Civilación maya

La pirámide de Kukulcán, el mágico inicio de la primavera maya en Chichén Itzá

Chichen Itzá

Chichen Itzá

Foto: Gtres

Tras el colapso del periodo clásico, hace 10 siglos, el centro de gravedad de la civilización maya se desplazó del interior hacia el norte de la península del Yucatán, donde florecieron centros urbanos como Uxmal, Tulum o, sobre todo, Chichén Itzá, que acabaría convertida el el principal poder del norte de la península.

La ciudad, levantada junto a uno de los cenotes (pozos de agua) que proliferan en la región, vivió un periodo de esplendor a partir del siglo X, y entre los monumentos que atestiguan su pujanza destaca, sin duda, la pirámide de Kukulcán. Obra maestra de la arquitectura maya, cada primavera era el lugar de un acontecimiento "sobrenatural", el descenso a la tierra del dios Kukucán, la serpiente emplumada, para fertilizar la tierra con la llegada de las lluvias, un acontecimiento "divino", que se lograba gracias a los avanzados conocimientos arquitectónicos matemáticos y astronómicos de quienes construyeron el monumento.

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La ciudad de la élite

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La ciudad de la élite

Chichén Itzá se levantó en torno a un cenote o pozo que fue un lugar sagrado y de peregrinación durante siglos. La ciudad estaba habitada por los estratos más elevados de la sociedad maya. La pirámide era en realidad el templo de Kukulcán, el dios principal de la ciudad. En la fotografía sobre estas líneas, el recinto del que formaba parte, junto a edificios como el Gran juego de pelota (en la parte inferior de la imagen) o el templo de los guerreros, detrás de la pirámide.

El cenote sagrado

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El cenote sagrado

Chichén significa la "boca del pozo", mientrás que Itzá hace referencia a los míticos primeros pobladores del lugar, los itzaes. En el cenote, de 35 metros de profundidad, se han hallado restos de ofrendas, como oro, obsidiana o jade, y de huesos humanos pertenecientes a los desdichados que eran arrojados al agua para aplacar la ira de los dioses.

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La zona sagrada

Chichén Itzá era un extenso centro urbano y santuario formado por varios conjuntos arquitectónicos. La pirámide (1) estaba conectada al cenote sagrado (2) por una calzada. Al noroeste se situaban el gran templo de los jaguares (3), donde se desarrollaba el juego de pelota, y el tzompatnli (4), el altar donde se exhibían los cráneos de los sacrificados a los dioses. Al noreste, el grupo de las mil columnas (5) daba acceso a un área cívico-religiosa en la que destacaban el templo de los guerreros (6) y un mercado (7).

Engullida por la selva

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Engullida por la selva

A partir del siglo XIII, Chichén Itzá sufrió una constante decadencia que terminaría con su abandono total. Cinco siglos después, los exploradores europeos la hallaron engullida por la selva, como se aprecia en el dibujo que realizó el artista y explorador Frederick Catherwood en 1843.

Conexión divina

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Conexión divina

Llamada El Castillo por los españoles, la pirámide de Kukulcán está formada por nueve plataformas coronadas por un templo de planta rectangular al que se accede a través de cuatro escaleras. Cada lado mide, en la base 55,5 m y la altura del conjunto es de 24 m. Las nueve plataformas ascendenes se corresponden a los otros tantos niveles que según la religión maya existían en el inframundo. Por su parte, cada escalera cuenta con 91 escalones, 364 en total, más la plataforma del templo hacen 365, en referencia a los días del año solar.

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El templo de la azotea

En el nivel superior de la pirámide, los cuatro lados del santuario estaban coronados por cinco almenas, que sumaban veinte en total, el número de días del mes maya. Así, en el edificio convergían el mes maya, el año solar, los rumbos del universo y los nueve niveles del inframundo. Estas características hacen de El Castillo un prodigio aritmético, geométrico y astronómico que responde a la representación cosmológica inspirada por la religión maya.

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La cabeza de la serpiente

La base de la escalera principal, en la cara norte, cuenta con un par de cabezas monumentales de serpiente, que representan la encarnación de Kukulcán, nombre maya de la divinidad que los mexicas llamaban Quetzacátl, uno de los míticos fundadores de la sociedad mesoamericana.

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El despertar de la serpiente

La pirámide es un prodigio de geometría y de astronomía ya que su orientación permite un hipnótico juego de luces y sombras que se reproduce cada año entorno al equinoccio de primavera. Durante 4 o 5 días en las horas anteriores a la puesta de sol, las nueve plataformas del edificio proyectan sobre la escalera norte la sombra sobre la escultura de la serpiente y dibujan siete triángulos sobre la misma. El efecto, que dura unos 10 minutos, es que Kukulkcán, en su forma de serpiente, cobra vida y desciende hacia la tierra.