El primer vuelo espacial tripulado

Laika, la perra astronauta que salió al espacio exterior

Entre los grandes nombres de la carrera espacial, hay uno incluso más conocido que el de muchos astronautas. Se trata de Laika, la perra que tripuló el satélite Sputnik 2 convirtiéndose en la primera criatura de la Tierra en llegar al espacio, al precio de su vida.

Laika

Foto: Cordon Press

“Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No deberíamos haberlo hecho... lo que aprendimos de esa misión no fue suficiente como para justificar la muerte de la perra”. Así lamentaba 30 años después Oleg Gazenko, uno de los científicos del programa espacial soviético, la decisión de haber enviado al espacio a Laika, la perra que se convirtió en la primera astronauta de la Tierra, y que pagó ese indeseado honor con su vida.

El 4 de octubre la URSS consiguió poner en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1; y un mes después la primera nave tripulada, el Sputnik 2.

Era el año 1957 y la URSS se preparaba para celebrar el 40º aniversario de la Revolución Bolchevique. El 4 de octubre los soviéticos consiguieron poner en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, pero las presiones de la carrera espacial llamaban a algo más espectacular: había que llevar a una persona al espacio. Sin embargo eso era demasiado peligroso todavía, ya que los sistemas de soporte vital de las naves estaban lejos de ser fiables y, a pesar de los equipos de entrenamiento, se sabía demasiado poco sobre los efectos reales que podría tener la puesta en órbita y posterior regreso para el cuerpo humano.

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Aunque el lanzamiento del Sputnik 1 había permitido a los soviéticos anotarse el primer gol en la carrera espacial, el dirigente Nikita Kruschov quería algo aún más espectacular para alardear de las proezas de la Unión Soviética ante el mundo en el aniversario de la Revolución. Enviar a un astronauta estaba fuera de discusión, ya que si hubiera muerto en la misión el efecto propagandístico habría sido todo lo contrario al deseado.

Los vuelos tripulados por perros ya se habían llevado a cabo con éxito en misiones suborbitales y se planeaba repetir la estrategia en algún momento para los vuelos orbitales.

Los vuelos tripulados por perros ya se habían llevado a cabo con éxito en misiones suborbitales y se planeaba repetir la estrategia en algún momento para los vuelos orbitales. Los candidatos eran perros callejeros, a los que se suponía habituados a sobrevivir en condiciones extremas. Pero las directrices eran claras: había que llevar a cabo la misión en noviembre de ese año, por lo que no había tiempo de preparar una nave en condiciones de ser recuperada, sino un satélite como el Sputnik 1, es decir, que fuera puesto en órbita y posteriormente se quemara al precipitarse en la atmósfera. Por lo tanto, el desafortunado can que fuera elegido como tripulante debería ser sacrificado.

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La elección recayó en una perra mestiza en la que se fijaron por su carácter dócil y por ser la que mejor respondía al ser confinada en espacios cerrados. Vladimir Yazdovsky, el director del programa de entrenamiento, dijo de ella que era “tranquila y encantadora”. Le pusieron varios nombres como Limoncito, Ricitos y aquel con el que pasó a la historia: Laika, que significaba “ladradora”, a pesar de su carácter apacible. El equipo sabía que iban a enviarla a su muerte y más de uno, tras la desintegración de la Unión Soviética, manifestó sus remordimientos por haberlo hecho, pero no tenían elección ante las órdenes de Kruschov.

La elección recayó en una perra mestiza, conocida como Laika, en la que se fijaron por su carácter dócil y por ser la que mejor respondía al ser confinada en espacios cerrados.

Laika tenía solo dos años y antes de ser recogida para el programa espacial no había conocido más que el frío de las calles moscovitas. Antes del lanzamiento, Yazdovsky quiso obsequiarla con un poco de felicidad y se la llevó a su casa para que jugara con sus hijos: “Quería hacer algo bueno por ella, ya que le quedaba muy poco tiempo de vida”.

Laika, la primera perra astronauta

Las dimensiones de la cápsula del Sputnik 2 hacían que los perros tuvieran que adaptarse a un espacio muy reducido y pasar por un entrenamiento intensivo en máquinas centrifugadoras que simulaban las condiciones de despegue del satélite.

UPPA/Photoshot / Cordon Press

La misión del Sputnik 2

La tarde del 3 de noviembre (hora de Moscú), el Sputnik 2 fue lanzado desde el cosmódromo de Baikonur, en el actual Kazajistán. El objetivo de la misión era recoger datos sobre las constantes vitales de Laika para observar la reacción de un organismo vivo en una misión espacial. Con anterioridad ya se habían enviado moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), pero no un mamífero. El satélite constaba de un cohete y la cápsula en la que iba la perra, aislada térmicamente del exterior y protegida por paneles contra la radiación.

El objetivo de la misión era recoger datos sobre las constantes vitales de Laika para observar la reacción de un organismo vivo en una misión espacial.

Durante las tres primeras órbitas -cada una de las cuales duraba unos 100 minutos aproximadamente- el funcionamiento del satélite fue normal, pero en la cuarta la temperatura empezó a aumentar rápidamente a causa de un fallo en el sistema de control térmico. Laika murió poco después a causa de un paro cardíaco provocado por la hipertermia, aunque la versión difundida por las autoridades soviéticas sostenía que el Sputnik llevaba equipo para eutanasiarla cuando el oxígeno empezara a agotarse. Solo después de la caída de la Unión Soviética, los científicos que habían participado en el programa desvelaron la verdad.

El Sputnik aún se mantuvo en órbita durante algo más de cinco meses, hasta que el 14 de abril del año siguiente se desintegró al precipitarse a la atmósfera terrestre. Los registros que había enviado proporcionaron los primeros datos sobre la respuesta de los organismos vivos en órbita, que resultaron ser más positivos de lo que se esperaba.

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El legado de Laika

Aunque el sacrificio de Laika fue objeto de críticas, en aquel momento la atención estaba centrada en la carrera espacial y el objetivo del Sputnik 2 -comprobar que un ser vivo podía sobrevivir a la puesta en órbita- había sido logrado. La comunidad científica en general no mostró demasiada preocupación por su muerte, considerándola como un sacrificio necesario para el progreso de la carrera espacial. Otros muchos no lo vieron del mismo modo, como el periodista polaco Krzysztof Boruń: en un momento en el que Polonia estaba bajo la órbita soviética y la censura era activa, escribió en un periódico científico que el hecho de no haber logrado traer a Laika con vida era “indudablemente una gran pérdida para la ciencia”.

La comunidad científica en general no mostró demasiada preocupación por la muerte de Laika, considerándola como un sacrificio necesario para el progreso de la carrera espacial.

Las futuras misiones con perros fueron realizadas con naves preparadas para ser recuperadas. Otros ocho canes fueron enviados al espacio en los diez años siguientes; sobrevivieron todos menos dos, Mushka y Pchyolka, tripulantes de la misión Sputnik 6 en 1960: los soviéticos perdieron el control de la cápsula durante la maniobra de reentrada en la atmósfera y, para evitar que los países rivales se hicieran con sus datos, la hicieron explotar con una carga explosiva. Ugolyok y Veterok fueron los últimos perros del programa espacial soviético en 1966, realizando un vuelo de 21 días a bordo de la nave Kosmos 110.

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