pintura contemporánea

Lawerence Alma-Tadema, el pintor del mundo clásico

Lawrence Alma-Tadema fue uno de los pintores más importantes del siglo XIX, un gran especialista en recrear sobre todo el lujo y la decadencia de Roma, y sus magníficos interiores de mármol y bronce. Alma-Tadema destacó por su maestría a la hora de representar con gran detalle la arquitectura y el vestuario de siglos pasados: el telón de fondo perfecto para comprender la vida cotidiana de la Antigüedad.

Sir Lawrence Alma-Tadema. Autorretrato.

Sir Lawrence Alma-Tadema. Autorretrato. Foto: Cordon Press

Exotismo, mitos clásicos, la vida en el mundo antiguo... Griegos, romanos, egipcios, incluso merovingios, fueron los protagonistas de la mayoría de las obras del pintor británico de adopción Lawrence Alma-Tadema, fallecido el 25 de junio de 1912.Alma-Tadema fue un apasionado de la Antigüedad, un amante de los lugares exóticos y de la mitología. Sus cuadros, realizados con una técnica exquisita, de gran realismo, contenían un asombroso lujo de detalles, un preciosismo increíble en la representación de las texturas del mármol y del metal. Alma-Tadema logró que el espectador victoriano (como el actual) quedara fascinado por esas imágenes de la vida cotidiana de hace milenios. Como dijo de él el crítico británico Cosmo Monkhouse: "Alma-Tadema supo reconstruir no solo las ciudades enterradas, sino resucitar a sus habitantes de la tumba".

De abogado a artista

Hijo de un reputado músico y notario de pueblo, Lawrence Alma-Tadema nació el 8 de enero de 1836 en la pequeña localidad de Dronrijp, en los Países Bajos. Con tan solo cuatro años, su padre murió dejando a la madre de Lawrence, que era su segunda esposa, al cargo de sus cinco hijos. Era una mujer con grandes inclinaciones artísticas, por lo que inculcó en sus hijos el amor por el dibujo. A los quince años, a Lawrence le diagnosticaron una tuberculosis que estuvo a punto de costarle la vida. Así, a pesar de que la carrera del joven en principio estaba encaminada a la abogacía, durante su convalecencia se le permitió hacer lo que siempre le había gustado y para lo que tenía un don especial: dibujar y pintar. Por fortuna, Lawrence recuperó la salud y en 1852 ingresó en la Real Academia de Amberes, donde estudió con el reconocido artista belga Egide Charles Gustave Wappers.

A pesar de que la carrera de Lawrence en principio estaba encaminada a la abogacía, durante su convalecencia se permitió al adolescente hacer lo que siempre le había gustado y para lo que tenía un don especial: dibujar y pintar.

A finales de 1855, Lawrence se convirtió en ayudante del pintor belga Louis De Taeye, y aunque este no era uno de los pintores más destacados del momento, su joven alumno sentía una gran admiración por él y trabajaron juntos durante tres años. De su maestro, Lawrence aprendió la precisión histórica que en el futuro sería un elemento inconfundible de su obra. En 1858, Lawrence se trasladó a Leeuwarden para trabajar con uno de los pintores más respetados del país: Jan August Hendrik Leys. Bajo su dirección, Alma-Tadema pintó su primera obra importante: La educación de los hijos de Clodoveo (1861). A pesar de que este cuadro impresionó a los críticos cuando se exhibió en el Congreso Artístico de Amberes, así como al propio Leys, este criticó el tratamiento que el joven había dado al mármol, al que despectivamente comparó con el queso. Aquella crítica espoleó a Lawrence para intentar adquirir una técnica impecable a la hora de pintar el mármol y el granito jaspeado. Su intención a partir de entonces fue ser el mejor en ese aspecto.

La educación de los hijos de Clodoveo. Alma-Tadema. 1861.

La educación de los hijos de Clodoveo. Alma-Tadema. 1861.

Foto: PD

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Matrimonio y viudez

A pesar de que Lawrence Alma-Tadema se sentía muy atraído por los merovingios, estos no tenían gran tirada a nivel internacional así que ni corto ni perezoso decidió cambiar los temas de sus obras. A partir de entonces empezó a recrear la vida en el antiguo Egipto, algo que era mucho más atractivo para el público en general. El año 1863 representó un punto de inflexión en la vida del artista, que empezaba a disfrutar ya de cierto reconocimiento. Por un lado, el 3 de enero murió su madre y el 24 de septiembre se casó con Marie-Pauline Gressin, la hija de Eugene Gressin, un conocido periodista francés, con la que tendría dos hijas. De hecho, y aunque la relación al parecer fue buena, el artista holandés hablaría muy poco de su esposa, y de hecho la joven solo aparece en tres de sus óleos. La luna de miel que la pareja pasó en Italia despertaría aún mas la fascinación de Alma-Tadema por el mundo clásico, sobre todo tras visitar Pompeya, que por aquel entonces comenzaba a descubrirse, lo que le permitió profundizar en los diversos aspectos de la vida cotidiana en una ciudad romana de provincias: desde la manera en que vestían sus habitantes hasta lo que hacían poco antes de la erupción del monte Vesubio.

El beso. Alma-Tadema. 1861.

El beso. Alma-Tadema. 1861.

Foto: Cordon Press
Regreso del mercado. Alma-Tadema. 1865.

Regreso del mercado. Alma-Tadema. 1865.

Foto: Cordon Press

La luna de miel que la pareja pasó en Italia despertaría aún mas la fascinación de Alma-Tadema por el mundo clásico, sobre todo tras visitar Pompeya, que por aquel entonces comenzaba a descubrirse.

En 1864, Alma-Tadema conoció a Ernest Gambart, el marchante de arte más influyente del siglo XIX, quien pronto quedaría gratamente impresionado con la obra del artista, que por aquel entonces pintó el cuadro Ajedrecistas egipcios (1865). Gambart pronto se dio cuenta del don que tenía Alma-Tadema y le encargó veinticuatro cuadros con la condición de que tres de ellos se exhibieran en Londres. Pero entonces, cuando parecía que a nivel profesional todo le sonreía, la muerte de su esposa en 1869 a causa de la viruela sumió al artista en la tristeza más absoluta. Tanto que incluso abandonó la pintura durante cuatro años y empezó a tener serios problemas digestivos que los médicos no supieron diagnosticarle. Al final, aceptando el consejo de Gambert, Alma-Tadema se trasladó a Londres para recibir otra opinión médica y allí, durante una velada artística en casa del pintor Ford Madox Brown, conoció a Laura Theresa Epps, una joven de diecisiete años de la cual se enamoró a primera vista.

Ajedrecistas egipcios. Alma-Tadema. 1865.

Ajedrecistas egipcios. Alma-Tadema. 1865.

Foto: PD

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Éxito en Londres

El estallido de la guerra franco-prusiana en julio de 1870 y el amor que sentía por Laura decidieron a Alma-Tadema a instalarse definitivamente en Londres. Al exponer sus razones para la mudanza, al pintor simplemente dijo: "Perdí a mi primera esposa en 1869, una dama francesa con quien me casé en 1863. Habiendo siempre tenido una gran predilección por Londres, el único lugar donde hasta entonces mi trabajo se había encontrado con compradores, decidí dejar el continente e ir a instalarme a Inglaterra, donde he encontrado un verdadero hogar". Durante una de las clases de pintura que impartía a su querida Laura, el artista le propuso matrimonio a lo cual el padre de la joven se negó. A pesar de la oposición paterna, la pareja se casó en julio de 1871. Laura a partir de entonces aparece en numerosas obras de Alma-Tadema como en Las mujeres de Amphissa (1887).

El estallido de la guerra franco-prusiana en julio de 1870 y el amor que sentía por Laura decidieron a Alma-Tadema a instalarse definitivamente en Londres.

Una vez en Inglaterra, los éxitos empezaron a sucederse para Alma-Tadema. Convertido en el único artista que pintaba cuadros con una clara tendencia clásica, el Art Journal lo definió como "el pintor brillante que todos admiran". En 1879, Alma-Tadema fue nombrado académico de pleno derecho y tres años más tarde se organizó una gran retrospectiva de toda su obra en la Grosvenor Gallery de Londres en la que se incluyeron algunas obras como su famosa Rivales inconscientes (1893). Otra de sus pinturas más emblemáticas es Las rosas de Heliogábalo (1888), que se basa en un episodio de la vida del denostado emperador romano Heliogábalo: se dice que durante un banquete sofocó a sus invitados bajo una cascada de pétalos de rosas.

Rivales inconscientes. Alma-Tadema. 1893.

Rivales inconscientes. Alma-Tadema. 1893.

Foto: PD
Las rosas de Heliogábalo. Óleo por sir Lawrence Alma-Tadema. 1888.

Las rosas de Heliogábalo. Óleo por sir Lawrence Alma-Tadema. 1888.

Foto: Cordon Press

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El final del pintor del mundo clásico

La mala salud de Alma-Tadema, así como su obsesión por la decoración de su nueva casa, redujeron su producción artística, pero no así sus exposiciones, que le valieron innumerables elogios y galardones. Así, le fue concedida la medalla de honor en la Exposición Universal de París de 1889, también fue elegido miembro honorario de la Sociedad Dramática de la Universidad de Oxford en 1890, galardonado con la Gran Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Bruselas de 1897, y en 1899 se le otorgó el título de sir (caballero).

El descubrimiento de Moisés. Alma-Tadema. 1904.

El descubrimiento de Moisés. Alma-Tadema. 1904.

Foto: Cordon Press
Píramo y Tisbe. Alma-Tadema. 1906.

Píramo y Tisbe. Alma-Tadema. 1906.

Foto: Cordon Press
Una costumbre favorita. Alma-Tadema. 1909.

Una costumbre favorita. Alma-Tadema. 1909.

Foto: Cordon Press

A pesar de que tras su muerte la obra de Alma-Tadema fue relegada al olvido, e incluso ridiculizada, actualmente ha regresado a la vida y al primer plano de actualidad, y está considerada como una de las más importantes del siglo XX.

Su última obra, Preparación en el Coliseo (1912), no hizo otra cosa que aumentar su popularidad, pero el 15 de agosto de 1909 la desgracia volvió a cebarse en el pintor. Su amada Laura falleció y, a pesar de que Lawrence había pasado una temporada en el Kaiserhof Spa de Wiesbaden acompañado de su hija para tratar su persistente dolencia estomacal, no tardaría en seguir los pasos de segunda esposa y moriría tres años después. A pesar de que tras su muerte la obra de Alma-Tadema fue relegada al olvido, e incluso ridiculizada por muchos críticos, actualmente ha vuelto a la vida con todos los honores y está considerada como una de las producciones artísticas más importantes del siglo XX. Hoy casi nadie pone en duda que Lawrence Alma-Tadema fue, sin ningún género de dudas, uno de los artistas del siglo XIX que mejor supo plasmar la vida cotidiana en la Antigüedad.