Un invento revolucionario

Ladislao José Biro, el inventor del "boli"

Periodista e inventor incansable, Ladislao José Biro llegó a patentar 32 inventos entre los que destacaban una máquina de lavar la ropa o un perfumero. Pero no cabe duda de que su invento más importante, y que le ha dado fama mundial, ha sido el bolígrafo.

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Ladislao José Biro en 1978

Conocido en Argentina como "birome", el acrónimo de los apellidos Biro y Meyne, el bolígrafo tal como lo conocemos hoy en día fue inventado hacia la década de 1940 por el periodista húngaro nacionalizado argentino Ladislao José Biro (nacido el 29 de septiembre de 1899) para que los zurdos dejasen de emborronar las cuartillas gracias a una bola que esparcía el color según se iba necesitando.

Las "locuras" de Biro

Cuando la idea del bolígrafo ya rondaba por la cabeza de Biro, éste ya había inventado, entre otras muchas cosas, una máquina para lavar la ropa, un sistema de cambio automático para los coches de la época y un vehículo impulsado electromagnéticamente. La frase que más escuchó Biro durante el proceso de intentar patentar su invento fue: "Biro, usted está loco". Sin embargo nunca se rindió y siguió desarrollando su idea. Junto con su hermano Georg Biro, Ladislao consiguió una tinta que permitía un trazo más fluido y uniforme, pero que tenía un problema: atascaba el mecanismo de la pluma y no permitía la correcta distribución de la tinta sobre el papel.

Junto con su hermano Georg Biro, Ladislao consiguió una tinta que permitía un trazo más fluido y uniforme, pero que atascaba el mecanismo de la pluma y no permitía la correcta distribución de la tinta sobre el papel.

La solución a este problema apareció de la forma más inesperada, mientras el inventor paseaba por un parque. Biro vio cómo un grupo de niños atravesaba un charco de agua jugando a la pelota y observó que la pelota mojada distribuía una fina capa de agua de manera recta y uniforme mientras rodaba. Aquel trazo uniforme no dejaba espacios en blanco, como sí sucedía con las puntas puntiagudas de las estilográficas, con lo que se dio cuenta de que las puntas de las plumas deberían ser esféricas.

En la página web de la Fundación Biro, la hija del inventor, Mariana Biro, explica cómo sucedió todo en realidad: "Observando cómo la revista (donde trabajaba de periodista su padre) se imprimía, decidió que ese rodillo, que era capaz de tirar tinta sin manchar, debía reducirse para uso manual: una pequeña esfera en un tubo capilar, con una tinta especial que fluyera por la fuerza de gravedad y se secara instantáneamente en el papel". Así pues, el primer prototipo de bolígrafo ideado por Biro estuvo listo a finales de la década de 1930.

Propaganda en Revista Argentina Leoplán de 1945 promocionando  la marca birome.

Propaganda en Revista Argentina Leoplán de 1945 promocionando la marca birome.

Pero había un grave problema que ponía en peligro el invento de Biro: Adolf Hitler. El ascenso del nazismo al poder en Alemania y el estallido de la Segunda Guerra Mundial impidieron poner en marcha la producción industrial del invento. Pero un encuentro casual con el expresidente de Argentina, Agustín Pedro Justo, resolvería todos los problemas del inventor. El político argentino no solo animó a Biro a desarrollar su invento en Argentina, sino que además consiguió los visados para que tanto él como su hermano y su amigo Juan Jorge Meyne pudieran abandonar una Europa que estaba empezando a consumirse por la guerra y trasladarse al hemisferio Sur.

Un invento revolucionario

Instalado en Buenos Aires, y gracias a la financiación de Agustín Pedro Justo, Biro y Meyne crearon en un garaje una empresa con cuarenta operarios. Así nacería la empresa Birome, de la unión de los apellidos de los socios. La firma lanzó al mercado un nuevo prototipo a un precio muy bajo: la esferográfica. El invento era tan barato que los argentinos, acostumbrados a gastar grandes sumas de dinero en plumas y en tinta, no se lo tomaron en serio, y al principio solo fue empleado por los niños en la escuela.

El invento era tan barato que los argentinos, tan acostumbrados a gastar grandes sumas de dinero en plumas y en tinta, no se lo tomaron en serio.

Tras varios meses de trabajo, el invento fue lanzado al mercado en 1943 bajo el nombre de "birome". Poco antes de morir, Biro ofreció la patente de su invento a una empresas estadounidense, Eversharp Faber, en Estados Unidos, y a la francesa Marcel Bich, fundadora de Bic, ambas muy interesadas en fabricar aquel novedoso objeto destinado a la escritura. El invento se reveló muy útil: tenía una tinta de secado rápido, servía para escribir en papel carbón, no se veía afectado por los cambios de temperatura y de presión, y podía ser utilizado en los aviones.

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La "birome"

A partir de aquel momento, la "birome" en Argentina, el "biro" en los países anglosajones o el bolígrafo en España, se popularizó de tal manera que desbancó a la pluma y al lápiz de grafito como herramienta de escritura más popular y económica. A pesar de que la aparición del bolígrafo provocó que las plumas estilográficas cayeran en desuso, los fabricantes de estos tradicionales útiles de escritura no se dieron por vencidos y decidieron unirse para empezar a fabricar bolígrafos de lujo. Unas piezas que por su cuidado diseño, los materiales usados en su fabricación y su alta fiabilidad resultaban igual de atractivas o más que las plumas estilográficas tradicionales, y dejaban claro que, del mismo modo que hay utilitarios y Rolls Royce, también existen los simples "bolis" y los bolígrafos de alta calidad.

A pesar de que la aparición del bolígrafo provocó que las plumas estilográficas cayeran en desuso, los fabricantes de estos tradicionales útiles de escritura empezaron a fabricar bolígrafos de lujo.

Cuando Ladislao José Biro falleció, el 24 de octubre de 1985, en Buenos Aires, las licencias por la venta de su invento habían ingresado millones de pesos a las arcas argentinas y el bolígrafo, aunque fabricado por otras marcas, había sustituido a la pluma entre todas las clases sociales, así como en las escuelas y universidades. Con el tiempo, el invento de Ladislao José Biro se ha convertido en un objeto indispensable en la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo.

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