Los secretos de las obras

La Navidad a través del Arte

Adoración de los pastores

Adoración de los pastores

Foto: Museo del Prado

Además de paisajes, personajes importantes o hechos históricos, una de las principales fuentes de inspiración del arte ha sido la religión. Los grandes maestros de todas las épocas han reflejado en sus obras los mitos y las historias de la doctrina que profesaban. Así pasó con las pinturas murales de las tumbas egipcias que ilustraban el libro de los muertos o los grandes frisos del Partenón, que escenificaban las leyendas olímpicas, por ejemplo.

Pero sin duda la doctrina que ha inspirado una producción artística más prolífica, en sus distintas manifestaciones, es la cristiana; no en vano lleva más de un milenio siendo hegemónica en Europa, desde donde se ha trasladado al resto de continentes. Así, grandes obras como los frescos de la Capilla Sixtina o el tríptico El jardín de las delicias están inspiradas en sus textos. Del mismo modo, la  La Navidad ha sido reflejada de formas muy diversas a lo largo de la historia por los más grandes artistas de cada época.

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Foto: Alinari / Cordon Press

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Una escena tradicional

El nacimiento se ha representado tradicionalmente en el arte tal como lo relata el Evangelio de Lucas: "María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue". Así la represento Giotto a inicios del siglo XIV en la capilla de los Scrovegni. En una escena austera cuyo paisaje está completamente supeditado al establo. La Virgen yace recostada ayudada por una mujer. Los miembros de la Sagrada Familia lucen su halo de santidad y están acompañados por varios ángeles, un buey y una mula que mantienen al bebé caliente y pastores que han llegado para adorar al niño.

La luz divina

Foto: National Gallery

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La luz divina

En su Natividad nocturna (1490) Geertgen tot Sint Jans presentó la escena de una forma particular. La luz irradiada por el propio niño es la que ilumina a los personajes en la penumbra, lo que dota de una gran intimidad a la escena. Aunque la pintura original nunca fue tan oscura, el vestido y el manto de la Virgen fueron de distintos tonos azules, pero un incendio en 1904 los ennegreció. San José y los animales apenas se distinguen en la oscuridad y la ventana del establo permite ver cómo los ángeles anuncian la buena nueva a los pastores, otra escena importante en la tradición cristiana.

La Sagrada familia

Foto: Museo del Prado

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La Sagrada familia

Pocas décadas antes que Geertgen tot Sint Jans, El Maestro Torralba pinto un nacimiento en su Retablo de la Virgen. La figura de la Virgen presenta una marcada verticalidad, que otorga gran monumentalidad a la efigie. En cambio, no pueden reconocerse las facciones de un bebé en el niño acostado sobre el pajar, cuyo cuerpo está extremadamente rígido. Más bien parece la figura de un adulto en miniatura que la de un bebé. La nota de realismo la aporta el brasero ante el que se calienta San José, dispuesto en un lugar preferente de la escena, que le otorga un gran protagonismo.

Foto: National Gallery

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La alegoría de la virtud

Junto a estas escenas sencillas e íntimas conviven otras más barrocas, como la Natividad Mística de Sandro Botticelli (1500). El autor de El nacimiento de Venus recreó una visión muy personal del nacimiento de Jesús en la que añadió la adoración de los pastores y de los Reyes Magos y el jolgorio en el cielo por la buena nueva. Los últimos años de vida de Botticelli estuvieron marcados por un gran fervor religioso. El artista abrazó las tesis apocalípticas del monje Savonarola, que predicó contra el lujo y la corrupción de la Florencia de finales del siglo XV. Al parecer, Botticelli quiso reflejar en este cuadro su deseo de reconciliación del hombre con Dios.

Foto: Museo del Prado

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La visión etérea

Si hablamos de visiones personales, no puede obviarse a El Greco y sus figuras etéreas, casi espíritus. Esta Adoración de los pastores realizada en 1612 es un buen ejemplo de ello. San José y los pastores muestran una fervorosa devoción ante el pequeño. Un grupo de ángeles y querubines que sobrevuelan la escena complacidos ante el nacimiento del hijo de Dios cierra la escena por arriba. 

Foto: Museo de Messina

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La Navidad de los pobres

Amante de las juergas, las peleas y frecuendor de los bajos fondos, Michelangelo Merisi, Carvaggio, pintó en 1609 el pesebre de los pobres. El pintor italiano retrató a los personajes como un grupo de miserables, mal vestidos en un establo en el que deben recostarse en el suelo. Muchos en su época no entendieron esta visión "vulgar" de los personajes bíblicos como campesinos comunes o pordioseros. En este nacimiento no hay divinidad ni una fuente de luz sagrada que ilumine el lugar.

Foto: museo del Prado

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La dignidad de los humildes

En la misma línea que Caravaggio, las obras de Bartolomé Esteban Murillo presentaban a los personajes religiosos con la apariencia de la gente común de su Sevilla natal. Este es el caso de la Adoración de los pastores realizada hacia 1650, en la que los personajes son personas reales. El pastor arrodillado tiene los pies sucios y el niño, aunque de un blanco casi brillante, es el fiel reflejo de un bebé de pocas semanas. A diferencia de Caravaggio, con su estilo realista, Murillo dotaba de dignidad a estos personajes humildes de su época.   

El estilo escultórico

Foto: Museo del Prado

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El estilo escultórico

Más de un siglo después, Rafael Mengs presentaría la misma composición que El Greco, una virgen con su hijo ante unos atónitos pastores y san José y un grupo de criaturas celestiales que sobrevuelan la escena, con un estilo muy diferente. Mengs juega con la luz que emana del niño para dar volumen a las figuras con un detalle que recuerda a las esculturas.El pintor se autorretratío en su obra a la izquierda, señalando la escena.

Mística y realismo

Foto: Museo Civico d'Arte Antica - Palazzo Madama

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Mística y realismo

A inicios del siglo XVII, el pintor holandés Matias Stomer realizó esta versión de la Adoración de los pastores en la que, como Geertgen tot Sint Jans, hace emanar una potente luz del recién nacido. Esta visión tiene su origen en la creencia medieval de que durante el nacimiento, el bebé emanaba una luz que cegaba a cualquier otra. Esta visión mística contrasta con el realismo con el que reflejó a sus personajes, retratados con el atuendo de la época, y también le permitió el juego de luces y sombras que realza el dramatismo de la escena.

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