Dioses de piedra

El hallazgo de las colosales cabezas olmecas de piedra en La Venta

En 1940, el arqueólogo Matthew Stirling sacó a la luz las gigantescas esculturas de la cultura más antigua de Mesoamérica

iStock jejim

iStock jejim

Cabeza olmeca encontrada en La Venta. Museo de Villahermosa.

Foto: iStock, jejim

Corría la década de 1930 cuando el arqueólogo y antropólogo estadounidense Matthew Stirling, que había llevado a cabo expediciones por todo el mundo, desde Nueva Guinea hasta Ecuador, centró su actividad investigadora en México. En uno de sus viajes tuvo noticia de un misterioso hallazgo: una cabeza colosal localizada en el yacimiento de Tres Zapotes, cerca de Tuxtla, en el Estado de Veracruz. 

La había descubierto muchos años antes, en 1862, José María Melgar Serrano, explorador, buscador de antigüedades y periodista mexicano. Melgar se hallaba en Veracruz comprando objetos antiguos cuando un campesino le informó de que había encontrado una escultura monumental. Asombrado por las dimensiones y la factura de la obra, Melgar publicó su descubrimiento en 1869 y especuló con que representara a los etíopes que habrían vivido antiguamente en América, aunque también advertía: «me guardo muy bien de afirmar nada; no soy más que un aficionado...». 

Primera incursión 

En 1939, Matthew Stirling, deseoso de observar la enigmática cabeza, organizó la primera expedición científica a Tres Zapotes. Su ayudante, Clarence Weiant, se adelantó para montar el campamento e informó puntualmente a Stirling de su accidentado viaje: «Querido doctor Stirling, todavía no he llegado a Tres Zapotes pero ya estoy cerca. Ayer llovió intensamente y tuvimos que recorrer cada centímetro del camino a través del barro». Cuando Stirling llegó a Tres Zapotes pudo contemplar por fin el objeto que tanto le había obsesionado: la cabeza semienterrada que Melgar había descrito unos setenta años antes. Durante la campaña, el equipo desenterró el monumento, que fotografió y documentó exhaustivamente, y también dejó al descubierto altares y estelas con inscripciones calendáricas, como la Estela C, que contiene la fecha en numeración maya más antigua conocida hasta entonces: 3 de septiembre del año 32 a.C. La temporada de lluvias marcó el final de la campaña, pero estaba claro que el yacimiento tenía aún mucho que contar. 

San Lorenzo Colossal Head 1  Discovered partially buried at the edge of a gully by Matthew Stirling (L) in 1945

San Lorenzo Colossal Head 1 Discovered partially buried at the edge of a gully by Matthew Stirling (L) in 1945

Matthew Stirling trabajando en una de las cabezas colosales descubiertas en el yacimiento de San lorenzo, Veracruz.

Foto: Wikimedia Commons

Al año siguiente, en 1940, Stirling organizó otra expedición para inspeccionar yacimientos cercanos a Tres Zapotes, como La Venta, en el Estado de Tabasco. Stirling tenía interés en este yacimiento, puesto que en 1925 los antropólogos Frans Blom y Oliver La Farge habían informado del descubrimiento allí de otra cabeza colosal en piedra y de un altar, que también habían atribuido a los mayas. Tras un emotivo reencuentro con los trabajadores que habían colaborado con él en Tres Zapotes, Stirling dio las últimas instrucciones al equipo que permanecería allí y partió hacia La Venta. 

A través de la jungla 

El arqueólogo llegó a Coatzacoalcos, un importante centro de comercio de caoba y plátanos, y con un lucrativo futuro petrolífero. Stirling y los suyos llegaron a un campamento de la compañía petrolera que tenía la concesión de los yacimientos de la zona. Fueron acogidos con gran hospitalidad, les invitaron a una reconfortante cena y les facilitaron guías y porteadores que les dejaron en La Venta tras hora y media de penosa marcha a través de la selva y las zonas pantanosas. 

La Venta Altar 5 (Ruben Charles)

La Venta Altar 5 (Ruben Charles)

Altar olmeca con una figura masculina que sostiene a un niño en sus brazos, procedente de La venta. Museo de Villahermosa.

Foto: Wikimedia Commons, Charles Ruben

Cuando llegó, Stirling quedó impresionado por la magnitud del yacimiento, y enseguida pudo ver el maravilloso altar mencionado por Blom y La Farge, pero no halló ni rastro de la cabeza colosal. Sin ocultar su decepción, Stirling empezó a estudiar los altares. El número 2 resultó ser de una factura bellísima, con grabados en la parte posterior que mostraban a dos adultos sosteniendo cada uno a un niño; una figura masculina emergía de la parte frontal. Stirling escribió que aquel era «uno de los mejores ejemplos de escultura de la América aborigen... Es probable que el significado real de la composición sea terrible y sugiera un sacrificio infantil». Sin embargo, Stirling seguía decepcionado: «Desenterramos piedra tras piedra, pero nadie parece conocer la ubicación de la cabeza colosal. Empezamos a pensar que de alguna manera misteriosa el objeto se ha perdido por completo». 

La Venta Mosaic (Ruben Charles)

La Venta Mosaic (Ruben Charles)

Mosaico de serpentina que representa una máscara estilizada de jaguar. 4x5 metros. La venta, Museo de Villahermosa.

Foto: Wikimedia Commons, Charles Ruben

El poco tiempo de que disponía para realizar la excavación obligó a Stirling a dividir su equipo en varios grupos para abarcar zonas diferentes. Por fin, alguien gritó: entre la vegetación se adivinaba una gran superficie plana. La sorpresa fue mayúscula cuando lo que parecía otro altar se convirtió en una fabulosa cabeza, cuyos rasgos eran innegablemente similares a los de la cabeza de Tres Zapotes. 

Rostros sonrientes 

El júbilo en el campamento hizo que el cansancio acumulado se esfumara. Todos trabajaron con ahínco para liberar la cabeza de la tierra y de las raíces que la atenazaban. Stirling observó que «una perforación atravesaba la cabeza colosal, empezando en la oreja izquierda y terminando en el centro de la boca. Esto sugiere la posibilidad de que algún antiguo sacerdote quizás haya hablado al oído de la gran cabeza y su voz aparentaría emerger de la boca de la deidad representada». Pero no era ésta la única sorpresa que ocultaba la vegetación; otro trabajador indicó que había divisado dos piedras más entre la espesura de la jungla. Stirling y su equipo cogieron los machetes y le siguieron con el corazón en un puño: «ahí estaba la cabeza colosal de Blom, la que ya casi habíamos perdido toda esperanza de localizar». La cabeza era más grande que la de Tres Zapotes, pero parecía ser obra de las mismas manos. 

iStock fergregory

iStock fergregory

Cabeza olmeca procedente de La Venta. Museo de Villahermosa.

Foto: iStock, fergregory

La jornada estaba siendo intensa, inolvidable, pero aún guardaba más sorpresas. Un niño del pueblo condujo al emocionado arqueólogo hasta otras tres piedras. El grupo volvió al campamento antes de que anocheciera para planificar minuciosamente los dos últimos días de trabajo; debían regresar a tiempo al punto de encuentro ya que, si no, la lancha zarparía sin ellos. En el tiempo que les quedaba continuaron trabajando con ahínco: «Una a una las cabezas salieron a la luz, cada una distinta a las otras... La quinta y última cabeza desenterrada en La Venta mostró su agradecimiento al obsequiarnos con una radiante sonrisa... En total, veinte monumentos de piedra labrada fueron la recompensa a nuestros esfuerzos, entre ellos varios de los mejores ejemplos de talla de piedra jamás descubiertos en la antigua América». Los descubrimientos de Stirling en Tres Zapotes y La Venta llevaron a muchos estudiosos, entre ellos el propio arqueólogo estadounidense, a replantearse la autoría de estas sorprendentes obras. 

La cultura madre 

Hasta entonces las cabezas colosales se habían atribuido a los mayas, pero los hallazgos de Stirling demostraban que eran más antiguas. Se concluyó, pues, que sus autores fueron los olmecas, un antiguo pueblo mesoamericano que dominó la región entre 1400-400 a.C. En 1942, en un congreso celebrado en Tuxtla Gutiérrez, los investigadores debatieron sobre si la cultura olmeca era una variante tardía de los mayas o bien cabía considerarla, según creía Stirling, como el sustrato de todas las culturas mesoamericanas. Los hallazgos posteriores acabaron confirmando la teoría de Stirling y proclamaron a los olmecas como la cultura madre de Mesoamérica. Hay más dudas sobre qué representaban exactamente las célebres cabezas, aunque hoy se cree que eran retratos de los gobernantes olmecas.