El ocio en la antigüedad

Diversiones y juegos en la antigua Mesopotamia

Juegos de mesa, música y espectáculos deportivos, además de paseos por frondosos jardines y la caza, fueron algunas de las distracciones preferidas de los antiguos mesopotámicos.

El rey asirio Assurbanipal y su esposa asisten a un banquete en los jardines de su palacio en Nínive. Museo Británico, Londres. 

El rey asirio Assurbanipal y su esposa asisten a un banquete en los jardines de su palacio en Nínive. Museo Británico, Londres. 

El rey asirio Assurbanipal y su esposa asisten a un banquete en los jardines de su palacio en Nínive. Museo Británico, Londres. 

Foto: Allan Gluck (CC BY 4.0)

Un pasaje del Enuma Elish, el mito de la creación de Babilonia, cuenta cómo Anu, el dios del cielo, "creó los Cuatro Vientos" y se los regaló a Marduk, diciéndole: "¡Para que mi hijo se divierta!". Si los dioses de la antigua Mesopotamia encontraban momentos para divertirse y jugar, lo mismo sucedía bajo la cúpula celeste, en el mundo terrenal, entre los hombres y mujeres ansiosos de escapar a la rutina y las fatigas del trabajo diario. 

Veamos lo que sucedería en una familia normal, compuesta por un matrimonio y unos cuantos hijos de diversas edades, que viviera, por ejemplo, en Nínive, la capital asiria, en el siglo IX a.C.

Juguetes y dados

Una jornada cualquiera empezaría al son de los juguetes de los niños. La madre intenta calmar el llanto de su bebé con un sonajero, una bola de arcilla con mango y piedrecitas en su interior. Si el dios Marduk jugaba con los Cuatro Vientos que le regaló su padre, los niños también jugaban, pero con objetos en miniatura hechos de arcilla o madera, que podían ser armas (hondas, arcos y flechas, bumeranes…), carros o barcas, objetos domésticos como camas, mesas y vajillas, o bien muñecos de personas y animales. No faltaban tampoco las peonzas, cuerdas de saltar, aros, pelotas... 

Los juguetes podían ser armas, carros o barcas, figuritas de camas, mesas y vajillas, o muñecos de personas y animales.

Erizo sobre ruedas. Juguete del período sumerio.

Erizo sobre ruedas. Juguete del período sumerio.

Erizo sobre ruedas. Juguete del período sumerio.

Foto: Cordon Press

Un entretenimiento muy habitual entre jóvenes y adultos era jugar a los dados. Este juego derivaba de una antigua práctica adivinatoria y mágica consistente en lanzar tabas o astrágalos de animales para ver de qué lado caían. Durante la primera mitad del III milenio a.C., estos objetos evolucionaron hasta convertirse en dados y, sin dejar de usarse en el campo de los presagios, empezaron a emplearse ampliamente en un contexto lúdico. Se elaboraban con diversos materiales –arcilla, piedra, madera, marfil o hueso– y presentaban diversas formas –de disco, de cubo, tetraédrico, triangular…–, en función del juego y de sus reglas. 

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Un juego con fichas para adultos

Si los padres lograban tener entretenidos a los niños podían pasar el rato con un juego de salón muy popular. Se jugaba sobre un tablero de madera decorado con casillas cuadradas, unas fichas y unos dados. En realidad, había diversas modalidades en función del número de casillas o agujeros del tablero. Así, existía el juego de la serpiente (conocido en Egipto como mehen), el de las veinte casillas (conocido actualmente como el "juego de Ur"), el de las treinta casillas (conocido en Egipto como senet) o el de los 58 agujeros. En Mesopotamia, el más popular fue el juego de las veinte casillas, que aparece documentado desde la I dinastía de Ur (2600-2400 a.C.). 

Un juego muy popular se jugaba sobre un tablero de madera decorado con casillas cuadradas, unas fichas y unos dados.

Aunque se conservan imágenes de parejas practicando estos juegos, no podemos saber exactamente cómo se desarrollaría la partida. Sólo una tablilla cuneiforme fragmentada del período seléucida (177 a.C.), conservada en el Museo Británico, explica que el juego de las veinte casillas consistía en una carrera en la que participaban dos jugadores con cinco fichas cada uno; el objetivo era llegar hasta el final del tablero avanzando con tiradas de dados mientras el oponente trataba de bloquear su avance.

Tablero de juego de época sumeria hallado en las tumbas reales de Ur. Museo Británico, Londres.

Tablero de juego de época sumeria hallado en las tumbas reales de Ur. Museo Británico, Londres.

Tablero de juego de época sumeria hallado en las tumbas reales de Ur. Museo Británico, Londres.

Foto: PD (CC0 1.0)

En la tablilla también se especifican los nombres y el número de las fichas, y se indica que las cinco casillas decoradas con una roseta daban, al parecer, buena suerte si la ficha caía en alguna de ellas. No obstante, se desconocen las reglas del juego por lo que no podemos saber cómo se movían las fichas. Quizá se parecía al backgammon, uno de los juegos más populares en todo el Próximo Oriente en la actualidad y que sin duda es descendiente directo de los juegos de mesa mesopotámicos.

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Música, danza y lucha

Fuera de casa también había muchas oportunidades de diversión, aunque de la mayoría no nos queda constancia arqueológica o en los textos. En un paseo por la ciudad, nuestra familia se encuentra con un corro de gente que les llama la atención. En medio, unos acróbatas demuestran sus habilidades mientras unos danzarines se mueven al son de una música de liras, arpas, tambores y flautas. Se trata de un espectáculo muy parecido al que podría desarrollarse durante un rito religioso e incluso un funeral; sólo el contexto y el tipo de música marcarían la diferencia.

Fuera de casa también había muchas oportunidades de diversión, aunque de la mayoría no queda constancia arqueológica.

Detalle de la llamada Cara de la Paz del Estandarte de Ur en la que aparece un arpista. Museo Británico, Londres.

Detalle de la llamada Cara de la Paz del Estandarte de Ur en la que aparece un arpista. Museo Británico, Londres.

Detalle de la llamada Cara de la Paz del Estandarte de Ur en la que aparece un arpista. Museo Británico, Londres.

Foto. Cordon Press

Siguiendo con su paseo, nuestra familia tendrá la ocasión de asomarse por una puerta abierta al patio de una casa, donde dos hombres se golpean y agarran, intentando tirar al suelo a su contrincante. La lucha, tanto en la forma de boxeo como de lucha libre, era uno de los deportes más populares en Mesopotamia, como manifiestan diversas placas de arcilla y pequeñas estatuas de  bronce que se han hallado. 

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Frondosos jardines

Nuestros protagonistas prosiguen su marcha hasta llegar a una de las puertas de Nínive, situada por debajo del palacio. Desde allí pueden observar las diversiones, más sofisticadas y caras que las suyas, a las que se entrega la familia real. Muchas transcurren en un marco privilegiado, el de los jardines reales, auténticos paraísos para el disfrute regio, poblados de exóticos árboles, plantas y animales que traían de sus lejanas expediciones.

Relieve asirio que muestra unos frondosos jardines en Nínive.

Relieve asirio que muestra unos frondosos jardines en Nínive.

Relieve asirio que muestra unos frondosos jardines en Nínive.

Foto: PD

Tiglatpileser I escribía: "He cogido los cedros, la madera de boj y los robles de Kanesh [Kültepe, en Turquía], del país que he vencido; ninguno de los reyes anteriores no había plantado estos árboles; yo los he plantado en los jardines de mi país. He cogido las frutas extrañas de los jardines que no existían en mi país y las he sembrado en todos los jardines de Asiria". Y Senaquerib: "He creado una marisma donde he plantado cañas y he colocado garzas, cerdos salvajes y búfalos. Las cañas crecen bien y los pájaros del cielo y las garzas vienen de lejos a hacer sus nidos; los cerdos salvajes y los búfalos también crían allí".

"He cogido las frutas extrañas de los jardines que no existían en mi país y las he sembrado en todos los jardines de Asiria".

Traspasada la puerta, nuestra familia se dirige a una zona no muy alejada, cerca del Tigris, donde abundan ánades, ciervos y otros animales. Allí el padre y dos de sus hijos mayores se dedicarán durante unas cuantas horas a uno de los pasatiempos preferidos de los mesopotámicos: la caza. 

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Cacerías de todo tipo

En la cultura mesopotámica, la caza tenía a veces un carácter mágico-simbólico y estaba muy ligada a la realeza, en particular en la forma de la caza de leones. De todos modos, no hay duda de que gran parte de la población debía practicarla como entretenimiento. Los textos hablan de cacerías en campo abierto y de todo tipo de animales, como cuenta el rey Asurnasirpal II: "En aquella ocasión maté a cincuenta toros salvajes de más allá del Éufrates y capturé a ocho vivos. También maté veinte avestruces y capturé otras veinte vivas". Aunque los textos y los relieves no mencionan la pesca, es muy probable que fuese también otra buena forma de pasar el tiempo. 

Los textos hablan de cacerías en campo abierto y de todo tipo de animales.

Relieve asirio que muestra al rey Assurbanipal cazando leones. Museo Británico, Londres.

Relieve asirio que muestra al rey Assurbanipal cazando leones. Museo Británico, Londres.

Relieve asirio que muestra al rey Assurbanipal cazando leones. Museo Británico, Londres.

Foto: Cordon Press

Mientras los hombres cazan, la madre y los más pequeños regresan a casa; cansados de tantas emociones, aún podrán disfrutar de una última diversión antes de dormir: la narración de un mito o una epopeya sobre dioses y héroes, o las épicas aventuras de lejanos reyes. Su madre se las contará tras haberlas oído recitar de joven a juglares, cantores y "cuentacuentos" que amenizaban las veladas en torno a una hoguera esperando captar la atención de los espectadores para que, por un rato, olvidaran sus pesares diarios y pudieran tener un momento de tranquilidad a orillas del Tigris y el Éufrates.