una huida épica

"La gran evasión", una fuga de cine

El largometraje "La gran evasión" nos cuenta la historia de la fuga de un grupo de oficiales aliados presos en un campo de prisioneros de Silesia durante la Segunda Guerra Mundial. Tras varios intentos de fuga, algunos muy sofisticados teniendo en cuenta las condiciones adversas que tuvieron que afrontar, muchos de ellos lograron escapar aunque el final de su odisea fue muy distinto al esperado.

Esta maqueta muestra el aspecto que tenía el campo de prisioneros de Stalag Luft III donde tuvo lugar el intento de fuga.

Foto: CC

Noche del 24 de marzo de 1944 en el campo de prisioneros Stalag Luft III, situado en la ciudad de Zagan, en la actual Polonia. En este campo, construido a prueba de fugas, solo podían ser internados prisioneros de guerra, pero no civiles. Ese día, hace ya 77 años, 76 aviadores aliados que se encontraban presos allí organizaron una de las fugas más sonadas de la historia, una fuga que en 1963 inspiraría a Hollywood una de las películas bélicas más famosas de todos los tiempos: La gran evasión (basada en el libro homónimo del escritor australiano Paul Brickhill, de 1944). Pero veamos la historia real.

Steve McQueen, en el centro, y Charles Bronson, a la derecha de la imagen, trabajando en el rodaje de "La gran evasión", estrenada en Estados Unidos en 1963.

Steve McQueen, en el centro, y Charles Bronson, a la derecha de la imagen, trabajando en el rodaje de "La gran evasión", estrenada en Estados Unidos en 1963.

Foto: Cordon Press

Presos de alto rango

Los campos de prisioneros como Stalag Luft III estaban destinados a oficiales y suboficiales de las fuerzas aéreas enemigas. La vigilancia de estos campos estaba a cargo de la Luftwaffe (las fuerzas aéreas alemanas) y no de la Gestapo o las SS. Esto comportaba que las medidas de seguridad eran extremas y que el trato recibido por los presos no era el mismo que el que recibían los internos en los campos de exterminio y de concentración alemanes. Otro aspecto que marcaba la diferencia eran las instalaciones. Las "comodidades" y las raciones de comida, que eran suministradas por la Cruz Roja, eran mucho mejores en los campos dirigidos por la Luftwaffe que en otros presidios, y gracias a ello los militares lograban mantener unas condiciones físicas mejores.

En campos como el de Stalag Luft III, las medidas de seguridad eran extremas y el trato recibido por los presos no era el mismo que el que recibían los internos en los campos de exterminio y de concentración alemanes.

A pesar de las relativas "comodidades" de las que disfrutaban los prisioneros, estos oficiales de aviación eran militares poco acostumbrados a pasar largos períodos de tiempo encerrados en espacios reducidos, y los intentos de fuga se sucedían constantemente. Por ese motivo, y para evitar cualquier tentación de fuga, el campo había sido concebido de manera que resultase prácticamente imposible escapar de él. Las instalaciones contaban con sismógrafos para detectar cualquier tipo de movimiento, los barracones se elevaron cinco centímetros y el lugar estaba rodeado por kilómetros de alambrada y torres de vigilancia. Asimismo, el campo contaba con los servicios de un grupo de soldados llamados "hurones", cuya tarea era llevar a cabo inspecciones aleatorias y sin previo aviso en los barracones de los presos con el objetivo de frustrar cualquier tentativa de evasión.

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Preparando la fuga

El cerebro de la operación fue un oficial de la Royal Air Force de origen sudafricano conocido como "El gran X", llamado Roger Bushell (interpretado en la película por el actor británico Richard Attenborough). Al mando de un "comité de fugas", Bushell pretendía organizar la huida de nada menos que doscientos prisioneros, los cuales deberían ir perfectamente documentados y disfrazados para evitar ser descubiertos. El plan consistía en excavar tres túneles a los que pusieron los curiosos nombres de Tom, Dick y Harry. Pero para evitar que los alemanes (que ya habían impedido otras fugas en el pasado) sospecharan que se estaba planeando una huida multitudinaria, los prisioneros idearon diversos planes de evasión, algunos individuales y otros formados por grupos reducidos, para despistar.

El oficial de la Royal Air Force Roger Bushell, de origen sudafricano, fue uno de los líderes del plan de fuga. En la imagen se le puede ver a la derecha junto al comandante Robert Stanford Tuck.

El oficial de la Royal Air Force Roger Bushell, de origen sudafricano, fue uno de los líderes del plan de fuga. En la imagen se le puede ver a la derecha junto al comandante Robert Stanford Tuck.

Foto: CC

El cerebro de la operación fue un oficial de la Royal Air Force de origen sudafricano conocido como 'El gran X', llamado Roger Bushell (interpretado en la película por el actor británico Richard Attenborough).

Mientras excavaban el túnel llamado Tom, los hombres se dieron cuenta de que la distancia entre los barracones y el bosque era demasiado amplia (lo que podría hacer que fueran vistos por los guardias), por lo que decidieron excavar cerca de la alambrada para acortar los metros que tendrían que recorrer. Para ello, y para disimular ante los guaridas alemanes, fabricaron un plinto de gimnasia que estaba hueco en su interior y dentro escondieron a tres de los presos que iban a fugarse para que cada día se dedicaran a excavar algunos metros del túnel que los llevaría hacia la libertad mientras el resto de sus compañeros hacía gimnasia a su alrededor. Una vez acabada la jornada, se tapaba el agujero y se trasladaba el plinto y con sus tres ocupantes de nuevo a los barracones. Sorprendentemente, el sistema funcionó y tres prisioneros, Eric Williams, Michael Codner y Oliver Philpot, consiguieron huir del campo y llegar a Gran Bretaña sin mayores contratiempos.

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Un error de cálculo

Pero a pesar de todas las precauciones tomadas, al final el túnel fue descubierto y el "comité" decidió abandonar la construcción de Tom y Dick para centrarse solo en excavar el último de los túneles, el llamado Harry. La complejidad del plan de fuga trazado era muy grande, y más en las condiciones con las que aquellos hombres tuvieron que lidiar: la propia construcción del túnel, el problema de hacer desaparecer la arena, el mantenimiento de los sistemas de ventilación y la regeneración del oxígeno, la instalación de la iluminación, la complicada logística que implicaba la falsificación de documentos, hacerse con la ropa necesaria para la fuga de doscientos prisioneros y, lo más importante de todo: no ser descubiertos.

Finalmente el túnel fue descubierto y el 'comité' decidió abandonar la construcción de Tom y Dick y centrarse solo en excavar el último de los túneles, el llamado Harry.

El día de la fuga no fue escogido al azar. El 24 de marzo de 1944 era un viernes, y los hombres querían aprovechar el hecho de que los trenes que paraban en la cercana estación de Zagan irían repletos de soldados y de trabajadores extranjeros de permiso para mezclarse entre la multitud y huir con más facilidad. Pero por desgracia la huida empezó con mal pie. La trampilla que conducía hasta Harry se había bloqueado debido al frío. Así, el primer grupo tuvo que retrasar la salida más de una hora hasta solucionar el problema. Pero eso no fue lo único que paso. Los cálculos que se habían hecho para llegar hasta el bosque y desde allí a la estación de tren eran erróneos: faltaban seis metros, por lo que el tramo final lo iban a tener que hacer en grupos de cinco para evitar ser vistos. Por lo que parecía, todo se estaba complicando, así que la operación tuvo que abortarse a medias y la mayoría de los presos se vieron obligados a regresar a sus barracones. Al final, tan solo fueron 76 los que lograron fugarse antes de ser descubiertos.

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Descubiertos y fusilados

En realidad, la fuga fue un fracaso. Tras varios intentos de huir a Suiza, Suecia y España, la mayoría de los hombres que lograron fugarse fueron atrapados. Algunos fueron asesinados en la estación de tren o justo en el momento de subir a un autobús. Uno de ellos cayó en un viejo truco usado por un agente de la Gestapo que consistía en poner en evidencia a los fugados para que revelaran su verdadera identidad: el agente se despidió diciendo en inglés "Good Luck!" y uno de los soldados, sin darse cuenta, le respondió de manera espontánea con un "Thank you!".

Steve McQueen conduciendo la moto con la que protagonizó una de las escenas más recordadas de la película que se inspiró en el gran intento de fuga de marzo de 1944.

Steve McQueen conduciendo la moto con la que protagonizó una de las escenas más recordadas de la película que se inspiró en el gran intento de fuga de marzo de 1944.

Foto: Cordon Press

La mayoría de los hombres que lograron fugarse fueron atrapados e incluso asesinados en la estación de tren o justo en el momento de subir a un autobús.

La película, por supuesto, presenta algunas licencias para hacerla más emocionante para el espectador, y muestra escenas que no ocurrieron en realidad. De ellas, quizás una de las más espectaculares es el momento en el que Virgil Hilts (personaje interpretado por Steve Mcqueen y basado en en el piloto Bill Ash) es perseguido mientras huye montado en una motocicleta de la Wehrmacht y al final es capturado en la frontera con Suiza. De hecho, tras la fuga real, tan solo tres de los 76 hombres que lograron escapar pudieron salvarse: Bram Van Der Stok, Per Bergsland y Jens Müller. Los que no murieron en el intento fueron arrestados y fusilados por orden de Adolf Hitler para que sirvieran de escarmiento frente a futuros intentos de evasión.

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