigual, Law-rence intentó coordinar los ataques de los árabes y el avance de las tropas de Allenby hacia el norte. Fue durante este período, en noviembre de 1917, cuando los turcos lo capturaron mientras reconocía el terreno alrededor del nudo ferroviario de Dara, al sur de Damasco; logró escapar, pero antes fue torturado y, al parecer, violentado sexualmente. Lo que sucedió no se ha sabido nunca, pero marcó de forma indeleble a Lawrence: «En medio de un dolor que me volvía loco, entregué la única posesión con la que nacemos: la integridad de mi cuerpo», escribió en una carta a Charlotte Shaw; «es un asunto imperdonable, una posición irrecuperable, y es lo que me hizo renunciar a una vida decente y al ejercicio de mis nada deleznables ingenios y talentos».

La humillación de Lawrence se ha vinculado con lo que pasó en Tafas doce meses después, en septiembre de 1918. En aquella población, los turcos asesinaron a mujeres y niños y remataron a combatientes árabes heridos. Cuando los insurgentes los derrotaron no tuvieron piedad, y masacraron a los turcos capturados. Lawrence dio la orden de no hacer prisioneros, quizá movido por un afán de venganza personal que se confundía con el anhelo de venganza de sus camaradas árabes.

Muy poco después del episodio de Dara, el 9 de diciembre de 1917, Allenby entraba en
Jerusalén al mando de las tropas británicas y de las facciones árabes. Tras conquistar la Ciudad Santa ya no se podía perder más tiempo: había que dirigirse a Damasco, el corazón político del mundo árabe. Y eso hicieron las fuerzas de Faysal, mientras Lawrence se prodigaba en sus ataques al ferrocarril. El 3 de octubre de 1918, el hijo de Husayn entraba en Damasco. En ese momento, las cosas se complicaron de verdad.

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Victoria y desengaño

En mayo de 1916, mediante el acuerdo de Sykes-Picot, franceses e ingleses se habían repartido en secreto el Imperio otomano: los primeros se reservaron Siria (incluida Damasco) y el Líbano; los segundos, el territorio situado más al sur. Allí podrían gobernar bajo su tutela los hachemitas, la dinastía de guardianes de los lugares sagrados del Islam: el jerife Husayn y sus hijos Faysal y Abdullah.

Faysal era un líder militar indiscutido, hablaba perfectamente inglés y los consejeros militares lo trataban con respeto. Pero le habían escondido muchas cosas, especialmente una: los acuerdos entre franceses e ingleses. Faysal nunca llegaría a dirigir el gran Estado que los árabes esperaban obtener como recompensa por su rebelión contra los otomanos, un reino cuya corona debía ostentar Faysal y cuyas fronteras tenían que extenderse desde Arabia hasta Siria. En Damasco, Faysal se proclamaría rey el 11 de marzo de 1920, pero los franceses lo expulsaron de Siria sin contemplaciones.

Lawrence, que como agente de inteligencia tenía que estar al corriente de todo, ¿en qué situación se encontraba? Para unos, hacía tiempo que ya no pensaba como un occidental, y aún menos como un oficial de Su Majestad Británica: su corazón estaba con los hombres del desierto. Para otros, siempre fue un funcionario del servicio de inteligencia británico, y lo que provocó que sus convicciones vacilaran y su comportamiento no resultara transparente era más bien su carácter inestable. Los beduinos, cuando lo amaban y lo temían e incluso cuando, decepcionados, empezaron a dudar de él (aún hoy en el mundo árabe muchos lo consideran un hipócrita, un traidor) lo llamaban Aurans Iblis, «Lawrence el Diablo».

Hay muchas opiniones sobre el comportamiento de Lawrence inmediatamente después del final de la guerra. Muchos biógrafos lo describen triste, frustrado, consciente de que los árabes lo consideraban cómplice de la traición que habían sufrido por parte de los ingleses. Otros creen que estaba interpretando un papel: había cumplido siempre el que consideraba su deber de oficial y funcionario británico y sabía acallar sus sentimientos.

En 1919 –en ocasiones vistiendo como un árabe– participó en la conferencia de paz de París como miembro de la delegación de Faysal, quien vio cómo los vencedores de la Gran Guerra rechazaban sus reivindaciones políticas. Después volvió a Inglaterra, y durante un cierto tiempo se aprovechó de su nombre y del recuerdo de sus hazañas, publicando artículos y fotografías y subrayando su relación con el general Allenby; más tarde, colaboró con Winston Churchill como asesor para la Oficina Colonial del Gobierno británico, pero no le gustaba el trabajo burocrático.

También se ocupó de Siria, que ya había entrado en la órbita colonial francesa, pero en este aspecto su actitud tampoco resultaba clara. Amaba Francia, conocía bien el francés, incluso traducía libros de esta lengua; pero quizás, en tanto que amigo de Faysal, no había olvidado cómo fue expulsado de Damasco el príncipe hachemita y, según algunas opiniones, Lawrence, como respuesta, fomentaba la revuelta siria contra los franceses.

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Sin embargo, no parece que en aquellos años se sintiera demasiado cómodo. Los servicios británicos ya no lo necesitaban, y Ias sospechas que rodeaban su figura en el mundo árabe hacían que resultara inservible en el Próximo Oriente. Por estos motivos intentó desaparecer durante un tiempo, alistándose como piloto de la RAF con el seudónimo de John Hume Ross, pero incluso con esta identidad fue identificado y apartado del cargo en 1923. Cambió otra vez de nombre y, como Thomas Edward Shaw, sirvió un año en el Real Cuerpo de Tanques. En 1925 fue readmitido en la RAF y enviado a la India, pero en 1928 tuvo que volver a Inglaterra
acompañado de una fama contradictoria: por una parte, su libro Los siete pilares de la sabiduría había obtenido un gran éxito; por otra, parece que se le acusaba de actividades de espionaje. Se retiró entonces a una pequeña propiedad que tenía en Chingford, y permaneció en la RAF hasta ser licenciado en marzo de 1935. Mientras tanto, se dedicó a la literatura medieval de caballerías, uno de sus intereses.

Otra de sus pasiones era la motocicleta. Era un magnífico motorista, y a ello debió su muerte: falleció el 19 de mayo de 1935 tras un accidente de moto en Dorset, a los 46 años. También sobre su final se ciernen algunas dudas: según ciertas informaciones, se había acercado a algunos personajes del mundo político nacionalista inglés y su muerte fue en realidad un falso accidente, con el cual se quiso eliminar a un posible futuro líder.

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