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Desenterrando el pasado: Episodio 37

La prehistoria a orillas del Nilo: así vivían las sociedades agrícolas

El río Nilo atraviesa hasta 11 países a lo largo de sus más de 6.800 kilómetros de largo. Durante toda la historia, en sus orillas se han asentado grandes civilizaciones que han basado su subsistencia en la fertilidad que les brindaba el caudaloso río. Pero ¿cómo eran las sociedades antes del surgimiento de los antiguos egipcios y nubios? ¿Qué recursos tenían? ¿A qué retos de supervivencia se enfrentaban?

El río Nilo atraviesa hasta 11 países a lo largo de sus más de 6.800 kilómetros de largo. Durante toda la historia, en sus orillas se han asentado grandes civilizaciones que han basado su subsistencia en la fertilidad que les brindaba el caudaloso río. Pero ¿cómo eran las sociedades antes del surgimiento de los antiguos egipcios y nubios? ¿Qué recursos tenían? ¿A qué retos de supervivencia se enfrentaban?

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Esta temporada estamos viajando mucho al desierto… Esta vez nos vamos a Sudán. Donde no solo pisaremos arena, sino también nos acercaremos al agua, porque viajamos a una zona pegada al río Nilo que cruza este continente africano. Una zona, conocida como la quinta catarata. 

De la mano de un equipo de arqueólogos nacional e internacional conoceremos un poco más cómo vivieron las civilizaciones que a lo largo de la historia se han establecido a orillas de este gran y caudaloso río. 

En este capítulo de nuevo romperemos con el tópico de que los desiertos son lugares inhóspitos y sin vida.. Los investigadores hoy nos demostraran que no es así, gracias a  evidencias como son los recursos vegetales encontrados en el lugar que sirvieron y sirven para asegurar la subsistencia humana. 

El estudio de diferentes asentamientos humanos de diversos periodos en esta zona nos demuestra la capacidad que tenemos como especie para adaptarnos al cambio, por ejemplo, del clima. Conoceremos herramientas muy útiles para afrontar el gran cambio al que se enfrenta nuestra actual civilización, el cambio climático. 

¿Qué podemos aprender de las poblaciones predecesoras que han vivido en el desierto? ¿Cómo podemos aprovechar al máximo los recursos? ¿Hemos de ser optimistas con el futuro que viene?

Bienvenidos a un nuevo capítulo deDesenterrando el pasado”. 

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Agua, arena y viento… Aparentemente parece que poco más hay en la zona donde hoy nos centramos, pero, iréis viendo / escuchando que no es así, hay mucho más de lo que a simple vista se puede ver, muchos recursos que pasan desapercibidos.

Pero vamos a empezar presentando a los dos protagonistas de este podcast, dos investigadores que trabajan en el proyecto FiCaPro. Primero de todo, ¿de dónde viene este nombre? Ficapro.

Pues concretamente de las dos primeras letras de las palabras “The Fifth Cataract Project”. Más fácil decir Ficapro, claramente. Por cierto, un proyecto financiado por la Fundación Palarq

Os presentamos a Carla Lancelotti, la directora del proyecto y a uno de los miembros del equipo, el investigador Stefano Biagetti. Lancelotti es doctora en arqueobotánica por la universidad de Cambridge y actualmente es profesora de investigación ICREA en el Departamento de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona. Stefano Biagetti, doctor por la University College London, está especializado en etnoarqueología africana y es también investigador en la Universidad Pompeu Fabra. 

Este proyecto arqueológico está formado por un equipo internacional e interdisciplinario de arqueólogos y arqueólogas. Más allá de los investigadores de la Pompeu Fabra, el equipo lo conforman también investigadores de la Shendi University en Sudán, así como del Departamento de antigüedades y museos del Gobierno de Sudán en Khartoum (NCAM). Todo este proyecto lo codirigen Hassan Mustafa Alkhidir y Carla Lancelotti.

En el corazón del río Nilo

Como siempre… ubiquémonos en el territorio… y para eso ¡vamos a coger el mapa!

Sudán se encuentra al noreste del continente africano. Limita al sur con Sudán del sur y Etiopía y al norte con Egipto y, de hecho, a través de esta frontera cruza el río Nilo, que nace en Tanzania y desemboca en las aguas del Mediterráneo en el norte de Egipto. Por lo tanto el río recorre todo Sudán

Recordemos que el río Nilo no es poca cosa. Cruza 11 países y tiene una longitud de más de 6.800 kilómetros. 

Si vamos siguiendo el curso del río a lo largo del país y nos quedamos en el centro, estaremos ubicados en la zona de la quinta catarata. Pero no nos tenemos que imaginar grandes cascadas de agua, sino más bien un fluir de agua tranquilo… 

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Esta zona se encuentra a unos 400 kilómetros al norte de la capital Khartoum. Carla nos da más detalles de este territorio:

“Son zonas de río que repiten formaciones de roca que las caracteriza como de pequeños rápidos, como una mini cascada. Son zonas en que el agua es un poco más movida que la normal del río Nilo. En total hay 6 cataratas, y van desde el norte al sur. Y entonces nosotros estamos en la quinta catarata, que es justo la penúltima, antes de llegar a la sexta que es la de Khartoum más o menos”. 

Se trata de un paisaje variado, que presenta un gran contraste: por un lado, tenemos la zona de alrededor del Nilo, con gran presencia de agua. Y, por otro, un poco más apartado de las orillas encontramos el paisaje del desierto. Viento y arena y arena... Bien, los miembros del equipo del proyecto estudian ambas zonas. 

“El paisaje en que trabajo es un paisaje bastante variado… que incluye por un lado el Nilo, el río, nos imaginamos este río muy ancho, rodeado de verde, pero es verdad que nuestra zona de trabajo también incluye espacios de verdadero desierto, que es el desierto que nos imaginamos, un desierto mayoritariamente de arena amarilla con montañas y formaciones digamos de piedra. Es un paisaje lleno de contraste, paisaje que pasa de un entorno fluvial hasta el desierto hiperárido”.

Y donde, ya nos podemos imaginar, que las temperaturas son altas. Nos cuentan Carla y Stefano que trabajando allí han registrado temperaturas de hasta 45 grados, lo que complica un poco más el trabajo en la zona.

Con este proyecto los investigadores pretenden entender cómo las civilizaciones pasadas se han adaptado a vivir en un territorio que nosotros, desde nuestra perspectiva de vida y de civilización actual, consideramos inhóspito. Eso es lo que nosotros pensamos, pero el proyecto busca demostrar que hubo y hay vida en este desierto aparentemente deshabitado. 

Con este proyecto los investigadores pretenden entender cómo las civilizaciones pasadas se han adaptado a vivir en un territorio inhóspito: el desierto

Mayoritariamente, la visión de los países del norte es que en el desierto africano las condiciones para vivir han sido muy complicadas.

“Mucho más difícil que las condiciones que puedes encontrar en los países alrededor del Mediterráneo, hay más estabilidad, no hay grandes extremos de temperatura ni de lluvia. En cambio allí en Sudán y en específico en las zonas más desérticas, las condiciones son mucho más difíciles y el objetivo principal del proyecto es entender cómo estas poblaciones han lidiado con estas dificultades, se han adaptado a vivir allí y han sabido extraer el máximo partido de los pocos recursos que tenían, ¿no?”

Así es. Con el tiempo que llevan trabajando allí, ya han podido detectar y documentar algún recurso que sirvió a nuestros antepasados, por ejemplo de alimento. Por lo tanto, ¿qué sabemos hoy día sobre su subsistencia?

“Sí que a lo largo de los últimos 10.000 años hemos ya podido apreciar cambios en el uso de recursos naturales. En las primeras sociedades de cazadores y recolectores, probablemente basaban su subsistencia en la caza y en la pesca y en la explotación de moluscos cerca del Nilo, pero seguramente el papel de las plantas, tanto salvajes como domésticas, jugaron un papel muy importante. Sin olvidarnos del ganado que es probablemente una de las formas más adaptadas de producir comida en zonas áridas o semiáridas”. 

Podcast desenterrando Sudán

Podcast desenterrando Sudán

El paisaje actual en las orillas del Nilo donde trabajan los arqueólogos. 

Foto: Fundación Palarq

Fijaos pues, que Stefano acaba de decirnos que las plantas y el ganado sirvieron como recursos para la subsitencia para los habitantes del desierto. 

Hay evidencias del uso de plantas para el cultivo en masa. Se han encontrado grandes extensiones de terreno con cultivo de cereales, como por ejemplo, el mijo. Y aquí Carla remarca un hecho sorprendente ahora que estamos obsesionados, parece (algunos) con el gluten. El mijo, no lleva gluten.

“Nosotros precisamente en Sudán un poco más al sur, cerca de Khartoum, encontramos campos de mijo a unos 20 km de río en una zona donde no hay otra fuente de agua que no sea la lluvia y donde llueve 100-150 milímetros por año… según los tratados de agronomía menos de 400 milímetros de lluvia requieren un aporte adicional de agua a través del riego. Y aquí nos encontramos con evidencias de que esto en realidad no es así”. 

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Y que por tanto, sí se puede dar producción agrícola en medio del desierto

El proyecto, además, pretende estudiar en concreto el periodo de transición desde economías de cazadores-recolectores a economías agrícolas-pastoriles. Un cambio que se produjo hace 9.000 años aproximadamente. Y que como todo cambio, tuvo sus consecuencias y sus incertidumbres.

“Por ejemplo, las sociedades han pasado de tener vacas a tener camellos y cabras aparentemente sin problema., O sea nosotros podemos ver es este cambio, obviamente lo que no podemos ver es lo traumático que fue esto o cómo vivieron el hecho de tener que abandonar el ganado de vacas por ejemplo en determinado momento. Esto no lo podemos ver pero sí que vemos cambios radicales. Entendemos que el cambio climático no es una novedad, siempre ha habido, la diferencia probablemente es que este lo estamos provocando nosotros y está yendo muy rápido”. 

Cambios climáticos, un reto histórico

Evidentemente, se han producido muchos cambios climáticos a lo largo de la historia y se han producido de forma radical. A este, al que a nosotros nos incumbe, llegamos tarde (parece) para combatirlo. Los dos investigadores no son muy optimistas con el futuro pero sí defienden con uñas y dientes la importancia de invertir y de confiar en la ciencia, como herramienta básica para resolver la situación

“Estamos totalmente convencidos de que lo que hacemos nosotros, como mucha otra gente de las universidades o los centros de investigaciones, es fundamental y puede proporcionar ideas y soluciones. Parece que si de un lado se habla de la importancia del cambio climático y de que tenemos que hacer lo posible para mitigarlo, pero luego a nivel político pues no se ve mucho la voluntad de poner en prácticas justo lo que se dice con palabras”.

Tendemos a pensar que la producción depende de los ríos, es decir, del acceso al agua, pero en el pasado los ríos eran diferentes, el ser humano había intervenido menos en ellos y por lo tanto estaban menos controlados

“No estamos acostumbrados a pensar que en el pasado los ríos eran mucho más imprevisibles que ahora. Ahora están muy arreglados por parte de nosotros con embalses y cosas así que regulan el flujo de agua. En el pasado esto no era así con lo cual las zonas del lado del río podrían ser inundadas inesperadamente, cuando llovía, ¿no?”.

En el pasado los ríos no estaban controlados con lo cual las zonas del lado del río podrían ser inundadas inesperadamente cuando llovía

Por lo tanto, es lógico pensar que cultivar al lado del río podría ser muy peligroso… porque si de repente se inunda, mata todas las plantas y uno se queda sin nada, ¿no? De hecho, las poblaciones que viven en este lugar también se alejan del río para cultivar. Y de aquí surge la siguiente pregunta que se han hecho los investigadores: ¿Nuestros antepasados también seguían esta lógica y se apartaban del caudaloso río para cultivar? 

“Sería interesante entender si esto lo hacían en el pasado y saber cuánto de antigua es este tipo de práctica. Cuando vamos a excavar recuperamos también restos de plantas, semillas carbonizadas o semillas de plantas, para identificar qué tipo de plantas era para saber si eran domésticas o silvestres. La idea es intentar fechar este tipo de prácticas agrícolas”.

Además, nos explican que hay estudios que demuestran que el área fue ocupada de manera continua a pesar de episodios de sequía extrema. Hoy en día hay asentamientos en el lugar, donde viven comunidades de pastores y, por lo tanto, ocupan áreas en las que los investigadores encuentran evidencias arqueológicas. En consecuencia, cuando van a excavar se encuentran con gente. 

Ah! Y también se encuentran con grandes empresas nacionales e internacionales de minería. Ya que es un lugar rico en oro y otros minerales preciosos.

En la primera campaña del proyecto localizaron con la ayuda de imágenes satelitales 100 yacimientos que no habían sido mapeados hasta el momento. 

podcast Desenterrando sudán

podcast Desenterrando sudán

Zona cercana a las excavaciones del proyecto FiCaPro.

Foto: Fundación Palarq

Fue en esta primera campaña, cuando hallaron algo interesante con relación a la ubicación de los diferentes espacios del yacimiento. Nos explicamos: vieron, por los restos encontrados en el suelo del lugar, que quienes estuvieron allí habían repartido el espacio según el trabajo concreto que se realizaba. Habían dividido el lugar en diferentes zonas. 

“Esta hipótesis la hicimos en la base del material que vimos en superficie en algunos de estos asentamientos, porque sí que parece que hay concentración de material distinto en distintas áreas. Por ejemplo en una área encontrábamos todos los huesos de animales, en otra área concentraciones de molinos, en otra área concentración de moluscos… Claro, la hipótesis si el material está tan separado y se pueden identificar concentraciones muy específica de un tipo de material, pues eso muy probablemente es porque en cada zona se hacía un trabajo diferente”. 

Hallaron concentraciones de material divididos por tipología: una zona de talla de lítica, una con concentraciones de huesos, una con molinos y cerámicas... Indicando posibles divisiones del uso del espacio que reflejan probablemente una división social del trabajo.

Las evidencias indicarían posibles divisiones del uso del espacio que reflejan probablemente una división social del trabajo.

En los últimos años, quizá último siglo, hemos sido testigos de una expansión a nivel planetario de las zonas áridas. Poco a poco van aumentando las zonas desérticas. Lo que proponen los investigadores del proyecto es estudiar cómo vivían en el pasado para tratar de aprender qué técnicas y recursos podemos aplicar nosotros para el presente o futuro inminente que viene. 

“Claro tanto, como decía Stefano, el estudio del pasado y de cómo las sociedades se han adaptado a estos entornos en el pasado también como las sociedades actuales, tradicionales que todavía viven en desierto como conocen sus recursos, como los usan, y qué podemos aprender nosotros de estos sociedades para aplicar estas prácticas también en nuestras áreas”. 

En esta misma zona, como hemos dicho anteriormente, se encuentran hoy poblaciones que siguen practicando agricultura y pastoreo de manera tradicional. Utilizan las inundaciones del Nilo, pero también se adentran en la zona de desierto para buscar zonas donde pastar y donde plantar mijo aprovechando las pequeñas áreas inundadas que se crean después de las lluvias.

El equipo trabaja conjuntamente con estas poblaciones, con un programa tanto de etnoarqueología, realizando entrevistas y siguiendo a los pastores en sus rutas y visitando y muestreando las evidencias dejadas por sus campamentos estacionales.

Esta es una manera más de involucrar a la población local en la protección de su patrimonio arqueológico.

Un patrimonio amenazado

Hay un tema que crea gran preocupación a los arqueólogos del proyecto. La construcción de una represa en la zona que están estudiando. 

“En Sudán hay bastante oposición a nivel de ciudadanos, asociaciones porque justamente la construcción de la presa implica desplazamiento forzado de muchísimas personas. Cambiarse de sitio y claro esto para no hablar obviamente de los daños que se harían al patrimonio arqueológico. O sea que de momento esperamos y hasta que el proyecto no se ejecute seguimos trabajando”. 

De momento lo viven con tranquilidad ya que parece que aún no se ha puesto nada en marcha… incluso creen que su trabajo puede poner en valor el rico patrimonio arqueológico del lugar. 

“De hecho, nuestro trabajo a vista muy a largo plazo podría también ser interesantes para identificar patrimonio, o sitios, zonas, que valdría la pena intentar proteger. Ahora claro no quiero hacer el parangón de los templos de Egipto, que cuando se construyó la represa de Asuán sacaron piedra a piedra y se movieron de lado. Nosotros no tenemos nada de tan monumental y grandioso para pensar algo así, pero sí que podríamos decir bueno, hay áreas que vale la pena investigar más a fondo, hacer proyectos más grandes, involucrar a más personas… un poco como la arqueología aquí de rescate cuando hay una obra, ¿no? que llaman a mucha gente para que después se pueda estudiar bien y documentar antes de que se destruya”. 

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Vamos terminando… Les queremos preguntar a Carla y Stefano, ellos que se dedican al estudio de las civilizaciones que han ocupado la zona de la quinta catarata a lo largo de los años si nuestra civilización se parece en algo a aquellas que la precedieron. 

“Lo que yo veo ahora es un uso indiscriminado y exagerado de los recursos y además de forma muy poco consciente. O sea, nosotros como sociedad no nos damos cuenta de lo valiosa que es el agua, lo que comemos y todo… y esta creo que es la mayor diferencia. Las sociedades rurales de todo el mundo las que tienen una relación directa con el medio ambiente sí que saben cuales son los límites del medio ambiente… y por ejemplo cultivan una cantidad justa para su subsistencia y siempre conservan una parte de las semillas para el año que viene. Hay una conciencia del medio ambiente sostenible. Nosotros nada de todo esto. 

Carla encuentra algunas similitudes, por ejemplo en la manera de relacionarse como comunidad. 

Hay algunas similitudes de nivel más social, ¿no? En el sentido de que las relaciones que tenemos entre personas son bastante similares, no han cambiado mucho. Hay diferencias en esto también porque, por ejemplo, la manera que tenemos ahora de vivir es mucho más individualizada, las familias son más pequeñas... Y también parecería que las sociedades antiguas tenían muchas más celebraciones de familias extensas…. Pero estoy de acuerdo con lo que dice Stefano, que es la conciencia de que el sitio donde vives no es tuyo, no puedes hacer con él lo que quieras y los recursos que tienes son limitados. Entonces hay que usarlos un poco con inteligencia.

Vamos a conocer un poco más a estos investigadores con algunas preguntas más personales. Empezamos preguntando… 

¿Qué es lo que más te fascina de la evolución humana?

“A mí una cosa que me fascina es la escritura, esta capacidad que tenemos nosotros de poner nuestros pensamientos y nuestros conocimientos en un medio durable, ¿no? Y que todo el mundo pueda compartir”.

¿En qué momento de la historia, te hubiera gustado vivir? 

“A mi si pudiera viajar en el tiempo iría a cualquier época, en el sentido que una cosa que me gustaría mucho sería comprobar si nuestras interpretaciones que hacemos ahora sobre el pasado aciertan o no, si estamos acertando o si nos estamos equivocando totalmente”.

“Estoy bastante de acuerdo, incluso, ahora se me ocurría que no estaría mal viajar hacia el futuro, y ver si nuestras actividades, investigaciones han servido de algo… Por ejemplo hablando de sostenibilidad y de cambio climático. Eso sí que me gustaría”. 

 ¿Qué gran descubrimiento arqueológico te hubiera gustado desenterrar? 

“Yo creo que el más grande descubrimiento que yo personalmente he hecho hasta ahora no es arqueológico es más bien etnográfico, que es esta cultivación de plantas en el desierto, que es verdaderamente impresionante cuando la ves, porque estás en un entorno donde no hay nada, solo arena y te encuentras de repente con campos infinitos de mijo. Esto desde el punto de vista personal, es muy impactante, la verdad”.

“La verdad es que a lo largo de mi trayectoria investigadora de 20 años trabajando en el desierto ahora incluso me encuentro muy mal con las etiquetas que se utilizan… cuando hablamos de desierto pensamos en algo sin vida, vacía y todo cuando la verdad es que los desiertos son zonas donde la gente se ha inventado estrategias excepcionales para sobrevivir, y sacar el máximo provecho de los recursos. No hay un descubrimiento arqueológico en particular que me hubiese gustado desenterrar pero sí que estoy bastante contento y orgulloso de lo que estamos haciendo para romper un poco estas barreras que siguen afectando nuestra disciplina como también la visión pública”. 

Clara junto a Stefano y todo el equipo español e internacional volverán a Sudán a finales de 2023 para poder trabajar con unas temperaturas más bajas. 

Seguirán investigando la zona de la quinta catarata en busca de claves que permitan entender cómo vivían las antiguas civilizaciones, pero también en busca de herramientas que nos ayuden a afrontar el futuro climático que ya nos está afectando. 

Porque, como siempre decimos, conocer nuestro pasado es conocernos mejor en el presente.

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